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Cierre temporal del blog por enfermedad de su autor
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Mis curvas de 180º

Todas las mañanas cuando pasamos junto al carril bici de la M30, el aire fresco y el olor de la lavanda, hace que me ponga de muy buen humor y las tristezas no me importen tanto, así que creo que debería irme a vivir a una cabaña en la montaña, tipo Heidi sin abuelo.
Una cabaña en la montaña con wifi, canal plus y una nevera llena de burmar flash. Porque a mí eso de divertirse a base de pichises, nieblas y pan con queso... como que... no. Que uno está dispuesto a ser Heidi pero no tanto.

Ayer fui a ver a mi director de tesis para comunicarle que había decidido abandonar mi proyecto sobre Alister Crowley. Se puso cantidad de contento. Pasó cerca de veinte minutos explicándome por qué lo de tesis sobre Crowley había sido un error desde el principio por la complicación de su trama y por la poca compensación en cuanto a fruto recogido y enriquecimiento personal. De las mil palabras que soltó, creo que llegué a entender unas ocho. En todo caso, le dejé hablar y emocionarse. Cuando al final me preguntó por el nuevo proyecto le dije que había decidido hacer mi tesis de licenciatura sobre los superhéroes de comic. Él se quedó durante unos instantes un poco como en trance. Luego se quitó las gafas, se frotó el tabique nasal y repitió "Los superhéroes..." . Yo puse mi más amplia sonrisa y dije: "Sí. Ya sabe. Batman... Catwoman... y... todos esos..."

Si a los profesores universitarios les entregaran una pistola láser junto con la cátedra, yo a estas alturas sería un montoncito de polvo sobre un sillón de despacho.

Esta tarde me dedicaré a tirar toda la documentación que habría logrado reunir sobre Crowley. Por la noche el camión de la basura se habrá llevado al vertedero ocho meses de mi tiempo. Bueno. No pasa ná. Espero que todavía me queden ocho más para seguir haciendo que mi director de tesis desee haberse dedicado a la horticultura.

La semana vuela

Como miss pedorra está de vacaciones, estos días Miguel me acerca en la moto al trabajo. Durante todo el trayecto va contándome cosas que no oigo entre el casco y el viento. Al principio le decía "no te oigo..." y él me decía "¿qué me has dicho?" y yo respondía "¿qué? que no te oigo..." y él añadía "¿cómo? ¿has dicho algo?" y terminábamos pareciendo un sketch de los hermanos marx, así que ahora, cuando empieza a soltar parrafadas, yo me limito a decir "ah, sí, sí..." . Con lo cual, un día de estos me dirá "¿te apetece que vayamos a una misa satánica a destripar a mi abuela Mercedes?" y yo responderé "ah, sí, sí..."

Miguel y Ana.v1 me han regalado una bolsa de piel de converse. Me siento culpable. Les ha tenido que costar una pasta gansa, sobre todo porque llevaba envoltorio de El Corte Inglés. Pero como es de bien nacidos ser agradecidos, y lo que menos le apetece a uno cuando hace un regalo es escuchar opiniones sobre el precio, me he limitado a esconder la cara de apuro y repartir a diestro y siniestro besos, québonitos y jodermencanta.

La verdad es que es preciosa y que me gusta de verdad. Recuerdo haberme quedado mirándola cada vez que pasábamos por la tienda de converse, como una de esas cosas que miras a sabiendas de que nunca va a ser tuya. Algo parecido me pasaba con lo de los anuncios regalo-gato del segundamano. Los miraba a sabiendas de que no llamaría a ninguno. Y sin embargo... mira. Ahora tengo ambos imposibles. Y lo que pensaba que tendría como algo seguro, no lo tengo. Curiosa mi vida. No debería llevar una cruz del caos al cuello. Debería tatuármela en el culo.

He salido con el profesor por las autovías. Ha sido cantidad de divertido (excepto para el profesor y para el conductor de cierto camión de campofrío que a estas alturas peina un par de canas más). Al terminar me ha dicho que ya iba mejorando un poco pero que seguía demasiado nervioso y agarrotado al volante. Le he explicado que yo ya salí de mi madre directamente nervioso y agarrotado, y ha soltado un chorrito de risa. Llevo 26 clases. Creo que si logro mantener a raya los camiones, los bordillos y las señales de prohibido el paso, allá por la clase 45 podremos incluso llegar a ser amigos.

