Cuando terminas de hacer el amor con una mujer, ésta siempre se arrima. Se aprieta contra ti, busca besos, provoca caricias, se acurruca contra tus rincones. Genera calor, mimo, conversación... la continuidad de la complicidad en el postorgasmo.
Cuando terminas de hacer el amor con un hombre, no hay continuidad de nada. Los dos cuerpos suelen quedar boca arriba, separados. Cada uno en su terreno. No suele haber besos, ni mimos, ni demasiado calor. Es más bien como el final de una lucha cuerpo a cuerpo. Respiraciones agitadas, quizá los dedos que se rozan, alguna mirada y poco más.

Siempre que me han preguntado si el sexo era mejor con hombres que con mujeres o viceversa, he respondido lo mismo: "Son cosas diferentes."

Somos cosas diferentes.

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Maruk llora sentado sobre la valla del jardín. Llora como lloran los niños. Con la cara descubierta, inclinada hacia el suelo y los labios apretados. Lágrimas pequeñas ruedan mejilla abajo y se descuelgan desde la punta de su nariz. Yo dibujo círculos en su espalda con la palma de la mano y apoyo la cabeza sobre su pelo dulce de harina. "Venga, no llores... te prometo que vendré a verte cuando me dejen salir." Balancea su cabeza negra a un lado y a otro, como un caballo desorientado. "Pero no hemos terminado el cuento..." Le cojo la cara con las dos manos y apoyo mi frente en la suya. "Maruk... sí lo hemos terminado. ¿Te acuerdas? hace cinco días. Y hemos leído el de la ballena blanca. " Me empuja y vuelve a sacudir la cabeza. "No... no... no hemos terminado el cuento..." Se levanta y da pequeñas patadas con sus largas piernas, contra la valla de madera. "Vale. Pues si no lo hemos terminado, tendré que comprarte uno nuevo para que lo termines. Uno que no esté roto. Y te lo traeré. ¿Vale?". Me mira pasándose la manga de la camiseta por los ojos llorosos. "No te van a dejar venir..." . "Claro que sí. Me inventaré algo para que me dejen." Parpadea nervioso. "¿El qué? ¿qué te inventarás?". Me levanto y camino despacio a su alrededor. "Pues diré que... te tengo que traer un libro nuevo de Jim Botón." Sonríe. Dientes blancos sobre su cara pegajosa. "¿Tú dirás eso y te dejarán salir?." "Pues claro. Tú eres un tipo importante. ¿Cómo no iban a dejarme?". Se rasca la cabeza. Luego la agita y suelta un chorrito de risa. Su mirada también me parece de harina dulce. "Claro. Di eso. Diles que me tienes que traer el cuento de Jim Botón. Y te dejarán. ¿no?, claro... te dejarán... eso... tú dí eso y te dejarán..." Vuelvo a sentarme y él lo hace tras de mí. Nos quedamos callados, espalda contra espalda. Dos abejas zumban junto a la valla. Pronto vendrá el verano. Pienso en los meses que pasaré despacio y prácticamente solo, entre los cuatro muros de Alcalá. Pienso en Nicolás. En lo que habrán hecho con él. Pienso en el callejón. En Aco y en Sandro. En el chico brasileño de la calle recoletos. Por un instante, casi deseo volver al apartamento tuerto, a mi vida sin paredes. Una pedrada en la valla, me saca del ensoñamiento. Maruk se levanta y agita los brazos, como un chimpancé. "Casi me dan... ¿lo has visto? casi me dan..." Recojo la piedra y la vuelvo a lanzar contra el grupo de chicos que la tiró. Rebota en la valla metálica que hay a su espalda. Ellos estallan en risas. "¿Por que no os vais a tomar un poco por culo con las piedritas, gilipollas?". Maruk se ríe con sonrisa boba. "Casi me dais... casi... ¿has visto? casi me dan..." Le agarro de los brazos. "Maruk NO. No te rías. No dejes que te tiren piedras ¿vale? ni que se rían de ti. Te tienes que enfadar ¿comprendes? reirse NO. Enfadarse. Y mucho." Él me mira con expresión extraña. "Pero... yo no sé enfadarme mucho..." Le sujeto la cara de nuevo contra la mía. "Pues TIENES que hacerlo. No dejes que te hagan daño ¿vale? podían haberte dado en la cabeza ¿y qué hubiera pasado entonces? ¿eh? ¿y si te dan en la cabeza?". Durante un instante me mira. Luego vuelve a sonreir. "No pasa nada... si ya la tengo mal..." Se me anuda la garganta. Le abrazo y me pierdo en su camiseta vieja. "Ya estás triste ¿no? ¿por tu gato?". Respiro su olor de harina dulce. "No. Estoy triste porque te voy a echar mucho de menos." Me mira. "¿Por que soy un tipo importante?". Me río por encima de mi nudo. "Claro... El más importante."