Hoy se ha incorporado el becario nuevo. No está empanao como el último, ni es repipi como el penúltimo, pero sí es sorprendentemente pequeñito. Cabeza diminuta... patitas cortas... minimanitas... Cuando se ha sentado a mi lado en la mesa, talmente éramos la personificación de José Luis Moreno y su muñeco Monchito (y eso teniendo en cuenta que yo no salvo el 1,70). Se llama Leonardo. Un nombre muy largo para un chico que se termina en un pispás. Esas son las jugarretas que nos hace la vida. Como el que yo tenga el nombre de una sirenita disney o que J., que es más malo que un demoño, tenga el del hijo de un Dios.
He estado escuchando chistes sobre el minibecario tooooodo el santo día. Me han enviado vídeos de niños de comunión... fotos de muñequitos de tarta... chistes sobre sobre titís... En fín. Todo el repertorio "machaquemosalnuevo" que puede idearse en una oficina de clase media burguesa casposa. Va a ser cantidad de complicado mantenerle a salvo de todo eso. Sobre todo si sigue viniendo con ese traje azul marino con botones dorados.
Algo se me ocurrirá. Los chicos de bolsillo tenemos que apoyarnos.
Hoy he salido a autopista. No he metido mal las marchas ni una vez. Cagoentó... Creo que el almera de la autoescuela tiene algún tipo de espíritu diabólico dentro que me odia. Una de esas fuerzas malvadas chungas de coche poseído, tipo Christine.
Con lo bien que iba yo en bici, matándome por las esquinas...
Ya sé a quién me recuerda...

Mal día. Con impresión generalizada de que todo lo hago mal. No me gusta el formato que he hecho para el catálogo. No me gusta el coche que he elegido. No me gustan mis pelos de estropajo. No me gustan las mugrientas zapatillas rojas... No me gusta nada mío, en general. Jesús dice que es un ataque de baja autoestima por lo del examen y que no debo preocuparme porque pasará en cuanto apruebe. Me da por pensar que si tampoco apruebo el lunes, habrá otra ola de baja autoestima que empujará a la anterior, formándose todo un tsunami emocional de mal rollo y autoasquito.
No sé por qué me pasa esto. Suspender un examen debería ser pan comido para mí teniendo en cuenta como he llevado este último año de facultad, pero... no. Debe ser que para mi psique resulta mucho más importante conducir por la M40 que entender a Jung.
Creo que necesito un lingotazo de algo. No sé. Bourbon... Vodka... limpiacristales...
Snif
Me han suspendido.
Y no he mordido la cabeza al examinador, ni nada.
Aunque debo decir que hubiera sido complicado teniendo en cuenta el estado en que nos han quedado los dientes, después de que me haya dado por reducir de quinta a segunda en plena autopista.
Podría haberle dado un cabezazo, eso sí.
Pero tampoco ha sido posible después de la zanja cabezascontraeltechoaladeuna que me he comido como un campeón nada más salir del centro de exámenes.
El lunes que viene me vuelvo a examinar.
Los irreponsables somos así. Inasequibles al desaliento.
Y no he mordido la cabeza al examinador, ni nada.
Aunque debo decir que hubiera sido complicado teniendo en cuenta el estado en que nos han quedado los dientes, después de que me haya dado por reducir de quinta a segunda en plena autopista.
Podría haberle dado un cabezazo, eso sí.
Pero tampoco ha sido posible después de la zanja cabezascontraeltechoaladeuna que me he comido como un campeón nada más salir del centro de exámenes.
El lunes que viene me vuelvo a examinar.
Los irreponsables somos así. Inasequibles al desaliento.
Mi gato Peyote me recuerda a alguien
Acumulo tantos pensamientos sin escribir a lo largo de la semana, que cuando llega el momento de ponerme frente al blog, esto termina pareciendo una biblia. Tchsk... qué vamos a hacerle. Otra vez me lo monto en plan telegrama. Ajo y agua para Ariel.
Queeeee... que me reí mucho con el programa de Ilustres Ignorantes del viernes pasado. Siempre me río mucho con ese programa, pero el viernes más. Iba sobre la amistad y trataron el tema del perro como mejor amigo del hombre. Alguien dijo que la relación entre un perro y un hombre no era de amistad, sino de sumisión, porque a un amigo no le vienes con eso de "¡Ven aquí, Luis! ¡sienta, Luis! ¡sienta! ¡dame la patita!. Me encantó. Estoy absolutamente de acuerdo. Creo que por eso prefiero a los gatos. Con los gatos no hay sumisiones posibles. O amistad fifty-fifty, o nada. Eso me hizo recordar una frase de Paco Mir que solía llevar yo en una camiseta. Decía "El perro es el mejor amigo del hombre, pero el gato no deja de ser un colega."
No sé dónde coño perdí aquella camiseta. Me temo que en el armario de alguien.
