Cortocircuito general en mis comunicaciones. Llevo varios días sin mirar el correo entrante. No sé por qué. Creo que es porque me faltan fuerzas para levantar las persianas. Leo mucho los cuentos de María. Quisiera escribir como ella, porque cuando escribe, parece como que no lo hiciera. También me gustaría decírselo, pero pasan los días y no lo hago. Quizá sean malos tiempos para la lírica, al fin y al cabo.

Confundo los tres cepillos de dientes. No sé por qué demonios me pasa. El de A. es azul oscuro, el de M. azul claro y el mío rojo. Y no hay noche que no me sorprenda en el espejo con uno de los azules dentro de la boca. Creo que tiene que ver con la manía que he tenido siempre de comprar todos mis trastos azules. Ahora ya estoy abducido por el universo azul y me voy a ellos como un moscardón al donut. Lo peor es que mi pasta de cocacola canta como las gallinas, así que no hay mañana que uno de los dos no olisquee su cepillo y me pille en el despiste. M. me preguntó si no sería una especie de fetichismo del subconsciente. Yo le dije que chupetear la salivilla de sus caries no era precisamente lo más sugerente que pudiera filtrarse en un subconsciente. Él me miró y dijo "Seguro que has chupeteado cosas peores". Yo miré a su novia y le dije "Seguro que tú también."
Estamos empezando a ser sinceros. De aquí a la caída de la amable convivencia, hay un paso.