Miguel ha venido con la moto a mediodía para comer conmigo. Llovía y hacía un frío del carajo. Hemos tenido verdaderas tentaciones de meter los pies en la sopa miso después de conducir hasta el japo. Se ha reído mucho viendo mis esfuerzos por embutir las greñas en el casco. Me ha preguntado por qué no usaba espuma para domar el pelo. Le he dicho que ya me la ponía, pero que justamente hoy estaba evolucionando en Supersaiyajin 2(*). Se ha descojonado con la chorrada. Si se lo hubiera contado a Ana, probablemente me habría dicho "¿en superqué?" y yo me hubiera sentido como un freaki pasado de moda y fuera de contexto.
Me gusta una chica de prácticas. No sé qué demonios me pasa últimamente con las chicas de prácticas. Afortunadamente esta no es de mi departamento. Está arriba, en audiovisuales, junto a la máquina de las bebidas. En las últimas seis horas, he tragado más cafeína que en toda mi vida. Ójala hubiera coincidido con alguna promoción de cocacola tipo "envíe 250 anillas y gane un avestruz". En dos días habría podido montar mi propia granja. Tchsk... maldita primavera...
No sé exactamente por qué me gusta esta. O sí. Tiene el pelo muy corto y azul, medias rayadas de colores y botas doc martens moradas. Es una de esas chicas que se visten sin espejo, sin luz y sin que les importe. De esas que sabes que nunca llevan bolsito con maquillajes, ni politonos de Pitingo en el móvil. Una de las que molan. De las diferentes. Y como en el el ecosistema de mujeres de mi empresa, ser hembra y diferente, es un pasaporte para morir en la hoguera, cuando vuelva el elenco femenino de vacaciones, probablemente la despellejen viva. Forman el enemigo más implacable, feroz y despiadado que ni el mismo Sun Tzu pudiera imaginar. En un par de días, mi chica azul estará llorando en algún pasillo, lo sé. Así que tendré que hacer algo para distraer la atención de las demás sobre ella. Como por ejemplo... no sé... ir a trabajar en pantuflas o... declararme zoofílico. Algo se me ocurrirá de aquí al lunes.
Mañana se lo contaré a J. para que sonría y me diga eso de "Cada vez te gustan más las chicas, Ariel..."
En realidad, lo que cada vez me gusta más es él. Estoy llegando a unos niveles sorprendentes. Hasta el punto de excitarme sexualmente sólo por pisar su acera. Hasta el punto de echarle en falta diez minutos después de habernos despedido. Mi termómetro de gilipollez me tiene permanentemente asombrado.
Tchsk... maldita primavera...
(*) mírese algún episodio de Dragon Ball
Que sepas que tengo mono de ti
Muy, muy, muy cansado. He venido en el metro arrastrando los pies después de ocho horas trabajando yo solo con mi sombra, en un departamento devastado por las vacaciones de semana santa. Y debería ser genial, porque me han puesto un Mac nuevo que es la caña de España pero... como que ahora mismo no me motiva lo suficiente y lo cambiaría con gusto por un poquito de jack daniels, marijuana y algún que otro compañero en alguna de las veinte sillas vacías que me diera un poquito de conversación y me gritara eso de "¡¡deja de cantar Serlik pordiossssss!!".
Me he hecho el reconocimiento médico para el examen de conducir. Saber que oigo genial, veo estupendo, tengo una tensión magnífica y soy capaz de llevar dos puntitos por una carretera con mogollón de curvas me ha costado 40 euracos. Maldición maldita. La doctora me ha preguntado: "¿algún desequilibrio mental?" y yo he respondido: "pues en ello estamos..."
Me ha mirado con ojos de oveja. La hora de comer nunca es buen momento para ponerse graciosillo. Lo guardaré como apunte importante. Y creo que para el jueves ya lo habré olvidado, junto con todos los demás que he ido anotando a lo largo de los últimos cinco años. No sé si la dispersión mental se puede considerar desequilibro. A lo mejor debería habérselo preguntado a la mujer oveja.
Me he hecho el reconocimiento médico para el examen de conducir. Saber que oigo genial, veo estupendo, tengo una tensión magnífica y soy capaz de llevar dos puntitos por una carretera con mogollón de curvas me ha costado 40 euracos. Maldición maldita. La doctora me ha preguntado: "¿algún desequilibrio mental?" y yo he respondido: "pues en ello estamos..."
Me ha mirado con ojos de oveja. La hora de comer nunca es buen momento para ponerse graciosillo. Lo guardaré como apunte importante. Y creo que para el jueves ya lo habré olvidado, junto con todos los demás que he ido anotando a lo largo de los últimos cinco años. No sé si la dispersión mental se puede considerar desequilibro. A lo mejor debería habérselo preguntado a la mujer oveja.
Cuando lo he escrito, faltaban cuatro
Ya tengo un labio normal, de los de toda la vida. Ya puedo volver a decir Vladimir vuelve a blindar los blinis sin que me sangre la boca como a un cochinillo. Otorgaré minimedallas al valor a todos mis glóbulos blancos. Y ya podré dar besos, mordiscos y mamaditas.
Ya... ya lo sé. Dicho así parece que los fuera a repartir por el metro.
Me han utilizado de conejillo de indias para el curso que han dado hoy de peluquerías Antonio Durán. Un señor con aspecto de porqueyolovalgo ha venido con mi jefe hasta mi sitio y ha dicho "¿te importaría ayudarnos para unas fotos de peluquería?" y yo, que creía que me iban a pedir que sujetara el foco o algo similar, he puesto mucho entusiasmo en decir "puesclaroquesí-faltaríamás", para después quedarme semicomatoso cuando he oído aquello de "estupendo, será poco tiempo, sólo un corte sencillo y algo de color quizá..."
He pasado los minutos más terribles de mi vida mientras caminaba hacia el ascensor que baja a las aulas. He imaginado las escenas más espeluznantes que podía generar mi imaginación enfermiza. Tintes Tony Genil. Cortes Barry Gibb. Alisados Marilyn Manson. Mezclas psicopáticas de las tres cosas juntas. Pensándolo bien, es un milagro que haya llegado a mi destino con algún pelo vivo y en su sitio. Pero bueno... ya ha pasado todo y no soy Tony Genil, ni Barry Gibb, ni Marilyn Manson. Soy el hermano feo de Brad Pitt haciendo la segunda parte de Un año en el Tibet.
