Me hubiera gustado ser mejor para ti

Tenía muchos planes para mis tres días de vacaciones. Sin embargo, está claro que lo único que se debe esperar es precisamente lo inesperado.

Ahora mismo escribo este minipost desde mi cama, con el portátil sobre las rodillas. Llevo aquí metido desde el domingo a mediodía, debido a una gastroenteritis vírica, una inflamación hepática leve y una contractura en la espalda. Así han pasado mis tres días de vacaciones. Yo... la almohada... el techo... el primperan...

Nuevamente, la vida se vuelve un círculo perfecto, y el año que comenzó siendo una mierda termina igualmente como una mierda, cerrándose sobre sí mismo. Así que creo que es cierto eso de que todos somos matemática pura.

Mi árbol de Navidad continúa en alguna caja de las que se amontonan a mi espalda. Supongo que ya se quedará allí hasta las próximas navidades, que serán bastante menos absurdas y desnudas que estas. Sobre todo porque cuando has bajado mucho, ya no puedes más que subir.

O eso espero.

Sólo los locos leen blogs el día de Navidad

Cené con Miguel, con Ana y con un par de miembros de su familia. Comimos un 250% más de lo que nuestros cuerpos demandaban, pero dió igual porque la Navidad es siempre para ir contra natura. ¿No tienes dinero? pues a comprar. ¿Ya no tienes hambre? pues a comer. ¿Tu cuñada te espanta? pues a darle cuatro besos. Es lo que es, y todos lo aceptamos sin rechistar, porque así nos enseñaron desde pequeños. Y si alguien se niega, le compadecemos y le llamamos grinch.

Quise hacer solomillos rellenos de torta del casar, pero terminé haciendo suela de zapatilla rellena de algo disuelto e indefinido con sabor a queso. No importó mucho porque los mojitos sí me salieron bien, y eso nos bloqueó pronto la mente y las papilas gustativas. Pusimos el vídeo que me rodaron en port aventura al subir al furious baco y nos reimos mucho con mi cara de maestro yoda con ataque de epilepsia. Cuando llegamos al brindis, Miguel tuvo la desafortunada idea de decir "venga... por Teo, donde quiera que esté." Y entonces, se hizo el silencio y ya toda la alegría se nos fue por algún lado. En ese momento comprendí por qué este año no he sido aún capaz de colgar ni solo un adorno de Navidad. Yo soy así. Estoy lleno de síntomas que tardo semanas en llegar a reconocer y siempre, siempre, resulto un jodido misterio para mí mismo.

Espero que el año que viene sea todo mejor. Para mí. Para los que están conmigo.

Y sobre todo, espero estar aquí.

Casi que me gusta más el mundo contigo

He enchufado tres cd's de villancicos populares en el mac, para amenizar navideñamente el departamento. Hoy todos mis compañeros, a excepción del Sr. Mariano que está operado del tímpano y sólo oye por un lado, me odian un poco.

Anoche vino Mikel a buscarme al trabajo, para acompañarme con el coche bajo la lluvia. Nos cayó la del pulpo. Litros y más litros de agua, corriendo M30 abajo. Cuando llegó el momento de aparcar también llegó el momento del drama. Una calle estrecha, agua a mares, retrovisores completamente ciegos y yo ahí... dando para delante... dando para detrás... dando para adelante... dando para detrás... La fila de noventa coches que formé tras de mí empezó a pitarme y cuanto más me pitaban, más nervioso me ponía y más seguía paradelanteparadetrás, con alguna calada de motor por enmedio. Mikel mientras a mi lado, con expresión de mayordomo inglés y sin mediar palabra. Al final, cuando ya empezaban a escucharse algunos insultos, se desabrochó el cinturón, salió muy parsiomoniosamente, me quitó el mío, me sacó cogido de los hombros como quien saca a un niño, me puso debajo de un soportal para que no me mojara, volvió al coche, enseñó el dedo corazón a todos los que pitaban, gritó un "queosjodanimbéciles ¿noveislaele?", se subió y aparcó en un nanosegundo pim-pam. Luego sacó mi mochila, cerró el coche, vino hasta el soportal y me dijo "Ya está ¿todo bien?"

