Pan con aceite, sal y pistachos. Empiezan mis combinaciones surrealistas.

Hoy algo mejor. Incluso se ha levantado un poco y ha caminado los ocho pasos hasta el baño. Le han subido la dosis de calmantes. Cuando le ponen la inyección la expresión de su cara es casi mística. Si no tuviera el corazón hipotecado hasta las cejas por el hombre que levanta una ídem, miraría de ligarme un farmacéutico. En esta perra vida, nada mejor que estar del lado de los que tienen acceso a la química.

Y hablando de acceso a la química... tengo que ir pensando como conseguir marihuana para cuando empiece su quimioterapia. Hablando antes con Á. le he dicho que deberían legalizarla de una puñetera vez y dejarse de falsos moralismos y paternalismos absurdos, y él me ha hecho reir diciendo que quizá en el futuro pudiéramos ir al mercadona a por nuestra bolsita de yerba "Hacendado", y pagarla con nuestra tarjeta de puntos travel club. Mira que dudo ese futuro... yo creo que más bien seguirán cortándonos las alas y el libre albedrío, hasta que tengamos que recurrir al camello de calle para conseguir una cochina aspirina, mientras traficantes y demás chusma siguen enriqueciéndose, y el correspondiente ministro de sanidad, previa bendición papal, nos cuenta y nos recuenta que todo es por "nuestro bien".

Como decía Fernán Gómez... ¡¡¡a la mierrrrrrrrrrrrrrrrrda!!!

Bueno, pues sí... pues eso... que necesitas marihuana, Ariel. A mover el culo.