...y cuando vuelva a escribir estaré de color ladrillo

La verdad es que yo, cuando me pongo perro, me pongo a lo grande. Vale, a ver... apuntes sueltos para mí, conmigo y por mi cuenta...

Esta noche me voy a la playa, al viaje maldito de siete días con Miguel, su novia y Ana-1. Un viaje al que no puedo faltar porque se lo prometí a Ana-1 y que augura los más negros presagios (ya llevamos dos peleas y aún no hemos hecho ni las maletas). Le dije a J. que me llevaría un par de petas para soportar la convivencia hotelera, pero me he echado atrás. He descubierto que fumar cannabis sin J. no me llama tanto la atención. Él lo achaca a que la maría es un acto social. Yo digo que, simplemente, las cosas no compartidas con él suelen ser menos cosas.

Intentaré tomar el sol y entrenar un poco la pierna en la playa (esto lo digo porque tuve una rodilla enferma, no porque corra a la pata coja como un flamenco). También intentaré que Ana-2 y yo no nos matemos. Cada vez que me mira ferozmente por debajo de sus pestañas rimelescas, temo por la integridad de mis huevos. Suele llevar siempre unos zapatos de puntas increíblemente afiladas y los maneja con la maestría de un ninja.

Miguel dice que no entiende que nos llevemos tan mal, cuando ella es tan preciosa y yo tan razonable. Yo le digo que precisamente por utilizar la razón, veo por encima de su cuerpazo y su carita de muñeca y llego a su yo más oculto de bruja pedorra y superficial. Él suelta una risita malvada y añade "yo es que me prefiero quedar con lo del cuerpazo..." Allá él. Dentro de cinco años estará casado con un súcubo vestido de Carolina Herrera que todas las mañanas desayunará sus hígados mezclados con muesli.

Días divertidos con J. El lunes de borrachera y cochinada. Ayer de película en v.o. y con subtítulos en inglés (toda una experiencia, un J. colocado de cannabis traduciéndome the road). Hoy... hoy me pondré ñoño por los siete días que hay por delante. Para agosto comienzo mi mudanza a su casa. Estoy mitad emocionado, mitad agobiado por todo lo que me tengo que llevar. J. no es una persona que sobreviva bien a los cambios. No creo que el mimo me salve de su cara de angustia cada vez que le mueva de sitio el tendedero. O terminamos a tortas, o terminamos a tortas, así que será mejor que me centre en lo regenerativo de una buena reconciliación. Si ha sobrevivido a mis cinco años de cáncer, podrá sobrevivir a una mudanza, digo yo.

Miguel y Ana-1 se quedan algo tristes por mi traslado. Ana-2, por el contrario, da palmas con las orejas. Después de unos cuantos "uyquebien" y unos cuantos "mejormejor", reculó para no parecer demasiado bruja y me miró con cara de cachorrito para decirme "no es nada personal, es que ya éramos demasiados para esta casa tan pequeña ¿no?" Yo le dije "Claro que sí. Ahora puedes guardar tus bolsos en la habitación libre y tendrás espacio para montar una zona chill-out en el armario..."

No pilló el chiste cabrón. Sólo soltó una risita, dijo "eso sería guay ¿te imaginas?" y se fué dando saltitos, como una ardilla. Miguel, por el contrario, anda perfectamente de reflejos captaironías, porque me metió un codazo en las costillas que me dejó sin fuelle hasta mediodía.
Le he dicho que guarde fuerzas para codazos, patadas y pisotones tengamoslafiestaenpaz. Le van a hacer mucha falta durante esa semana playera que aún tendremos que convivir ella y yo, yo y ella.

Vienen cambios. Me gustan los cambios. Adoro lo cambios. No hay nada más inspirador en esta cochina vida que cambiar.

Estoy enamorado como un gilipollas. Si es verdad que toda subida tiene su bajada... ¿dónde demonios estará la mía?