Mikel es mi héroe. Quiero regalarle algo especial para Navidad, para agradecerle lo de ayer. Aún no se me ha ocurrido el qué, pero me daré de plazo hasta mañana. Después de 14 arreborriquitos y 16 peromiracomobeben, la verdad es que no se le queda a uno la mente precisamente despierta.

El Sr. Mariano acaba de mirarme. Creo que ya me odia él también.

Esta te la debo, Capitán Pinto

El chico de Krypton me ha pillado el blog. Así... con nocturnidad y alevosía. Desde los comics de flickr ha seguido mirando por aquí... por allá... y halavenga... se ha topado con los nepomundos y se ha enterado de que le llamo superhéroe y de que me fijé en que no le asomaba el nacimiento del culo mientras colocaba la verja de la terraza. Son los inconvenientes de ser un bocazas irresponsable en un medio público. Que de vez en cuando viene alguien, te pilla en plena nepochuminada y hala... a poner cara de paisaje y decir eso de "anda... ¿tú por aquí? ¡qué pequeño es el mundo!" mientras esperas que te caiga la primera hostia.

He tenido mogollón de suerte con eso de que sea un superhéroe, porque en vez de ponerme cara de perro y pedirme que no vuelva a hablar de él (que era lo que hacía J.), ha sido cantidad de majo y me ha dicho todo dulce y guay, que debería dedicarme a escribir libros porque tengo madera de escritor.

No sé cuántos hombres habrá como él en este mundo. Probablemente dos, y uno sea monje tibetano en el Himalaya, así que estoy pensando muy seriamente hacerle una petición de mano formal. La virginidad ya no puedo entregársela (eso que se gana, el pobre) pero tengo otras cosas igualmente importantes y significativas, que puedo darle de corazón, como muestra de mi entrega y devoción futura. El minimister potato... el gato satánico... la playstation con el juego de Naruto...

Bueno, no... el Naruto no, que aún no lo he terminado. Pero vamos... mi llavero luminoso de Super Mario con sonido incorporado... ¡todo suyo!

He llegado y no me he matado ni nada

Y he hecho un asco de aparcamiento. Que más que aparcado, parece talmente que alguien haya soltado el coche desde arriba.

Creo que el minimisterpotato trae suerte. Lo siento por él, pero desde hoy se queda en el tanque azul a hacerme compañía para siempre jamás. Miguel se ha sentado encima cuando se ha subido al coche. Como se lo ha clavado en el culo se ha enfurecido un pelín. Ha movido mucho las manos y ha dicho "¿no puedes alguna vez hacer cosas de chico normal?". Yo le he preguntado que qué cosas hacían los chicos normales y ha puesto los ojos en blanco y ha suspirado, como toda respuesta.

Supongo que los chicos normales aparcan recto y no tienen potatos en la mochila. Y ponen verjas en las terrazas a la primera... y no se inflan a bonito con tomate... y no tienen papás noeles trepadores, ni se compran tanques cuando no tienen ni el carnet.

Creo que yo también soy un poco de Krypton, como Mikel, solo que no en plan bien. Yo soy de Krypton en plan "especie subdesarrollada que se ha quedado sin evolucionar". Como los lagartos esos absurdos de Avatar, que daban vueltas en el aire sobre sí mismos.

Bah.. me da igual. He llegado solo. Que viva la madre superiora.

Necesito un Wilson

No hemos puesto nada aún. Ni una bolita. Ni un niño jesús. Ni un niño jesús con bolitas. Nada. Estamos de un perro que hasta yo mismo me sorprendo. Les he dicho que del jueves no pasa que colgamos algo por algún sitio. Y ellos me han mirado desde el sofá y han dicho "bueeeeeno...ya se veráaaa..."

