Pollo. Ensalada de pasta dura. Dolor de huesos.

Voy a marcharme. Pasaré unos pocos días en la sierra y meteré las piernas en agua de manantial. Callare la boca de los dolores y ordenaré los papeles, los diarios, las ideas, los deseos, los planes... A ver si en el trance hago las paces con el portátil y con los pelos de coliflor. A ver si el módem usb prepago es tan módem usb prepago como dice la publicidad del módem usb prepago. A ver si no te enfadas mucho conmigo. A ver si me quieres igual que siempre. A ver si descubres que por fín soy yo el que te dibuja un cordero.
No sé si te lo he dicho alguna vez pero... no me gusta El Principito. Ni Juan Salvador Gaviota. Ni Los Renglones Torcidos de Dios. Ni la mierda esa del oso cavernario. Ni Los Pilares de la Tierra. Ni Amelie. Ni Juno. No sé si te he dicho alguna vez que odio a Juno. Que le cogí una manía tremenda con sólo diez minutos de película. No sé si te he dicho alguna vez que nunca me gusta nada de lo que le gusta a todo el mundo y que eso me provoca el castigo del silencio.

Ya... ya sé. Mucho silencio no guardo, no...

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Me tengo que ir ya, y no sé pelear. Me han regalado una mochila para meter todas las cosas y no tener que llevar la maleta de cuadros. Desde que se golpeó contra la cabeza de Eugenio Expósito no ha vuelto a cerrar bien. Pero las cosas que tengo, son las cosas que tengo, así que hago una bola con la mochila y la meto dentro de la maleta. No me importa que al oso le falte un ojo y le cuelgue la cabeza, ni que a Jim Boton se le caigan las páginas. Mi mundo es muy pequeño y está lleno de cosas que no funcionan. No pasa nada. Yo tampoco funciono muy bien.
Teo el loco se ha ido a casa y no sé pelear. No paro de pensar en eso mientras me siento sobre la maleta y doy botes para que encajen los cierres. Me han dado 20 euros y un bocadillo de mortadela con aceitunas. La señora Lourdes lo llama "rulada". Me hace beberme un vaso de leche mientras esperamos al monitor de la camisa de cuadros. "Estás flaquito, flaquito hijo...Si es que me comes como un periquito. Ahora dile al papá que te alimente bien ¿eh?". No puedo responder con la boca llena de mortadela de aceitunas, pero muevo la cabeza y levanto el pulgar. Teo y yo siempre levantamos el pulgar, desde que se lo vimos a hacer a Clint Eastwood en una película. Nos parece que es de hombres duros y tranquilos. No importa que yo no sea duro, ni esté tranquilo. Igualmente, levanto el pulgar.
La señora Lourdes me abraza y me besa dejándome un rastro húmedo en la mejilla. Es el primer beso que me dan desde que salí de casa, así que no me lo seco. Dejo que se evapore y que se marque allí para siempre. Lo atesoro para poder recordarlo cuando las cosas dejen de ir bien.
El hombre de la camisa de cuadros me lleva a la estación del cercanías. Me compra un billete y me lo guarda en el bolsillo de la camisa. "Te apunto por detrás mi móvil. Si pasara algo, me llamas. Cualquier cosa ¿de acuerdo?" Asiento con la cabeza porque no sé qué decir. Subo al tren y me siento. Pego la cara a la ventanilla. El hombre de la camisa de cuadros me hace gestos con las manos desde el andén. "Cualquier cosa que pase, me llamas ¿ok?". El andén se mueve. El hombre avanza unos pasos. Da una pequeña carrera y hace el último gesto de un auricular sobre su oreja. "¡Me llamas, Ariel! ¿eh? ¿me has oído?". Cuando se deslizan los primeros árboles, pienso que él también sabe que algo no irá bien.