Nieva en Madrid copiosamente. Ahora mismo es una chulada; como si estuviéramos dentro de una bola de navidad. Dentro de dos días, cuando ya estemos hasta las pelotas, echaremos pestes del tráfico y nos esmorraremos por tandas en la acera.
Hugo me ha regalado una granja de hormigas. Culpa mía. Cuando me dijo que le había comprado una a su sobrino, yo abrí mucho los ojos y dije "hostias....¡¡una granja de hormigas!!". Obviamente me faltó añadir algo a la frase, porque si en mi cerebro sonó a "hormigas-queespanto", en el suyo fue más bien "hormigas-quechupiyotambiénquiero". Y hala. Con toda su ilusión y todo su entusiasmo, me encasquetó otro hormigódromo y se quedó tan pichi. Y yo tuve que cogerlo, volver a abrir mucho los ojos y volver a decir "hostias... ¡¡una granja de hormigas!!" (sólo que esta vez, con algo más de amargura).
Odio las hormigas. Me dan pánico desde que tenía cuatro años. Siempre me ha parecido que la naturaleza las hizo diminutas para evitar que dominaran el mundo. Con toda esa organización y ese autocontrol japonés que tienen las malditas... Por mí, la tierra entera podría convertirse en una zapatilla gigante y aniquilarlas de un plumazo.
Durante el camino de vuelta, hice todo lo posible para que no llegaran vivas a casa. Dejé caer la caja al suelo... la agité para decir adiós... para decir hola... para decir mejorvamosporahí... para decir uyquefriohace... Todo fue en vano. Cuando la abrí, descubrí que el trasto venía vacío y que había que pedir las hormigas por correo. Y aunque en un principio respiré imaginando a orondos carteros aplastando con el culo mi pedido de hormigas, el alivio me duró poco. Lo justo hasta que el listo de turno dijo "trae, que lo dejamos en la terraza y ya verás cómo en nada, tienes hormigas dentro..." Y las tengo. Las tengo, maldita sea. Ocho hormigas. Las he contado una por una. No lo comprendo. ¿De dónde coño sale una hormiga en una terraza madrileña de Noviembre? Eso corrobora mi teoría sobre la dominación del mundo. Por si acaso, será mejor que no les quite el ojo. Como falte alguna en el recuento de mañana, pienso dormir con el Raid bajo la almohada.
Desde ayer me ha llamado ocho veces para preguntarme por la repugnigranja. Ocho. Una por cada hormiga. Y en todas me cuece a preguntas: "¿están comiendo? ¿han hecho más túneles? ¿se van organizando? ¿ha muerto alguna? ¿has añadido más? ¿está muy frío el cristal?..." Si hay algo peor que un biólogo hormigólogo en esta vida, es un biólogo hormigólogo plasta. Esto corrobora que no tengo suerte con las citas a ciegas. Si el chico hubiera sido representante de edredones yo a estas alturas sería un Nepomuk tranquilo, feliz y sin insectos encima de la mesa. Es más... si hubiera sido representante de Repostería Martínez, a estas alturas hasta podríamos habernos casado.
Ha llegado el momento de echar mano de los recursos de la madre naturaleza. Esta noche dejaré la granja a la interperie bajo la nieve. Con un poquito de suerte me echa una mano el demoño y mañana por la mañana tengo un granizado de hormigas más, y ocho preocupaciones menos.
Ya me tocará ajustar el mal kharma cuando sea menester...
Tantas cosas y tan liosas...
No era una chica alta. Ni baja. Ni rubia. Ni tampoco morena. De hecho, no era una chica. Era un tipo con unos huevazos como un piano que se llamaba Hugo. Y yo voy a matar a Marc. Un día de estos. Lentamente y por sorpresa. Algo se me ocurrirá. Le disolveré en la sopa cuarto de kilo de cerdo. Le haré comer hamburguesas de pollo diciéndole que es tofu y luego le contaré que eran del perrito ese tan mono que anunciaba las quinielas. O de lassie. O de piolín. O de su santa madre en calzones de puñetas.
Amores, penas, chocolates
Acabo de escuchar en la radio que Camilo Sesto ha sacado un nuevo disco de directos, que incluye una serie de vídeos y un recopilatorio de fotos inéditas.
Fotos inéditas de Camilo Sesto. Acojona un poco ¿no?
He ido al hospital para lo de la densiometría. Me han dicho que aguante lo máximo sin usar los parches y me han dado una receta de hidrocodona. Ya puedo decir que soy como House, pero en tonto. También me han dado fecha para la operación. Será antes de Navidades y con suerte, sólo tendré que pasar allí una noche. Mejor. Tengo tantas ganas de volver al hospital, como de que me bailen una muñeira en el escroto.
Esta mañana me he quitado el amuleto. Ha sido un poco raro sentirlo en la palma de la mano, después de llevarlo pegado al cuello tanto tiempo. No estoy seguro de qué hacer con él. Había pensado coserlo a la mochila, pero sé que me llevaría un disgusto si lo perdiera, así que hasta que me decida a meterlo en el cofre de los tesoros inútiles, lo llevo enrollado en la muñeca. No es buena idea llevar algo colgando de la mano, si convives con mi gato Peyote, pero en fin... Si me desolla antes del finde, ya le pediré a Marc otro poquito de orujo para pasar la pena.
Ayer vino Miguel a traerme el resto de mis cajas. Me trajo también un calendario de adviento navideño con 24 chocolatinas de animalitos, escondidas en 24 miniventanitas, y dejó además una botella de frangelico y un surtido de polvorones La Estepeña. No estoy seguro de que no sea un plan detalladamente elaborado para reventarme el hígado en plan venganza por algún rencor pasado, pero aún así se lo agradecí mucho. No está el mundo de los mimos como andar desperdiciándolos.
Me dijo que el calendario de adviento se utilizaba para ir restando días hasta Nochebuena, y que cada mañana, hasta el día 24, tenía que abrir una de las miniventanitas y comerme una chocolatina. Todo eso fue ayer por la noche. Hoy por la mañana, tengo un calendario de adviento con 24 ventanitas abiertas y 0 chocolatinas de animalitos, así que... ¡¡¡hoy es Nochebuena!!! ¡¡¡Felicidades a todo el mundo!!! ¡¡¡viva la hidrocodona!!!
Parece mentira que a estas alturas y después de tanto tiempo, Miguel todavía no me conozca.
