Un frío del carajo y un poco de dolor reumático en el fémur. Por lo demás, la ciudad está muy bonita cuando se pone de este tono gris plata. Me gusta el otoño, siempre ha sido mi estación favorita. Dentro de poco los árboles del parque del oeste empezarán a ponerse naranjas y yo echaré de menos un perro al otro lado de una correa, que levante los montones de hojas secas con el hocico. Sería fantástico poder sacar a pasear a Juana Tequila y Pepe Tripi, igual que sacaba a Tao por el parque metido en mi mochila. Sería fantástico y un suicidio, claro. No creo que me dejaran llegar vivo ni al paso de cebra de moncloa. Probablemente estaría desincrustándome uñas hasta el jueves santo del 2012.

Todo mejor con las gotas de Intrafer. Menos cansado y con más hambre. Me encanta el nombre. Es nombre de demonio. "Intrafer el poderoso". "Intrafer el obscuro". "Intrafer el sanguinario". "Intrafer el dejayalostebeosarielpordios".

Bien, veamos. Apuntes para hoy. Mi vecina sale de su casa enfundada en un chándal rojo, mientras A. y yo esperamos el ascensor. Yo le digo "¡anda! ¿haces footing?". Ella me sonríe y responde "Sí. Antes iba a andar, pero el cuerpo te va pidiendo más y...". Yo pongo cara de interés y digo: "Oye, pues que bien... ¿y cuánto te corres?". Se hace un minuto de silencio sepulcral. Luego ella apoya la cabeza contra mi hombro fingiendo llorar y responde: "Una vez cada dos meses, hijo..." Y las orejillas se me van poniendo rojo chándal, mientras A. y la vecina sin orgasmos, literalmente, se descojonan a costa de mis jejés, mis oseas y mis yoquisedecir.
Apunte mental: Ariel, la próxima vez, por dios y por tu fémur... aunque salga por la puerta Manuel Fraga vestido de Tinky Winky, limítate a hablar del tiempo. ¿Me has leído bien? Del tiempo. Del-tiem-po.