Los martes que se esconden

Me desperté de buen humor. De buen martes. A eso de las diez, cuando estaba trabajando me llamó una enfermera a decirme que tenía que repetir los análisis que me había hecho el viernes, porque habían reflejado "datos extraños". Me asusté, claro. Le dije que los repetiría el jueves porque mañana tenía que ir al banco a primera hora. Me contestó que no. Que era urgente repetirlos. Que fuera mañana sin falta. Me asusté un poco más. Le dije que si había algo que tuviera que saber, me lo dijera sin rodeos. La enfermera, fría y burocrática, se limitó a repetirme que habían reflejado "datos extraños". Desde entonces ya no tuve nada más en la cabeza. Sólo señales rojas de peligro parpadeando en cada neurona. Le escribí un sms contándoselo, para que me calmara. Una idiotez pedirle que me calme cuando está así. Pasó de mí como de comer mierda, como era de esperar.
No comí, ni dí pie con bola en toda la jornada. Cuando llegué a casa le llamé, pero colgué antes de que el teléfono diera ninguna señal. Sabía lo que me esperaría al otro lado del auricular. Voz de muerto de vida, frases cortas y ásperas, señales inconfundibles de "agonizo y TÚ tienes la culpa". Puedo sostener todo eso cuando llevo la cabeza fresca, pero hoy no la llevaba.
Entré en los nepomundos y los borré. Como el que cierra la puerta de su madriguera. Luego intenté recuperar el blog que le escribía en wordpress, para retomarlo. No lo logré. Dos largas horas luchando con la embarullada y absurda aplicación de wordpress, para al final descubrir que no puedo ni reabrir aquel blog, ni reutilizar la url, ni pollas en vinagre. Volví a blogger y creé un nuevo blog. Pasé otra hora eligiendo una plantilla. Había miles. No sabía que había tantas opciones, ni tan rematadamente feas. Después de pasar la nº 218, hice un pito-pito-colorito y elegí una al azar, igual o más fea que las demás. Me hice un pequeño follón con la nueva aplicación blogger para editar plantillas. Nunca la había probado y la verdad es que ahora ya entiendo por qué. Recordé el primer blog que él me regaló. Aquel verde tan espectacular que apenas vió la luz. Recordé también el negro que me diseñó después, y lo que me dijo al enseñármelo. "Tú te mereces una plantilla especial que te distinga de los demás, no puedes usar las de blogger". Por aquel entonces me mimaba hasta el extremo. Creo que nadie me ha tratado con tanto cariño y tanta atención en mi vida. Tanto era así, que me tenía desconcertado, supongo que porque yo venía de Antonio, que solía tratarme a patadas y pensaba que todas mis relaciones tenían que ser igual porque ese era el sentimiento que yo despertaba en los demás.
No sé cuándo se terminó todo aquel mimo. Pero sí sé que no es un buen día para ponerme a recordarlo. Así que ahora, volveré a cargar la plantilla de los nepomundos, publicaré este post, me fumaré un peta y me zamparé una bolsa de cheetos con cocacola. Supongo que tardarán apenas unos minutos en patearme el hígado y salir por donde han entrado, pero para eso es el peta. Para que ahora mismo, eso, esto y aquello, me sude la p***a.