Esto lo escribí ayer pero tenía el día perro

Hoy se me ha colado un avispón en el coche cuando circulaba por la M30. El profe me ha dicho que bajara la ventanilla y yo he puesto el limpiaparabrisas (todavía estoy pensando por qué. Quizá he sufrido un miniderrame cerebral de un segundo, si es que eso existe), que en seco ha rayado todo el cristal. Luego el coche se ha quedado sin aceite, y ha empezado a echar humo en pleno carril de incorporación, mientras yo entraba en ataque de pánico y unos doce coches detrás me pitaban y hacian mención a mis progenitores. Cuando le llevábamos al mecánico, se han fundido otra vez los semáforos de la glorieta de Ilustración y casi me llevo un minibús de paralíticos por delante.
De vuelta al trabajo, ya como peatón, un abuelito me ha enseñado la punta de la lengua y me ha llamado "macizo".

Creo que sin darme cuenta hoy me he debido colar en alguna peli de David Lynch o algo así.

Bueno... ya controlo el volante. Ahora sólo me faltaran los pedales y las marchas y esto estará chupao. De aquí a noviembre del año que viene (o el otro), si los dioses quieren y aún me queda dinero después de todas las dosis de cannabis que estoy gastando en recuperar mi estado nervioso, podré llevar a J. a Cabañas de la Sagra (ciudad sin ley) a ver a su familia, e incluso volver hasta Madrid parando en un mac-auto a comprarme un japimil.

Con lo feliz y tranquilo que iba yo en mi vespinillo de mierda. Al final es verdad eso de que por amor se hacen verdaderas gilipolleces.

En otro orden de cosas, Mateo me ha regalado el móvil de Teo. Me ha dicho que era mejor que me lo quedara yo porque soy de orange, porque el móvil es supersónico y porque como en realidad es demasiado supersónico para la limitada mente humana, nadie lo quiere ni en pintura. (Muy típico de Teo eso de gastar un pastón en chismes que nadie entiende). Yo sí me lo he quedado, porque soy un irresponsable y porque después de lo del abuelito llamándome macizo, me veo capaz de afrontar todo tipo de retos. Pasaré las próximas tres noches luchando mano a mano con el manual. No creo que me suponga mucho problema. Al fin y al cabo sólo tiene 532 páginas.

Minihomenaje

Llamo a J. todos los días desde el trabajo. Y por increíble que parezca, después de cinco años haciendo lo mismo, no ha habido ni una sola vez que no tuviéramos algo nuevo qué decirnos. Creo que es porque soy un coñazo. Si dedicara un 10% del tiempo que pierdo hablando a escarbar, a estas alturas ya habría asomado el cogote por Australia.

Hoy le he llamado para decirle que ando triste y tonto, pensando en Teo. Que después de aguantar enfermedad, tanatorio y entierro como un campeón, de pronto me encuentro llorando a ratos sin venir a cuento, y deprimiéndome como un gilipollas pensando que el año pasado fue su última navidad, su último verano, su último cumpleaños, y nisiquiera supe verlo ni aprovecharlo como hubiera sido lo apropiado.

J. ha dicho "Bueno Ariel, pero en realidad siempre es la última vez de todo, hasta que llega la siguiente", y yo me he quedado con cara de tomate en conserva. Le he preguntado de dónde había sacado la cita y me ha dicho que se le acababa de ocurrir. Siempre me pasa igual con él. Me suelta máximas taoístas como puños que me atraviesan y me consuelan en un nanosegundo, y lo hace con la naturalidad de quien se asoma a la ventana y dice que llueve. Y cuando le intento hacer ver que eso es filosofía con mayúsculas, se encoge de hombros y dice "bah...si lo mismo lo he sacado de una peli de cantinflas..."

Esos son los momentos en los que recuerdo perfectamente por qué me enamoré de él.

La cotidianidad de algunos dolores

Debería estar en clase, pero juegan varias cosas en contra. Esta a punto de llover... me duele el pecho... tengo el estómago revuelto... ando un poco triste... estoy hasta la polla de ver banderas... Con todo eso, he llegado a la facu y he dado media vuelta hacia mi casa. Mañana sudaré sangre, pero en estos momentos me regalo vacaciones de miércoles.

