Dice María que las risas nos salvarán y que el blog no era una mala idea. Voy a seguir escribiendo para ella. Así que se cierra el domingo, estoy de nuevo aquí abajo, y a partir de hoy, escribo para María.

Tengo anemia megaloblástica. Creen que por culpa del metrotexate. Me harán una punción lumbar para determinar si se trata de algún tipo de leucemia. Ya lo dijo la monja cantora aquella de la película de los siete niños; cuando el señor cierra una puerta, en algún lugar abre una ventana... y luego se ocupa de empujarte por ella.
También tengo insuficiencia cardíaca. Ahora mi corazón corre, se asusta, y se para. Se me ha cansado de latir en el primer cuarto de su vida. Le escribía a María que tiene algo de romántico estúpido lo de tener un corazón enfermo. Queda muy bien como personaje de novela. Siempre he pensado que yo sería un personaje de novela perfecto si hubiera nacido alto, guapo y listo. Quizá porque siempre hago ese tipo de cosas por las que uno dice: "¡qué idiotez! ¡esto solo pasa en las novelas!".
Me han mandado betabloqueantes. Los tengo aquí encima, al lado de la taza del té. M. los compró el viernes pasado y los dejó ahí, junto a su receta. No sé distinguir el porqué pero... no pienso tomarlos. Así que espero que a mi corazón vago no le importe mucho que esta vez no le eche una mano para latir.
Por extraño que parezca, nisiquiera me importa.