Vale, sí... podía haber sido peor. Lo sé, lo sé.
Dentro de cuatro horas, veré a J. Cuatro. Justo el tiempo de que dispongo para ver cómo logro meter la cabeza debajo del grifo del lavabo para quitarme esta pinta de holandés borracho en su segunda semana de vacaciones en Benidorm.
Ya... ya lo sé. Dicho así parece que los fuera a repartir por el metro.
Me han utilizado de conejillo de indias para el curso que han dado hoy de peluquerías Antonio Durán. Un señor con aspecto de porqueyolovalgo ha venido con mi jefe hasta mi sitio y ha dicho "¿te importaría ayudarnos para unas fotos de peluquería?" y yo, que creía que me iban a pedir que sujetara el foco o algo similar, he puesto mucho entusiasmo en decir "puesclaroquesí-faltaríamás", para después quedarme semicomatoso cuando he oído aquello de "estupendo, será poco tiempo, sólo un corte sencillo y algo de color quizá..."
He pasado los minutos más terribles de mi vida mientras caminaba hacia el ascensor que baja a las aulas. He imaginado las escenas más espeluznantes que podía generar mi imaginación enfermiza. Tintes Tony Genil. Cortes Barry Gibb. Alisados Marilyn Manson. Mezclas psicopáticas de las tres cosas juntas. Pensándolo bien, es un milagro que haya llegado a mi destino con algún pelo vivo y en su sitio. Pero bueno... ya ha pasado todo y no soy Tony Genil, ni Barry Gibb, ni Marilyn Manson. Soy el hermano feo de Brad Pitt haciendo la segunda parte de Un año en el Tibet.
Vale, sí... podía haber sido peor. Lo sé, lo sé.
Dentro de cuatro horas, veré a J. Cuatro. Justo el tiempo de que dispongo para ver cómo logro meter la cabeza debajo del grifo del lavabo para quitarme esta pinta de holandés borracho en su segunda semana de vacaciones en Benidorm.
El hombre indefenso
Me he comprado unos zapatos que no me pegan nada. Unos zapatos de niño bien. De esos de ante beige, con cordoncitos finos y puntera pedorra. De los que uno se pondría para pasear por el puerto hasta el yate de papuchi.
Miguel ha flipado un poco al verlos. Los ha señalado con los ojos muy abiertos y ha dicho: "Son para ponértelos... ¿con?". Yo, muy digno, he contestado: "Con los vaqueros." Y él ha soltado una risita y ha dicho: "ya...¿los rotos o los sucios?" Podríamos llamarlo como definir a Ariel en dos palabras. O roto, o sucio. Y ahí me hubiera hecho falta un J. masajeándome el cuello y diciendo "qué tontería, pero si tú vales una jartá..."
Bueno, lo de jartá más bien lo diría yo. Él diría "eres lo mejor", porque siempre habla como un locutor de radio sexy y enrollado. De los que pueden provocarte un orgasmo sólo preguntándote qué has comido al mediodía.
Se me empieza a poner el morro superior como a Angelina Jolie. Y palpita un poco. tic-tic-tic... Estoy castigado sin besos, sin mordiscos, sin palomitas con sal, sin mamaditas... El médico del trabajo me ha dicho que el herpes labial suele salir por stress. Eso es lo que ha dicho, porque en realidad, lo que estaba pensando es "a saber dónde habrás metido tú la boca..."
Hoy no he dado saltos de Roger Rabbit. No he ido a correr. Me he limitado a comprarme chocolate negro y zapatos pijos. A lo mejor así hago una regresión de stress y vuelvo a tener la boca como antes. Deshinchada, sosa y útil.
Miguel ha flipado un poco al verlos. Los ha señalado con los ojos muy abiertos y ha dicho: "Son para ponértelos... ¿con?". Yo, muy digno, he contestado: "Con los vaqueros." Y él ha soltado una risita y ha dicho: "ya...¿los rotos o los sucios?" Podríamos llamarlo como definir a Ariel en dos palabras. O roto, o sucio. Y ahí me hubiera hecho falta un J. masajeándome el cuello y diciendo "qué tontería, pero si tú vales una jartá..."
Bueno, lo de jartá más bien lo diría yo. Él diría "eres lo mejor", porque siempre habla como un locutor de radio sexy y enrollado. De los que pueden provocarte un orgasmo sólo preguntándote qué has comido al mediodía.
Se me empieza a poner el morro superior como a Angelina Jolie. Y palpita un poco. tic-tic-tic... Estoy castigado sin besos, sin mordiscos, sin palomitas con sal, sin mamaditas... El médico del trabajo me ha dicho que el herpes labial suele salir por stress. Eso es lo que ha dicho, porque en realidad, lo que estaba pensando es "a saber dónde habrás metido tú la boca..."
Hoy no he dado saltos de Roger Rabbit. No he ido a correr. Me he limitado a comprarme chocolate negro y zapatos pijos. A lo mejor así hago una regresión de stress y vuelvo a tener la boca como antes. Deshinchada, sosa y útil.
Deberíamos pasar directamente al verano
5 vueltas. 6 kilómetros. Ya no salto como Rocky Balboa. Ya lo hago directamente como Roger Rabbit. Creo que debo estar espectacular saltando como Roger Rabbit con las mallas de correr, la camiseta de yogures clesa y los zapatillones. Debería autofotografiarme con el móvil y poner la foto en la puerta de la nevera, para mis momentos de bajón.
