Dos sobres de proteínas y una cocacola.

Sigue doliéndome el cuerpo. Dolor sordo, mesetario y constante. Intento acallarlo a base de seguir con mi rutina y no quejarme ante nadie. Trabajar me ayuda a no concentrar la cabeza sólo en lo que duele. Y menos mal que lo hace, porque los sindicatos de mi empresa han pactado en el nuevo convenio, que los tres primeros días de baja por enfermedades no laborales no se cobren. Estupendas noticias para los que no estamos sanos. El representante del sindicato colocó un cartel en el panel de avisos del cuarto del café. En el membrete ponía con enormes letras verdes: FASGA, SINDICATO INDEPENDIENTE. Debajo, con rotulador rojo, yo escribí: "y una polla como una olla".
Un tipo de selección de personal me felicitó esta mañana por lo del grafitti. No sé cómo demonios saben que he sido yo. Debe ser que las flicfloc han terminado por delatarme como elemento subersivo. Tendré que plantearme seriamente mudar mis pies a algo más formal y más desapercibido, como... no sé... unos calcetines con dedos.