Macarrones y ensalada de mar, que no tenía nada de ensalada, ni de mar. Sin dolores, ni parches. Aleluya.
No me gusta escribir esto. Hoy no encuentro la diferencia entre catarsis y autocompasión, y me vuelven las dudas. Quizá debería terminar aquí. O dar al botón del pause y dejar la imagen congelada unas cuantas semanas.
Sabía que me ocurriría al llegar a este punto. Una mierda esto de conocerme tanto y tan bien...
Tengo que pensar en ello.
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Aún llevo el billete de 50 doblado y apretado en el puño cuando llego a casa. Hay dos hombres con Nicolás, sentados en el colchón. Me miran con ojos vacíos en caras resecas que parecen talladas en madera. Veo botellas de ballantine's en el suelo y algunos restos de papel de plata quemado. Pienso en la frase de Aco. "Apuesto a que gasta más albal que papel del culo..." Nicolás se me acerca arrastrando los pies. En una mano lleva mi caja secreta del dinero. La agita haciendo tintinear las pocas monedas que contiene. "¿Qué es esto...?". Me paralizo. Siento el miedo subiendo desde mi estómago, agarrándose a mi garganta, quitándome la respiración. Avanza dos pasos hacia mí, mientras yo los retrocedo. Vuelve a agitar la caja delante de mi cara. "¿Qué cojones es esto?" Me bloqueo. Quiero decir algo, pero no soy capaz. Dejo de oir, de pensar, de sentir. Sólo mis pies siguen funcionando y retrocediendo en pequeños pasos. Sé que tengo que reaccionar, pero no logro hacerlo. Sus ojos, casi sin párpados. Los míos, perdidos y agónicos entre el suelo y su mano. "¿QUÉ PUTA MIERDA ES ESTA?" Llego al final de la habitación y mi espalda topa con la puerta. Me aprieto contra la madera. El mosquito atrapado por el parabrisas. Intento tantear a mi espalda buscando el pomo. El billete de 50, caliente y arrugado, aún en mi puño izquierdo.
Todo pasa muy deprisa. En un instante tiene el brazo en el aire, y en el siguiente, golpea la caja contra mi cabeza. Noto un dolor agudo en la sien y la mejilla se me aplasta contra la puerta. Se me doblan las rodillas y resbalo hasta quedar sentado. Por un instante, le veo levantar el brazo de nuevo y sin darme cuenta, abro las manos para protegerme la cara. El billete cae al suelo. Se detiene un instante y lo mira, aún con la caja en alto. "Hijo de la gran puta, maldito cabrón, te voy a reventar la puta cabeza, te voy a romper todos los putos huesos a patadas, te vas a arrepentir de haber nacido, por mis cojones que te vas a arrepentir de tu puta vida..." No grita. Sus palabras suenan suaves y monocordes. Cae otro golpe. Este en lo alto de la cabeza. Noto el chasquido del cuello y aprieto los dientes. Los dolores se me mezclan. Con un brazo logro abrir la puerta y salir al descansillo. Siento sus pasos lentos y tranquilos tras de mí. Tropiezo y subo los primeros escalones ayudándome con las manos. Lanza la caja que da el último golpe contra mi espina dorsal. Las monedas saltan. Sigo reptando escalones. Cuando logro alcanzar el primer repecho de la escalera, oigo la puerta cerrarse. Me asomo despacio. Veo la caja abierta abajo y las monedas desparramadas. Él ha desaparecido. Con mi billete. Todo para nada. Me siento y me tanteo la cabeza.Tengo sangre junto al ojo. Me tapo la cara con las manos y me echo a llorar. "No, no, no... eso no... cálmate..." Me froto la nariz y los ojos con la manga de la camiseta. "Cálmate, cálmate, cálmate... no eres un crío, joder, cálmate..." Llamo a la puerta de Silvana. Ella palidece. "Diosssss puuuuucha ¿qué pasó?" Quiero sonreír y decir que me he caído. No lo hago. Sólo lloro y me paso la manga de la camiseta por la nariz. Silvana me coge la cara con las manos "No, no, bebé, no... mi amor ¿qué pasó? entrá, entrá mi niño... Dios... entrá..."