Un poco de pollo. Un sobre de proteínas.

En casa.
Se esconden mil connotaciones en un te quiero. Miles. Millones. Pero solemos escucharlos a diario y tendemos a mimetizarlos como tantas y tantas frases que van perdiendo su color a base de repetirlas y de convertirlas en lenguaje al uso, gris y desganado.
Se esconden mil connotaciones en mis te quiero. No es capaz de descifrar ninguna. Moriría por él. Mataría por él. Volaría el mundo en pedazos por él. Lo dibujaría de colores y lo bocetaría como uno de sus comics apocalípticos de Alan Moore. Mientras no pueda dormir sobre su estómago, acompasando mi respiración a su latido, soy algo absurdo e incompleto.
Sin embargo me mira... y no es capaz de descifrarlo.

No me rindo. Nos lo debo.