Marc me ha apañado una cita para mañana con una amiga suya, así que lo de "puedo presentarte a alguien" iba con toda la intención del mundo. Yo le he dicho que ya era mayorcito para citas a ciegas y me ha respondido que "mayorcito no era aún para nada". Le he dado muchas vueltas a esa frase. No sé si es un piropo o una patadita en las costillas. Me temo que más bien lo segundo. He intentado averiguar cosas de la chica, pero no ha soltado prenda. Estoy intrigado. ¿Será rubia? ¿será morena? ¿será bajita? ¿será alta? ¿será Mary Poppins? Bueno, sea como sea, intentaré demostrarles a ambos que soy perfectamente maduro para mi edad.
Una pena que no me queden chocolatinas de conejito.
Fotos inéditas de Camilo Sesto. Acojona un poco ¿no?
He ido al hospital para lo de la densiometría. Me han dicho que aguante lo máximo sin usar los parches y me han dado una receta de hidrocodona. Ya puedo decir que soy como House, pero en tonto. También me han dado fecha para la operación. Será antes de Navidades y con suerte, sólo tendré que pasar allí una noche. Mejor. Tengo tantas ganas de volver al hospital, como de que me bailen una muñeira en el escroto.
Esta mañana me he quitado el amuleto. Ha sido un poco raro sentirlo en la palma de la mano, después de llevarlo pegado al cuello tanto tiempo. No estoy seguro de qué hacer con él. Había pensado coserlo a la mochila, pero sé que me llevaría un disgusto si lo perdiera, así que hasta que me decida a meterlo en el cofre de los tesoros inútiles, lo llevo enrollado en la muñeca. No es buena idea llevar algo colgando de la mano, si convives con mi gato Peyote, pero en fin... Si me desolla antes del finde, ya le pediré a Marc otro poquito de orujo para pasar la pena.
Ayer vino Miguel a traerme el resto de mis cajas. Me trajo también un calendario de adviento navideño con 24 chocolatinas de animalitos, escondidas en 24 miniventanitas, y dejó además una botella de frangelico y un surtido de polvorones La Estepeña. No estoy seguro de que no sea un plan detalladamente elaborado para reventarme el hígado en plan venganza por algún rencor pasado, pero aún así se lo agradecí mucho. No está el mundo de los mimos como andar desperdiciándolos.
Me dijo que el calendario de adviento se utilizaba para ir restando días hasta Nochebuena, y que cada mañana, hasta el día 24, tenía que abrir una de las miniventanitas y comerme una chocolatina. Todo eso fue ayer por la noche. Hoy por la mañana, tengo un calendario de adviento con 24 ventanitas abiertas y 0 chocolatinas de animalitos, así que... ¡¡¡hoy es Nochebuena!!! ¡¡¡Felicidades a todo el mundo!!! ¡¡¡viva la hidrocodona!!!
Parece mentira que a estas alturas y después de tanto tiempo, Miguel todavía no me conozca.
Marc me ha apañado una cita para mañana con una amiga suya, así que lo de "puedo presentarte a alguien" iba con toda la intención del mundo. Yo le he dicho que ya era mayorcito para citas a ciegas y me ha respondido que "mayorcito no era aún para nada". Le he dado muchas vueltas a esa frase. No sé si es un piropo o una patadita en las costillas. Me temo que más bien lo segundo. He intentado averiguar cosas de la chica, pero no ha soltado prenda. Estoy intrigado. ¿Será rubia? ¿será morena? ¿será bajita? ¿será alta? ¿será Mary Poppins? Bueno, sea como sea, intentaré demostrarles a ambos que soy perfectamente maduro para mi edad.
Una pena que no me queden chocolatinas de conejito.
Sed, idiotez y dolor de cabeza
Ya tengo pelo. Increíble pero cierto. Una vez alguien me dijo que el crecimiento del pelo estaba muy interrelacionado con lo sano que estuviera tu cuerpo. Quién me lo dijo, obviamente, vivía en la higuera.
Ayer tuve otra noche de no dormir y mucho pensar. Una de esas de caballo salvaje y mono loco (pondría el enlace de lo que significan ambas cosas, pero lo leí en un blog que ya no existe). Las piernas me dolían mucho. Para no gastar el primer parche de morfina de la temporada, estuve dando paseos cortos por el pasillo y saliendo un poco a la terraza. No fue muy buena idea. En una de esas idas y venidas, tropecé con el tendedero plegable y desperté a Marc. Menos mal que fue a él. Lo de alimentarse a base de lechugas le da estabilidad de samurai. Si llego a despertar al otro con el caclinga-caclanga hubiera tenido un 60% de posibilidades de que me lo hiciera comer.
A Marc no le molestó el caclinga-caclanga. Al contrario. Me ayudo a recoger los calzoncillos del suelo, como un buen samaritano (los del tendedero, no los míos) y luego se interesó por mi insomnio y por mi daño, y me sirvió un chupito de orujo de su pueblo "para calmar el alma" (me gustó esa frase; calmar el alma).
Me bebí tres chupitos y cogí un melocotón de mucho cuidado. Él, por el contrario, debió de tragar ocho o nueve, y no se le inmutó ni una ceja. Carne no comerá, pero lo que es alcohol... se lo embute con la parsimonia y la destreza de un marinero irlandés.
Gracias a los 30º de graduación alcohólica, se me quitaron todos los daños (internos y externos) y terminé contándole todo lo que había sido mi vida en los últimos tiempos. Luego, justo diez segundos antes de que Pedro asomara la cabeza y nos pidiera silencio, le dije que lo que de verdad necesitaba encontrar ahora, era una chica normal y corriente, para formar una pareja estable. Según lo iba diciendo, yo mismo me iba maravillando de lo pedorro, estúpido y convencional que sonaba. Afortunadamente, él se lo tomó un poco a cachondeo. Puso cara de ardilla y dijo "a lo mejor te puedo presentar a alguien..." Yo levanté el último chupito y dije: "Que sea chica ¿eh? chica. Chi-ca... ¿sabes lo que te digo? no quiero tíos ¿eh?... un chica con... eso... con... cosas de chica."
Mi brillante puntualización, su risa descontrolada y el irosalamierdahombreya de Pedro, es más o menos lo último que recuerdo de ayer anoche. Lo demás es una penumbra de gatos, colorines y sueños orujiles.
Ayer tuve otra noche de no dormir y mucho pensar. Una de esas de caballo salvaje y mono loco (pondría el enlace de lo que significan ambas cosas, pero lo leí en un blog que ya no existe). Las piernas me dolían mucho. Para no gastar el primer parche de morfina de la temporada, estuve dando paseos cortos por el pasillo y saliendo un poco a la terraza. No fue muy buena idea. En una de esas idas y venidas, tropecé con el tendedero plegable y desperté a Marc. Menos mal que fue a él. Lo de alimentarse a base de lechugas le da estabilidad de samurai. Si llego a despertar al otro con el caclinga-caclanga hubiera tenido un 60% de posibilidades de que me lo hiciera comer.