Este tiene que ir mudo

Sabía que hoy echaría mucho de menos al loco. Todos los días como hoy solía comprar una tartaleta de manzana de Mallorca, de las de masa plana, y la pasaba por la rendija de mi buzón. Luego, soltaba dos velas del número y hala. Ahí lo dejaba. Debajo de las cartas del día. Ya era un clásico eso de recoger el correo manchado de manzana. Y lo reconozco... la chorradita me gustaba. Por encima de dulces y velas, se seguía acordando de mí. Incluso aunque no tuviéramos demasiado contacto. Incluso aunque yo pasara por mi época de madriguera y silencio. El loco se seguía acordando de pasar por mi buzón tal día como hoy.

Supongo que son nuestras rarezas, las que hacen que luego seamos añorados. Por eso nunca oímos eso de "Qué majo Luis... ¿te acuerdas de cómo bajaba la basura?". Supongo que por eso no es tan malo hacer alguna idiotez de vez en cuando. Aunque sea lo de llevarse un gato al trabajo o...destrozar un pastel por la rendija de un buzón.

Hoy voy a tener el correo más soso y silencioso del mundo. Y sin embargo... aquí seguimos. Y sigue mereciendo la pena ¿no?

Me siento un poco mamá mona de Tarzán Disney

Me ha pillado el jefe con la gatera debajo de la mesa. No me ha reñido. Se ha limitado a decirme que el aire era demasiado fuerte para un gato tan pequeño. Todo lo que antes le hubiera creado eczema en la calva, ahora lo asume con resignación y paciencia. Javier dice que es porque a fuerza de sufrir, al final ha tomado cariño a mis desequilibrios mentales y mis chancletas de colores. Yo creo que más bien es que ha perdido ya la capacidad de sorprenderse. De hecho, no creo ni que se inmute esta navidad cuando proponga mi idea de hacer el "enemigo invisible" durante la cena de celebración.

En realidad la propuesta no es más que para poder regalarle un tubo de vaginesil a la señora Virtudes de Contabilidad. Se lo prometí a la última chica de prácticas que salió llorando por su culpa. Y no puedo decir que no me arrepienta un poco de la promesa, porque la señora Virtudes no precisamente el colmo de la sutileza femenina. De hecho, no quiero ni pensar por dónde querrá meterme el tubo cuando lo vea, pero... una promesa es una promesa.

Y una chica de prácticas con pecas y cintura de bailarina, es una chica de prácticas con pecas y cintura de bailarina.

Como se me había olvidado completamente que tenía clase de conducir, he tenido que llevarme también al gato a la autoescuela. Mi profesor de conducir no ha perdido la capacidad de sorprenderse. Ha señalado la gatera con cara de pasmo y ha dicho "¿y eso?". Yo he contestado: "Un gato". Él ha añadido: "¿Y por qué está aquí?", y yo he respondido: "No sé. Pensé que me daría suerte."

Siempre me pasa igual. Cuanto más intento tapar mis idioteces, más idiota termino pareciendo.

He comprado una tarta de tres chocolates y una botella de champagne. Ya que no tengo globos, voy a ver si celebro el cumpleaños reventando un hígado.

El julio extraño

Me dice María que el mes de Julio está raro. Es verdad. Lo está. Cuando era pequeño me parecía que era el mejor mes de los doce, porque llevaba el día de mi cumpleaños y significaba verano. Ahora mismo no me parece que ninguna de las dos cosas tenga excesiva importancia. Creo que de alguna forma, me he vuelto rancio o he perdido por el camino las ganas de comerme el mundo. Espero poder tener delante a alguien que tire un poco de mí y me cuente que vivir es estupendo. Todos deberíamos poder tener a alguien así, aunque fuera una sola vez.

Enamorado de Peyote. Enamorado de sus patas zambas y su chiu-chiu-chiu. Cuando hace pis, del esfuerzo se vuelca hacia delante. Tengo que levantarle y limpiarle los restos de arena del hocico. Cada vez que sucede, tengo que sentarme unos minutos para recuperarme de la risa. Es lo más cómico que ha pisado esta casa con diferencia.

A las diez me ha llamado Ana-1 al trabajo para decirme que el pedogato maullaba sin parar y no le dejaba dormir. Yo le he dicho que tendría hambre y que le diera uno de los biberones preparados. Ella me ha dicho "Ya lo he hecho, pero lo rechaza todo el tiempo y ya lleva dos horas así..." Yo he preguntado: "Pero...le quitaste la tapa al biberón ¿verdad?" y ella ha dicho "¿La tapa? ¿qué tapa?". Yo, con las orejas un poco entre morado ensueño y fresa pasión, he añadido: "¿pero no has visto que no salía leche por la tetina?" y ella ha respondido "Hijo, yo que sé... ¿qué es la tetina?".