Lo de este país con el fútbol es casi surrealista. Me ha dado cantidad de pena, ver tanto quijote vestido de amarillo y rojo arrastrar los pies con cara de paisaje, después de que Suiza nos enchufara un gol. Con esas caritas que se les ha quedado a todos de los reyes son los padres, y esa tristeza en las banderitas. Pobricos. Con la ilu que llevaban todo el día. Somos más mediterráneos que una oliva con anchoa.

Todo el día con dolor en el pecho y bajito de ánimo porque tengo que estar una semana más con el vendaje. No me hubiera importado hoy un poco de mimo y un poco de pobrecito-ariel-pobrecito, pero a veces, por mucho que busques las cosas, no se ponen en ese momento para ti. Así que esto de fumarme las clases y tumbarme en la cama a ver capítulos de Fraiser, chupeteando toblerone, es mi particular autopobrecito-ariel-pobrecito. Y aunque podría estar mejor, también podría estar mucho peor, así que... automimo con unas pequeñas dosis de ajo y agua.

Cuando volvía en el autobús, he recordado el último regalo de navidad que crucé con Teo y se me han saltado las lágrimas. Creo que quizá no sea la lluvia, ni el dolorcillo del pecho, ni las banderas. Creo que simplemente, tengo el día tonto.

Si al menos viniera el verano de una vez...

Arriba y Abajo

Miguel se ha comprado unas zapatillas nike para correr, de 100 euros. Cien euros. Cien. Se supone que deberían correr solas, pero no. Corren con tus pies como las demás zapatillas del mundo mundial, sólo que estas tienen nosequé cosa flotante a lo largo de toda la suela que hace como que corrieras en la luna (o algo así).
Me las he probado mientras le traían su número, e incluso he dado un par de saltitos, pero yo me he seguido sintiendo como en el suelo de toda la vida, así que creo que debo ser inmune a lo de la luna y el flotante.

Mientras me las desabrochaba, un promotor de nike ha debido pensar que el chalado de los cien euros era yo, y se ha puesto a ofrecerme un microchip, que insertado en la zapatilla y sincronizado con el ipod, medía la distancia, el tiempo y la velocidad de todo lo que yo corriera, saltara o brincara. Luego me ha dado una dirección web donde los usuarios de zapatillas flotantes de todo el mundo, ponían las marcas registradas por su microchip y competían entre ellos. Hombres contra mujeres, veteranos contra novatos, Berruguete contra Pinto...

Me ha dado muy mal rollito imaginarme en unas zapatillas que me vigilan.

Jesús leyó mi post del viernes. Lo sé por la despedida que me ha dedicado esta tarde. Una despedida para decir de todo, menos adiós. O para no perder el tiempo en decir nada y dedicarse a los hechos. Me ha faltado el pelo de un calvo para mandar la clase a tomar viento y quedarme a pasar las siguientes 345 noches en ese pasillo.

Per se, ya era bastante difícil lo de sacarme las asignaturas sin su lengua de por medio. Ahora es casi una gymkana. Si tuviera un microchip zapatillero que midiera mis pulsaciones cuando salgo de esa casa, ya se habría achicharrado hace mucho, muuuucho tiempo.

Ya no quedan hombres como los de antes

Estoy más tranquilo. Cinco dedos tienen la culpa. Puedo ser un animalito muy básico, si me pongo.

Hoy he ido a conducir con Miguel y con mi nuevo coche rojo que no parece mío. Le he quitado las alfombrillas con dibujitos de llamas y las he cambiado por unas negras corrientes. También he tirado los rosarios, el ambientador y las ranas de trapo, y le he puesto una calavera pirata en el trasero. Cuando he terminado, me parecía un poco más mío. Le falta alguna ralladura o bollo, pero considerando en qué manos cae, no parece que eso vaya a ser un problema en el futuro.