Sólo el perfecto Mikel me entiende. Él sí que pone cara de preocupación y hace como que le importa mogollón que no haya arbolito con churiburris. Incluso se ha ofrecido a ayudarme a montar y desmontar el circo, una vez pasado Reyes. Es más majo que las pesetas, Mikel. No sé qué demonios hace fuera del planeta Krypton. Ayer le enseñé mis idioticomics de cuando Jimpomuk y no se descojonó a mi costa ni me dijo que ya era muy zángano para esas cosas. Por el contrario, se mostró encantado y me llamó "caja de sorpresas". Le pregunté si quería casarse conmigo un día de estos, antes de que me matara con el coche. Se rió mucho y dijo "pues mi madre estaría encantada..."

Mira que lo dudo...

En estos momentos escribo desde el trabajo. Cuando salga, tengo que llegar desde Mirasierra a la Plaza de España yo solito. He contado las incorporaciones cabronas que tengo que salvar, y son tres. Llevo todo el día con los huevos por corbata y siento una especie de vacío existencial en la boca del estómago (sé que es existencial porque acabo de zamparme dos platos de bonito con tomate, como un campeón y todavía me ha cabido una chirimoya y tres polvorones de coco). Me siento pequeño, solo y desamparado en mi tanque azul. Ojalá alguien quisiera venir conmigo. Pensé en traerme alguno de los gatos para que me acompañara pero temí la reacción de mi jefe al descubrir otra vez la gatera bajo la mesa. Ya he cumplido mi cupo de estupideces laborales en lo que va de año; una más podría ser letal. Además... qué cojones... Debo afrontar la prueba como un hombre. Con decisión, valentía y madurez.

O afrontarla como un Ariel Nepomuk y colocar el minipotato que llevo en la mochila en el asiento del copiloto, fingiendo que me da conversación hasta Moncloa.

Vale... Mejor como un Nepomuk. Sin duda.

Y ojalá tuviera dinero para navidear lejos de aquí

Pasada la euforia de la maldita L, vuelvo a caer un poco cuesta abajo. Dos días algo triste y con desánimo. No se me prevee una buena Nochebuena, supongo. No sé por qué me da en la nariz que este año no va a haber milagro de Navidad. En fin... brindaré por un enero que no se parezca mucho a diciembre y esperaré paciente. Nunca se sabe.

He estado conduciendo todo el día de la ceca a la meca. He ido y he vuelto del trabajo cuatro veces. Salvo una casihostia por cruzarme de carril cuando no debía, todo ha ido bien. Miguel iba a mi lado haciendo de navegador, pero con mala leche. "A la derecha..." "Sigue recto..." "¡¡He dicho recto pordiossssssss!!..."
Le he dicho que me acojonaba un pelín lo de plantarme solo ante el volante el lunes. Se ha ofrecido a venir conmigo hasta el trabajo y luego volverse al suyo en autobús. Miguel es cantidad de bueno conmigo. Si tuviera que donarle alguna víscera, lo haría sin dudar (aunque por su bien, espero que llegado el momento tenga opciones de visceras en mejor estado, y sin sobredosis de donettes crunchis, como las mías).

Todavía no hay armonía entre el tanque azul y yo. Me veo alto y absurdo. Como un piojo en el enterprise. Y la gente me pita, me azuza y me asusta en cada esquina. Bueno... tiempo al tiempo. Le echaré paciencia y procuraré no matarme más de lo que sea necesario.

Mañana vamos a adornar la casa con churiburris navideños. Miedo de da. Somos un conflicto de intereses en tres direcciones distintas. Pedro es partidario de la decoración elegante y minimalista, Marc de la sencilla y rústica y yo... bueno... yo, cuando empiece a sacar mis bolsas de luces, mi arbolito giratorio, mi papanoel trepador y mis parachines y tachundas, más me valdrá mantenerme a una distancia prudencial si de verdad quiero llegar entero e igual de hortera a las navidades del 2012.

Qué maja ella...

... Tan cuadradita... tan brillante... tan verde... tan terroríficamente cara...

Curioso es el destino. Al final me ha ido a aprobar el mismo examinador que me suspendió la primera vez. El pobre aquel al que hice rebotar contra el techo en el bache del polígono mostoleño. Y además me ha llevado exactamente por la misma ruta. Eso demuestra mi teoría de que esta vida es circular y termina por cerrarse en sí misma, a modo de pim-pam-aquínohapasadonadayvolvemosaempezar.

