Tenían que haberle operado mañana, pero lleva desde las nueve con fiebre. Han suspendido la colonoscopia y le han metido directamente a quirófano. Me han dicho que la operación durará tres horas. Y aquí ando. Como un león enjaulado. Levantándome. Dando paseos. Sentándome. Escribiendo. Levántandome otra vez...
Me he pegado a su cama como un chucho plasta, cuando se lo llevaban. Mientras esperábamos el montacamillas, me ha dicho "cuando te vuelva a ver tendré cien gramos de colon menos y una cicatriz más." Yo le he dicho que los tipos con cicatrices eran mucho más atractivos, pero que eso le obligaba a llevar camisetas ombligueras tipo Madonna de por vida, si quería seguir siendo el terror de las nenas y de los travestís del Paseo Camoens. Él me ha cogido la mano y mirando a los camilleros (los cuales se descojonaban sin pudor) ha dicho: "Este es mi hermanito, señores. Iba para el club de la comedia, pero no le llegaban los pies al taburete..."

Soy su hermanito. Su hermanito suplente. Y en estos siete años, me he aprendido tan bien el papel que... de aquí no me mueve ni dios hasta que no me lo traigan otra vez. Me da igual con colon, sin colon o con el colon a medias. Yo sólo quiero que me lo vuelvan a traer. Y que vuelva a meterse conmigo, y a llamarme enano. Otra vez.

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Llevo a Maruk de la mano hasta la enfermería. "Te has caído y te has dado con la baranda, ¿estamos?". Él se rasca la herida. "No Aj Ariel. Jamal me ha dado con un pomo..." "No. Te has caído y te has dado con la baranda. Venga, repítemelo, anda..." "Me he caído y me he dado con la baranda..." Me agarro a su cuello. "¡Muy bien! ¿ves? eres el más listo ¿a que sí?" Él sonríe. Se le encienden los ojos. "Soy el más listo y me he dado con la baranda..." Le abrazo antes de llamar a la puerta. La celadora nos dedica una mirada cansada al abrir. "Se ha caído por la escalera y se ha hecho una herida. Creo que necesita puntos." Le inspecciona la cabeza. Maruk me mira con los ojos muy abiertos. "Jamal no me ha tirado un pomo... me he dado con la baranda..." Le dedico una mirada suplicante. Él se tapa la boca con las manos. "Uy... ya no soy el más listo, Aj Ariel.." La celadora le coge del brazo sin hacer ningún caso a lo que dice. "Anda ven, calamidad..." Me dispongo a entrar tras él, pero me frena con una mano en el pecho. "Él solo. Tú a tu habitación, que algo tendrás que estudiar, seguro." Saco la lengua a la puerta cuando se cierra tras ella, y me siento en el banco de la entrada a esperar. Me escuece la cara, me duele la cabeza y se me ha ido al carajo el plan. Un gran día para Ariel Serlik. Suena el timbre de la cena. Oigo los pasos atropellados saliendo de los dormitorios por encima de mi cabeza. Debo volver a ponerme delante del punto de mira de Azîm, si no quiero que su comadreja de incisivos partidos vuelva a ganarme el terreno. Me levanto y avanzo perezosamente hasta la escalera. Justo cuando estoy cruzando la puerta, veo a Azîm y cuatro de los suyos bajando el primer tramo de escalones. Me detengo y los dejo pasar. Los esbirros ni me miran. Azîm me dedica una mirada fría y fugaz. Durante un instante analizo y sopeso lo que siento. El cansancio. La rabia. La tristeza. Controlar a Azîm siempre será una batalla perdida. Jugará conmigo hasta que se canse y luego volverá a aplastar a Maruk, mientras sus soldaditos llenan las paredes del wc haciendo chistes a mi costa. Es absurdo gastar más fuerzas en intentarlo. Otro de mis planes estúpidos. Uno más. Cuando ya he decidido dar media vuelta y volver al banco de la enfermería, le veo detenerse a mi lado. Le miro. Él hace lo mismo, con su media sonrisa de superioridad. Siento el odio de nuevo, palpitándome en el cuello. Antes de ser consciente de lo que hago, oigo mi propia voz reverberando entre las paredes del pasillo. "Chulo de mierda..." Por un instante, todo se paraliza. Yo. Los esbirros. Azîm. Todos quedamos quietos y en silencio, mirándonos sin reacción, con el susurro de mi insulto aún haciendo eco en los oídos. Vuelvo a pisar el mundo justo cuando uno de sus soldados me agarra del cuello de la camiseta y apoya su nariz en la mía. "No has tenido suficiente ¿eh sharmuta?" Siento que todo el cuerpo me tiembla. Ahora sí. Cinco contra uno. Sin testigos. Estoy muerto. Pero como los pasos atrás no son posibles, sólo quedan los de delante y eso me simplifica mucho las cosas. Levanto la barbilla y le miro fijamente. "Que te jodan, moro asqueroso..."
El chico suelta un gruñido y levanta el puño. Siento los brazos suaves de Azîm, agarrándome con fuerza por la cintura.

Estoy muerto.