La idea era dar un par de vueltas por el aparcamiento del kinépolis, pero me he aburrido enseguida y he salido directamente a la calle. Miguel ha palidecido un poco al verme tomar la curva. Se ha abrochado el cinturón y ha puesto la mano sobre el freno de ídem. Me he divertido cantidad haciendo semáforos, cruces y rotondas. Creo que es porque soy un irresponsable. De hecho, he celebrado todos mis desaguisados con grititos de cowboy: "Yijiiii" "yeeeepa" "ajuuuuiiii".
Al final, cuando ya entrábamos de nuevo en el aparcamiento, se me ha olvidado reducir a segunda y se me ha calado justo cuando cruzaba la vía del tren ligero. Una juerga, eso de arrancar un coche cuando estás enmedio de una vía de tren. Creo que han sido, con diferencia, los tres segundos más largos de la vida de Miguel. Sobre todo porque con los nervios, al arrancar se me ha calado otra vez y he vuelto a quedarme en el mismo sitio. Aún así, ha sido un perfecto copiloto, manteniendo la calma y recordándome que para avanzar iba a ser mejor que quitara el freno de mano.

Ahí no he hecho yiji, yepa ni ajui. Sólo un ruidito ahogado, tipo glglglglglg...

Miguel dice que ya no viene más a conducir conmigo. Que prefiere eso de seguir teniendo futuro por delante.

Te ríes pero sabes que tengo razón

Sólo puedo pensar en sexo duro. Siempre me pasa igual. Hablamos, nos reímos, nos relajamos, yo digo que tengo que irme a clase, me levanto, me dejo agarrar a mitad de pasillo... paradita... abracito ñoño... besito cursi... bueno-me-voy... besito menos cursi... besito desvergonzado total... besito vas-a-ir-al-infierno... tocadita de culo... no-en-serio-me-voy... más tocadita... más infierno... tio-que-es-tarde... más lengua deslenguada... jo-mierda-jo... frota-frota de paquete... infierno total hasta el final de mis días...

Apuntes en el pasillo... sexo duro... fotocopias... sexo duro... conversación sobre las filosofías económicas... sexo duro... traguito en la fuente... sexo duro... clase de Historia del Pensamiento... sexo duro... profesor que cuenta un chiste sobre gatos... sexo duro... San Agustín de Hipona... sexo duro... chica que me ofrece compartir un sandwich... sexo duro... chico que me dice que estoy alelao... sexo duro...

Sexo duro... sexo duro... sexo duro...

Necesito algo. Bromuro. Vivir con J. Una lobotomía.

Esto iba con viñeta pero se ha roto el scanner

Hoy ha sido el entierro de mi compañera. La verdad es que últimamente las entradas de este blog son una purita juerga.

Hacía un frío del carajo en Tres Cantos. Quince grados menos que anteayer y con un sirimiri que te calaba hasta los huesos. Como llevaba una camisetilla pedorra, todo el tiempo se me caían los mocos y me castañeteaban los dientes. Cuando ha terminado la ceremonia, se me ha acercado la Jefa de Personal y me ha hecho un frufrús de espalda diciendo "pobrecillo... has pasado un mal rato ¿verdad?". No he tenido valor para decirle que mis moqueos y mis movimientos de kleenex no habían sido pena, sino una simple congelación de culo. Por el contrario, he bajado la cabeza y he dicho "buf... sí..." y he quedado como un señor. Embustero, hipócrita, oportunista... pero señor.

Está sonando Somebody to love en el itunes. Me encanta esa canción. Me trae a la memoria a J. bailándola con cara de lebowsky, el primer día que nos conocimos. O el segundo. O... ¿el tercero?

Un día de estos voy a tener que organizar también los diarios presentes, si no quiero terminar mis días al estilo Rose Nylund. Si no me diera por documentar hasta los pedos... sería muuuucho más fácil.


No he logrado dormir bien hoy. Me despertó un pip-pip-pip a eso de las tres de la madrugada. Y después volvió a despertarme a eso de las cuatro. Y luego, una tercera vez a las cinco menos cuarto. A las cinco, ya había repasado mentalmente todo lo que podía pitar en mi casa de forma espontánea (o sea, el microondas y ya) y había empezado a mosquearme seriamente, ante una posible invasión alienígena o una bomba de neutrones a punto de estallar en la terraza (que es bien sabido que de noche, en calzoncillos y con legañas, todo es posible), así que sobre las cinco y diez, estaba yo recorriendo el pasillo agarrado a un bate de baseball, en busca de un pipipí perdido, que aparecía y desaparecía como por arte del demoño.

