Los viernes que se recogen

Cuando colgué el teléfono después de hablar contigo me quedé un rato así. Como en trance tonto. Luego fuí hasta la cocina, me comí los dos caquis, me acosté y... plof. Caí. Once horas dormidas de un tirón. Sin interrupciones. Sólo un sueño profundo y estable. Hacía dos semanas que no lograba dormir más de tres o cuatro horas.

Me recuerdo a un bebé al que hubieran mecido y cantado una nana.

Leo un libro de Marian Keys y Secuestrado de Stevenson. El segundo, porque es el libro preferido de Jose y a mí me gustan los "libros preferidos de", y el primero porque necesito reirme de tonterías. Marian Keys es perfecta para que te rías de tonterías cuando llevas el alma un poco pesada. Me da vergüenza que se vean las tapas en el metro, porque es un libro editado para mujeres treintañeras. Ya sabes... colorines rosa chicle... tipografía pop... así que Stevenson se viene al metro y Marian Keys al sofá. Debería tener la suficiente confianza en mí mismo para que no me diera vergüenza lo que pensaran los desconocidos del metro, lo sé, pero no puedo evitarlo. Soy más feliz cuando nada indica que estoy allí. Cuanto menos, un libro rosa chicle con letras pop.
Tú crees que tengo un lado exhibicionista, pero no es verdad. Todos mis lados son de caracol. Lo que pasa es que el 80% de las cosas que hago en mi vida, las hago sin pensar, porque si las pienso, no las hago. Así logro estar vivo en el mundo de los muertos vivientes.

Sí. A ti te he pensado siempre un huevo. Error enorme. No voy a hacerlo más para que todo vaya mejor. O peor. Pero que al menos vaya, y tú también puedas volver a estar vivo.

Yo sin tu amor soy un montón de cosas, menos yo.