Arroz con pollo. Un melocotón. Vino blanco. Demasiado vino blanco.

He vuelto a tener otro tirón en la ingle. El dolor es terrible, me corta la respiración. Hasta mañana no podrá verme el fisioterapeuta. Por teléfono me ha dicho que probablemente tenga un tendón montado que se contrae con determinados movimientos de la pierna. Así que así estamos. Mi ingle y yo. Como dos cowboys del far west, mirándonos frente a frente y esperando a ver quién dispara primero.
M. se ha ofrecido a darme un masaje en la zona con radiosalil, y yo lo he rechazado amablemente diciendo que ya no me dolía tanto. Mentira cochina, me duele más. La cruda realidad es que me da vergüenza que M. me toque tan cerca de los huevos. Se lo he dicho a A. y ella se ha reído mucho. Me ha recordado que hace apenas una semana estaba agarrando los suyos en la moto. Yo le he dicho que no era lo mismo. Que aquello eran cuestiones de guerra y la masculinidad estaba a salvo (al menos la mía). Ella ha suspirado y ha dicho que entre las chicas no existían esas chorradas y que en su clase, incluso se ayudaban a ponerse el támpax las unas a las otras.

Tengo que apuntarme a tener más conversaciones con A. Es todo un pozo de sabiduría teen.