Ya no sé si cortarme el pelo o hacerme trenzas a lo Marley

Estoy dando un curso de photoshop para principiantes.

Que era para principiantes no lo sabía, claro. Leí "retoque fotográfico" y me lancé en plancha. Estuve llorándole tres semanas a mi Jefe para que me dejara inscribirme. Hasta unos zapatos me llegué a poner un día para convencerle. Así son las cosas. Yo soñaba con aprender a quitarle la piel de naranja al culo de Gisele Bundchen y llego y me encuentro con que me enseñan a pintar un círculo de rojo. Superchupi todo.

Se lo he dicho a la profesora, que es rubia y simpática, y me ha dicho (muy amablemente) que el importe no se reembolsa, así que seguramente mi jefe me coma un poco los hígados si le confieso que no me molesté en leer el programa antes de venir. Por ahora he decidido callarme y mimetizarme con el resto de la clase. Al fín y al cabo sólo se trata de fingir un par de días. Cosa nada sencilla, por cierto, porque estoy sentado al lado de un chivato acusica asqueroso que cada dos por tres me señala y dice "¡seño, seño, Serlik ha usado el tampón de clonar!" "¡seño, seño, Serlik está haciendo copypaste en vez de dibujar la minipolla verde con la brochita!" (*)

Mariquita... Ojalá salte de la pantalla el clip del office y se le clave en un ojo.

Hoy he estado hablando con J. Me ha dicho que tengo que ayudarle a diseñar algún juego para app store. Bueno. Vale. No debería ser muy difícil, porque lo cierto es que los caminos del videojuego absurdo para teléfono móvil son inexcrutables. Y si no que se lo pregunten a ese finlandés que un día dijo: "me he inventado un juego genial. Trata de unos pollos que se lanzan en tirachinas contra unas cabezas de cerdo." Apuesto lo que quieras a que lo que oyó en ese momento no fue precisamente: "¡oh, cabezas de cerdo! ¡genial! ¡nos haremos ricos!"

Bueno, voy a pensar. Quizá zombies. O dinosaurios. O dinosaurios con zombies.

Lo único que a J. y a mí nos flipa más que los zombies, son los dinosaurios. Creo que es porque en nuestro respectivo proceso de gestación fetal no terminamos de desarrollarnos cerebralmente del todo. Quién sabe. A lo mejor un día de estos lo hacemos y termino diseñando un juego sobre Schopenhauer y la cuádruple raíz del principio de razón suficiente.

¡Oh! ¡la cuádruple raíz! ¡genial! ¡nos haremos ricos!



(*) no dibujamos minipollas. Sólo estrellitas y flechas. Lo he puesto porque estoy enfadado y/o frustrado.

Goder...

Esdoy buy agadarrado. Do baro de doser. Y dengo buchos bocos. Esdo es una bierda.

Llevo todo el puñetero día con el cuaj-cuaj-cuaj agarrado a la garganta. La pantalla de mi mac parece el lomo de un dálmata. Me duelen los hombros, el pecho, el estómago y hasta la cabeza del descoyunte de estornudos y tos. Menos mal que lo gordo me ha dado hoy. Si llego a estar así ayer en el estreno del Real, probablemente la noche hubiera terminado en linchamiento popular de chico con pelánganos a manos de la clase burguesa por mandato de Su Majestad. Porque al final sí que fue la Reina, sí... Era verdad. La ví perfectamente las 85 veces que me giré para hacerlo (más o menos hasta que Karloszeta me atizó con el programa en la cabeza para que me estuviera quieto). Llevaba un traje de plata y una vieja desconocida del brazo (la Reina, no Karloszeta). Y estuvo muy sonriente, muy comedida y muy formal. Sin gritar bravo-bravo otra-otra ni nada por el estilo.

Gilipolleces mías aparte, debo decir que estar allí y ver (y oir) aquello, fue una de las experiencias más impresionantes de toda mi vida. Nunca agradeceré lo suficiente a Karloszeta el habérmela brindado. La representación fue conmovedora y emocionante. El ambiente del Teatro Real, con sus pasillos, sus alfombras, su acústica... me encogió el corazón. Me faltan palabras para poder describirlo. En el descanso, mientras bebíamos cava y yo celebraba con emoción absurda y saltitos de conejo epiléptico cada cosa que veía, Karloszeta dijo "es como meter un ratón dentro de un pastel del cumpleaños". Me pareció una metáfora cojonuda. Eso es lo que fuí yo anoche. Talmente como un ratón en un pastel de cumpleaños.

Todo el que, en algún momento de su vida, haya pensado "esto a mí no me sucederá jamás", debe saber que se equivoca. Que por suceder, puede sucedernos todo. Que ni mayas, ni pollas. No hay nada escrito, ni cerrado, ni definido. La vida puede mordernos hoy y besarnos mañana, sin que nos demos ni cuenta de que el mundo ha cambiado. Y si no, que se lo digan a mis vaqueros viejos y mis zapatillas piojosas. Que hace un año y nada estaban tirados en la calle buscando dónde dormir, y anoche mismo estuvieron ocupando una butaca del Teatro Real para asistir al estreno de una ópera de Mozart a medio metro de un señor ministro.

El loro vuelve a insultarnos y a bailar con Bob Esponja. No sé si alegrarme o llorar.