Más. A ver.... Ah sí. Que sigo practicando el yoga por mi cuenta, todas las mañanas, en casa. Y que era verdad todo eso de que calma los nervios (por difícil que resulte hacer la salutación al sol con tres gatos dándome por saco al alimón).
Mañana médico nutricionista a las 11:00h., última clase de conducir a las 12:00h. y examen a las 13:20h. Un día completito. Más que saludar al sol, voy a tener que darle un abrazo y dos besos, para poder conservar un poco de equilibrio vital ante tanta tensión. Tchks...
Queeeee... que me reí mucho con el programa de Ilustres Ignorantes del viernes pasado. Siempre me río mucho con ese programa, pero el viernes más. Iba sobre la amistad y trataron el tema del perro como mejor amigo del hombre. Alguien dijo que la relación entre un perro y un hombre no era de amistad, sino de sumisión, porque a un amigo no le vienes con eso de "¡Ven aquí, Luis! ¡sienta, Luis! ¡sienta! ¡dame la patita!. Me encantó. Estoy absolutamente de acuerdo. Creo que por eso prefiero a los gatos. Con los gatos no hay sumisiones posibles. O amistad fifty-fifty, o nada. Eso me hizo recordar una frase de Paco Mir que solía llevar yo en una camiseta. Decía "El perro es el mejor amigo del hombre, pero el gato no deja de ser un colega."
No sé dónde coño perdí aquella camiseta. Me temo que en el armario de alguien.
Más. A ver.... Ah sí. Que sigo practicando el yoga por mi cuenta, todas las mañanas, en casa. Y que era verdad todo eso de que calma los nervios (por difícil que resulte hacer la salutación al sol con tres gatos dándome por saco al alimón).
Mañana médico nutricionista a las 11:00h., última clase de conducir a las 12:00h. y examen a las 13:20h. Un día completito. Más que saludar al sol, voy a tener que darle un abrazo y dos besos, para poder conservar un poco de equilibrio vital ante tanta tensión. Tchks...
O esto se termina o me termino yo
Clases de coche, idas y venidas, exámenes de recuperación, trabajo, trabajo, trabajo... y un Ariel enmedio un poco agobiado de todo y todos.
El lunes me examino. Albricias y zapatetas. No me caben en el cuerpo las ganas de dejar de escuchar la voz nasal de mi profesor de autoescuela pegada a mi oreja derecha con el "así no", "eso nunca", "por ahí jamás" y todas esas cosas que me repite ocho veces al día. Ya son demasiadas clases. Demasiados días. Demasiado todo. Estoy hasta las gónadas de carnet, de coche y de malditasealahora quesemeocurrió metermenesto. Como me suspendan el lunes, muerdo al examinador. Directamente. En cuanto digan "pare donde pueda" ¡ñaca! los colmillos al cráneo como si fuera una manzana de caramelo gigante, parlante y examinadora.
He tenido hoy la presentación del trabajo que llevo preparando toda la semana. Ha sido un éxito. Les ha gustado a todos los gerifaltes y hasta me han estrechado la mano. A mí. Al de las converse rojas sucias. Yupi-yupi-yey.
Todo ese gustazo se lo debo a Jesús. Me ayudó a encontrar el formato, a corregir fallos, a inventarme ideas... Durante la reunión he dicho exactamente lo que le él me dijo a mí (la fuente tipográfica tiene que ser de aes abiertas... No hay que abusar de marcas y colores... El logotipo invertido le da un aire corporativo pero actual...) y he sonado cantidad de profesional. Casi parecía que sabía lo que estaba diciendo.
La verdad es que Jesús y yo formamos un buen equipo. Ya lo éramos cuando hacíamos Jimpomuk. Creo que juntos podríamos hacer grandes cosas. No sé... conquistar el mundo... fundar una religión... conquistar el mundo fundando una religión...
Me voy a yoga. Tengo mono de chica superguapa y superlista haciendo estiramientos imposibles.
El lunes me examino. Albricias y zapatetas. No me caben en el cuerpo las ganas de dejar de escuchar la voz nasal de mi profesor de autoescuela pegada a mi oreja derecha con el "así no", "eso nunca", "por ahí jamás" y todas esas cosas que me repite ocho veces al día. Ya son demasiadas clases. Demasiados días. Demasiado todo. Estoy hasta las gónadas de carnet, de coche y de malditasealahora quesemeocurrió metermenesto. Como me suspendan el lunes, muerdo al examinador. Directamente. En cuanto digan "pare donde pueda" ¡ñaca! los colmillos al cráneo como si fuera una manzana de caramelo gigante, parlante y examinadora.
He tenido hoy la presentación del trabajo que llevo preparando toda la semana. Ha sido un éxito. Les ha gustado a todos los gerifaltes y hasta me han estrechado la mano. A mí. Al de las converse rojas sucias. Yupi-yupi-yey.