A Marc no le molestó el caclinga-caclanga. Al contrario. Me ayudo a recoger los calzoncillos del suelo, como un buen samaritano (los del tendedero, no los míos) y luego se interesó por mi insomnio y por mi daño, y me sirvió un chupito de orujo de su pueblo "para calmar el alma" (me gustó esa frase; calmar el alma).
Me bebí tres chupitos y cogí un melocotón de mucho cuidado. Él, por el contrario, debió de tragar ocho o nueve, y no se le inmutó ni una ceja. Carne no comerá, pero lo que es alcohol... se lo embute con la parsimonia y la destreza de un marinero irlandés.
Gracias a los 30º de graduación alcohólica, se me quitaron todos los daños (internos y externos) y terminé contándole todo lo que había sido mi vida en los últimos tiempos. Luego, justo diez segundos antes de que Pedro asomara la cabeza y nos pidiera silencio, le dije que lo que de verdad necesitaba encontrar ahora, era una chica normal y corriente, para formar una pareja estable. Según lo iba diciendo, yo mismo me iba maravillando de lo pedorro, estúpido y convencional que sonaba. Afortunadamente, él se lo tomó un poco a cachondeo. Puso cara de ardilla y dijo "a lo mejor te puedo presentar a alguien..." Yo levanté el último chupito y dije: "Que sea chica ¿eh? chica. Chi-ca... ¿sabes lo que te digo? no quiero tíos ¿eh?... un chica con... eso... con... cosas de chica."
Mi brillante puntualización, su risa descontrolada y el irosalamierdahombreya de Pedro, es más o menos lo último que recuerdo de ayer anoche. Lo demás es una penumbra de gatos, colorines y sueños orujiles.
Falta de sueño, dolor de pierna, ganas de alguien
"La última guerra fue con mando a distancia,
el dormitorio era un vagón de soldados
por más que llueva y valga la redundancia,
llueve sobre mojado.
Bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla,
uno y uno son demasiados,
bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla,
llueve sobre mojado.
Y, al final, sale un sol
incapaz de curar
las heridas de la ciudad,
Y se acostumbra el corazón
a olvidar..."
Es bueno ¿no? Las canciones de Sabina son perfectas para que alguien te despache con elegancia. Porque, sinceramente... si te tienen que romper el corazón, mucho mejor si lo hacen con la banda sonora adecuada, qué demonios...
Ví Harry Potter sin 3D, sin compañía y sin ositos de goma. Lo primero y lo segundo por obviedad y lo tercero porque soy el que siempre llega con la hora pegada al culo y nunca dispone de los dos minutos previos para palomitas y guarrerías. De todas formas no importó mucho. Era la sesión golfa de un domingo, así que en total sumábamos cinco solitarios en una minisala de trece filas. Nadie aplaudió. Nadie hizo ruiditos de emoción cuando salió la W metálica de warnerpotter. Nadie bisbiseó sobre quién moría y quién vivía al final del libro. Fuimos cinco espectadores muy silenciosos y muy tranquilos (o eso, o los otros cuatro estaban dormidos, dada la hora). Me gustó mucho y me divertí una jartá. De hecho, salí de allí como un niño con mazinzapatillas nuevas.
Me dieron las dos y no podía dormir, así que volví a entrar al irc. Recordé aquellos viejos tiempos del canal nepomuk, cuando entrábamos todos los malos bichos de este blog a lanzar partidas de trivial, y Nica nos daba unas palizas mortales. Para rememorar, intenté canales de trivial, pero me cansé pronto porque todo el mundo sabía mucho y yo más bien nada (nunca resulta divertido ser el más tonto del barrio). Luego me fui a otros más prosaicos. #Filosofía. #Literatura. #Amigos. Hacia las tres, estaba ya hasta los mondongos y seguía sin sueño. Pedro asomó las gafas por la puerta y dijo "¿duermes o qué?" y le dije "redescubro el irc-hispano". Entonces se sentó a mi lado y dijo "Te enseño golfeo. ¿De qué palo vas? ¿hetero? ¿gay? ¿bi? ¿travesti? ¿scat? ¿lol? ¿zoo?" y a mí se me pusieron las orejas como dos farolillos chinos. Y no sé por qué, si en realidad lo que pensara de mí un peluquero de perros con culo de pollo (el peluquero, no los perros) me la tenía que traer floja pero... en fín. Me corté más que una veganesa y le dije con voz de pito que mejor me iba a la cama porque ya era muy tarde.
Qué malos tiempos estos. Ni me encuentro, ni sé dónde demonios buscarme.
el dormitorio era un vagón de soldados
por más que llueva y valga la redundancia,
llueve sobre mojado.
Bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla,
uno y uno son demasiados,
bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla,
llueve sobre mojado.
Y, al final, sale un sol
incapaz de curar
las heridas de la ciudad,
Y se acostumbra el corazón
a olvidar..."
Es bueno ¿no? Las canciones de Sabina son perfectas para que alguien te despache con elegancia. Porque, sinceramente... si te tienen que romper el corazón, mucho mejor si lo hacen con la banda sonora adecuada, qué demonios...
Ví Harry Potter sin 3D, sin compañía y sin ositos de goma. Lo primero y lo segundo por obviedad y lo tercero porque soy el que siempre llega con la hora pegada al culo y nunca dispone de los dos minutos previos para palomitas y guarrerías. De todas formas no importó mucho. Era la sesión golfa de un domingo, así que en total sumábamos cinco solitarios en una minisala de trece filas. Nadie aplaudió. Nadie hizo ruiditos de emoción cuando salió la W metálica de warnerpotter. Nadie bisbiseó sobre quién moría y quién vivía al final del libro. Fuimos cinco espectadores muy silenciosos y muy tranquilos (o eso, o los otros cuatro estaban dormidos, dada la hora). Me gustó mucho y me divertí una jartá. De hecho, salí de allí como un niño con mazinzapatillas nuevas.
Me dieron las dos y no podía dormir, así que volví a entrar al irc. Recordé aquellos viejos tiempos del canal nepomuk, cuando entrábamos todos los malos bichos de este blog a lanzar partidas de trivial, y Nica nos daba unas palizas mortales. Para rememorar, intenté canales de trivial, pero me cansé pronto porque todo el mundo sabía mucho y yo más bien nada (nunca resulta divertido ser el más tonto del barrio). Luego me fui a otros más prosaicos. #Filosofía. #Literatura. #Amigos. Hacia las tres, estaba ya hasta los mondongos y seguía sin sueño. Pedro asomó las gafas por la puerta y dijo "¿duermes o qué?" y le dije "redescubro el irc-hispano". Entonces se sentó a mi lado y dijo "Te enseño golfeo. ¿De qué palo vas? ¿hetero? ¿gay? ¿bi? ¿travesti? ¿scat? ¿lol? ¿zoo?" y a mí se me pusieron las orejas como dos farolillos chinos. Y no sé por qué, si en realidad lo que pensara de mí un peluquero de perros con culo de pollo (el peluquero, no los perros) me la tenía que traer floja pero... en fín. Me corté más que una veganesa y le dije con voz de pito que mejor me iba a la cama porque ya era muy tarde.
