Suero salino. Caldo de verduras.

Aún en el hospital. No saldré mientras siga sin comer. No tengo ganas de comer. Tengo ganas de irme a mi casa.

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Nos organizan en grupos de cinco. Cuatro chicos de expediente rojo y uno de expediente azul. Los rojos, los novatos, los problemáticos, los más pequeños... El azul o "hermano mayor", un veterano con seis meses de buen comportamiento. Teo sabe que será expediente azul. Se ha cuidado de serlo desde que volvió. Pegar a los monitores y hacer pintadas ahumando el techo del dormitorio es algo que se ha quedado atrás. Aún dudan de su equilibrio nervioso, pero no hay suficientes "hermanos mayores" para guiar a los grupos, y todos queremos salir. Teo sabe que se arriesgarán con él, aunque todavía juegue a tatuarse símbolos satánicos con aguja y tinta de bolígrafo. Teo sabe que tampoco les importa demasiado jugársela con él. Todos lo sabemos.
Me adjudican el grupo cuatro. Jon Betanzos será mi hermano mayor. Teo el loco arregla con Jon el trueque. "Ari se viene conmigo. Tú te quedas con Ayuso. Te doy una de winston por el cambio." "El zippo también." "Una polla. El zippo no te lo doy. Los cigarros y chutas, Betanzos."
En el autobús me alecciona. Yo giro mi gorro entre las manos con movimientos nerviosos. "Dejamos a estos en el botánico y nos damos el piro. Ya he quedado para recogerlos luego. Tenemos dos horas, kíe. Más no. Hay que espabilar ¿ok? vamos, arreglamos el asunto y nos piramos. Seguro que estará en casa ¿no?" Miro mis manos girar el gorro con aire compulsivo. Mi cabeza pensando en paralelo. "Ari... ¿me estás escuchando? digo que si estará tu viejo en casa." Reacciono. "¿Eh? sí, sí... Ya no sale de casa. Necesitaremos dinero para el tren. ¿Te han dado?", "Tranqui. Llevo veinte pavos. Suficiente." "Dámelos, yo los guardo." Me quita el gorro de las manos y me lo coloca en la cabeza. Lo ajusta sobre las orejas. Pone cariño en las manos. Cariño de hermano mayor. Quisiera decirle la verdad. Quisiera decirle que no puedo hacerlo. Que no puedo dejarle que lo haga. "No, la pasta la guardo yo. Tú estás muy nervioso, enano". Le miro y sé que los ojos se me vuelven de súplica. Él me frota la cabeza. "Va, tranqui. Yo me encargo ¿ok? no te va a pasar nada. Confía en mí. Se lo que hago. Yo te cuido."
Cruzamos la arcada de piedra y avanzamos por el sendero. Miro el reloj. Las rodillas me fallan. Me clavo las uñas en la pierna. Reacciona, Ari. No pienses. Hazlo y no pienses. Teo me mira. Me pasa el brazo por los hombros. "Tranqui... hay tiempo. Damos un paseo de media hora y luego ya nos piramos ¿ok? no quiero que los chinorris estos se mosqueen." Dejo transcurrir el tiempo. Diez minutos. Quince. Atravesamos las puertas del invernadero. Teo se inclina sobre un cactus de pita. "Qué flipe... mirad esto..." Es ahora. Le pongo la mano en el hombro. "Oye, tengo que mear. Ahora vengo." Él me mira sin rastro de duda. "Ok. ¿sabes dónde es?" Retrocedo hasta la puerta. "Sí, sí... id avanzando que ahora os cojo."
Salgo del invernadero. Cojo el sendero de grava. Corro. Corro como el viento. Cruzo la arcada de piedra, salgo al exterior y sigo corriendo. Corro como no corrí jamás antes en mi vida.