Que sigue nevando

Que no deja de nevar. Que lleva toda la mañana. Que cada vez que miro las converse al final de mi pierna chunga, se me pone el escroto más hacia Lugo. Que todo esto es muy bonito cuando lo estás mirando desde la ventana de una cabañita de madera en Aspen, pero que no tiene ni puñetera gracia en una ciudad como Madrid, donde la infraestructura está planeada al detalle para que tengan que venir los bomberos a desincrustarte los dientes de la acera, con cada mal paso. Y no sé por qué ¿eh? a no ser que se trate de algún tipo de criba para quitarse del censo tontos, ancianos, ciegos y tullidos, no entiendo por qué. Mucha villa olímpica, mucha corazonada y mucho alcalde cortando cinta y sin embargo estamos hasta las orejas de socavones, de obras para arreglar las obras que dejaron otras obras que arreglaban las anteriores obras, de aceras en cuesta abajo con baldosa lisa, y de asfalto tatuado de pintura pisa-y-muere. ¿Y por qué soy consciente de todo eso? pues porque soy motorista, excojo y torpe. Las tres razas kamikaze de la ciudad, fundidas en un sólo hombre. La personificación de la hostia perfecta.

En estos momentos necesito algo que no tengo para salir de aquí y regresar sano y salvo a casa. No sé el qué. Las botas de Jeremias Johnson. Una rodilla de repuesto. Un superhéroe de los que vuelan y llevan paraguas.

Bueno, sí... esto último quedaría algo raro...