Bueno, bueno... tengo un herpes en el labio superior y un dedo de la mano derecha reventado. Lo del herpes (presumo) es un bajonazo de defensas. Lo del dedo, un misterio insondable. Simplemente, me fui a lavar los dientes y pensé "uy... ¿qué es eso amorcillado que asoma por el palo del cepillo?" y sí... era mi dedo. Ni puñetera idea de cómo me lo hice. J. dice que me habrá picado una araña. Yo voto más bien por alguna hostia perdida, que quedara mitigada entre los dos litros de albariño, los chupitos de vodka y las cervecitas del aperitivo. No es de extrañar. Si sobrio me doy con las esquinas, entre efluvios alcohólicos ya... directamente, me arrastro por debajo de las piedras.
Así pues... ayer fue el día de los misterios insondables. Primer misterio: ¿cómo coño pudieron salir tan buenas las judías a la "mecagoendios-yahoraqueiba"? Segundo misterio: ¿por qué demonios lloraba y por qué demonios me dió por escribirlo como si fuera una novicia pedorra? Tercer misterio: ¿cómo me he reventado el dedo sin enterarme de que me he reventado el dedo? y Cuarto y más importante misterio: ¿por qué cojones no tiro de una puñetera vez la camiseta de los yogures clesa?
Bueno, bueno... tengo un herpes en el labio superior y un dedo de la mano derecha reventado. Lo del herpes (presumo) es un bajonazo de defensas. Lo del dedo, un misterio insondable. Simplemente, me fui a lavar los dientes y pensé "uy... ¿qué es eso amorcillado que asoma por el palo del cepillo?" y sí... era mi dedo. Ni puñetera idea de cómo me lo hice. J. dice que me habrá picado una araña. Yo voto más bien por alguna hostia perdida, que quedara mitigada entre los dos litros de albariño, los chupitos de vodka y las cervecitas del aperitivo. No es de extrañar. Si sobrio me doy con las esquinas, entre efluvios alcohólicos ya... directamente, me arrastro por debajo de las piedras.
Así pues... ayer fue el día de los misterios insondables. Primer misterio: ¿cómo coño pudieron salir tan buenas las judías a la "mecagoendios-yahoraqueiba"? Segundo misterio: ¿por qué demonios lloraba y por qué demonios me dió por escribirlo como si fuera una novicia pedorra? Tercer misterio: ¿cómo me he reventado el dedo sin enterarme de que me he reventado el dedo? y Cuarto y más importante misterio: ¿por qué cojones no tiro de una puñetera vez la camiseta de los yogures clesa?
Astenia
En todas las relaciones siempre hay alguien que quiere, y alguien que se deja querer. Alguien que extiende la mano, y alquien que se deja acariciar. Y esos roles los llevamos implícitos a lo largo de tooooda la relación. Como si estuvieran predeterminados de antemano. Los dos son roles amorosos, igualmente, pero... claro... uno resulta mucho más cómodo que el otro.
He tenido algunas relaciones en las que me dejaba querer. Pocas. Casi todas con chicas. Es una sensación agradable, la verdad. Como cuando sabes que estás sentado en el mejor sillón del salón.
En mi relación de ahora, soy el que quiere. Creo que lo fuí desde el segundo o tercer mes de conocernos. A veces me jode y otras veces... otras veces pienso "vale... no estoy en el mejor sillón. Ok. Pero oye... al menos estoy sentado en el salón."
La verdad, esto de que toda la vida esté formada por roles es una pequeña mierda. Ojalá fuéramos multiusos como una navaja suiza. Ojalá todos pudiéramos ser todo, en uno u otro momento. El listo, tonto, el angustiado, tranquilo, el quemaenergías, energizante y el que se esfuerza... pasota.
He tenido algunas relaciones en las que me dejaba querer. Pocas. Casi todas con chicas. Es una sensación agradable, la verdad. Como cuando sabes que estás sentado en el mejor sillón del salón.
En mi relación de ahora, soy el que quiere. Creo que lo fuí desde el segundo o tercer mes de conocernos. A veces me jode y otras veces... otras veces pienso "vale... no estoy en el mejor sillón. Ok. Pero oye... al menos estoy sentado en el salón."
La verdad, esto de que toda la vida esté formada por roles es una pequeña mierda. Ojalá fuéramos multiusos como una navaja suiza. Ojalá todos pudiéramos ser todo, en uno u otro momento. El listo, tonto, el angustiado, tranquilo, el quemaenergías, energizante y el que se esfuerza... pasota.
Mis fabes con almejas no tienen buena pinta
En realidad son como un recreo de fabes en la piscina. Tchsk... mal rollo. Bueno, no dejaré que me cunda el pánico. Lo único que tengo que hacer es sumar un par de botellas de albariño al menú. Así las fabes seguirán siendo un desastre, pero para cuando llegue la olla a la mesa, importará mucho menos.
Ayudé a Ana a comprar el regalo del día del padre a Miguel. Y ayudé tanto, que se lo compré yo. Tuve buen ojo con la chaqueta, aunque ahora, cuando se la veo puesta me doy cuenta de que canta a Arielada por todas partes. De hecho... se da un aire a la que lleva Luke Skywalker cuando visita el planeta Dagobah. Se lo he dicho a Miguel esta mañana. "Pareces a Luke Skywalker cuando conoce a Yoda". Él ha soltado un chorrito de risa y ha dicho "Las elegido tú ¿no?" Me he puesto muy nervioso y he tirado toda la pasta de dientes por los suelos mientras balbuceaba "¿yo? nnnn... nonono... no... yo no, no... no.... claro que no... nooo... yo no."
Como no suelo mentir mucho, nunca me acuerdo de cuántos noes hacen falta para resultar creíble. Desde luego, nunca más de dos, porque cuanto más compulsivo me volvía yo con el colgate, más sonrisitas de "sinomeimportatontín" me dedicaba él.
Era mucho más fácil cuando los hijos regalaban ceniceros de palos de polo y cuadros de macarrones.
Ayudé a Ana a comprar el regalo del día del padre a Miguel. Y ayudé tanto, que se lo compré yo. Tuve buen ojo con la chaqueta, aunque ahora, cuando se la veo puesta me doy cuenta de que canta a Arielada por todas partes. De hecho... se da un aire a la que lleva Luke Skywalker cuando visita el planeta Dagobah. Se lo he dicho a Miguel esta mañana. "Pareces a Luke Skywalker cuando conoce a Yoda". Él ha soltado un chorrito de risa y ha dicho "Las elegido tú ¿no?" Me he puesto muy nervioso y he tirado toda la pasta de dientes por los suelos mientras balbuceaba "¿yo? nnnn... nonono... no... yo no, no... no.... claro que no... nooo... yo no."