Afortunadamente, no me ha durado mucho la angustia. Lo justo para encender la luz y descubrir a Juana Tequila con su santo culazo descansando tranquilamente encima del cuadro de mandos de la bicicleta elíptica y programando las calorías y el cronómetro pip-pip-pip con la nalga izquierda, hasta el infinito y más allá.
Bueno... Mucho mejor una gata porculera que una invasión de alienígenas. Sobre todo porque de lo segundo no hubiera podido librarme con un simple lanzamiento de chancleta flicfloc y un mecagoentucalavera, claro.

De verdad que no entiendo a esta gata. Un pedo de mosca hace que brinque como una pulga, pero luego está sentada con todo su chochazo encima de un pitido chillón e irritante, y ni se inmuta. Es más... hasta descabeza un sueñecito.

El universo gatuno cada día me es un poco más insondable.

Y esto es un ya casi me reconozco

"Sentados en corro, merendábamos besos y porros,
y las horas pasaban deprisa, entre el humo y la risa..."

Hay canciones que parecen escritas única y exclusivamente para nosotros.


Esta noche vuelven a poner Pearl Harbor. Es increíble las veces que pueden llegar a repetir las pelis basura. Cuando estrenaron Pearl Harbor en el cine, fui a verla con Teo. Nos dieron pases gratuitos no me acuerdo dónde. Me aburrí como un calamar. Creo que fue una de las primeras películas dónde me eché una cabezadita entre bomba y cañonazo. Lo único que recuerdo son las camisetas de tirantes del Hartnett, y los labios rojos de la Beckinsale.

Y los codazos de Teo despertándome del apedorramiento con sus: "¡qué peliculón tío, qué peliculón!"

Hoy se ha muerto una de mis compañeras de trabajo. Le diagnosticaron leucemia hace un año. He ido al tanatorio y he dado muchos besos y estrechado muchas manos a personas que nisiquiera conocía. Todas mis compañeras lloraban y mis compañeros decían que no somos nadie. Ha sido una sensación extraña volver a un tanatorio. Como hacer un de oca a oca y tiro porque me toca. Cuando hemos vuelto a la oficina alguien había dejado una rosa blanca con lacito y celofán, sobre la pantalla del ordenador de mi compañera muerta. Yo he dicho que me parecía una horterada y todos han puesto cara de "Serlik es un canalla que no tiene corazón."
En el trabajo siempre se me olvida lo de no pensar en voz alta.

Cuando he llamado a Jesús le he dicho "oye, el tanatorio de Tres Cantos mola mucho más que dónde llevamos a Teo. Cuando te mueras, te llevo al de Tres Cantos." Él ha respondido: "Ah, qué bien. Muchas gracias, Ariel, qué ilusión. Por fin podré ir a Tres Cantos..." Casi echo la cocacola por la nariz. También se me olvida lo no pensar en voz alta con Jesús, sólo que él no pone cara de Serlik es un canalla, sino más bien de a Serlik le falta un hervor, pero ya me voy acostumbrando.

Esto se llama... asomar la nariz al ostracismo

Le escribía a María que le echo de menos, como en puñaladas cortas. Es cierto. Justamente eso; puñaladas cortas. Vienen... desangran... y se van. Supongo que me tomé un intermedio de escritura porque no quería entrar en ñoñeces, ni desgarrarme la camisa como una plañidera venida a menos. Al fín y al cabo todos morimos y porque todavía no nos haya tocado a nosotros, no quiere decir que estemos en ningún tipo de "dimensión" distinta y a salvo.

Pero todos esos pensamientos tan racionales no siempre me libran de la sensación devastadora de no volver a verle.

