Mis vecinas de al lado han puesto música. Son de mi generación y han puesto música, pero menuda mierda. Menuda mieeeeeeeeerda de música. Una especie de psicopatía eletrónica con un tipo soltando frasecitas entre chimpún y bufta-bufta. Sin embargo, ellas son guapísimas. Es la compensación de la naturaleza."Te doy una belleza sublime, y a cambio te atrofio el mesencéfalo". Aunque no sé por qué hablo de mesencéfalos atrofiados, si ahora mismo estoy mojando patatas fritas en helado de chocolate.
Le he dicho a A. que eran "helatatas Serlik" y que algún día haría una fortuna vendiendo la idea a MacDonald's. Me ha respondido diciéndome que cada día estoy peor "de lo mío".

Se me ocurren tantas cosas, que ahora mismo no sé exactamente a qué se refiere con eso de "lo mío".

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Regina se ha caído y se la han llevado en una ambulancia. Tengo que volver a irme, pero no me importa que me resten de aquí, porque estoy vivo y ya nadie va a matarme con un bastón. Hay una mujer con una carpeta hablando por teléfono y yo espero, sentado en una silla del salón, con la maleta de cuadros entre mis piernas. Se me hace raro estar aquí sin tener miedo de nada. Por primera vez me doy cuenta que la alfombra de la flor de Lys es roja con dibujos amarillos que se entrelazan, y que los asientos de las sillas tienen estampados de flores doradas. También me doy cuenta que la lámpara del techo tiene gotas de diamante, y que el reloj de los pastores lleva dibujado en relieve un sol y una luna. Por primera vez, me doy cuenta de que todo lo que hay en el salón es muy bonito.
La mujer me dice que nos tenemos que ir y me pregunta si lo llevo todo. Sé que llevo el oso, el libro y los cuadernos, así que respondo que sí y le pregunto si vamos con la abuela Agra. La mujer se quita las gafas y se frota la nariz. Se agacha a mi altura y me pregunta si no me habían dicho que la abuela Agra estaba muy malita. Siento el dolor en la garganta y en la punta de los dedos, y entiendo que no voy a volver a ver a la abuela Agra. Aunque no siento el cuerpo, debo estar llorando, porque la mujer de la carpeta me consuela y me dice que van a llevarme con papá. Intento decirle que no tengo padre, pero las palabras se me esconden hacia dentro y no me sale la voz. La mujer me pregunta si quiero una manzanilla antes de irnos. Yo quiero decirle que odio la manzanilla y el hígado, y que me gusta el nesquick y el haloua de dátiles, pero no puedo, porque las palabras me siguen saliendo hacia dentro y no se me oye la voz. Y otra vez, dejo de ver las cosas bonitas que hay en el salón.