Menos fiebre y más frío. He tenido que levantarme dos veces esta noche para echarme colchas por encima. Nunca he estado tan cerca de mimetizarme en un sanjacobo frudesa.
Afortunadamente, anoche J. no me atravesó el pecho con ninguna aguja de hacer punto. Sólo se limitó a ser un vampiro, en una casa llena de zombies, dispuesto a salvarme la vida. Quizá debería limitarme la televisión a según qué horas. No entiendo por qué demonios no puedo soñar que me caigo por una escalera como todo el mundo.
Se supone que hoy tenía que escribir sobre madres orangután que sienten y padecen como las madres humanas pero... tengo uno de esos días idiotas tipo "nadie me quiere" que a todos nos toca vivir en algún que otro momento y... bueno, hasta que no se me pase, lo cierto es que nisiquiera tengo ganas de leerme a mí mismo. Mañana será otro día.