Como no suelo mentir mucho, nunca me acuerdo de cuántos noes hacen falta para resultar creíble. Desde luego, nunca más de dos, porque cuanto más compulsivo me volvía yo con el colgate, más sonrisitas de "sinomeimportatontín" me dedicaba él.
Era mucho más fácil cuando los hijos regalaban ceniceros de palos de polo y cuadros de macarrones.
Necesitaría la receta de las fabes con almejas...
Mis títulos cada vez son más parias ¿no?
J. se ha ido a Toledo. Hoy estoy sin caramelo. Bueeeeeeeeeeno... procuraré matar el día con cosas interesantes y prácticas, como por ejemplo escribir un post o... contar los mosaicos de la pared del wáter.
He ido a correr. Yo corriendo. Yo. Yo y mi pierna exchunga. Estoy hecho un machote. Hoy han sido tres vueltas al polideportivo. Eso hacen 3,6 km. Lo que cualquiera, con una forma regular, se haría a la pata coja, aunque para mí equivalga a medio everest. Cuando termino doy botecitos con los brazos en alto como Rocky Balboa. El guardia jurado de la puerta siempre me mira como diciendo "aypordios... que malo es el alcohol..." Me da igual. Si andar era ya un lujo, correr... correr es la polla (con perdón). Estoy seguro que mi rodilla chunga, si tuviera dedos, me haría la señal de la victoria.
Tengo que llevar a J. a correr. Aunque sólo sea por ver cómo se descojona cuando se lo proponga. Es muy raro esto de vivir a pachas con alguien. Muy reconfortante. Es increíble cómo nos acostumbramos y acomodamos a la mierda que supone el estar solo, y como nisiquiera llegamos a darnos cuenta de que, en realidad, es una mierda. Luego llega el momento de hacer café para dos, de proponer una peli de cine, incluso de discutir sobre calamares gigantes y krakens y entonces te preguntas ¿pero cómo coño vivía yo antes de tener a este tío aquí conmigo?"
Esa es la conclusión de hoy. Que todos, absolutamente todos, necesitamos un contrapunto humano.
Aunque no sé si J. pensará en estos momentos lo mismo, porque con tanto compartir salivilla al final le he pegado el resfriado. Y ahora es él el gue esdá buy, buy buy buy agadarrado, en el asiento de un piojoso autocar rumbo a Cabañas de la Sagra (ciudad sin ley), y yo el que se larga a trotar bajo la lluvia con una camiseta sin mangas, como el prota de uno de esos anuncios de yogures actimeles que te quitan el colesterol, la obesidad, el estreñimiento y hasta la cuñada pesada que vive en Cuenca, si se tercian.
J. se ha ido a Toledo. Hoy estoy sin caramelo. Bueeeeeeeeeeno... procuraré matar el día con cosas interesantes y prácticas, como por ejemplo escribir un post o... contar los mosaicos de la pared del wáter.
He ido a correr. Yo corriendo. Yo. Yo y mi pierna exchunga. Estoy hecho un machote. Hoy han sido tres vueltas al polideportivo. Eso hacen 3,6 km. Lo que cualquiera, con una forma regular, se haría a la pata coja, aunque para mí equivalga a medio everest. Cuando termino doy botecitos con los brazos en alto como Rocky Balboa. El guardia jurado de la puerta siempre me mira como diciendo "aypordios... que malo es el alcohol..." Me da igual. Si andar era ya un lujo, correr... correr es la polla (con perdón). Estoy seguro que mi rodilla chunga, si tuviera dedos, me haría la señal de la victoria.
Tengo que llevar a J. a correr. Aunque sólo sea por ver cómo se descojona cuando se lo proponga. Es muy raro esto de vivir a pachas con alguien. Muy reconfortante. Es increíble cómo nos acostumbramos y acomodamos a la mierda que supone el estar solo, y como nisiquiera llegamos a darnos cuenta de que, en realidad, es una mierda. Luego llega el momento de hacer café para dos, de proponer una peli de cine, incluso de discutir sobre calamares gigantes y krakens y entonces te preguntas ¿pero cómo coño vivía yo antes de tener a este tío aquí conmigo?"
Esa es la conclusión de hoy. Que todos, absolutamente todos, necesitamos un contrapunto humano.
Aunque no sé si J. pensará en estos momentos lo mismo, porque con tanto compartir salivilla al final le he pegado el resfriado. Y ahora es él el gue esdá buy, buy buy buy agadarrado, en el asiento de un piojoso autocar rumbo a Cabañas de la Sagra (ciudad sin ley), y yo el que se larga a trotar bajo la lluvia con una camiseta sin mangas, como el prota de uno de esos anuncios de yogures actimeles que te quitan el colesterol, la obesidad, el estreñimiento y hasta la cuñada pesada que vive en Cuenca, si se tercian.
Chorradita para ti
Mira que estoy perro para escribir. Creo que vivo o escribo, pero que no soy capaz de hacer ambas cosas a la vez. Eso significa que cuando escribo no vivo y viceversa. Y significa también que ahora me toca vivir, claro. Bien deprisa ¿no? como mis zapatillas converse cuando salgo del metro de Nuevos Ministerios y enfilo la calle basílica hacia tu casa. Vuelan. El adoquinado del suelo es casi un cuadro impresionista.
Ando un poco raro y desasosegado. El día en general ha sido raro y desasosegado, aunque nisiquiera sabría decirte por qué... ¿porque no he podido comer a mediodía? ¿porque casi me caigo a las vías del metro? ¿porque nunca me termino de librar del puto vendaje? ¿porque he tenido un orgasmo con los pantalones puestos?. Molaría seguir tumbado en tu cama apoyado en un codo, haciéndote preguntas del tipo: "¿crees que esto será para siempre?" y todas esas chorradas que me cruzan los cables en los momentos idiotas. Molaría pasar la yema de los dedos por tu cara de bicho malo, mientras me sonríes y me dices: "pero Ariel... si esto YA ES para siempre..."