Qué malos tiempos estos. Ni me encuentro, ni sé dónde demonios buscarme.
Tengo mazinzapatillas nuevas

Como me gusta comprarme idioteces de estas... El día que lleve ropa sin chuminadas, seré un poco menos yo.
He pasado la mañana con mi compañero de piso vegano. Le he preguntado si me llevaba a conducir un poco por esos mundos de dios y me ha dicho que sí, que encantado. Creo que es porque anoche me comí la vegamorcilla que hizo, sin rechistar. Seguro que es la primera vez que le pasa en siglos. Lo sé porque el de la peluquería de perros escupió su trozo en una servilleta y dijo diosssssss. Yo no. Con los frailes terminé muy curtido en lo de comer bazofia sin levantar el pescuezo del plato, así que sólo me lo tragué y le dije que era un sabor interesante. En cuestiones de comida soy muy educadito. Da gusto llevarme a conocer a los suegros.
Hemos estado conduciendo por la ciudad de la imagen y se me ha dado bastante bien porque no he atropellado a nadie ni nada. Me ha dicho que no entendía cómo no me habían aprobado aún. Qué majo y qué mentiroso. Como me ha dado buen rollo, le he contado lo de mi confusión con el veganismo y los oriundos de San Martín de la Vega y se ha descojonado un buen rato. Tanto que se nos ha olvidado echar gasolina y casi terminamos empujando el coche hasta Malasaña. Me hubiera gustado mirarle mejor los ojos porque los tiene cantidad de raros. Como dorados o algo así. Pero no me atrevo, por si acaso se piensa que le estoy tirando los tejos. Yo nunca haría eso. Nisiquiera con los/las que me gustan de verdad. Si miro hacia atrás, no sé cómo demonios he logrado tener tres parejas. Al final va a ser verdad que dios existe, y todo.
He hecho una paella en plan celebración de primer finde de convivencia. No le he echado nada con ojos, por aquello de mantener la armonía de la comunidad, pero aún así, el vegano ha comido con precaución y revolviendo mucho con el tenedor por si le atacaba algún trozo de pollo escondido que estuviera acechando detrás de una alcachofa. El de los perros no. Ese se ha zampado tres platos como un campeón y todavía me ha pedido un tupper para la facu de mañana. Empiezo a entender por qué su madre estaba tan contenta cuando le despidió en la puerta.
Hemos brindado con vino francés y hemos hablado de los mejores besos de nuestra vida. Yo he dicho que el mejor beso de mi vida me lo habían dado bajando la cuesta de las presillas de Cercedilla. El de los perros me ha preguntado sin había sido con lengua, así que le he servido más paella para que se callara un rato. El vegano se ha puesto triste recordando su mejor beso. Supongo que tiene el corazón roto. Espero que no haya sido por una pelirroja. Mi padre siempre decía que cuando una pelirroja te rompe el corazón, te lo rompe para siempre. Doy fe de que es cierto.
Creo que iré hoy al proyecciones a ver Harry Potter. Me compraré osos de goma y me esconderé detrás de las gafas 3D. Así vi Up ocho veces y sobreviví ¿no? Pues eso.
La disertación tonta de las dos y media
Todo ha empezado porque quería ver Harry Potter. No soy un harrypotteradicto. O más bien digamos que soy un harrypotteradicto con sentido de la crítica, porque la verdad es que la penúltima película, por muy fan que sea de la saga literaria, me pareció un coñazo espeso y soporífero. Quería ver esta última entrega para quitarme el mal sabor de boca, pero me he puesto a pensar y... no tengo con quien ir. Y revisando los números de la agenda, me he dado cuenta de que tampoco tengo a quién llamar para proponérselo. Y me he sentido un poco solo, claro. No es que yo sea de los que piensen que para vivir bien sea condición sin ecuanum estar emparejado con alguien. De hecho, no hace mucho un exblogger me llamaba "esquivo" por andar siempre sorteando citas, pero... bueno. Sí soy de los que piensan que para vivir bien es importante tener al menos una persona con la que conectes de forma mutua. Y la que yo tenía murió el 16 de mayo.
Así que una cosa ha llevado a la otra y he terminado entrando otra vez al irc.
El irc. Un clásico de antes de que empezara la pesadez de la redes sociales. No entiendo cómo alguna vez pude encontrar allí algo interesante. Menuda cueva de los horrores. Menuda panda de gañanes. Donantes de semen a piñón fijo, que los llamé no hace mucho. Sí... de esos hay a patadas, claro. Pero ni rastro de nadie con quien pueda apetecerte ir al cine. Nadie a quien invitaras a ver Harry Potter.
Creo que durante estos últimos años, he perdido la capacidad de relacionarme. Y ahora, aquí sentado, mirándome la punta de las zapatillas con el mundo a mi espalda, me hago la pregunta del millón.
¿Cómo? ¿cómo hago ahora para conocer a alguien?
Así que una cosa ha llevado a la otra y he terminado entrando otra vez al irc.
El irc. Un clásico de antes de que empezara la pesadez de la redes sociales. No entiendo cómo alguna vez pude encontrar allí algo interesante. Menuda cueva de los horrores. Menuda panda de gañanes. Donantes de semen a piñón fijo, que los llamé no hace mucho. Sí... de esos hay a patadas, claro. Pero ni rastro de nadie con quien pueda apetecerte ir al cine. Nadie a quien invitaras a ver Harry Potter.
Creo que durante estos últimos años, he perdido la capacidad de relacionarme. Y ahora, aquí sentado, mirándome la punta de las zapatillas con el mundo a mi espalda, me hago la pregunta del millón.
¿Cómo? ¿cómo hago ahora para conocer a alguien?
Anoché dormí cuatro horas
Al final no era un herpes, sino un arañazo de gato. Estoy tan acostumbrado a tener zarpas en las narices, que ya ni me entero de cuando me enganchan. No puedo distinguir de cuál de los tres ha sido, pero me jugaría un cachito de huevo a que el placer se lo debo al comecables. Es el que más interés pone últimamente en cuestiones de masacre. Cualquier día me despierto con una marca en la nalga que diga "Peyote estuvo aquí".