Todo ese gustazo se lo debo a Jesús. Me ayudó a encontrar el formato, a corregir fallos, a inventarme ideas... Durante la reunión he dicho exactamente lo que le él me dijo a mí (la fuente tipográfica tiene que ser de aes abiertas... No hay que abusar de marcas y colores... El logotipo invertido le da un aire corporativo pero actual...) y he sonado cantidad de profesional. Casi parecía que sabía lo que estaba diciendo.
La verdad es que Jesús y yo formamos un buen equipo. Ya lo éramos cuando hacíamos Jimpomuk. Creo que juntos podríamos hacer grandes cosas. No sé... conquistar el mundo... fundar una religión... conquistar el mundo fundando una religión...
Me voy a yoga. Tengo mono de chica superguapa y superlista haciendo estiramientos imposibles.
Y como me aburro, escribo otra vez
Anoche ví El americano y que todo el mundo se durmió después de la primera hora, menos yo. La verdad es que no es una película para ver a las once de la noche. Demasiados silencios. Eso hace que tu cerebro tenga que procesar menos de lo que suele ser habitual y como aún estés digestionando las empanadillas de la cena... como que el riego sanguíneo se te queda tranquilamente a la altura del píloro.
Yo me colgué de Clooney viendo Abierto hasta el amanecer. Tendría unos catorce años y entré en estado de shock desde su primer fotograma de flequillo y tatuaje. Recuerdo que pensé "yo quiero un tio como ese, mitad hermano protector sensato, mitad criminal zumbado psicópata". Luego, con el tiempo, comprendí que esa combinación era misión imposible. En esta pobre vida, o te quedas con los sensatos, o te quedas con los psicópatas. No hay tu tía.
Yo me colgué de Clooney viendo Abierto hasta el amanecer. Tendría unos catorce años y entré en estado de shock desde su primer fotograma de flequillo y tatuaje. Recuerdo que pensé "yo quiero un tio como ese, mitad hermano protector sensato, mitad criminal zumbado psicópata". Luego, con el tiempo, comprendí que esa combinación era misión imposible. En esta pobre vida, o te quedas con los sensatos, o te quedas con los psicópatas. No hay tu tía.
He saltado sobre el fuego y no es San Juan
No me gusta tener tanta responsabilidad de repente en el trabajo. Quiero volver a ser el vago rumiante y feliz que era antes, con mis post-it que no hay quien entienda... mis escarabajos de papel... mi miniluke skywalker y mi miniboba feet para hacer peleas a pie de macintosh... No me gusta nada esto de tener que ir a reuniones de proyectos, jornadas de gerencias y un montón de cosas más que suenan igual de mal. Sigo olisqueando cierto tufo de encerrona. Supongo que debería estar preocupado ante la perspectiva de irme al paro, pero no lo estoy. Eso corrobora mi teoría de que soy un irresponsable. Cuando llegue el fin del mundo, yo estaré en la terraza de antenas viendo las lucecitas y diciendo "¡Hala, mira que chulo, como brilla esa bola de fuego que viene hacia nosotros!"
Estoy leyendo "El mundo según Garp", o algo así (prometo que la próxima vez que cite un libro miraré antes su título exacto) de John Irving. Al principio me gustaba bastante pero ahora empiezo a cansarme un poco de tantos datos sobre tantas cosas, que no llevan a ningún sitio. O dicho en plan nepobásico... que me aburro una jartá leyéndolo.
Empiezo a pensar que el problema no está en los libros, sino en mí. Se me ha debido de endurecer la cabeza. O el corazón. O las dos cosas.
Estoy leyendo "El mundo según Garp", o algo así (prometo que la próxima vez que cite un libro miraré antes su título exacto) de John Irving. Al principio me gustaba bastante pero ahora empiezo a cansarme un poco de tantos datos sobre tantas cosas, que no llevan a ningún sitio. O dicho en plan nepobásico... que me aburro una jartá leyéndolo.
Empiezo a pensar que el problema no está en los libros, sino en mí. Se me ha debido de endurecer la cabeza. O el corazón. O las dos cosas.
Todavía estamos vivos
En estos momentos escribo desde un pc de mi empresa para dar de comer un poco al blog. Los blogs son como los niños de teta, o los pedogatos. Si no les alimentas bien de vez en cuando, se quedan esmirriados y grisáceos.
Estoy un poco ñoño por culpa de un oso de trapo. Pero es una ñoñez positiva. Una de que no te dejan ojeras y mal rollo, sino de las otras. De las que molan. No sé si tienen que ver mis ocho clases de yoga con la profesora superbuena, superguapa y superlista, pero lo cierto es que me siento mucho más equilibrado. Como si todo lo que fuera blanco o negro en mí, hubiera encontrado su punto intermedio. Y no es que me apasione este aire de flipado perroflauta que arrastro a todas partes. Al contrario. Me encantaría poder decirle a J. que lo del yoga es una pollada como un piano y que sólo le funciona a los comedores compulsivos de tofus y alfalfas, pero... no. Resulta que a los eléctricos comedores de japimiles, como un servidor, también les va bien. Que hasta el coche he aprendido a manejar con calma, fíjatetú.