Cuando íbamos hacia la cama, Janis Joplin cantaba una canción. No sé cuál era. Sonaba a rhythm and blues. Era muy bonita. Pienso que me gustaría tenerla. Pienso que sería genial si pudieras encontrarla. Si pudieras decirme cuál era o... yo qué sé. Pescarla para mí, como si fuera uno de esos calamares gigantes que no existen. Ya no me voy a olvidar de esa canción. Sabes que hay algunas que se nos enquistan en el corazón ¿no? pues... eso. Ahora cada vez que suene, durante el resto de mi vida, esté donde esté y haga lo que haga, en realidad estaré caminando de espaldas hacia tu cama, y tú me besarás mientras me sujetas las muñecas. Y olerás a dulce. Y la boca me sabrá a chocolate lindtt.
Ando un poco raro y desasosegado. El día en general ha sido raro y desasosegado, aunque nisiquiera sabría decirte por qué... ¿porque no he podido comer a mediodía? ¿porque casi me caigo a las vías del metro? ¿porque nunca me termino de librar del puto vendaje? ¿porque he tenido un orgasmo con los pantalones puestos?. Molaría seguir tumbado en tu cama apoyado en un codo, haciéndote preguntas del tipo: "¿crees que esto será para siempre?" y todas esas chorradas que me cruzan los cables en los momentos idiotas. Molaría pasar la yema de los dedos por tu cara de bicho malo, mientras me sonríes y me dices: "pero Ariel... si esto YA ES para siempre..."
Cuando íbamos hacia la cama, Janis Joplin cantaba una canción. No sé cuál era. Sonaba a rhythm and blues. Era muy bonita. Pienso que me gustaría tenerla. Pienso que sería genial si pudieras encontrarla. Si pudieras decirme cuál era o... yo qué sé. Pescarla para mí, como si fuera uno de esos calamares gigantes que no existen. Ya no me voy a olvidar de esa canción. Sabes que hay algunas que se nos enquistan en el corazón ¿no? pues... eso. Ahora cada vez que suene, durante el resto de mi vida, esté donde esté y haga lo que haga, en realidad estaré caminando de espaldas hacia tu cama, y tú me besarás mientras me sujetas las muñecas. Y olerás a dulce. Y la boca me sabrá a chocolate lindtt.
Tengo que hacer los post más cortos
Esdoy buy agadarrado. Bucho, bucho, bucho. Bogollón. Si dejamos a un lado los estornudos, los mocos, el dolor de cabeza y los escalofríos, lo demás no está tan mal. De hecho, pagaría por poder quedarme con la voz que tengo en estos momentos, en lugar del chirrido prepúber que tengo cuando estoy sano. Y aunque debería darme rabia eso de enfermar en vacaciones, lo cierto es que no me importa, porque meto la aspirina complex y los kleenex en la bolsa y me voy a casa de J. a comer judías sin oreja y tostadas de pasas con paté de pato. También me voy a comer a J. cuando me deja. Cuando se cansa de sujetarme las manos y decirme "que no, que no, estate quieeeeto...oye... que no..."
Soy muy pesado cuando se trata de comerme a J. Él dice "muy perseverante". "Eres muy perseverante". No lo dice de mal rollo. Lo dice riendo. También se ríe mientras me sujeta las manos y me dice "que no". Echamos el pulso y a veces gano yo, y a veces él. Sobre todo gano yo. Es lo que tenemos los chicos perseverantes con chirrido prepúber. Desabrochamos cinturones con un solo dedo hasta cuatro veces seguidas, si el contrincante se pone cabezón.
Soy feliz oyéndole trabajar en el ordenador del este, mientras hago test de autoescuela en el ordenador del oeste. Me doy cuenta de que puedo ser feliz con cosas muy pequeñas. El tecleo del ordenador. Su aliento en mi cuello mientras me enseña la nueva página web. El sabor del café. La bola de cristal que me compró en el anticuario. El mecido de sus abrazos.
No deberíamos esperar la felicidad como un hecho grande, ruidoso y lleno de luz. En realidad es una cosa pequeñita que se desliza sin que te des ni cuenta de por dónde entró, ni de por dónde se pudo ir.
Takhesi aún no tiene claro si odiarme, temerme o quererme. Se frotó conmigo ayer y hasta me mordisqueó la zapatilla, pero luego saqué la psp para jugar un rato y el tiroriro del encendido le volvió a asustar (maldito chico humano blanco con sus pelos tiesos y su máquina infernal... ). Hoy ha vuelto a bufarme, pero ya sale y se pasea por el salón. Eso sí, sin quitarme el ojo de encima. Es un gato espectacular. Pelo largo y dorado y ojos ribeteados en negro, como un león. Creo que es con diferencia, el gato más bonito que he visto en mi vida. J. siempre tiene unos gatos preciosos. Voy a intentar sacarle una foto para colgarla en el blog. A Takhesi, no a J. A J. no le saca una foto ni la vírgen del carmen que bajara expresamente de los cielos para ello (bien pensado, mal rollito que bajara la vírgen del carmen a hacerte una foto ¿no? sonaría como a "a ver, sonríe para la orla del infierno... patataaaaaaaaaa...")
Tequila vuelve a estar en celo. Se pasa las horas con la pata en alto como una bailarina y la lengua en la entrepierna como una contorsionista viciosa. Se pone muy pesada cuando huele el rastro de Takhesi en mis zapatillas. Estoy pensando seriamente en presentarles. El león cobarde y la suricata ninfómana. Sería interesante. Fíjate... más o menos como sus dueños...
Soy muy pesado cuando se trata de comerme a J. Él dice "muy perseverante". "Eres muy perseverante". No lo dice de mal rollo. Lo dice riendo. También se ríe mientras me sujeta las manos y me dice "que no". Echamos el pulso y a veces gano yo, y a veces él. Sobre todo gano yo. Es lo que tenemos los chicos perseverantes con chirrido prepúber. Desabrochamos cinturones con un solo dedo hasta cuatro veces seguidas, si el contrincante se pone cabezón.
