Proteínas con leche y tortilla de espinacas.
He ido a trabajar. Las escaleras del metro me han costado un poco, así que las he bajado deslizando el culo por la barandilla. Ha sido genial. Cuando pase agosto, veinte personas bajarán conmigo y ya no podré hacer ese tipo de tonterías, así que tengo que aprovechar estos dos últimos días para mis arieladas particulares.
He conocido al chico nuevo de prácticas. Parecía aburrido de maquetar informes, así que le he enseñado a hacer un batman en Illustrator (también tengo que aprovechar la ausencia de jefe para las arieladas de la oficina). En un momento dado, justo cuando él daba un sorbo al café, le he querido explicar cómo funcionaba el boton de arrastre y literalmente he dicho: "utiliza la manita para movértela". Le ha faltado un tris para ahogarse en un ataque de risa con tos. Se ha puesto tan morado que casi parecía un arándano con patillas. Yo, sinceramente, no he encontrado tan gracioso el doble sentido, así que llego a la conclusión de que mi arándano de prácticas debe llevar una vida de monaguillo cuaresmeño (el polo de rayitas abrochado hasta el último botón así lo atestigua).
El lunes pienso dibujarle una batgirl con pezones en 3D.
***************
Giro el barreño en mis manos. Él se vuelve frente a mí, intentando encender el resto de una colilla. "¿Qué coño haces con eso? ¿te vas a poner a fregar ahora? jejeje puto crío pirado...". Miro mis pies. Las zapatillas sin calcetines. Los cordones desatados dibujando eses sobre el parquet. Dejo de sentir tristeza y de llorar. Dejo de sentirlo todo. Me solidifico y me ahueco, como un coral fuera del agua. Él enciende su colilla y vuelve a darme la espalda. "Venga, sube de una vez y tráeme el paquete. Que no se te corra dentro. A saber en qué agujeros la mete el gilipollas ese..." Paso el dedo por las flores blancas del barreño. "Dime dónde ha ido Silvana, por favor." Se inclina sobre el colchón y revuelve entre las sábanas. "No me toques los cojones, ya te he dicho lo que hay. Bájame lo mío y yo te doy lo que te dejó la puta esa. Y no me hagas decírtelo otra vez si no quieres que lo acompañe con un par de hostias." Levanta una por una las latas de cerveza buscando restos. "Un puto crío pirado... eso es lo que eres... como tu puta madre y tu puta abuela. Una puta familia de pirados. Una loca y una perra pariendo a un retrasado maricón y a un puto tullido... tchsk... qué bien muertas están, cojones..." Me acerco a su espalda y levanto el barreño. Lo dejo caer con fuerza sobre su cabeza. Él cae hacia delante y queda a cuatro patas sobre el colchón. Durante unos segundo, nada sucede, ni reacciona. Todo queda quieto y en paréntesis. Él respira hondo con la cara vuelta hacia el colchón. Yo lo hago sujetando aún el barreño por el borde. Luego lo levanto de nuevo y le vuelvo a golpear. Mucho más fuerte. Cae de bruces. Queda boca abajo sobre el revuelto de sábanas húmedas. "Dime dónde está Silvana, por favor." Oigo un ruido extraño procedente de su boca aplastada contra el colchón. Algo parecido al gorgoteo de un pájaro. Le golpeo de nuevo con los ojos cerrados. Siento el crujido del plástico rajándose contra su cabeza. "Dime dónde está Silvana." Oigo su risa apagada y abro los ojos. Le veo girarse lentamente en el colchón hasta quedar bocarriba. Tiene sangre en la nariz y las encías. Y se ríe. Se ríe convulsivamente, con los brazos encogidos contra el pecho. "He despertado a la bestia... jejejeje... dale un besito a papá..." Vuelve a doblarse en risas agónicas. Tose y escupe saliva sanguinolenta sobre las sábanas. "Busca algo más duro para atizarme, chico... jejejeje... tardarás menos en acabar conmigo... jejejeje". Veo mi reflejo sobre el espejo del baño. El barreño rajado entre mis manos. Mi expresión de nada. Los ojos vacíos desde el fondo de mi cabeza sin pelo. Soy como él. Lo soy. Ya sí lo soy. Suelto el barreño y le oigo rebotar contra el parquet. Caigo de rodillas sobre el colchón. "¿Por qué me haces esto?... ¿por qué? no es culpa mía, yo no pedí venir aquí... no lo pedí... yo... ". Deja de reir y me mira con los brazos aún encogidos sobre el pecho. "No es justo... No es justo... tú me tienes que querer. Eres mi padre... los padres tienen que querernos... tienes que cuidarme... los padres cuidan... los padres..." Pierdo el sentido de lo que digo. Tartamudeo y vuelvo a llenarme de lágrimas. Quiero levantarme y salir de allí. Esconderme en algún sitio. Subir los pies sobre la banqueta del fotomatón y correr la cortina. Pero no lo hago. Solo me doblo en dos sobre mi estómago y lloro. "No vuelvas a llamarle puto tullido... tú no estabas allí... no sabes nada... no estabas allí... él hacía dibujos... hacía dibujos... era el mejor..." Se aúpa sobre un codo y me mira fijamente con expresión tranquila. Me toma del brazo y me atrae hacia él, abrazándome contra su pecho. Yo hundo la nariz en el olor de Regina. Me dejo llevar y lloro sobre su piel pergaminosa. Dejo que todo se caiga y muera. No me importa. Estoy cansado. No queda nada. Nadie. No quiero seguir. Me acaricia la cabeza con una mano mientras revuelve entre las sábanas con la otra. "Está bien, chico... tranquilo... está bien..." Le veo sacar la caja de debajo de las almohadas. Muy despacio, con una sola mano, hurga en ella y extiende todo sobre el colchón. Las jeringuillas. El agua. El vinagre. Los mecheros. La bolsita marrón. Me pasa el brazo por los hombros y me tumba despacio. Se pasa la toalla por la boca y escupe restos de sangre en ella. Me pone una mano sobre el vientre. "Tranquilo chico... haremos que te sientas mejor ¿ok?"