Tengo el examen el día 27. No estoy nervioso. Supongo que porque estoy hasta las pelotas de malcomer por culpa de las clases y no veo el momento de poder dejarlas. Mi profesor me decía hoy que el 90% de sus alumnas y el 10% de sus alumnos lloran por suspender. Yo le he dicho que eso es porque el 90% de sus alumnas y el 10% de sus alumnos, no tienen problemas reales.
Cuando tienes problemas reales, aprendes mogollón a dosificar lágrimas y no gastarlas en chuminadas.
Estoy un poco ñoño por culpa de un oso de trapo. Pero es una ñoñez positiva. Una de que no te dejan ojeras y mal rollo, sino de las otras. De las que molan. No sé si tienen que ver mis ocho clases de yoga con la profesora superbuena, superguapa y superlista, pero lo cierto es que me siento mucho más equilibrado. Como si todo lo que fuera blanco o negro en mí, hubiera encontrado su punto intermedio. Y no es que me apasione este aire de flipado perroflauta que arrastro a todas partes. Al contrario. Me encantaría poder decirle a J. que lo del yoga es una pollada como un piano y que sólo le funciona a los comedores compulsivos de tofus y alfalfas, pero... no. Resulta que a los eléctricos comedores de japimiles, como un servidor, también les va bien. Que hasta el coche he aprendido a manejar con calma, fíjatetú.
Tengo el examen el día 27. No estoy nervioso. Supongo que porque estoy hasta las pelotas de malcomer por culpa de las clases y no veo el momento de poder dejarlas. Mi profesor me decía hoy que el 90% de sus alumnas y el 10% de sus alumnos lloran por suspender. Yo le he dicho que eso es porque el 90% de sus alumnas y el 10% de sus alumnos, no tienen problemas reales.
Cuando tienes problemas reales, aprendes mogollón a dosificar lágrimas y no gastarlas en chuminadas.
Neponintendo
Vengo de ver con Ana y Miguel la exposición de Super Mario en Matadero. Bastante cutrilla, aunque sé que no se pueden pedir peras al olmo. Sobre todo si el olmo te sale gratis.
Miguel y Ana han estado jugando un buen rato con todas las consolas que había para probar en la primera sala. Mientras, yo buscaba ansiosamente los "autómatas interactivos de famosos personajes nintendo" que anunciaba la publicidad, en las dos salas contiguas. Al final los he encontrado. Sólo que no eran exactamente como uno puede imaginarse un "autómata interactivo de famoso personaje nintendo". De hecho, en realidad eran dos puñeteras aspiradoras rooba, de esas que van por ahí girando solas, con dos setas de polieuretano encima, pegadas con velcro.
Creo que si Shigeru Miyamoto se hubiera dado una vuelta por la sala de las setas giratorias se hubiera deprimido cantidad.
Para quitarme un poco el mal sabor de boca de las cutresetas limpiadoras he jugado un poco al pinpong con la wii, y una niña de 90 kilos en canal me ha dado una paliza de 13 contra 2. Su padre me ha mirado con cierto aire de lástima. Yo he dicho "Es que tengo las lumbares un poco doloridas de hacer yoga" y él ha dicho "claro, claro..."
Me hubiera gustado tener ocho años para llorar un poquito, pero como no los tengo, he vuelto a esconderme en el cuchitril de las cutresetas y no he salido hasta que han venido a buscarme para irnos.
Me he cortado el pelo. Ya no se me meten las greñas en los ojos pero ahora parezco un coco.
Miguel y Ana han estado jugando un buen rato con todas las consolas que había para probar en la primera sala. Mientras, yo buscaba ansiosamente los "autómatas interactivos de famosos personajes nintendo" que anunciaba la publicidad, en las dos salas contiguas. Al final los he encontrado. Sólo que no eran exactamente como uno puede imaginarse un "autómata interactivo de famoso personaje nintendo". De hecho, en realidad eran dos puñeteras aspiradoras rooba, de esas que van por ahí girando solas, con dos setas de polieuretano encima, pegadas con velcro.
Creo que si Shigeru Miyamoto se hubiera dado una vuelta por la sala de las setas giratorias se hubiera deprimido cantidad.
Para quitarme un poco el mal sabor de boca de las cutresetas limpiadoras he jugado un poco al pinpong con la wii, y una niña de 90 kilos en canal me ha dado una paliza de 13 contra 2. Su padre me ha mirado con cierto aire de lástima. Yo he dicho "Es que tengo las lumbares un poco doloridas de hacer yoga" y él ha dicho "claro, claro..."
Me hubiera gustado tener ocho años para llorar un poquito, pero como no los tengo, he vuelto a esconderme en el cuchitril de las cutresetas y no he salido hasta que han venido a buscarme para irnos.