Soy feliz oyéndole trabajar en el ordenador del este, mientras hago test de autoescuela en el ordenador del oeste. Me doy cuenta de que puedo ser feliz con cosas muy pequeñas. El tecleo del ordenador. Su aliento en mi cuello mientras me enseña la nueva página web. El sabor del café. La bola de cristal que me compró en el anticuario. El mecido de sus abrazos.
No deberíamos esperar la felicidad como un hecho grande, ruidoso y lleno de luz. En realidad es una cosa pequeñita que se desliza sin que te des ni cuenta de por dónde entró, ni de por dónde se pudo ir.
Takhesi aún no tiene claro si odiarme, temerme o quererme. Se frotó conmigo ayer y hasta me mordisqueó la zapatilla, pero luego saqué la psp para jugar un rato y el tiroriro del encendido le volvió a asustar (maldito chico humano blanco con sus pelos tiesos y su máquina infernal... ). Hoy ha vuelto a bufarme, pero ya sale y se pasea por el salón. Eso sí, sin quitarme el ojo de encima. Es un gato espectacular. Pelo largo y dorado y ojos ribeteados en negro, como un león. Creo que es con diferencia, el gato más bonito que he visto en mi vida. J. siempre tiene unos gatos preciosos. Voy a intentar sacarle una foto para colgarla en el blog. A Takhesi, no a J. A J. no le saca una foto ni la vírgen del carmen que bajara expresamente de los cielos para ello (bien pensado, mal rollito que bajara la vírgen del carmen a hacerte una foto ¿no? sonaría como a "a ver, sonríe para la orla del infierno... patataaaaaaaaaa...")
Tequila vuelve a estar en celo. Se pasa las horas con la pata en alto como una bailarina y la lengua en la entrepierna como una contorsionista viciosa. Se pone muy pesada cuando huele el rastro de Takhesi en mis zapatillas. Estoy pensando seriamente en presentarles. El león cobarde y la suricata ninfómana. Sería interesante. Fíjate... más o menos como sus dueños...
Feliz cumpleaños, Ana
Que cumplas muchos más y que siempre exista el momento de contarme que lo haces.
Hoy hemos comido en un vegetariano (Ariel dando argumentos al enemigo) de Malasaña que se llama la Isla del Tesoro. Desde que lo pisé por primera vez, supe que sería un sitio perfecto para comer con amor de por medio. Todo a tu alrededor se hace de cueva de piratas. Azules, oscuridad, sombras doradas... Y eso que resultaba arriesgado lo de llevar a J. a un vegetariano, porque él se cachondea de todo y a todo lo saca punta, pero esta vez no lo ha hecho. La comida estaba rica y picante. Es una sensación casi psicotrópica lo de comer cuscús de curry escuchando a J. explicarme el origen de los universos paralelos. Uno de esos minutos especiales que molaría doblar en cuatro y guardarse en la cartera para cuando llegara la hora de los momentos malos, incluso a pesar de que (como siempre) no he entendido ni una puñeta de lo que intentaba explicarme.
Después del curry, hemos ido a ver Avatar en 3D. No he parado de comportarme como me comporto cuando soy feliz. O sea... saltitos idiotas, verborrea incontrolable, entusiasmo agotador por las cosas más tontas... Exactamente como un papá noel colgado de prozac y echando un polvo subido en una montaña rusa (phoebe dixit). Así soy cuando soy feliz. Da asco estar conmigo si no llevas preparado un buen valium o una pistora de dardos tranquilizantes para ganado. Sea como fuere, J. ha permanecido firme y estable ante el neposubidón. Me ha regalado sonrisas, paciencia y su mano derecha cogida a mi izquierda.
Como no discutamos pronto por la nocilla, el mando de la tele o la tapa del wáter, terminaré encontrando sentido hasta a las canciones de Antonio Machín. Y daré más asco todavía.
Avatar en 3D es mejor que Avatar en 2D pero sigue siendo algo para ver y halepuesyaestá quepaselosiguiente. Leí en nosedónde que ha habido cantidad de personas que han entrado en depresión presuicidio después de ver la película, por no poder vivir en Pandora y en su ecosistema jipiperfecto inexistente. La raza humana es inexplicable. Si yo tuviera que vivir en Pandora con todo ese tomate de luces y ese colorín, creo que terminaría fácilmente con epilepsia hasta en el colon. Aunque bueno... no creo que me diera tiempo, porque en cuanto subiera a uno de esos arbolitos colgantes, me iba a dejar los 32 piños clavados 500 metros más abajo. Vamos... que conmigo de prota, la peli iba a ser de guión más bien cortito. Algo así como:
M'oat: Le llevarás contigo hija, y le enseñarás nuestras costumbres.
Neytiri: No puedo, madre. Se me ha escogorciao en uno de los barrancos, a la que veníamos.
Títulos de crédito y halayá.
Desde luego unos cuantos millones sí que les habría ahorrado, sí.
Hoy hemos comido en un vegetariano (Ariel dando argumentos al enemigo) de Malasaña que se llama la Isla del Tesoro. Desde que lo pisé por primera vez, supe que sería un sitio perfecto para comer con amor de por medio. Todo a tu alrededor se hace de cueva de piratas. Azules, oscuridad, sombras doradas... Y eso que resultaba arriesgado lo de llevar a J. a un vegetariano, porque él se cachondea de todo y a todo lo saca punta, pero esta vez no lo ha hecho. La comida estaba rica y picante. Es una sensación casi psicotrópica lo de comer cuscús de curry escuchando a J. explicarme el origen de los universos paralelos. Uno de esos minutos especiales que molaría doblar en cuatro y guardarse en la cartera para cuando llegara la hora de los momentos malos, incluso a pesar de que (como siempre) no he entendido ni una puñeta de lo que intentaba explicarme.