Estoy barajando la posibilidad de llevarme mañana el transportín al trabajo, aprovechando que estoy solo, y dejarle debajo de la mesa. Sólo come y duerme, duerme y come. ¿Qué podría pasar?

Vale. Se trata de mí, así que... Todo. Todo podría pasar. Hasta una invasión extraterrestre podría pasar.

...

Vuelvo a estar enfermo. Quizá por la bolsa de patatas fritas. O quizá por el sorbo de mojito. O quizá porque no logro dormir. Igual da. Hacía tiempo que no pasaba un fin de semana tan asqueroso. Sólo el minigato me salva. Por no tener, nisiquiera tengo marihuana (ni tendré). Me han llamado para que adelante mi vuelta al trabajo una semana porque mi compañero se ha roto la clavícula. Casi lo agradezco. Al menos mantendré la cabeza ocupada en algo y el cuerpo refrigerado. Mi jefe ha dicho que podía cogerme la semana que faltaba para octubre. "Seguro que te viene bien ¿eh? los jóvenes siempre tenéis algún concierto o algún viajecillo por ahí pendiente..."

Una po**a como una olla. Eso es lo que tengo yo para octubre. Por mí pueden seguir rompiéndose las clavículas en fila de a uno. Estoy dispuesto a sustituir a toda la empresa desde hoy hasta el 2025.

Creo que Pepe Tripi anda un poco celoso. Sólo eso explica que se suba a dormir en mis rodillas, cuando en el salón tenemos cerca de 38º C. A estas alturas del año debería estar espatarrado sobre las baldosas del baño. Claramente, anda un poco descolocado o echa de menos los cuchicuchis. Debería andarse con cuidado. Con el descoloque mental que llevo últimamente será fácil que un día de estos le enchufe a él el biberón y al enano le ponga los friskies. Hoy me he sorprendido tirando un calzoncillo a la basura y metiendo un brik usado en la lavadora. No sólo vuelvo a estar enfermo. También vuelvo a estar más perdido que un pulpo en un garaje.

Voy a cambiar la plantilla al blog. Espero acordarme de algo.

Esta es la postura del todavíanocontrolo


Por más que le hago fotos y más fotos, no consigo que se vea lo diminuto que es. Por no salirme, nisiquiera me sale guapo. Eso sí... pronto tendré fotos suyas como para empapelar Segovia. Un chico me dijo una vez que no entendía porque en mi casa sólo había fotos de gatos, y no de vacaciones, familia, amigos... Que era inusual. Le contesté que yo también era inusual.

La verdad es que odio las fotos. Nadie me resulta humano en dos dimensiones.

Juana Tequila ya se ha acostumbrado al pedogato. No le hace muchas fiestas, pero sí se tumba a su lado a dormir, sin agresividad de por medio. Pepe Tripi, por el contrario, sigue sin salir de debajo de la cama. No entiendo que pueda tener miedo de un bicho despeluchado que es del tamaño de su huevo izquierdo (si aún lo tuviera) y que va por ahí apestando a leche y espatarrado como un cangrejo, pero lo tiene. Auténtico pánico. Cada vez que se le acerca a menos de un metro, bufa, pega un brinco y huye a esconderse, como si el pedogato tuviera poderes ninjas y fuera a sacar una katana gigante, o algo así.

No pienso dar a Paco Peyote a nadie. Nunca. Se quedará conmigo, como se quedaron los demás. He sido un imbécil por pensarlo. Soy así. Adopto animales. Soy así y seguiré siendo así. Es una tontería luchar contra el instinto y justificarme ante nadie. A quien no le guste, que se busque un chico de los que ponen cascabeles y reniegan de los pelos en la cama. Los hay a patadas.

Me han quedado tres para septiembre. Tres. Nunca me habían quedado tantas. Este año no conseguiré las becas ni harto de vino. Uno de mis profesores me ha dicho que este semestre había sido "decepcionante". Decepcionante. Eso es lo que soy ahora. Decepcionante. Por todos los lados decepciono. No importa que me deje los cuernos. Decepciono igual.

Pero miro a Paco Peyote y todo se me olvida, así que... creo que en este momento nos necesitamos mutuamente. Por eso se queda conmigo. Por puro egoismo.

Yo arreglé el scanner y Pablo me dió la fuente

Tengo las manos hechas picadillo de ternera. Cuando agarra el biberón es como un superviviente. Como un "si me lo quitas te lo meto por el..." Sigo enamorado del hocico de rata chunga. Parezco una matrona irlandesa. Voy a todas partes enseñando las cacas que ha hecho el niño.