Me he cortado el pelo. Ya no se me meten las greñas en los ojos pero ahora parezco un coco.
De acuerdo. Por esta vez.
Él estuvo antes. Antes de antes. Cuando yo no quería nada, ni tenía corazón para nadie. Apareció un día y me sujetó. Sin que me diera ni cuenta.
No nos parecíamos en nada. Éramos como la cara y la cruz. Yo era un crío de ciudad con toda una vida tragada a trompicones y él un casitreintañero de pueblo sin más visión que la que le habían dado un par de libros. Tenía algo. No sé definir el qué. Algo que me enterneció y me pudo. Cierto aire de regalo sin abrir. Cierta luz de ingenuidad. Nos comunicamos desde el primer momento. Reíamos mucho. Hacíamos maldades. Nos compenetrábamos. Incluso llegamos a estar convencidos de poder cambiar el mundo. Pero llegó el mundo y nos cambió a nosotros. Él dejó el pueblo y vino a Madrid, a buscarme. A estar conmigo. Pero yo le fallé, y se vió obligado a pasar, como pasan tantos, por el filtro de la gran ciudad. Madrid lo engulló y luego lo escupió sin dejar rastro del que era. Volvió a ponerse frente a mí, tiempo después. Mucho más áspero. Mucho más estúpido. Mucho más cruel. Aquella luz de ingenuidad se perdió en algún rincón oscuro de tugurio de mala muerte. Con alguno de tantos y tantos mediocres donantes de semen a piñón fijo que rondan Madrid en cada esquina. Se rindió y dejé de reconocerle. El amigo que alguna vez tuve, lo perdí. Irremediablemente. Inexorablemente. Yo también cambié. Me volví cínico y mentiroso. Escupí cien veces, renegué y odié eso en lo que se había convertido. Jamás le perdone que matara al chico que fué. Aquel Hermes extraño, pequeño e idealista al que, muchas noches sin venir a cuento, todavía echo de menos.
De vez en cuando aún hablo con él. Deberíamos odiarnos porque siempre nos tratamos rabiosamente mal en nuestros picos de ataque, pero de forma inexplicable, llegado el momento nos hablamos de nuevo, como si nada hubiera pasado. Como si yo no le hubiera deseado la muerte y él no me hubiera acusado de ser un engendro diabólico. Creo que hemos llegado a ser como de la familia. De esa familia con la que te pateas y luego terminas cenando en Nochebuena. Reflexionamos sobre la vida y nuestras respectivas parejas, y mantenemos la distancia de seguridad entre nosotros. Antonio y yo sabemos que lo de la distancia de seguridad es una norma obligada. Sabemos perfectamente que cada uno es como un campo de minas que el otro no debe volver a cruzar jamás, si no quiere saltar en pedazos. Guardo muchos rencores contra Antonio. Desearía que no fueran tantos, pero cuando intento limpiarlos, nunca lo consigo del todo. Espero con los años, aprender a hacerlo.
Supongo que jamás podré perdonarle que me dejara sin aquel que era. Aquel amigo. Aquel compañero.
Aquel que ya nunca estará conmigo hasta el final de mis días.
No nos parecíamos en nada. Éramos como la cara y la cruz. Yo era un crío de ciudad con toda una vida tragada a trompicones y él un casitreintañero de pueblo sin más visión que la que le habían dado un par de libros. Tenía algo. No sé definir el qué. Algo que me enterneció y me pudo. Cierto aire de regalo sin abrir. Cierta luz de ingenuidad. Nos comunicamos desde el primer momento. Reíamos mucho. Hacíamos maldades. Nos compenetrábamos. Incluso llegamos a estar convencidos de poder cambiar el mundo. Pero llegó el mundo y nos cambió a nosotros. Él dejó el pueblo y vino a Madrid, a buscarme. A estar conmigo. Pero yo le fallé, y se vió obligado a pasar, como pasan tantos, por el filtro de la gran ciudad. Madrid lo engulló y luego lo escupió sin dejar rastro del que era. Volvió a ponerse frente a mí, tiempo después. Mucho más áspero. Mucho más estúpido. Mucho más cruel. Aquella luz de ingenuidad se perdió en algún rincón oscuro de tugurio de mala muerte. Con alguno de tantos y tantos mediocres donantes de semen a piñón fijo que rondan Madrid en cada esquina. Se rindió y dejé de reconocerle. El amigo que alguna vez tuve, lo perdí. Irremediablemente. Inexorablemente. Yo también cambié. Me volví cínico y mentiroso. Escupí cien veces, renegué y odié eso en lo que se había convertido. Jamás le perdone que matara al chico que fué. Aquel Hermes extraño, pequeño e idealista al que, muchas noches sin venir a cuento, todavía echo de menos.