Ha llegado otro chico al piso. No quiere montar una peluquería de perros, ni tiene alergia a nada, pero es vegano. Me lo ha dicho así. Hola, me llamo Marc y soy vegano. Y lo ha dicho con tanta concisión, que por un momento (afortunadamente corto) he estado convencidísimo de que lo de "vegano" era porque había nacido en San Martín de la Vega. Luego, cuando le he preguntado que qué tal era ese pueblo para vivir y me ha respondido que no tenía ni puta idea, ya he empezado a pensar que quizá se refería a lo de no comerse nada que tenga cara y esas cosas. Así soy yo. Rápido y sagaz como un conejo (un conejo puesto de crack, claro...).
Como tiene los ojos cantidad de raros y yo quería caerle simpático (siempre quiero caer simpático a la gente con ojos raros. Son mi fetiche) he puesto cara de que lo del veganismo me interesaba mogollón. Craso error. He tenido que tragarme tres cuartos de hora de perorata sobre la injusticia de la explotación del hombre sobre el resto de las criaturas vivas del mundo mundial, así como un pormenor detallado de la actividad de una vaca media, desde el momento que nace, hasta que muere y se convierte en chuletas para los trogloditas zampabollos como yo. Y lo peor de todo, es que mientras hablaba, no podía quitarme de la cabeza el medio sandwich de tranchette con jamón, que había dejado a medio comer esta mañana en la nevera.
Así que ese ha sido nuestro comienzo. Él hablando del sufrimiento de las vacas del mundo y yo pensando en tranchettes con jamón.
Sea como fuere, ha llenado su trozo de nevera de cosas raras que no había visto antes en mi vida y me ha dicho que mañana me preparará una morcilla de berenjena y una ensaladilla vegetal con "veganesa", que es como la mayonesa de toda la vida, pero en asqueroso. Se ha puesto muy contento y emocionado porque ha visto que tenía tres gatos. Creo que ha dado por hecho que al ser amante de los animales, podía convertirme al veganismo en un pispás. No sé bien cómo. Preparándome sobrasada de soja y poniéndome pantalones de lino, o algo así. El pobre no sabe que soy de los otros. De los que aman a los animales con una mano y con la otra se ponen ciegos de chaskys facundo.
No sé cómo demoños voy a disimular mañana el asco de comerme una morcilla de berenjena.
Ha llegado otro chico al piso. No quiere montar una peluquería de perros, ni tiene alergia a nada, pero es vegano. Me lo ha dicho así. Hola, me llamo Marc y soy vegano. Y lo ha dicho con tanta concisión, que por un momento (afortunadamente corto) he estado convencidísimo de que lo de "vegano" era porque había nacido en San Martín de la Vega. Luego, cuando le he preguntado que qué tal era ese pueblo para vivir y me ha respondido que no tenía ni puta idea, ya he empezado a pensar que quizá se refería a lo de no comerse nada que tenga cara y esas cosas. Así soy yo. Rápido y sagaz como un conejo (un conejo puesto de crack, claro...).
Como tiene los ojos cantidad de raros y yo quería caerle simpático (siempre quiero caer simpático a la gente con ojos raros. Son mi fetiche) he puesto cara de que lo del veganismo me interesaba mogollón. Craso error. He tenido que tragarme tres cuartos de hora de perorata sobre la injusticia de la explotación del hombre sobre el resto de las criaturas vivas del mundo mundial, así como un pormenor detallado de la actividad de una vaca media, desde el momento que nace, hasta que muere y se convierte en chuletas para los trogloditas zampabollos como yo. Y lo peor de todo, es que mientras hablaba, no podía quitarme de la cabeza el medio sandwich de tranchette con jamón, que había dejado a medio comer esta mañana en la nevera.
Así que ese ha sido nuestro comienzo. Él hablando del sufrimiento de las vacas del mundo y yo pensando en tranchettes con jamón.
Sea como fuere, ha llenado su trozo de nevera de cosas raras que no había visto antes en mi vida y me ha dicho que mañana me preparará una morcilla de berenjena y una ensaladilla vegetal con "veganesa", que es como la mayonesa de toda la vida, pero en asqueroso. Se ha puesto muy contento y emocionado porque ha visto que tenía tres gatos. Creo que ha dado por hecho que al ser amante de los animales, podía convertirme al veganismo en un pispás. No sé bien cómo. Preparándome sobrasada de soja y poniéndome pantalones de lino, o algo así. El pobre no sabe que soy de los otros. De los que aman a los animales con una mano y con la otra se ponen ciegos de chaskys facundo.
No sé cómo demoños voy a disimular mañana el asco de comerme una morcilla de berenjena.
¿Y para qué quieres comentarios si no comentas?
Creo que me está saliendo un herpes en el labio superior. Qué estupendo. Sumado al rapado y los ojos hinchados, voy a resultar más agradable a la vista que un gato con caspa.
Mañana hay elecciones sindicales en mi empresa. Como estoy en Artística (me encanta decir eso. Artística. Parece que hago cosas bonitas y superguais, cuando en realidad lo más creativo que hago son pajaritas de papel con los post-it), el jefe me ha llamado para encargarme unos carteles de ENTRADA y SALIDA con sus respectivas flechitas a los lados. Soy un artístico de los que se meten donde no les llaman, así que he preguntado de qué sitio exactamente quería entrar y salir, y me ha contestado que los quería para la cabina de votación; esa especie de armario con cortinilla chunga que se usa en el voto supersecreto.
Le he dicho a mi jefe que era muy probable que los votantes supieran entrar en la cabina solitos, y que igualmente, era poco posible que luego no pudieran salir, y tuvieran que quedarse a hacer noche detrás de la cortinilla, pero se ha puesto muy serio y me ha respondido que hiciera los carteles y punto. Cuando mi jefe dice "y punto", uno sabe que no debe andarse con coñas si no quiere terminar descargando cajas en Valdemoro, pero como soy un irresponsable, he prolongado mi risa de conejo un poco más allá, y me ha dedicado una de sus miradas feroces tipo "ya te daré entre las orejas cuando los de riesgos laborales no estén mirando".
Al despedirme, me ha dicho que quizá debería afiliarme al sindicato en las próximas elecciones porque les faltaba gente "con iniciativa". Sé que lo que le hubiera gustado decir exactamente es "alli les falta un idiota y aquí me sobra otro", pero claro... no ha podido porque es jefe y hubiera quedado feo tratar así a un pobre cespino con herpes. Vamos... que seguro que los del sindicato no lo hubieran aprobado.

