Suero salino.
En el hospital.
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"Tienes que matarlo". Estamos sentados sobre el cemento del patio. Teo lanza una pelota de tenis contra la pared cercana y la vuelve a recoger con ritmo metódico. Troc-poc-poc, Troc-poc-poc. Yo me abrazo las piernas y miro las puntas redondas de mis converse. Intento recordar al hombre que me dió el dinero para comprarlas. Barba canosa. Gafas de montura negra. En los servicios de La Vaguada. Yo fingía que miraba discos en el alcampo. Le dije que me llamaba Jalisco, como el tequila. Le hizo mucha gracia la ocurrencia. "Te lo digo en serio, tronco. Tienes que matarlo. Si no lo haces, él lo hará contigo." Me ajusto el gorro sobre la cabeza. "No digas tonterías. ¿Cómo va a matarme? es mi padre." Teo aprieta la pelota en sus manos. "Me parece que no estás pillando la historia, Ari. Tu viejo es un puto colgao que no ve ni donde tiene la polla. Y ahora te parecerá que controla pero va a llegar un momento que no controle NADA y cuando llegue ese momento si tiene que abrirte las tripas para pillarte la pasta, lo hará, ¿me entiendes? empezará a emparanoiarse y a estar cada vez más jodido y tú, TÚ serás su puta diana. ¿Lo pillas?" Suena el timbre del patio. Hay que volver dentro, pero ninguno de los dos nos movemos. Pienso que jamás en todo el tiempo que pasamos juntos se lo pregunté. "Teo... ¿es verdad que le clavaste un tenedor a tu padre en el ojo?". Sonríe. Los ojos se estiran hasta desaparecer. Silvana. Mi Silvana. "Olvídate de mi viejo y piensa en el tuyo. ¿Cómo vas a hacerlo? se me ocurren un par de cosas. La más fácil es que le consigas un buen chute de jaco puro y le des el último viaje. ¿Lo coges?" Vuelve a lanzar la pelota. Troc-poc-poc. Troc-poc-poc. "Oye... tú no hablas en serio ¿verdad?" Suena el segundo timbre. "También podrías conseguirle un chute menos puro y tirarle por las escaleras. Te puedo ayudar. Le partimos el espinazo y que pase el resto de su vida mierdera en una silla de ruedas. Así estarás a salvo." Empiezo a notar el sudor resbalarme por la nuca. "Oye... cállate ya. Me estás asustando ¿vale? pareces un psicópata." Agarra la pelota y la lanza por encima del muro. La veo perderse al otro lado de la verja. Un punto verde hacia ninguna parte. "Escúchame. Esto no es uno de tus tebeos ¿vale?. Eres tú o él. ¿Qué crees que quiere alguien que te aplasta la cabeza contra la pared? ¿eh? ¿qué crees que buscaba con eso? iba a por ti, kíe. ¿Y tú que coño haces? ¿eh? ¡proteger a ese cabrón hijoputa por una mierda de piba!" El cuello se me tensa. "No es una mierda de piba." Me mira con expresión seria. La arruga profunda entre las cejas. "Ya no te soltarán hasta que termine el curso. Eso son dos meses." Dos meses. Sesenta días. No puedo esperar dos meses. Ella no estará. Tengo que despedirme de ella. Tengo que volver. Vemos al monitor cruzar el patio en dirección a nosotros. "¿Pero qué coño hacéis ahí todavía? ¿no habéis oído el timbre? ¡venga adentro, joder!". Teo vuelve la cabeza hacia mí. "Escucha. Tendremos un pase de salida dentro de poco. Lo montaré para que podamos pirarnos unas horas sin que estos tolais pillen cacho. Nos subimos a Madrid y arreglamos lo de tu viejo. ¿Trato?" Extiende la mano. El monitor se acerca. "¿No me habéis oído? ¡venga, arriba!" Miro la mano de Teo. "Ari...¿trato o qué?". Tengo que volver a verla. Tengo que volver. Aprieto su mano. Los pulgares hacia arriba. "Trato." Nos cruzamos el corazón. "No me falles, Ari ¿ok? me la juego por ti". Me quito el gorro y paso la mano por el sudor frío de mi cabeza. "No fallaré." Él sonríe. "A tu viejo se le van a quitar las ganas de volver a joder a nadie ¿eh, kíe?." El monitor da una patada en el suelo. "¡EH! ¡MOVED EL CULO! ¡AHORA!"