De vez en cuando aún hablo con él. Deberíamos odiarnos porque siempre nos tratamos rabiosamente mal en nuestros picos de ataque, pero de forma inexplicable, llegado el momento nos hablamos de nuevo, como si nada hubiera pasado. Como si yo no le hubiera deseado la muerte y él no me hubiera acusado de ser un engendro diabólico. Creo que hemos llegado a ser como de la familia. De esa familia con la que te pateas y luego terminas cenando en Nochebuena. Reflexionamos sobre la vida y nuestras respectivas parejas, y mantenemos la distancia de seguridad entre nosotros. Antonio y yo sabemos que lo de la distancia de seguridad es una norma obligada. Sabemos perfectamente que cada uno es como un campo de minas que el otro no debe volver a cruzar jamás, si no quiere saltar en pedazos. Guardo muchos rencores contra Antonio. Desearía que no fueran tantos, pero cuando intento limpiarlos, nunca lo consigo del todo. Espero con los años, aprender a hacerlo.
Supongo que jamás podré perdonarle que me dejara sin aquel que era. Aquel amigo. Aquel compañero.
Aquel que ya nunca estará conmigo hasta el final de mis días.
Se me olvida que un cochino nunca come margaritas
Miguel me ha regalado un teléfono móvil. Uno de esos con muchos chimpunes que no tienen teclas como los móviles aburridos del mundo mundial. Estoy como tonto como mi teléfono nuevo, porque (cosa extraña) nos hemos entendido a la primera. No es nada fácil ser una máquina y entenderse conmigo a la primera, así que ole por el móvil con chimpunes.
Ana me ha enseñado una aplicación que hace que salgan unos dados en el móvil y que al agitarlo hagan cluncu-cluncu y puedas jugar partidas a la tirada más alta. Me he pasado cerca de cuatro horas haciendo cluncu-cluncu con todo bicho viviente que circulara por la casa, así que imagino que a estas alturas Ana se ha arrepentido con creces de enseñarme nada y tendré que seguir aprendiendo cosas irritantes de mi móvil yo solito.
Lo que mueve a Miguel a regalarme un móvil y ayudarme en la compra del tanque azul mariquita es la culpabilidad, pero es una historia tan larga de contar y tan farragosa, que prefiero guardarla en mi banco de cierraelpico. Me gustaría que en lugar de gastarse la pasta en mí, me hubiera puteado menos pero... en fín... considerando el número de personas que en mi vida me putearon gratis, será mejor que no le de demasiadas vueltas. Sobre todo porque Miguel y yo, por encima de todo, nos queremos y nos respetamos.
Incluso a pesar de que se meta con mi sillón.
He terminado de leer "La maquinaria del corazón" (o algo así). Es uno de esos libros que no son ni malos, ni buenos, y que no te dejan mal pero tampoco bien. Lo compré porque el dibujo de la portada era bonito, así que sigo teniendo lo que me merezco. Necesitaría un libro especial. Algo que me tocara de verdad el corazón, o que me dejara sin aliento. Echo de menos esa sensación de no querer restar páginas. Creo que desde Oscar Wao no he vuelto a tenerla. Y compro un libro cada dos semanas así que... como que quizá en lugar de leer, debería dedicarme mejor al cluncu-cluncu.
Ana me ha enseñado una aplicación que hace que salgan unos dados en el móvil y que al agitarlo hagan cluncu-cluncu y puedas jugar partidas a la tirada más alta. Me he pasado cerca de cuatro horas haciendo cluncu-cluncu con todo bicho viviente que circulara por la casa, así que imagino que a estas alturas Ana se ha arrepentido con creces de enseñarme nada y tendré que seguir aprendiendo cosas irritantes de mi móvil yo solito.
Lo que mueve a Miguel a regalarme un móvil y ayudarme en la compra del tanque azul mariquita es la culpabilidad, pero es una historia tan larga de contar y tan farragosa, que prefiero guardarla en mi banco de cierraelpico. Me gustaría que en lugar de gastarse la pasta en mí, me hubiera puteado menos pero... en fín... considerando el número de personas que en mi vida me putearon gratis, será mejor que no le de demasiadas vueltas. Sobre todo porque Miguel y yo, por encima de todo, nos queremos y nos respetamos.
Incluso a pesar de que se meta con mi sillón.
He terminado de leer "La maquinaria del corazón" (o algo así). Es uno de esos libros que no son ni malos, ni buenos, y que no te dejan mal pero tampoco bien. Lo compré porque el dibujo de la portada era bonito, así que sigo teniendo lo que me merezco. Necesitaría un libro especial. Algo que me tocara de verdad el corazón, o que me dejara sin aliento. Echo de menos esa sensación de no querer restar páginas. Creo que desde Oscar Wao no he vuelto a tenerla. Y compro un libro cada dos semanas así que... como que quizá en lugar de leer, debería dedicarme mejor al cluncu-cluncu.