Dejo documento gráfico de que es verdad que hago papiroflexia en el trabajo. Concretamente, mi escarabajo de la patata y mi araña amazónica, sobre el teclado del mac que ahora mismo debería estar usando para maquetar los carteles de la cabina. Que no se diga que uno no tiene dedos ágiles cuando es menester (o sea, cuando no hace ni puñetera falta).
Ha empezado el dolor. Me avisaron que no tardaría en llegar. Bueno. Por ahora lo aguanto sin parches. Las marchas del coche las puedo confundir, pero lo que es mi umbral de dolor... me lo conozco como la palma de la mano. Puedo con más.
Mañana hay elecciones sindicales en mi empresa. Como estoy en Artística (me encanta decir eso. Artística. Parece que hago cosas bonitas y superguais, cuando en realidad lo más creativo que hago son pajaritas de papel con los post-it), el jefe me ha llamado para encargarme unos carteles de ENTRADA y SALIDA con sus respectivas flechitas a los lados. Soy un artístico de los que se meten donde no les llaman, así que he preguntado de qué sitio exactamente quería entrar y salir, y me ha contestado que los quería para la cabina de votación; esa especie de armario con cortinilla chunga que se usa en el voto supersecreto.
Le he dicho a mi jefe que era muy probable que los votantes supieran entrar en la cabina solitos, y que igualmente, era poco posible que luego no pudieran salir, y tuvieran que quedarse a hacer noche detrás de la cortinilla, pero se ha puesto muy serio y me ha respondido que hiciera los carteles y punto. Cuando mi jefe dice "y punto", uno sabe que no debe andarse con coñas si no quiere terminar descargando cajas en Valdemoro, pero como soy un irresponsable, he prolongado mi risa de conejo un poco más allá, y me ha dedicado una de sus miradas feroces tipo "ya te daré entre las orejas cuando los de riesgos laborales no estén mirando".
Al despedirme, me ha dicho que quizá debería afiliarme al sindicato en las próximas elecciones porque les faltaba gente "con iniciativa". Sé que lo que le hubiera gustado decir exactamente es "alli les falta un idiota y aquí me sobra otro", pero claro... no ha podido porque es jefe y hubiera quedado feo tratar así a un pobre cespino con herpes. Vamos... que seguro que los del sindicato no lo hubieran aprobado.

Dejo documento gráfico de que es verdad que hago papiroflexia en el trabajo. Concretamente, mi escarabajo de la patata y mi araña amazónica, sobre el teclado del mac que ahora mismo debería estar usando para maquetar los carteles de la cabina. Que no se diga que uno no tiene dedos ágiles cuando es menester (o sea, cuando no hace ni puñetera falta).
Ha empezado el dolor. Me avisaron que no tardaría en llegar. Bueno. Por ahora lo aguanto sin parches. Las marchas del coche las puedo confundir, pero lo que es mi umbral de dolor... me lo conozco como la palma de la mano. Puedo con más.
El dos de hoy
Mi casero se cae a trozos de viejo pero tiene una mente limpia para las finanzas. Su abogado cabrón me ha sangrado todo lo que ha querido y más con el contrato y he tenido que discutir una de las cláusulas sobre el seguro. Deberíamos inventarnos algún sistema de castas por el que los supermillonarios no vivieran más allá de los 75 años. Que llegada la edad, se los pasara a todos por una picadora de albóndigas. Anda que no habría ricos de 74 repartiendo billetes por la calle...
Estas chorradas sólo se me ocurren cuando estoy nervioso. Y lo estoy. No sé si lo del seguro es legal o no. No sé si he hecho bien en firmar el contrato o no. No sé nada. Me siento anímicamente solo y perdido.
Pedro (voy a empezar a llamarle por su nombre porque lo del culo hacia afuera es muy largo) me ha dicho que es alérgico al plátano, a la avellana, a los bichos esos del polvo, a las arizónicas, al polen, a las nueces de macadamia, a los epiteliales de roedor y a la caspa de gato. Me he quedado un poco en trance mientras me soltaba toda la lista. Sobre todo con lo de la caspa. Los perros no sólo van a la peluquería, sino que los gatos tienen caspa. Qué cosas... Este chico es un pozo de sabiduría pelomascotil.
Le he prometido lavar a los gatos con H&S y ha soltado (por fin) un poquito de risa. No mucha. Sólo una pizca, para no malacostumbrarme, supongo.
No me gusta como se está coloreando mi vida económica. Voy a tener que alimentarme de macarrones y salchichas mayer durante los próximos cinco años. Creo que debería casarme y compartir gastos. Voy a poner un anuncio en el segundamano pidiendo ricas herederas. Ricas herederas poco exigentes que no tengan alergia a la caspa de gato. Y considerando la pinta que tengo con esta cabeza... mejor ciegas.
Estas chorradas sólo se me ocurren cuando estoy nervioso. Y lo estoy. No sé si lo del seguro es legal o no. No sé si he hecho bien en firmar el contrato o no. No sé nada. Me siento anímicamente solo y perdido.
Pedro (voy a empezar a llamarle por su nombre porque lo del culo hacia afuera es muy largo) me ha dicho que es alérgico al plátano, a la avellana, a los bichos esos del polvo, a las arizónicas, al polen, a las nueces de macadamia, a los epiteliales de roedor y a la caspa de gato. Me he quedado un poco en trance mientras me soltaba toda la lista. Sobre todo con lo de la caspa. Los perros no sólo van a la peluquería, sino que los gatos tienen caspa. Qué cosas... Este chico es un pozo de sabiduría pelomascotil.
Le he prometido lavar a los gatos con H&S y ha soltado (por fin) un poquito de risa. No mucha. Sólo una pizca, para no malacostumbrarme, supongo.
No me gusta como se está coloreando mi vida económica. Voy a tener que alimentarme de macarrones y salchichas mayer durante los próximos cinco años. Creo que debería casarme y compartir gastos. Voy a poner un anuncio en el segundamano pidiendo ricas herederas. Ricas herederas poco exigentes que no tengan alergia a la caspa de gato. Y considerando la pinta que tengo con esta cabeza... mejor ciegas.
El uno de hoy
Hala. Ya es oficial. Estoy calvo. Bueno, calvo, calvo... no. Tengo una especie de minicésped craneal de ese por el que no te cansas de pasar los dedos. El chico del culo hacia afuera me ha dicho que le recuerdo a un muñeco cespino. Como no sabía lo que era un muñeco cespino, lo he buscado en internet y he encontrado esto así que ahora el chico del culo hacia fuera me cae un poquito peor que ayer. Es lo que tenemos los cespinos, que somos algo rencorosos.
