De libros y mea culpa
14 mayo 2008
Me regaló el libro de Ruiz Zafón. La ley del regalo sencillo es así. Los que no leen, regalan betsellers a los que leen, igual que los fumadores reciben mecheros, y los aburridos, colonia. Yo ya le avisé que soy un racista de libros. No tengo amigos que lean, así que mis estanterías rebosan bestsellers que no he llegado a tocar. Libros de 700 páginas (cuanto menos tiene que decir alguien, más palabras emplea para hacerlo), con encuadernaciones brillantes y reseñas en la portada que dicen: "¡18ª edición!" "Más de ocho millones de lectores!" "¡El mejor libro del año! según The observer!".
Yo nunca hago caso a The observer y mis bestsellers se van enterrando bajo capas y capas de polvo y aburrimiento.
Guardé el libro en la mochila con destino a la estantería de los olvidados. Esa misma tarde lo saqué en la sala de espera del dentista, por que no había revistas que echarse al ojo. Me enganchó el corazón en la página 3.
A estas alturas de la 350, todavía no me lo ha devuelto.
Mis estanterías rebosan bestsellers y mi vida collejas contra mi propia soberbia.
Yo nunca hago caso a The observer y mis bestsellers se van enterrando bajo capas y capas de polvo y aburrimiento.
Guardé el libro en la mochila con destino a la estantería de los olvidados. Esa misma tarde lo saqué en la sala de espera del dentista, por que no había revistas que echarse al ojo. Me enganchó el corazón en la página 3.
A estas alturas de la 350, todavía no me lo ha devuelto.
Mis estanterías rebosan bestsellers y mi vida collejas contra mi propia soberbia.