Tú y yo nos medimos porque nos tememos
Estoy enamorado de mi profesora de yoga. Es guapa, dulce y todas las cosas bonitas que se me puedan ocurrir desde hoy hasta el fin del mundo maya. Tiene una coleta de rastas hasta la cintura, un cuerpo esculpido en mármol y el equilibrio de una bailarina tailandesa. Hace el asana del árbol como quien baja una escalera. Tiesa y sin inmutarse. Yo, por el contrario, soy algo parecido a un hamster con el baile de san vito. Unas veces me voy pallá y otras pacá. Lo intento fuera de la colchoneta y tiemblo. Lo intento sin los calcetines y tiemblo. Lo intento cerrando los ojos y tiemblo. No hay remedio. Yo siempre tiemblo como una vulgar gelatina de papaya.
Ella me sonríe dulce y me dice con su voz de espuma "Busca tu propio equilibrio, Ariel. Si no puedes apoyar el pie en el muslo, colócalo sobre la pantorrilla." Y yo coloco el pie sobre la pantorilla y me caigo. Y lo coloco sobre el tobillo y me caigo. Y lo dejo en el suelo y me caigo. Yo me caigo de todas formas porque estoy destinado a quedar como un imbécil delante de todas las mujeres maravillosas del mundo mundial. Es mi segunda maldición djin.
Hoy voy a probar con pilates. El monitor se llama Wilfred y tiene aspecto de lechuza. Apuesto lo que quieras a que con este no me caigo ni una vez.
Cagoentó...
Ella me sonríe dulce y me dice con su voz de espuma "Busca tu propio equilibrio, Ariel. Si no puedes apoyar el pie en el muslo, colócalo sobre la pantorrilla." Y yo coloco el pie sobre la pantorilla y me caigo. Y lo coloco sobre el tobillo y me caigo. Y lo dejo en el suelo y me caigo. Yo me caigo de todas formas porque estoy destinado a quedar como un imbécil delante de todas las mujeres maravillosas del mundo mundial. Es mi segunda maldición djin.
Hoy voy a probar con pilates. El monitor se llama Wilfred y tiene aspecto de lechuza. Apuesto lo que quieras a que con este no me caigo ni una vez.
Cagoentó...
Mi nombre es el único que robas
El pedogato sigue sin tener el más mínimo respeto a su integridad física. Sigue colgándose a cuatro garras de diferentes partes de mi anatomía y sigue despertándome a las tres de la madrugada mordiendo y tirando de mi labio inferior. Y yo me quejaba de Tequila. Al lado de este demonio es la hermana tretapléjica de Teresa de Calcuta.
No pude ir a yoga ayer, no me dió tiempo. Iré hoy. Lo necesito porque camino sobre unos días muy estresantes. No paran de caerme responsabilidades en el trabajo, que me tienen completamente desconcertado. No sé qué pasa pero algo traman. Basta echarme un vistazo para darse cuenta que no soy una persona adecuada para las grandes responsabilidades. No sólo por lo de las zapatillas, las palestinas y las camisetas arrugadas. También por los pelánganos, la taza de "Legalicemos el Cannabis" y los doscientos post-it amarillos que tengo colgados en la pantalla del mac (de los cuales la mitad ya no recuerdo por qué los puse). Yo soy ese grano en el culo que todo jefe serio tiene en su departamento. El que ponen detrás del ficus para que no se le vea demasiado. Que ahora empiecen a darme trabajos de peso me tiene perdido. ¿Querrán ponerme a prueba?¿quizá encontrar un motivo para despedirme mejor que los que ya les he dado? ¿tendré que irme a vivir al tanque con ocho gatos que se colgarán por turnos de mis huevos? ¿tendré que escuchar a J. decirme "yo ya te lo dije" y matarle después por ello?
Esto es un sinvivir.
Mi tanque nuevo es azul acero gris celeste raro chungo. Abreviando tantas palabras, le he dicho a Miguel que no me hacía gracia tener un coche "azul mariquita". Me ha dicho que ese era un comentario homófobo (lo que hay que oir...). Le he explicado que no, que es un comentario certero, porque todos los que conozco con un coche de ese color o son chicas, o son gays. Me ha dicho que era quedarse el azul o esperar hasta diciembre. Le he dicho que si no había uno naranja. Me ha dicho "claro... el naranja es que es muy macho. Como tu sillón."
Me callo y me quedo con el tanque azul mariquita para no terminar la semana pegando a alguien. No quedaría bien con lo de practicar la postura del loto.
No pude ir a yoga ayer, no me dió tiempo. Iré hoy. Lo necesito porque camino sobre unos días muy estresantes. No paran de caerme responsabilidades en el trabajo, que me tienen completamente desconcertado. No sé qué pasa pero algo traman. Basta echarme un vistazo para darse cuenta que no soy una persona adecuada para las grandes responsabilidades. No sólo por lo de las zapatillas, las palestinas y las camisetas arrugadas. También por los pelánganos, la taza de "Legalicemos el Cannabis" y los doscientos post-it amarillos que tengo colgados en la pantalla del mac (de los cuales la mitad ya no recuerdo por qué los puse). Yo soy ese grano en el culo que todo jefe serio tiene en su departamento. El que ponen detrás del ficus para que no se le vea demasiado. Que ahora empiecen a darme trabajos de peso me tiene perdido. ¿Querrán ponerme a prueba?¿quizá encontrar un motivo para despedirme mejor que los que ya les he dado? ¿tendré que irme a vivir al tanque con ocho gatos que se colgarán por turnos de mis huevos? ¿tendré que escuchar a J. decirme "yo ya te lo dije" y matarle después por ello?
