Aaaaaaaaaahjajajajaja... ¡pues no era mi último post!
Karloszeta está en plan secreto alimentario nocheviéjico absoluto y no me deja entrar en la cocina. Puede que sólo esté afilando los cuchillos para desollarme, pero lo cierto es que toooooda la casa huele a gloria bendita. No distingo a qué. Como a sofritito rico... marisquito a la plancha... cebollita rehogada con algo... yo que sé. Me da igual. Si me tiene que matar que no sea antes de cenar porque tengo un hambre de lobo y estoy hasta el culo de zampar aceitunas rellenas (única cosa que he podido arramblar antes de que se percatara de mi presencia en la cocina y me echara a golpes de cuchara).
¿Qué más iba a decir? mh... ah sí... que he vuelto porque se me ha olvidado felicitar el año como la gente normal, que escribe blogs normales y no pone nombres idiotas a los animales (por cierto... el loro se llama Winston). Así que... Feliz Año nuevo. He llorado, he sufrido y he tenido la felicidad absurda más luminosa del planeta, así que yo, particularmente, lo despido con pena.
Y con un hambre de dos pares de cojones.
PD. Vargas sigue vivo