Me acordé de los moldes de galleta

Es lo que he hecho mientras dormías (¿dormías?).

También me he hecho la foto del culo, pero no me vale, porque llevo el peto y tú te agarrarás a la excusa de que con el peto no hay culo que asome, y me jurarás sobre la biblia del caos que sigue estando ahí debajo, pero no. No, no, no... se fue y por más que recé al dios de la gimnasia, no volverá a asomarse por ningún vaquero. Se ha debido redistribuir por alguna otra zona de mi cuerpo. No sé. A lo mejor ahora tengo las orejas más turgentes.

Juana Tequila sigue con su labor de destrucción. Ha sacado todas las galletas de plato y las ha repartido a lo largo y ancho del pasillo. Ahora la mitad de los ositos no tienen brazos y los elefantes tienen pelos gatunos entre el chocolate. Debería meterla en la picadora y hacerla relleno de cojín, pero cuando me acerco a reñirla ronronea y se frota zalamera contra mi cara de mala leche. No puedo trocear a alguien que se me frota zalamero (toma nota). Va en contra de mi programación mental y me crea un conflicto de conciencia. Le he dado una rana de trapo, de esas que van rellenas de bolitas de polieuretano para que juegue sin matar y deje un poco en paz la casa, pero no ha servido de mucho. Ahora sigue destrozando las cosas, pero lo hace llevando siempre la rana en la boca y dejándola a un lado, como diciendo "tú espera aquí que acabo enseguida y estoy contigo..." Cuando termina de aniquilar la recoge otra vez y hala... a buscar otro objetivo.

Juana Tequila es hembra y ganadora. Cuanto antes lo asuma, mejor.