Esto es un sinvivir.
Mi tanque nuevo es azul acero gris celeste raro chungo. Abreviando tantas palabras, le he dicho a Miguel que no me hacía gracia tener un coche "azul mariquita". Me ha dicho que ese era un comentario homófobo (lo que hay que oir...). Le he explicado que no, que es un comentario certero, porque todos los que conozco con un coche de ese color o son chicas, o son gays. Me ha dicho que era quedarse el azul o esperar hasta diciembre. Le he dicho que si no había uno naranja. Me ha dicho "claro... el naranja es que es muy macho. Como tu sillón."
Me callo y me quedo con el tanque azul mariquita para no terminar la semana pegando a alguien. No quedaría bien con lo de practicar la postura del loto.
Tú y yo fuimos pioneros en las abreviaturas sms
Hoy empiezo mis clases de yoga. Anoche, como estaba en crisis postraumática leodioperolequiero, intenté practicar un poco con la wifit para evitar hacer completamente el ridículo, pero fue peor el remedio que la enfermedad. De cinco posturas que practiqué me caí en tres (y dos eran de suelo). O sea que esto va a ser un éxito...
También he intentado aprender a respirar con el diafragma como J.Kalikatres me dijo el otro día, pero no estoy seguro de hacerlo exactamente bien porque cuando el muñequito de la pantalla todavía está inspirando, yo ya he respirado diez veces. Ana dice que a lo mejor debería aprender primero lo que es el diafragma y dónde está situado exactamente en el cuerpo. Yo le digo que si no será porque tengo los pulmones pequeños. Ella se descojona, literalmente.
Eso es lo que yo llamo cortocircuitar con los que me rodean. Tengo tanta tensión nerviosa acumulada estos dos últimos días entre "cosas que debí decir y no dije" a Mateo, Jesús y Ana Belén, que cuando la profesora hoy nos diga "sentaos" temo saltar con un sesientatupadre, y que me echen de clase por subversivo.
Supongo que el que uno sea subversivo en clase de yoga es como meter una monja en un puticlub, así que quizá debería replantearme todo y dedicar un par de días a otro tipo de actividades, como... no sé... cardio-box o spinning. A fin de cuentas, hace bastantes meses que no se me salen las rótulas y ya me van echando de menos en urgencias.
El pedogato está insoportable. Me espera detrás de casa esquina y se lanza en plancha a trepar por mi muslo con las cuatro garras ñac-ñac-ñac-ñac, al estilo "Juanito Oiarzabal en el Annapurna". Ojalá supiera hablar gato. Le sentaría en mis rodillas y le explicaría muy despacito que en estos días de tristezas y tensiones, no resulta muy buena idea eso de tocarme los nibelungos si no quiere terminar troceado en una paella mixta.
También he intentado aprender a respirar con el diafragma como J.Kalikatres me dijo el otro día, pero no estoy seguro de hacerlo exactamente bien porque cuando el muñequito de la pantalla todavía está inspirando, yo ya he respirado diez veces. Ana dice que a lo mejor debería aprender primero lo que es el diafragma y dónde está situado exactamente en el cuerpo. Yo le digo que si no será porque tengo los pulmones pequeños. Ella se descojona, literalmente.
Eso es lo que yo llamo cortocircuitar con los que me rodean. Tengo tanta tensión nerviosa acumulada estos dos últimos días entre "cosas que debí decir y no dije" a Mateo, Jesús y Ana Belén, que cuando la profesora hoy nos diga "sentaos" temo saltar con un sesientatupadre, y que me echen de clase por subversivo.
Supongo que el que uno sea subversivo en clase de yoga es como meter una monja en un puticlub, así que quizá debería replantearme todo y dedicar un par de días a otro tipo de actividades, como... no sé... cardio-box o spinning. A fin de cuentas, hace bastantes meses que no se me salen las rótulas y ya me van echando de menos en urgencias.
El pedogato está insoportable. Me espera detrás de casa esquina y se lanza en plancha a trepar por mi muslo con las cuatro garras ñac-ñac-ñac-ñac, al estilo "Juanito Oiarzabal en el Annapurna". Ojalá supiera hablar gato. Le sentaría en mis rodillas y le explicaría muy despacito que en estos días de tristezas y tensiones, no resulta muy buena idea eso de tocarme los nibelungos si no quiere terminar troceado en una paella mixta.
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