El nuevo corte de pelo no me sienta nada bien por mi problema de muchoojoypocacara sobre el que ya he escrito en ocasiones anteriores. La verdad es que eso ahora mismo me importa un cojón de mono porque ya no quiero gustar a nadie, pero lo que si me importa un huevo de mono, e incluso el mono entero, es que tengo que llevar las orejas desnudas bajo un frío de 3ºC. Cuando he llegado al trabajo esta mañana se me habían puesto de un colorcillo cianótico cantidad de curioso. Lástima no tener más calzoncillos de esos desteñidores de azul. Así habría llevado los huevos a juego.
Tengo que buscarme un gorrito de esos absurdos como el que lleva el hermano de Penélope Cruz. En alguna de mis cajas de mudanza tiene que haber uno que deseché en su momento porque me daba aspecto de condón con botas. A ver si lo encuentro.
Me voy a ver al casero para lo del contrato. Luego seguiré, porque seguro que tengo un nuevo motivo para lloriquear. Intuyo malas vibraciones.
El nuevo corte de pelo no me sienta nada bien por mi problema de muchoojoypocacara sobre el que ya he escrito en ocasiones anteriores. La verdad es que eso ahora mismo me importa un cojón de mono porque ya no quiero gustar a nadie, pero lo que si me importa un huevo de mono, e incluso el mono entero, es que tengo que llevar las orejas desnudas bajo un frío de 3ºC. Cuando he llegado al trabajo esta mañana se me habían puesto de un colorcillo cianótico cantidad de curioso. Lástima no tener más calzoncillos de esos desteñidores de azul. Así habría llevado los huevos a juego.
Tengo que buscarme un gorrito de esos absurdos como el que lleva el hermano de Penélope Cruz. En alguna de mis cajas de mudanza tiene que haber uno que deseché en su momento porque me daba aspecto de condón con botas. A ver si lo encuentro.
Me voy a ver al casero para lo del contrato. Luego seguiré, porque seguro que tengo un nuevo motivo para lloriquear. Intuyo malas vibraciones.
Me duele mi pierna de lunes y mi cabeza de domingo
No he deshecho ni una sola caja. Qué pereza me da. Si yo fuera millonario tendría empleados para hacer todas las cosas absurdas que me dan pereza en esta vida. Deshacer cajas de mudanza... cambiar la ropa de verano por la de invierno... sacar los papelitos de telechino del buzón... girar las plantas para que les vaya dando el sol por todos los lados... girar a los gatos para que les vaya dando el sol por todos los lados... girarme a mí para que me vaya dando el sol por todos los lados...
Tengo que poner a mi nombre el gas y la luz, y como todas las cosas que no he hecho en mi vida, me parece un mundo. No sé por dónde empezar. Casi estoy por quedarme frío y a oscuras hasta que se me pase esta etapa de dispersión mental. De hecho, lo haría si no fuera porque no estoy seguro de que no sea un estado permanente. No sé cómo se apaña el universo para traerme siempre todos los cambios cuando menos preparado estoy para ellos. Tampoco me apetece la reunión con el casero el martes. No tengo ganas de discutir claúsulas, realizar gestiones, ni firmar contratos. Tengo ganas de ponerme el pijama y meterme bajo el edredón de star wars a comer galletas oreo y ver episodios de Los Simpson.
Galletas oreo, pijama de asteroides, y un edredón fosforescente. Vaya cuadro. Sólo me falta el anillo de castidad y el flequillo de un Jonas Brother para ser el perfecto teen disneydiota. Y luego me extraño de que no enamore a nadie. Sólo con que me mirara un poco el ombligo, la verdad es que yo tampoco me querría ni regalado. ¿Quién coño hace la idiotez de comprarse un edredón fosforescente? ¿en qué momento me dió por pensar que lo usaría a la luz del día? Uno de mis propósitos para el año nuevo 2011 será esperar 24 h. antes de tomar una decisión precipitada.
He conocido a otro chico del piso. Se llama Pedro. Tiene los incisivos separados, los pies enormes y anda con el culo hacia fuera, así que me recuerda un poco a Bugs Bunny. Se da un aire extraño. Habla poco y cantidad de despacio. Dice que el sueño profesional de su vida es montar una peluquería de perros. Una peluquería de perros... Yo nisiquiera sabía que los perros fueran a la peluquería. Quizá porque pienso que todos son como mi difunto Pucho, que se hubiera comido tranquilamente al peluquero, con maquinilla y cepillos incluidos y luego lo habría vomitado encima del edredón fosforescente.
Estoy pensando en raparme la cabeza. Creo que lo haré esta noche, si logro desenterrar la maquinilla del fondo de mi caja de puñetas.
Qué poco ha durado mi propósito de año nuevo, coño... Tendré que buscarme otro. Necesito cambios drásticos para pillar reprise en el arranque. Sólo si no miro hacia atrás, evitaré darme hostiones irrecuperables.
Tengo que poner a mi nombre el gas y la luz, y como todas las cosas que no he hecho en mi vida, me parece un mundo. No sé por dónde empezar. Casi estoy por quedarme frío y a oscuras hasta que se me pase esta etapa de dispersión mental. De hecho, lo haría si no fuera porque no estoy seguro de que no sea un estado permanente. No sé cómo se apaña el universo para traerme siempre todos los cambios cuando menos preparado estoy para ellos. Tampoco me apetece la reunión con el casero el martes. No tengo ganas de discutir claúsulas, realizar gestiones, ni firmar contratos. Tengo ganas de ponerme el pijama y meterme bajo el edredón de star wars a comer galletas oreo y ver episodios de Los Simpson.
Galletas oreo, pijama de asteroides, y un edredón fosforescente. Vaya cuadro. Sólo me falta el anillo de castidad y el flequillo de un Jonas Brother para ser el perfecto teen disneydiota. Y luego me extraño de que no enamore a nadie. Sólo con que me mirara un poco el ombligo, la verdad es que yo tampoco me querría ni regalado. ¿Quién coño hace la idiotez de comprarse un edredón fosforescente? ¿en qué momento me dió por pensar que lo usaría a la luz del día? Uno de mis propósitos para el año nuevo 2011 será esperar 24 h. antes de tomar una decisión precipitada.
He conocido a otro chico del piso. Se llama Pedro. Tiene los incisivos separados, los pies enormes y anda con el culo hacia fuera, así que me recuerda un poco a Bugs Bunny. Se da un aire extraño. Habla poco y cantidad de despacio. Dice que el sueño profesional de su vida es montar una peluquería de perros. Una peluquería de perros... Yo nisiquiera sabía que los perros fueran a la peluquería. Quizá porque pienso que todos son como mi difunto Pucho, que se hubiera comido tranquilamente al peluquero, con maquinilla y cepillos incluidos y luego lo habría vomitado encima del edredón fosforescente.