Después del curry, hemos ido a ver Avatar en 3D. No he parado de comportarme como me comporto cuando soy feliz. O sea... saltitos idiotas, verborrea incontrolable, entusiasmo agotador por las cosas más tontas... Exactamente como un papá noel colgado de prozac y echando un polvo subido en una montaña rusa (phoebe dixit). Así soy cuando soy feliz. Da asco estar conmigo si no llevas preparado un buen valium o una pistora de dardos tranquilizantes para ganado. Sea como fuere, J. ha permanecido firme y estable ante el neposubidón. Me ha regalado sonrisas, paciencia y su mano derecha cogida a mi izquierda.
Como no discutamos pronto por la nocilla, el mando de la tele o la tapa del wáter, terminaré encontrando sentido hasta a las canciones de Antonio Machín. Y daré más asco todavía.
Avatar en 3D es mejor que Avatar en 2D pero sigue siendo algo para ver y halepuesyaestá quepaselosiguiente. Leí en nosedónde que ha habido cantidad de personas que han entrado en depresión presuicidio después de ver la película, por no poder vivir en Pandora y en su ecosistema jipiperfecto inexistente. La raza humana es inexplicable. Si yo tuviera que vivir en Pandora con todo ese tomate de luces y ese colorín, creo que terminaría fácilmente con epilepsia hasta en el colon. Aunque bueno... no creo que me diera tiempo, porque en cuanto subiera a uno de esos arbolitos colgantes, me iba a dejar los 32 piños clavados 500 metros más abajo. Vamos... que conmigo de prota, la peli iba a ser de guión más bien cortito. Algo así como:
M'oat: Le llevarás contigo hija, y le enseñarás nuestras costumbres.
Neytiri: No puedo, madre. Se me ha escogorciao en uno de los barrancos, a la que veníamos.
Títulos de crédito y halayá.
Desde luego unos cuantos millones sí que les habría ahorrado, sí.
Mucho cuidado porque aquí huele a primavera...
Hoy desperté con un sueño eróticotierno. Un sueño eróticotierno y mucho más, porque yo formaba parte de un batallón terrorista que secuestraba un avión mejicano y que pasaba a toda la tripulación a cuchillo y metralleta. Y allí, entre sangre, tiros y muertos, yo estaba tan pichi guardando cadáveres debajo de los muebles (sí... era un avión con muebles. Es lo que tiene lo de estar dormido) y comiendo unos bombones de chocolate negro que, por otra parte, estaban deliciosos y no se terminaban nunca.
Bien pensado es curioso que de todo ese chocho de sueño, sólo me haya quedado con la parte eróticotierna. Debe ser que al fin y al cabo soy hombre y la testosterona manda.
En mi sueño eróticotierno mi partenaire ha sido completamente inusual, completamente sorprendente, completamente inesperado y con unas pestañas completamente perfectas. Ya ves tú. No sólo pongo muebles en los aviones. También pongo pestañas perfectas en aquellas escenas donde debería poner otro tipo de perfecciones mucho más carnales y mucho más prácticas. Tchsk... vale... puede que lo de la testosterona no sea un mandato, sino una democracia a pachas con algún que otro gramo de estrógeno. Será mejor admitirlo.
Sea como fuere, ahora ando ñoñosensible perdido. Creo que podría perfectamente ponerme tiernosobón hasta con el piolín de la warner que se me cruzara en un momento dado. Así que ahora mismo me pongo el bañador, me largo a la piscina y de ahí dentro no salgo hasta que no haya agotado el último músculo que tenga en el cuerpo, orejas incluídas.
Esta noche me quedo a ver los oscars hasta las 6:00h.
Yo solo, con mis dos kilos de palomitas.
En el fondo... muy en el fondo.. muy, muy en el fondo... me caigo bien.
Bien pensado es curioso que de todo ese chocho de sueño, sólo me haya quedado con la parte eróticotierna. Debe ser que al fin y al cabo soy hombre y la testosterona manda.
En mi sueño eróticotierno mi partenaire ha sido completamente inusual, completamente sorprendente, completamente inesperado y con unas pestañas completamente perfectas. Ya ves tú. No sólo pongo muebles en los aviones. También pongo pestañas perfectas en aquellas escenas donde debería poner otro tipo de perfecciones mucho más carnales y mucho más prácticas. Tchsk... vale... puede que lo de la testosterona no sea un mandato, sino una democracia a pachas con algún que otro gramo de estrógeno. Será mejor admitirlo.
Sea como fuere, ahora ando ñoñosensible perdido. Creo que podría perfectamente ponerme tiernosobón hasta con el piolín de la warner que se me cruzara en un momento dado. Así que ahora mismo me pongo el bañador, me largo a la piscina y de ahí dentro no salgo hasta que no haya agotado el último músculo que tenga en el cuerpo, orejas incluídas.
Esta noche me quedo a ver los oscars hasta las 6:00h.
Yo solo, con mis dos kilos de palomitas.
En el fondo... muy en el fondo.. muy, muy en el fondo... me caigo bien.
Hubiéramos dormido mejor con un par de besos
Estas navidades me compré Qué Bello es Vivir porque todo el mundo decía que era una película preciosa para ver en Navidades. Y ponían mucha cara de emoción mientras decían que qué bonita era, que cuánto hacía llorar y que cómo hacía plantearse las cosas importantes de la vida.
No sé si la ví entera. Creo que no. Me pareció una idiotez.
Y también me lo pareció Juno. Y Ágora. Y no me río nada con muchachada nui, ni con José Mota. Y no sigo ninguna teleserie española. Ni tampoco creo que Avatar se merezca ningún oscar, salvo los tecnológicos, o que se inventen uno a la película más hortera. Porque por lo demás... un saco de malos actores, un guión previsible hecho de plagios de otros guiones y un desenlace bastante infantiloide.
Siempre intento que me guste lo que le gusta a todo el mundo. Siempre arrimo el hocico buscando ser parte del resto. Pero siempre, SIEMPRE termino siendo ese jodido tornillo que impepinablemente va a la contra, que nunca se logra apretar del todo y que siempre se suelta del gozne fastidiando el buen run-run de toda la maquinaria. Creo que debería meterme en alguna red social y crear algún tipo de clan. Algo como "grupo de personas que no sienten en grupo". O algo así.
Algo así.
