Ayer me cayó la bronca del siglo por llevar tres días con el catéter infectado. Hubo sopapo para la enfermera, sopapo para el ats, y sopapo para el paciente, que en este caso era yo. "¿Pero... cómo coño se te ocurre estar tres días con eso así sin quejarte?" me dijo el médico entre muchos aspavientos. Casi me lo pude imaginar inclinado sobre mi féretro diciendo "¿Pero... cómo coño se te ocurre morirte de una septicemia?"
Hay que joderse con el surrealismo vital que me envuelve...

Sea como fuere, encadeno rapapolvos, regañinas y enfados que me llegan desde todas las direcciones a lo largo de estas dos últimas semanas. Y avanzo entre ellos con la seguridad cada vez más absoluta de que no hay nadie en este mundo que pueda entenderme, salvo tú. Por eso siempre ando arañando tu puerta, como un chucho llorica.

Ya son tres días con dolor de cabeza. No sé si deberia preocuparme.

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Paso los días esperando noticias y angustiado por el destino de Maruk. Cuantas más pastillas deshago en su yogur, más cuentos le leo, y más noches paso tapándole la cabeza con las sábanas, más estrecho los lazos que me unen a él. Nada es extraño. Soy consciente de que en su risa grave y sus ojos de susto, saco cada día a mi hermano de la poza del molino. Puedo sentirlo cada vez que le abrazo. No me importa. Hago lo que tengo que hacer porque todos tenemos un destino, y el mío es cuidar del suyo.

El grupo de Azîm juegan a tirarle guisantes y puré con la cuchara durante la cena. "Abre la boca, yihil". Maruk me mira con media sonrisa. Es cierto que no sabe enfadarse. Yo le limpio los restos de puré del pelo mientras observo a Azîm. Él me devuelve la mirada, tranquilo, sin apenas parpadear. Tiene 17 años y está en el bando de los ganadores. Lo sabe. No necesita demostrar su superioridad, sus maldades no son más que pura diversión. Eso le hace más peligroso que cualquier otro matón de dormitorio. Sopeso, uno por uno, a todos los que maltratan a Maruk. No hay ninguno que no dependa de Azîm. Es el maestro de marionetas que dirige la función desde lo alto. Las piedras. Los empujones. Las patadas. Las humillaciones. Si logro que Azîm esté bajo control, todo estará bajo control. La idea se me desnuda en la cabeza. Clara. Limpia. Concisa.
Vigilo con meticulosidad los movimientos de Azîm. Cada dos o tres noches, cuando se apaga la luz, un chico llamado Kamal se mete en su litera y le masturba. Kamal nunca será del bando de los ganadores. Es pequeño, oscuro y afilado. La separación de sus incisivos superiores le da un aire de comadreja sucia. Intento adivinar qué hilos mueven a Azîm a elegir a Kamal para el sexo. Probablemente, ser el más joven y estúpido de sus soldados. No resultará difícil echar a Kamal fuera del tablero de juego.
Salto de mi litera y me acerco a la de Azîm. Kamal está bajo las sábanas. Veo la forma de su cabeza picuda subiendo y bajando entre las piernas de Azîm, que permanece echado boca arriba con los ojos cerrados y las manos en la nuca. En algún momento, abre los ojos y me mira. No se mueve, ni parece sorprenderse de mi presencia junto a su cama. Kamal nota algo raro y emerge de entre las sábanas. Él si pega un respingo cuando me ve, y escupe algunas palabras en un dialecto que no conozco. Yo no le contesto. Me limito a no quitar los ojos de Azîm, que siguen mirándome con la misma frialdad. Kamal parece desconcertado. Vuelve a dirigirse a mí, esta vez en castellano. "Lárgate o te llevaz una hoztia..." El aire se le escapa entre los incisivos separados. No puedo evitar reirme un poco. Kamal enrojece furioso. Se prepara para volver a amenazarme, cuando Azîm, con un movimiento brusco le empuja fuera de su cama. Kamal cae al suelo y mira suplicante a su jefe, antes de retirarse, reptando como un cangrejo hasta su litera. No me equivoqué. Ha bastado un segundo, para dejarle fuera del juego.
Azîm gira en la cama, y se apoya sobre un codo para mirarme. Con la mano izquierda, se acaricia el pene erecto. Su cara sigue sin tener expresión ninguna. Doy un paso hacia él, cuando oigo la voz espesa de Maruk tras de mí. "Aj Ariel... no estás durmiendo..." Me vuelvo. Maruk me mira con sus ojos de susto y los rizos despeinados. Me aúpo sobre su litera y le susurro. "No te preocupes. Voy a mear. Tú duerme ¿vale?" "Yo duermo... sí... pero me tapo la cabeza..." Pongo la sábana con cuidado sobre su cabeza. "Pero sin ahogarte ¿eh?" "Sin ahogarme, sí. Yo me tapo sin ahogarme..." Le acaricio el pelo por debajo de la sábana hasta que su respiración se acompasa. Cuando me vuelvo de nuevo, Azîm me ha dado la espalda y ha vuelto a taparse con la sábana. El tanteo ha terminado. Regreso a mi litera. Lo último que distingo antes de dormir, son los ojos brillantes de Kamal mirándome con odio desde su cama.