Más pollo. Y sandía. No hay dolor. Ole, ole...

Desde que sé que no lee mi zona gris, reescribo los diarios con más tranquilidad. Menuda gilipollez pero... es así. Creo que quizá Nicolás resucitado no me asustaba tanto por mí, como por lo que le hiciera sentir a él. Bueno... en todo caso, Nicolás resucitado ya no asusta a nadie. Todo el mal rollo que me producía se está diluyendo por el ombligo. Quizá al final no haya sido tan mala idea lo de destriparme la memoria. Cuando me quede vacío, a lo mejor dejo de soñar con aguas estancadas y animales muertos y empiezo a tener sueños eróticos en el paraíso de las 10.000 vírgenes de los terroristas suicidas.

Estoy mucho mejor. Contento con la foto. Patxi, el gato malvado. Si le miras fijamente, puedes leerle el pensamiento en sus ojos de cabrón. Está diciendo: "Cuando se dispare el objetivo haré sashimi con tus pelotas, maldito humano..."

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"¿Sabes dónde se ha ido?" Cierro la puerta tras de mí. Él ríe ahogadamente, como un viejo fuelle de chimenea. "En serio... en, serio chico... deberías ver tu cara..." Se sujeta el pecho para seguir riendo. Se dobla sobre el colchón y se retuerce en pequeños espamos de respiración agitada. Yo espero, muy quieto, con la espalda contra la puerta. Los vaqueros pegados a mi piel mojada. Los brazos perdidos a ambos lados del cuerpo. Pisándome los cordones de las zapatillas que apenas he llegado a anudar en mis ansiedad por subir a verla. "Dímelo... ¿sabes dónde ha ido?". Enlaza toses rotas y deja de reir. Se queda de nuevo con expresión bovina y sonrisa torcida entre guedejas rubias. "No sé... debería ¿no? los papás lo sabemos todo..." Respiro hondo. "Por favor, dime dónde ha ido.". Sonríe. "Uh... te queda mucho por aprender de las tías y de las putas en particular, pequeño imbécil... " Separa las piernas y se recuesta sobre la pared. Me arrodillo junto a él. "Por favor... por favor, dímelo." Me mira con ojos afilados. "Crees que tu viejo es un puto yonki colgado ¿eh?..." En un movimiento rápido me agarra de la nuca y me atrae hacia él. Tenso el cuello e intento zafarme, pero me sujeta firme frente a su cara, como quien agarra a un perro. Huelo su aliento de tabaco y encías muertas. "Pues este yonki colgado se la follaba, niñato... aquí mismo... dónde estás tu. Aquí le abría las piernas y me la follaba hasta que gritaba como la jodida puta que era..." El cuello se me contrae. Siento el latido de mi propio pulso bajo la oreja. "¿Qué hacías tú mientras? ¿eh? ¿matarte a pajas pensando en su coñito rubio? ¿comprarle pulseras?" Cierro los ojos y me agarro a su antebrazo. Trenzas de venas azules salientes bajo mis dedos. "Me haces daño. Suéltame..." Las puntas de sus dedos se clavan en mi nuca. "¿Hacías eso? ¿eh? ¿te la cascabas como un gilipollas mientras yo me la follaba? el chico listo... el que quería ser escritor... tantos libros de mierda y nisiquiera has sabido comerle el coño a una jodida puta." Me suelta en un tirón. Retrocedo de espaldas, como un cangrejo, sin apartar la vista de sus ojos. Siento que me lleno de lágrimas. "Hijo de puta... enfermo... ojalá... ojalá te mueras." Se levanta con paso tranquilo. "Bueno, cálmate, chaval. Seguro que para eso no hace falta mucho... ¿dónde andará la mierda del tabaco?" silba tranquilo, dándome la espalda, mientras revuelve entre los medicamentos de la mesa. "Eh, ¿quieres saber qué decía cuando se corría? oh niiiiiiiiico... sos duuuuuuuulce... sos tan ricoooooooo... jejejeje ¿te acuerdas? estas argentinas son miel con chocolate, joder. Te lo digo yo." Vuelvo a cerrar los ojos. "Cállate...calla..." Gira la cabeza y me mira con la colilla entre los labios. "Oye ¿van a venir a por ti pronto? porque... tengo un colega. Seve. ¿Te acuerdas de Seve? bueno pues... ese si que te ha echado de menos, así que vete a verle al 54 y dile que te mando yo. Hazle algo guapo y ponle contento. Yo que sé. Chúpasela o ponle el culo o lo que coño hagas en estos casos, ya sabes. Te dará un paquete para mí. Me lo traes y yo te doy el teléfono de la argentinita... ¿ok?"
Me levanto despacio. Recojo mi gorro del suelo, junto con la ropa interior. Doblo todo con cuidado y lo guardo en el bolsillo trasero de mi pantalón. Él silba y vuelve a darme la espalda. "Y lávate un poco la jeta... a ver si no se le va a levantar y se jode el invento, jejeje..." Miro a mi alrededor, a través de la neblina de las lágrimas. Distingo el viejo barreño rojo volcado sobre la nevera. Me paso la manga por los ojos, extiendo la mano y lo agarro con fuerza.