Estoy pensando en raparme la cabeza. Creo que lo haré esta noche, si logro desenterrar la maquinilla del fondo de mi caja de puñetas.
Qué poco ha durado mi propósito de año nuevo, coño... Tendré que buscarme otro. Necesito cambios drásticos para pillar reprise en el arranque. Sólo si no miro hacia atrás, evitaré darme hostiones irrecuperables.
Queda inagurado este pantano con la 253
En el salón de mi abuela Regina había un papel pintado como este que he puesto de fondo. En mi cuarto no. En mi cuarto había pintura verde con moho en las esquinas. La abuela Regina no me dejaba entrar al salón de las filigranas azules, porque decía que se ensuciaba y si descubría rastros míos en alguna parte de la casa que no fuera el cuarto del moho verde, me daba un bofetón que me temblaban hasta las orejas. Por eso he puesto este fondo en el blog. Es mi particular corte de mangas a la difunta abuela Regina. Ahora tengo un blog con papel pintado para plantarle todos los dedazos que quiera. Y además pongo las zapatillas encima de las sábanas. Halatomayá. Que le den a las abuelas brujas del mundo mundial.
Me lo he pasado muy bien haciendo esta horterada de plantilla. Dejo un montón de cosas nuevas de blogger pendientes de explorar, y un pie de página un poco descuadrado, pero ya me ha cansado de hacer clics, así que... buscaré otro día de paciencia para terminar de encajar los ladrillos. O mejor... lo dejaré así y me aguantaré con mis asimetrías.
He hecho muchas cosas estas últimas dos semanas. He estado en la fiesta de Halloween de Port Aventura. He llorado mucho. Me he autoregenerado. He vuelto a enfermar y he cambiado de casa. Todavía tengo a mis pies un montón de cajas con etiquetas a rotulador que dicen "libros", "zapatillas", "videojuegos", "ropa verano", "puñetas". En la caja de puñetas es donde meto todas las cosas que no logro encajar en ningún grupo o género. Supongo que si hubiera dioses dirigiendo el cotarro del universo, a mí también me terminarían metiendo en la caja de puñetas.
Ayer me dolía mucho la pierna. Para intentar relajar el músculo, me di un baño en la bañera gigante con las sales que compré a la casper gallega. El agua salía casi fría, así que tuve que llenar la bañera a base de barreños, como en la época de María Antonieta. Terminé tan hasta las pelotas de ir y venir, que cuando estuvo llena, vacié los tres frascos de sales a la vez, para asegurarme de no poder preparar en el futuro ningún baño más. Craso error. Eso de mezclar lilas con menta, mandarina y canela, dejó un tufazo en el ambiente que casi me revienta el hipotálamo. Mientras estaba ahí zambullido mirándome la punta de los pies entre espumas multirraciales, fue cuando se me ocurrió que tenía que cambiar la plantilla al blog y volver a escribir, antes de que se me oxidara algo.
Yo jamás dejaré que se me oxide nada. Va en contra de mis principios.
Me lo he pasado muy bien haciendo esta horterada de plantilla. Dejo un montón de cosas nuevas de blogger pendientes de explorar, y un pie de página un poco descuadrado, pero ya me ha cansado de hacer clics, así que... buscaré otro día de paciencia para terminar de encajar los ladrillos. O mejor... lo dejaré así y me aguantaré con mis asimetrías.
He hecho muchas cosas estas últimas dos semanas. He estado en la fiesta de Halloween de Port Aventura. He llorado mucho. Me he autoregenerado. He vuelto a enfermar y he cambiado de casa. Todavía tengo a mis pies un montón de cajas con etiquetas a rotulador que dicen "libros", "zapatillas", "videojuegos", "ropa verano", "puñetas". En la caja de puñetas es donde meto todas las cosas que no logro encajar en ningún grupo o género. Supongo que si hubiera dioses dirigiendo el cotarro del universo, a mí también me terminarían metiendo en la caja de puñetas.
Ayer me dolía mucho la pierna. Para intentar relajar el músculo, me di un baño en la bañera gigante con las sales que compré a la casper gallega. El agua salía casi fría, así que tuve que llenar la bañera a base de barreños, como en la época de María Antonieta. Terminé tan hasta las pelotas de ir y venir, que cuando estuvo llena, vacié los tres frascos de sales a la vez, para asegurarme de no poder preparar en el futuro ningún baño más. Craso error. Eso de mezclar lilas con menta, mandarina y canela, dejó un tufazo en el ambiente que casi me revienta el hipotálamo. Mientras estaba ahí zambullido mirándome la punta de los pies entre espumas multirraciales, fue cuando se me ocurrió que tenía que cambiar la plantilla al blog y volver a escribir, antes de que se me oxidara algo.
Yo jamás dejaré que se me oxide nada. Va en contra de mis principios.
Bienvenidos a Noviembre
Anoche me senté todo emocionado a ver la tele en busca de los maravillosos festivales de terror que las cadenas televisivas nos suelen regalar las noches de Halloween. Cagada total. No había festivales maravillosos. En realidad, nisiquiera había festivales. Y eso contando con que tengo la televisión ordinaria (nunca mejor dicho), la TDT y el canal plus completo, lo cual debe sumar unos... no sé... ¿sesenta canales? pues nada. Ni un solo miedo digno en ninguno de ellos (salvo los terrores habituales, tipo tertulia de chicas con tetas enormes, viejas repintadas y maricas malas). Al final, terminé viendo "Habitación 1408" de John Cusack. Miedo no pasé, pero me regodeé con lo fondón y estropeado que se ha quedado el pobre Cusack con la edad que no perdona.Vaya mierda de película. Hice palomitas y me la tragué sin dormirme. No por su interés, sino por una ensalada de queso de cabra que se me había quedado sin digerir en el píloro ese mediodía.
Me dí un poco de pena, ahí solo y tirado viendo una película tan cutre. Pero es una estampa que pega perfectamente con mi estado de ánimo vital de los últimos días. Si alguien me hubiera escupido, habría sido ya el culmen perfecto.
Casi tengo ganas de trabajar mañana. Y de volver a conducir. A ver si el profesor saolín me miente otra vez sobre lo bien que lo hago y me vuelvo a querer un rato.
Me dí un poco de pena, ahí solo y tirado viendo una película tan cutre. Pero es una estampa que pega perfectamente con mi estado de ánimo vital de los últimos días. Si alguien me hubiera escupido, habría sido ya el culmen perfecto.
Casi tengo ganas de trabajar mañana. Y de volver a conducir. A ver si el profesor saolín me miente otra vez sobre lo bien que lo hago y me vuelvo a querer un rato.
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