Lo cual no quita que cuando oyera su inconfundible voz repipinasal decirme desde el asiento de atrás "cuando esté listo, empezamos, Ariel..." se me pusiera el escroto (que afortunadamente ya no duele) a la altura de las orejas, claro...

Estoy seguro de que el hecho de que estemos en estado de alarma y yo conduzca, tiene que tener algún tipo de relación psicocósmica.

Es una suerte que el mundo no esté hoy en mis manos

Ayer tuve la comida de Navidad de la empresa. Mezclé veinte clases de licores distintos y me cogí un cebollazo de mucho cuidado. Luego, a eso de las seis de la tarde, compré una botella de campari y me fui a casa de Jesús.  Allí nos bebimos cada uno dos camparis con soda, y nos fumamos dos petas. Cuando dieron las nueve, mi cebollazo ya había subido a la categoría de cebollón. Me empezaron a doler los huevos (literalmente) y me fui para casa. Una vez en mi cama, tuve un par de visiones alucinógenas, en las que talmente parecía que me salían llamas azuladas de las manos. En vez de salir al pasillo dando alaridos de a-mi-la-legión (que hubiera sido lo suyo), me quedé un buen rato moviendo mis llamas de mentira y riéndome. Esa insensatez absurda demuestra que, para entonces, el cebollón ya había alcanzado cotas de megapedal. Esta mañana me he despertado a las doce del mediodía. Mis manos ya no echan fuego psicodélico y son tan aburridas como las demás manos del mundo mundial. A estas alturas de la tarde, aún no he sido capaz de quitarme el dolor de cabeza, y los huevos me siguen doliendo como en una pulsación constante. Tic... tic... tic... No sé si hay alguna relación entre el campari y el dolor de escroto. Será cuestión de esperar a que los científicos de la NASA hagan el estudio pertinente. 

La naturaleza del comportamiento social es sabia. Si repitiéramos estas cosas ya pasada la frontera de los cuarenta años, estoy convencido de que ninguno llegaríamos vivos a los cincuenta.

Jesús me estuvo enseñando el diseño web que está preparando para mis comics. Yo nisiquiera sabía que hubiera empezado a trabajar en ello, así que me pilló por sorpresa. Lo que ya no me pilló tan por sorpresa es que fuera cojonudo. En lo suyo, Jesús siempre ha sido un auténtico genio. La página es ágil, elegante e innovadora, y el tratamiento de los comics me supone mucho menos trabajo que el que hacía antes, que tenía que montar yo mismo viñeta por viñeta y bocadillo por bocadillo. Le dije que estaba pensando en qué dibujar y él palmeando las manos dijo "¡déjate de pensar y venga! ¡dibuja, dibuja, dibuja...! ¡y escribe! ¡que necesitamos material!". El gesto de apremio me hizo mucha gracia. Le dije "¿Y tú qué? ¿no vas a ayudar?" y contestó "Ah no, no puedo. Yo sólo me encargo de la infraestructura."
Es lo que tienen los auténticos genios. Gastan más morro que una coral de travestís soplándola en do mayor.

Vale, pues... ea. Tengo que escribir, crear, grabar, inventar, dibujar... dejar el campari...

Habemus nueva web. Jimpomuk digievoluciona. Yipi-yipi-yey.

Tequila, Tripi, Peyote y el anorak color caca

Peyote está raro. No ha querido comer, no ha roto nada y anda por las esquinas demasiado ñoño conmigo. Temo que esté enfermo. Pedro dice que no puedo estar siempre dando la brasa porque el gato no se esté quieto y luego volver a darla porque un día sí lo está. Tiene un poco de razón. Por un motivo u otro, Peyote es siempre mi sinvivir.

En estos momentos, Marc y el superhéroe Mikel están colocando tela de rejilla verde en la barandilla de la terraza, para evitar que Peyote practique el vuelo sin motor. Antes lo he intentado yo (colocar la reja, no el vuelo sin motor) pero el bricolage casero se me da tan bien como cosechar boniatos de madagascar. Después de unas cuantas maldiciones, un puñadito de arañazos, y algún desolle de dedo, he decidido abandonar y dejar las cosas de hombres diestros a los hombres diestros.

