Menos fiebre y más frío. He tenido que levantarme dos veces esta noche para echarme colchas por encima. Nunca he estado tan cerca de mimetizarme en un sanjacobo frudesa.
Afortunadamente, anoche J. no me atravesó el pecho con ninguna aguja de hacer punto. Sólo se limitó a ser un vampiro, en una casa llena de zombies, dispuesto a salvarme la vida. Quizá debería limitarme la televisión a según qué horas. No entiendo por qué demonios no puedo soñar que me caigo por una escalera como todo el mundo.
Se supone que hoy tenía que escribir sobre madres orangután que sienten y padecen como las madres humanas pero... tengo uno de esos días idiotas tipo "nadie me quiere" que a todos nos toca vivir en algún que otro momento y... bueno, hasta que no se me pase, lo cierto es que nisiquiera tengo ganas de leerme a mí mismo. Mañana será otro día.

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Pasa otro día sin variaciones. Sin comida. Sin ducha. Sin sueño. Espero a que algún asistente venga a decirme que tengo que ir a clase, pero nadie lo hace. Me guían de la mesa a la cama como una oveja y asumen mi estúpido autoabandono. Alguien deja encima de mi cama un chándal y una muda de ropa interior, con las etiquetas aún puestas. Yo lo ignoro y permanezco dentro de mi capucha y mi ropa descoordinada. Vuelvo a transformarme en un garabato desdibujado. En la mañana del segundo día, un chico marroquí se asoma a mi litera. Me da pequeños toques en el hombro. "Eh... oye... tú..." Le ignoro. Si quiere insultarme, que lo haga. Si quiere pegarme, que lo haga. Si quiere echarme, que lo haga. Cierro los ojos. "Eh... tú... toma." Abro los ojos. ¿Toma? No es el verbo que esperaba. Giro la cabeza. El chico extiende una mano hacia mí. "Toma, come, está bueno. Es briwat. Prueba." Cojo el pastelito y lo huelo. Me lleno poquito a poco de la abuela Agra. El cuerpo me resucita un poco. "Es briwat. Es de mi país. Prueba." Nos miramos por un momento. Él sonríe. Tiene dientes blanquísimos, como los de Sandro, y cara de pajarito. Muerdo el hojadre. No es de los mejores pero en ese momento me lo parece. "¿Cómo lo has conseguido?". La sonrisa se le estira hasta las orejas. "¡Lo he hecho! ¡en la cocina! es briwat. Se come mucho en mi país. ¿A que te gusta?". Me quito la capucha y le sonrío. "Me gusta mucho. Mi abuela también hacia... dulces..." Se sienta de un salto en mi litera. "¿Dónde te han cogido a ti? tú eres de aquí ¿no? ¿tienes padres?" Niego con la cabeza. Él deja de sonreir. "Estás triste ¿no? ¿estás triste por tus padres?". Vuelvo a negar. "¿Por tus hermanos? a mi hermano le han dejado en otro sitio. Con monjas. Nos dijeron que no iban a separarnos. Yo estoy triste por mi hermano." Vuelve a sonreir. Nunca he visto una cara que cambie tanto con una sonrisa. "Pero no hago tonterías como tú..." Entrecierro los ojos. "¿Tonterías?" Suelta un chorrito de risa y se tapa la nariz. "Apestas." Ahueco la camiseta y me huelo por debajo de la ropa. Es verdad. Apesto. "Y no comes. Mañana la señora me dará más pasta. Haré mas briwats para ti. ¿ok?" Me da una palmada en la espalda y salta fuera de la litera. Desde la puerta, me sonríe. "Hare briwats con miel. ¿ok? ¿te gusta la miel? ". Desaparece. Yo quedo en la misma postura, mirándole con expresión boba, sin saber muy bien qué hacer. Él se asoma una última vez, gesticulando con los brazos. "Pero... ¡venga! ¡lávate! ¡vamos!". Yo no me muevo. Vuelve a acercarse y me tira del brazo. "¡Vamos, a la ducha! ¡vamos, vamos, vamos!". Me hace bajar de la litera, con movimientos nerviosos y me lleva del brazo hasta los baños. Allí abre una de las duchas, y deja correr el agua caliente. Me sonríe y vuelve a palmear mi espalda. "¡Hala! tú te duchas, y yo hago briwat de miel para ti. ¿Ok? ¿sí?" Antes de irse, levanta el pulgar hacia arriba. "Ok. Ya eres amigo de Maruk ¿eh? Yo soy Maruk. Ya somos amigos ¿no?". Con la misma expresión bobalicona que no soy capaz de superar, me señalo al pecho. "Yo soy... Ariel." Suelta un chorrito de risa. En la puerta se cruza con otro de los chicos mayores. Le palmea en la espalda "Maruk y Ariel ya son amigos... él es Ariel ¿eh? se va a lavar. Yo voy a hacerle briwat con miel." Cuando desaparece por la puerta, el chico mayor me mira y se encoge de hombros. "Tranqui. Está zumbao, pero le follan a pastillas."