No era una chica alta. Ni baja. Ni rubia. Ni tampoco morena. De hecho, no era una chica. Era un tipo con unos huevazos como un piano que se llamaba Hugo. Y yo voy a matar a Marc. Un día de estos. Lentamente y por sorpresa. Algo se me ocurrirá. Le disolveré en la sopa cuarto de kilo de cerdo. Le haré comer hamburguesas de pollo diciéndole que es tofu y luego le contaré que eran del perrito ese tan mono que anunciaba las quinielas. O de lassie. O de piolín. O de su santa madre en calzones de puñetas.