Estoy mirando a Mikel desde la ventana mientras fija las abrazaderas. Me hubiera molado verle desollarse una mano para poderle bajar del limbo de los héroes y volverle un poco más humano, pero ná... Parece talmente que hubiera salido del útero de su madre colocando rejilla para la terraza. Y no sólo eso. Tampoco se le ha despeinado ni un rizo, ni ha enseñado el nacimiento del culo al agacharse, como los fontaneros, ni... nada. Ahí está. Perfectamente perfecto, con su pelo perfecto, su mandíbula perfecta y sus vaqueros perfectos, como todas las veces que le he visto. Ayer por la noche fuimos al cine a ver las crónicas de Narnia. Teníamos a un grupo de chicas detrás que no paraban de mirarle, cuchichear, y soltar risitas. Al darse la vuelta, chocó con una de ellas. La sujetó de la muñeca y dijo "perdóname, niña...¿te he hecho daño?". La chica casi se desmaya. Creo que todos pudimos oir las pulsaciones de su vena ahorta galopando hasta el corazoncito.

No entiendo qué coño hace conmigo. Me gustaría poder averiguarlo. Poder preguntarle directamente por qué pierde el tiempo con un piojo de gorro-condón y anorak color caca, cuando podría tener a cualquier ser humano sexy y deseable del mundo mundial comiendo de la palma de su mano. Pero me faltan confianza y huevos. Además, cuando se lo pregunto a Marc, se encoge de hombros y dice "No sé. Siempre ha estado solo."

Quien sabe. A lo mejor posee oscuros defectos insalvables. A lo mejor es el que echa los pollitos a la trituradora de la fábrica de caldo Starlux, o guarda en el salón el cadáver disecado de su madre dormitando sobre una batterfly pillow. Pedro dice que probablemente sea boyscoutt honorífico y yo su buena acción de diciembre. Es muy majo, Pedro. Muy ingenioso. Una lástima eso de que no use su destreza mental en cosas mas útiles. Como por ejemplo... el suicidio.

Chorraditas de despuentes

Tengo otro de mis ataques de perezosis, según parece. Y además, un pequeño follón entre los post que escribo en el portátil y los que escribo en el ordenador de mesa. Mi universo es una mezcla de postsporaquí/postsporallá, todos ellos sin publicar. Bueno. Hoy dejo un par de chorradas. Tengo que limpiar mi trastero mental. La estantería de la cabeza, que decía mi abuela.

He descubierto que además de a Conchita, también odio a Pitingo. Y tampoco sé por qué, pero me produce el mismo sentimiento de asesinato. De querer hacer callar esa bocaza (o boquita en el caso de Conchita) para siempre.

También he descubierto que la última canción de Shakira es aún peor que las anteriores. Ya no es una choni con tacones de aguja magnética. Ahora es una choni loca por su tigre que lo tienes tó y yo ni un kikí. O sea... ahora es una choni en claro retroceso. Creo que le falta muy, muy poquito para salir en los videoclips con botines blancos y los autos de choque de Parla al fondo. Eso sí, para que no nos demos cuenta de que esa mierda es una mierda, el poderoso papá discográfica, nos pincha la cancioncita ochocientas veces al día en tooooodas las cadenas, para que poco a poco se nos enganche en el cerebelo y podamos ir todos por el metro canturreando "loca-loca-locaaaa..." y hasta meneando un poquito las caderas al alimón.

Shakira por tus niños... vuelve... que nos has dejado muy solitos... que esto es un sinvivir... que para lo del pop mostoleño ya teníamos a Merche, mujer...

