Sushi. Contento de ir comiendo mejor. Sangrado de nariz leve.
Bueno, pues ya está. Sin gabardina, sin gafas negras y sin tequila, he llevado la pierna al hospital.
Evité a los del psicogrupo, pero no a las enfermeras de planta. La rubia de la voz dulce me ha preguntado qué tal llevaba lo del pelo. Me ha sorprendido un poco la pregunta, hasta que me he visto reflejado en el cristal. Joder... mi cabeza es una albóndiga de estopa pinchada en un palillo. Con los kilos de menos, prácticamente soy un Fragel. Ojos-pelo/pelo-Ojos. Es por haberlo afeitado dos veces. Ahora parece que me hubieran crecido los 300.000 pelos todos a mogollón, al grito de marica-el-último.
Tres pinchazos. Uno para drenar y dos de antibiótico. Cuando han traído la silla de ruedas, la he rechazado, orgulloso. Un orgullo poco práctico, por otro lado, porque se me han olvidado los escalones de la entrada y los he tenido que bajar deslizando el culo por la barandilla con la muleta a modo de remo. A ver si me apunto en la frente, que en determinadas situaciones no hay orgullos que valgan.
El 15 de junio vuelvo con la prednisona. Qué poco duran algunas rebeliones...
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Los 13 piratas salvajes raptan a la princesa Li Si y la encierran en una jaula para llevarla con la señora Maldiente, pero la princesa escribe una carta y la tira al mar en un descuido de los piratas. Así Jim Botón, Lucas, y Enma la locomotora, logran encontrar a la princesa y la llevan otra vez a China. Ya sé lo que tengo que hacer. Tengo que escribir una carta, como la princesa Li Si.
Cojo una hoja del cuaderno azul y escribo. "Me llamo Ariel Rüth-Serlik. Tengo diez años. Estoy encerrado en una habitación con una cama, un espejo y un lavabo. Si estoy muerto y alguien lee esto, que sepa que ha sido la abuela Regina con el palo del bastón y que no me caí por mirar por el ventanuco." Doblo la hoja en cuatro y la escondo en un calcetín. Guardo el calcetín en mi maleta de cuadros, bajo la cama.
"Soy Ariel Rüth-Serlik otra vez. Se me ha olvidado decir que si estoy muerto por favor lleven a casa un oso con el cuello roto que hay en mi maleta y que se llama Rudi, y el libro de Jim Botón y Lucas el Maquinista porque son de mi hermano y no se pueden quedar aquí, que seguro que los tiran. Gracias." Guardo el papel en el calcetín. El calcetín en la maleta. La maleta bajo la cama.
"Soy Ariel Rüth-Serlik. También me gustaría que si estoy muerto y meten a Regina en la cárcel le lleven a mi abuela Agra el reloj de los pastores que hay en el salón que toca música con las horas. Está enferma y le gusta mucho la música. Gracias." Calcetín. Maleta.
"Soy Ariel Rüth-Serlik. El libro de Jim Botón es de mi hermano pero mi hermano está muerto porque se cayó a la poza del molino por mi culpa. Creo que he hecho que todo saliera mal y que por eso a lo mejor también me voy a morir yo". No quedan calcetines vacíos. Dejo la hoja en el cuaderno.
"Soy Ariel Rüth-Serlik. Cuando hemos tirado la basura he visto un perro salchicha. Yo también tengo dos perros, y tenía uno que se llamaba Rudi que se perdió y por eso Caliban y yo le llamamos Rudi al oso que tiene el cuello roto." No queda cuaderno azul. Cojo el rojo.
"Soy Ariel Nepomuk Rüth-Serlik. Soy como el dragón de Jim Botón pero no vivo en el país de los mil volcanes. Nunca he visto un volcán. Cuando me escape de aquí recorreré el mundo y veré volcanes, y me compraré un reloj que cante las horas, y un perro salchicha."
Soy Nepomuk. Tengo diez años y medio. Esto es mi diario. No estoy muerto.