Mientras mis virus bailan en la antesala

Me duele la cabeza y ya he empezado a tiritar pero aún así he sacado ganas para encender el portátil porque quiero contarte cosas tontas. Que el cielo de esta noche da miedo. Que la tristeza de tu voz también. Que sé que me echas de menos. Que yo a ti también, aunque sea un experto en encenderme como un fuego artificial, y chispear en colores, sin que te des ni cuenta de que sigo siendo diminuto y prescindible. Que este fin de semana hay una feria que se llama Expogato en el recinto ferial y que se podrán ver en ella 300 variedades distintas de gatos cursis. De esos que yo rechazo y tú defiendes. Que estoy muy contento de que me hayan quitado los catéters porque ahora soy un chico un poco más normal y un poco más vendado. Que es muy importante que lo hayan hecho, aunque tú todavía no lo sepas. Que te he comprado tres comics de Jaime y de Beto Hernández por esta manía mía de hacerte mirar con mis ojos, comer con mi boca y sentir con mis dedos. Que te los quiero llevar con el sushi. Que también te llevaría la cabeza de Juan el Bautista si eso te hiciera feliz.

Mh... no te lo vas a creer pero entre ayer y hoy, he recibido tres cartas de bloggers masculinos y una femenina, que se han dado por aludidos en mi comentario del otro día sobre cierto bloguero llorica amorosamente sacrificado. ¿Eso es comprensible? Una de dos... o hay más lloricas de lo que yo pensaba o debo tener más cuidado en lo referente a no pisar ánimos a ras de suelo. Ya. Ya sé. Estarás pensando que allá ellos y que les den porque el que se pica ajos come. Bueno. Yo me he limitado a aclararles que el blogger amorosamente llorica de mi post hace lo menos cuatro años que cerró su página. Aún así, me llama la atención. No entiendo que necesitemos tanta aprobación por parte de los demás, y menos aún de alguien como yo. Porque, de verdad... con el corazón en la mano: yo jamás, JAMÁS, me tomaría en serio. Nunca.