Un cuenco de arroz precocinado. Vomitado por asqueroso, no por náusea.
Hablando con A. recordé Jimpomuk y estuve echando un vistazo. Escuché alguno de nuestros podcast. En todos salgo riéndome como una hiena. Era incontrolable, hacía que me riera de todo y por todo. Para mí él siempre ha sido como un cogollo de marihuana que no se consumiera nunca.
He recordado el sonido tan sexy que hacía cuando fumaba, expulsando pequeñas dosis de humo entre los labios mientras se reía. Esa gilipollez me volvía loco. Siempre tenía deseos de mandar su cigarrillo y el podcast a tomar por culo, y comérmelo vivo en plan mantis religiosa. La líbido humana es algo complejo y fuera de toda lógica.
He intentado imitarle con el cigarrillo de hachís, pero no me sale. Más que un hombre que suelta pequeñas dosis de humo entre risas, parezco un sapo que hubieran metido en un tubo de escape. Y así vuelvo, zumba que te dale, a mi absoluta falta de sexy thing.
Cierra el pico, rodilla supurante. Hoy tampoco voy al hospital. Soy complejo y fuera de toda lógica, como la líbido humana.
****************
Cuando voy demasiado deprisa a la barcaza, son tres pellizcos en el antebrazo. Si me dejo comida en el plato, un golpe en la cabeza con los nudillos. Si hablo cuando no me toca hablar, dos bofetadas. Si hago ruido entre las 2 y las 5 uno o dos golpes con el palo blanco del bastón en la espalda o en el culo.
El palo blanco hace más daño que las manos. Es más duro y no falla. Pienso que me puede matar si un día se confunde de castigo y me da en la cabeza con el palo, así que procuro no dejar nunca comida en el plato, ni hacer ruido entre las 2 y las 5. Pero no sé leer en las manillas cuándo son las 2 o las 5, así que presto atención y me aprendo la música del reloj de pastores que hay en el salón. Una campana fuerte es la hora. Tres campanas suaves seguidas, el cuarto. Si suenan seis son la media, y nueve, menos cuarto. A veces no duermo y las cuento también por las noches, para no olvidarme.
Me como todo deprisa y tragando mucha agua para ayudar a que pase por la garganta. Un día vomito el filete de hígado y me hace comerme otra vez lo que he echado, así que invento cosas cada vez que hay hígado. Lo mastico y lo voy escupiendo en trocitos de papel del cuaderno, que luego escondo en la zapatilla. Pido permiso para ir al baño cuando viene por la bandeja y tiro los trozos de papel con hígado, al water. Aprendo a hacer lo mismo con todas las cosas que me hacen vomitar. Las alcachofas con hojas duras. La carne gelatinosa que pone con la zanahoria. Las cabezas de ajo que están en las lentejas.
Aquí no hay colegio, así que cuando no estoy leyendo que Jim Boton no cabe en Lummerland, estoy jugando a que soy un león, o pensando. Pienso muchas cosas. Pienso que el reloj de los pastores me canta las horas porque también odia a Regina. Pienso que ella se equivocará y me abrirá la cabeza con el palo blanco del bastón. Pienso que nadie sabrá que ha sido ella y nunca la llevarán a la cárcel. Pienso que ella dirá que me caí de la cama por querer mirar por el ventanuco. Pienso que tengo que hacer algo.