Estoy furioso. No es una buena idea lo de jugar a los bolos con mi optimismo. Yo también me canso. Y cuando me canso, me voy.


No era una isla polinésica


Le he llamado Peyote. Lo de la foto es mi mano, así que se puede calcular su tamaño original. Aproximadamente como... como un... pedo de mosca. No tiene madre, así que le doy biberón y potitos de bebé. Cada cinco horas. Amanece y yo, con mi hígado comatoso, me levanto a preparar biberones de gato. Él se pone panza arriba y pedalea con sus cuatro minipatas en una bicicleta imaginaria. Ronronea y se me duerme en cualquier parte y de cualquier manera. Nos gustamos. Amor a primera vista. Estoy completamente a merced de su hocico rosa de ratilla chunga y sus azules ojos de borracho.

Jota está molesto conmigo porque tengo el hígado jodido y no he podido ir a verle desde que llegué. Pero como sabe que no puede enfadarse si estoy enfermo, hace como que no lo está. Lo que ocurre es que cinco años dan para llegar a conocerse muy bien, y ya sé de qué pie me cojea, incluso antes de que arranque a andar.
Creo que también está un poco molesto conmigo por lo de Peyote. Cuatro gatos son muchos gatos. Demasiados gatos para cualquiera. Yo le digo que sólo lo cuidaré hasta que deje el biberón y que cuando coma pienso y use el arenero, le buscaré un dueño. Él dice que los dos sabemos que no lo haré. Yo le digo que no es culpa mía, que me lo han regalado. Él dice que lo han hecho porque yo no paro de mandar señales inequívocas. Que llevo meses mirando la sección regalo-gato del segundamano. Yo le digo que se lo llevaré a casa para que lo conozca y se enamore también. Él me dice que no lo lleve. Que prefiere no conocerle, ni encariñarse.

Cuando Jota está triste le gusta castigarme con pequeñas punzaditas. Como si me pinchara con un alfiler. Pic-pic-pic. Yo a veces me dejo, asumiendo mi penitencia, y otras pongo distancia de por medio. Pero siempre me invade una tristeza espesa.

Supongo que para no encariñarme tenía que haber empezado por no ponerle nombre, pero si no se lo pongo yo, alguien en algún lugar del mundo le llamará bigotitos o micifú y le pondrá cascabeles parias de esos que sólo ponen los que no entienden de gatos.

Paso las horas en la cama, con él durmiendo entre mis manos. Pienso que me hubiera gustado mucho ser padre.

Ya tengo el ombligo de color tejado

He vuelto. Tengo el hígado tocado del fritorégimen del hotel y me he peleado mucho con Ana-2. Me he peleado tanto que en estos momentos me arrepiento de haberlo hecho. Cuando me arrepiento de pelearme con alguien es que lo he hecho mucho y sin sentido. Creo que debería aprender a controlar mi genio. También estaría bien que ella controlara un poco su dosis de chorrada por minuto, aunque eso es menos probable porque vive convencida de que es maravillosa, infalible y superguais.

Cuanto antes salga de esta casa, mejor. Mejor para ella. Mejor para mí. Mejor para todos.

Hay mucha expectación entre Miguel y Ana-1 con un regalo de cumpleaños anticipado que me van a hacer mañana. Cuchichean y dicen que es lo que más me gusta en el mundo mundial. Estoy intrigado. ¿Un soldado imperial? ¿un paseo en helicóptero? ¿una isla de la Polinesia?

Con la guerra que he dado, no me merezco para nada ningún regalo. Me merezco que me cosan la boca una temporada. Creo que lo de mi hígado comatoso es otra de esas compensaciones cósmicas del universo. Por eso lo sobrellevo con estoicismo y sal de fruta Heno, a partes iguales.

...stop

Estoy en la playa. Stop. No nos hemos matado. Stop. Me he desollado un calcañar. Stop. Le he tocado un poco las pelotas a J. con lo del día del orgullo gay. Stop. También a Pablo. Stop. Me falta gente para tocarle las pelotas con lo del día del orgullo gay. Stop. El sol es pedorrero y la playa tiene piedros como mi puño. Stop. Desayuno demasiado. Stop. Me quedan 9 minutos de conexión en este hotel tan raro. Stop. Me he echado un amigo alemán que se llama Marc. Stop. Nos caemos bien porque no habla español ni yo alemán. Stop. Me voy a comprar unas gafas de sol azules cantidad de horteras. Stop. Echo de menos a los gatos y a J. Stop. Me gustaría facturar a Ana-2 con bikini y cuerpazo incluído. Stop. Volveré. Stop.