Portatileando y matando penas

Le regalé a Ana todas las temporadas de Sexo en Nueva York. Ahora me las veo con ella, todas las tardes debajo de las mantas. Podemos tragarnos doce capítulos seguidos sin que nos dé un coma cerebral. El problema es que ella tiene quince años y es una chica. Yo no puedo agarrarme a ninguna de las dos excusas. Creo que en el futuro, cuando tenga que explicar al psiquiatra de penales porqué terminé mis días travestido de Dolly Parton y asesinando a la cajera del sabeco con un chopped pavofrío, lo de consumir teleseries idiotas será una de las cuestiones más interesantes a destripar en la lista de mis tendencias suicidas obsesivo-compulsivas.

Y eso. Que otra más. Junto con Friends, Como conocí a vuestra madre, Padre de familia, House, Caso Abierto y Malcolm in the middle hacen siete. Creo que aún puedo llegar a doce sin despeinarme. Miedo me da cuál puede ser la próxima. Espero que por lo menos sea algo que me mantenga la virilidad un poco más a salvo. Como por ejemplo... no sé... Candy, Candy.