Ando preocupado por Peyote. Le he pillado encaramado a la barandilla de la terraza. Son seis pisos. Seis en picado, hasta el suelo, y sin toldos de por medio. Si se cae, se me revienta frente a la parada del 16. Y lo que con otros gatos funciona (sprays de agua... ruido de aspiradora... mecagoentusmuertosvenaqui...) con él resulta inútil. No le tiene miedo a NADA. Con la aspiradora juega. Con los sprays de agua, se refresca. Y con los mecagoentusmuertos se divierte. Vamos... que según le estoy sujetando para asesinarlo, él se dedica a morderme la punta de la nariz en plan "oleolejuergaquebien". Ya no sé qué coño inventarme. Esto no es un gato. Es la reencarnación de Charles Manson. Como siga por ese camino, no veré más solución que cortarle los huevos antes del tiempo aconsejado. Mejor un gato gordo prematuro, que uno que tenga que despegar del asfalto con una rasqueta.

Tchsk... con lo feliz que sería yo si criara periquitos, coño...

Mh.. tengo que hablar de Mikel. Pero como nunca había conocido a un superhéroe pues... mejor le dedico un post entero. Mañana. O pasado. O... algún día.

Tengo un trozo de corazón fuera de aquí

De verdad que me apetece amor. No amor canalla. Ese te pasa por encima demasiado rápido. Me apetece amor del otro. Del que te vuelve guapo de repente, de un día para otro. Me vendrían muy bien unos cuantos gramos de amor de ese, sí. Lo sé porque llevo dos días con ganas de chocolate, y siempre que tengo ganas de chocolate, en realidad tengo ganas de besos de los que van en serio.

Esta noche tengo una cita ciega, sorda y muda, con un ingeniero que come cosas con cara y no colecciona hormigas. Las citas ciegasordasmudas no son muy buena idea cuando uno anda con hambre sentimental. Sueles terminar haciendo tonterías, y metiéndote en cepos de los que ya no puedes salir al día siguiente, por mucho que tires en dirección contraria.

Mi cepo se llama Mikel. Y espero que sea tan ciego, sordo y mudo como nuestra cita.

Hace muchísimo frío. Me he puesto el plumas marrón abrochado hasta la nariz. Y bufanda y gorrito absurdo. Marc me dice que esa no es pinta para ligar. Le digo que ya lo sé, y me guardo una tableta de toblerone en el bolsillo. "Para el cine". Se desespera conmigo. "¿Cómo que el cine? ¿vas a ir al cine? ¿quién se puede conocer bien en el cine?" Yo me calo el gorro hasta las orejas. "Nadie. Nadie se conoce en el cine. Pero yo voy, igualmente." Mientras cierro la puerta de mi habitacion le oigo darme la última voz. "¡Es la última cita que te puedo conseguir! ¿oyes? ¡así que tú veras!".

Me alegro de que el gorro me tape los ojos. No tengo ganas de ver los de Mikel, cuando me pare en la taquilla del Proyecciones y saque el toblerone.

Para que salgas de dudas, pelirroja

No se han muerto. Un grado bajo cero y nisiquiera se han amoratado. Ni se han ahogado con la lluvia, ni nada de nada. Creo que estoy criando una raza biónica de superhormigas. Que en algún momento romperán el cristal en plan Increíble Hulk y seguirán cavando túneles en mi yugular. Y que Marc me encontrará reseco y tieso, como la madre de Norman Bates y Hugo le preguntará "vale, las hormigas se lo han comido pero... ¿están bien? ¿siguen cavando túneles? ¿se han reproducido? ¿ha muerto alguna?"

No me gusta Hugo. No me apetece. Su amigo hace muchos aspavientos y me dice que está bueno y que es inteligente y simpático. Que qué mas quiero. Yo le digo que no puedo con lo de las hormigas y las verduras. Porque Hugo también es vegano, ojo... Que según parece lo del veganismo es un clan. Que uno se hace vegano y de pronto se apelotona con veinte veganos más, como los electrones de nuestras clases de física. Y que me parece genial que cada uno coma lo que le da la gana pero... eso de imaginarme un futuro de calabacines y alcaparras me deprime un poco, coño. Que ya es bastante gris la vida como para que encima le quitemos los entrecots al cabrales.

Dice Marcos que va a buscarme a otro que coma cosas con cara y no coleccione hormigas. Asombrado me tiene. Este chico es como un netmeeting, pero con alpargatas de cáñamo. La vida es así. Unos coleccionan hormigas y otros bisexuales solteros desengañados buscando plan.