Lo peor de todo es que nisiquiera me gusta. Quiero decir... Otros lo aprovechan como bandera y lo lucen con orgullo. Yo no.
A mí sólo me asusta.
No sé si la ví entera. Creo que no. Me pareció una idiotez.
Y también me lo pareció Juno. Y Ágora. Y no me río nada con muchachada nui, ni con José Mota. Y no sigo ninguna teleserie española. Ni tampoco creo que Avatar se merezca ningún oscar, salvo los tecnológicos, o que se inventen uno a la película más hortera. Porque por lo demás... un saco de malos actores, un guión previsible hecho de plagios de otros guiones y un desenlace bastante infantiloide.
Siempre intento que me guste lo que le gusta a todo el mundo. Siempre arrimo el hocico buscando ser parte del resto. Pero siempre, SIEMPRE termino siendo ese jodido tornillo que impepinablemente va a la contra, que nunca se logra apretar del todo y que siempre se suelta del gozne fastidiando el buen run-run de toda la maquinaria. Creo que debería meterme en alguna red social y crear algún tipo de clan. Algo como "grupo de personas que no sienten en grupo". O algo así.
Algo así.
Lo peor de todo es que nisiquiera me gusta. Quiero decir... Otros lo aprovechan como bandera y lo lucen con orgullo. Yo no.
A mí sólo me asusta.
Esto y nada más
Ayer fuí a mi tienda favorita a comprarme una mochila que no lograba encontrar por ningún lado. Mi tienda favorita hace esquina justo enfrente de los arcos de Moncloa y tiene paredes enteras hasta arriba, llenas de tesoros para mirar y tocar. Es una de esas tiendas que te enganchan los ojos desde la calle y de las que nunca sales sin comprar algo. Una tienda de Ali Babá.
No había mochilas, pero compré una bolsa bandolera que me valdrá igual. Tiene serigrafiada la cara de Woody Allen y una inscripción que dice "Thinkin' about sex". Supongo que mi jefe morirá un poco mañana cuando me la vea en la oficina, pero a estas alturas de zapatillas converse y camisetas del pato lucas, ya poco me afecta. Lo único que me importa es llevar las manos libres. Soy muy maniático con lo de llevar las manos libres. Por eso no tengo paraguas ni me compro periódicos. Soy como los bebés. Si tengo algo en las manos, hay un 99% de posibilidades de que lo pierda o lo haga volar en un ataque de agobio. Un día de estos haré una lista de obsesiones idiotas de Ariel. Lo de las manos libres será la primera, y lo de pisarme el bajo de los pantalones, la última. Entremedias pondré los gatos pelirrojos, las ventanas cerradas, las multitudes, el viento, los paraguas, el olor a manzanilla, las chicas con las uñas pintadas...
He ido a llevar muffins de chocolate a J. Mientras él hablaba por teléfono con un cliente, he estado tocándole un poco las pelotas a Takhesi. Sigue sin salir de debajo de la banqueta. Se queda ahí quietecito y me dedica todo tipo de ruidos amenazadores cada vez que me acerco. Sssssssh... Sssssssh... ññññññggg... Aún así, el pobre no da nada de miedo, porque tiene los ojos más bonitos del mundo. Me gustaría poder asustarme y que él se saliera con la suya en su papel de gato terrible y amenazador, pero... lo veo difícil. Para mí es como si me bufara un peluche del rey león. Creo que hasta una suricata me impondría más respeto.
J. dice que yo soy igual que Takhesi porque también me asusto y me escondo de los extraños. Es cierto. Si sonara el timbre cuando estoy allí, también me molaría esconderme debajo de una banqueta hasta que se fuera la visita de turno. Presté mucha atención al tono del voz de J. cuando me lo decía porque no estaba seguro de si era una queja, pero lo dijo divertido y casi con ternura, así que por ahora seguiré siendo ratón de campo y buscando escondites.
Mola estar en esa franja de la relación en la que todo defecto nunca es tal.
No había mochilas, pero compré una bolsa bandolera que me valdrá igual. Tiene serigrafiada la cara de Woody Allen y una inscripción que dice "Thinkin' about sex". Supongo que mi jefe morirá un poco mañana cuando me la vea en la oficina, pero a estas alturas de zapatillas converse y camisetas del pato lucas, ya poco me afecta. Lo único que me importa es llevar las manos libres. Soy muy maniático con lo de llevar las manos libres. Por eso no tengo paraguas ni me compro periódicos. Soy como los bebés. Si tengo algo en las manos, hay un 99% de posibilidades de que lo pierda o lo haga volar en un ataque de agobio. Un día de estos haré una lista de obsesiones idiotas de Ariel. Lo de las manos libres será la primera, y lo de pisarme el bajo de los pantalones, la última. Entremedias pondré los gatos pelirrojos, las ventanas cerradas, las multitudes, el viento, los paraguas, el olor a manzanilla, las chicas con las uñas pintadas...
He ido a llevar muffins de chocolate a J. Mientras él hablaba por teléfono con un cliente, he estado tocándole un poco las pelotas a Takhesi. Sigue sin salir de debajo de la banqueta. Se queda ahí quietecito y me dedica todo tipo de ruidos amenazadores cada vez que me acerco. Sssssssh... Sssssssh... ññññññggg... Aún así, el pobre no da nada de miedo, porque tiene los ojos más bonitos del mundo. Me gustaría poder asustarme y que él se saliera con la suya en su papel de gato terrible y amenazador, pero... lo veo difícil. Para mí es como si me bufara un peluche del rey león. Creo que hasta una suricata me impondría más respeto.
J. dice que yo soy igual que Takhesi porque también me asusto y me escondo de los extraños. Es cierto. Si sonara el timbre cuando estoy allí, también me molaría esconderme debajo de una banqueta hasta que se fuera la visita de turno. Presté mucha atención al tono del voz de J. cuando me lo decía porque no estaba seguro de si era una queja, pero lo dijo divertido y casi con ternura, así que por ahora seguiré siendo ratón de campo y buscando escondites.
Mola estar en esa franja de la relación en la que todo defecto nunca es tal.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)