Hace semanas, fuí a comer a un restaurante japonés con Jesús, y armé la de dios. Se me volcó el cuenco de sopa miso y se me soltaron nosecuantos trozos de sashimi de los palillos, con su consiguiente splochts dentro de la soja. Para cuando llegamos al sake, su lado del mantel estaba impecable y el mío era un zuriburrio cochino, lleno de salpicaduras, manchas, sopa miso, trozos de tofu y nosecuantas cosas más. Talmente como si en esa mesa hubieran comido la reina de Inglaterra y Eduardo Manostijeras. Le pedí a Jesús que sacara una foto con el móvil para luego colgarla en el blog, pero la inmortalización del momento aún sigue dentro de su nokia. Las cosas de Jesús suelen quedarse siempre en el mismo sitio y de la misma forma. Él reniega de ese don suyo de inmovilidad permanente, pero a mí me gusta. De alguna forma me hace sentir seguro. Debe ser que en el fondo, de alguna forma, también me considero parte de sus cosas.

Sea como fuere, él se rió mucho con mi torpeza japonesa. Dijo que donde se tenía que poner sólo una pizca de soja, yo hacía minipiscinas donde el sashimi se podía lanzar con doble arabesco y hasta bucear. También dijo eso de que tengo tendencia a los accidentes. Dice eso muchas veces. Cuando lo dice quitándome las tijeras o algún cuchillo de la mano, me parece cantidad de tierno.

Jesús me ata un poco los pies al suelo. Creo que por eso ha sido la única persona con la que he llorado y perdido los papeles en todas estas últimas semanas. Me gustaría poder darle las gracias, pero soy tan torpe haciendo eso que, de todas formas... no creo ni que llegara a entenderlo.

Esto se llama salir de un estado semicomatoso

Aunque nisiquiera puedo decir que lo haga en pleno uso de facultades...

Estoy absurdo. No hay nada que me pueda definir mejor. Tengo ciática, hinchazón de ojos, llagas en la boca, dolor de encías, sueño a todas horas, la líbido por los suelos y un permanente dolorcillo de cabeza que no me deja ni pensar. Se lo he contado a mi médico de cabecera (todo menos lo de la líbido baja, que me lo llevo a la tumba como buen machote absurdo) y me ha dicho que no es más que stress postraumático por los días de mierda que he pasado. O que sigo pasando, hasta que terminemos este maremagnum de papeles, notarios, certificados, bancos, y pollas en vinagre.

Es curioso que morirse sea tan complicado para los que se quedan. Curioso y bastante idiota. Mejor no tener nada de nada y que te coman los buitres. Mejor para ti, mejor para los demás, mejor para todos. Cuando uno deja más de cuatro perras en una cuenta bancaria, es increíble la que se monta.

Voy a quedarme con el coche rojo de Teo. En plan deja vù, diré que me está bien empleado por bocachancla. Aún así, lo miro y no me parece mío. Espero darle pronto algún malvivir que lo raye, lo abolle o le haga ir al bies en las curvas. Cualquier cosa de esas que serían normales conmigo. Mientras siga siendo bonito, rojo, brillante y limpio, será todo, menos mi coche.

Tengo que ir siete días de julio a la playa a ver las competiciones de natación de Ana. Malditas las ganas que tengo, pero se lo prometí y una promesa siempre es una promesa. Me tocará compartir hotel con Miguel (lo cual no está tan mal) y con su novia (lo cual es un infierno). Siete días aguantándola. Siete días escuchando chuminadas del tipo "no soy racista, lo que pasa es que los negros huelen mal..." y similares. Siete días. Siete. No sé cómo podrá acabar todo. Probablemente terminemos ahogándonos el uno al otro en la piscina. Bueno... al menos ella. Yo tendré que volver a ser machote absurdo y recordar que a una mujer no se la escabecha, incluso a pesar de que esa mujer sea ella, y los dioses la hayan puesto en el mundo para terminar con la poca resistencia mental que ya me queda.
Ayer nos hizo un desfile de bikinis para que eligiéramos cuál le quedaba mejor. Miguel batía palmas entusiasmado. Yo decía "uy, sí.... precioso, precioso..." sin apartar siquiera los ojos de la televisión. Miguel no comprende esa actitud por mi parte. La verdad es que no tiene mucha lógica porque, independientemente de que sea perfectamente asesinable, físicamente es una chica preciosa y espectacular.

Espectacular, preciosa y asesinable. Estoy seguro de que debe de tratarse de algún tipo de compensación cósmica.