Ha habido suerte. Mucha, mucha suerte, porque no era un buen momento para ponerme a matar bichos sanguíneos. Necesito concentrarme en otro tipo de cosas más inmediatas, como dónde dormir, con qué pagar las facturas, cómo domesticar al peor gato del mundo...
Ayer a las cuatro de la madrugada se subió encima de la nevera y se dedicó a tirar imanes con la zarpa para ver como se destrozaban contra el suelo. El de París, el de Portugal, el que me regaló Teo que llevaba su nombre... Todos. Con cada zip-crash se fue acelerando de tal manera que para cuando pude llegar a la cocina, de los 12 imanes que había, en pie y entero sólo quedaba uno. Y mientras le llevaba cogido entre las manos pensando si estrangularle o meterle en el microondas, él, en lugar de agazaparse y asustarse, iba jugando a morderme los dedos. Porque no sólo es satánico, no... Es satánico e inasequible al desaliento. Para él no existe el "game over". Para él el mundo entero es un inmenso, inabarcable e inconmensurable PLAY AGAIN.
De verdad que no sé qué hacer con él. Estoy hasta las pelotas de castigarle, de perseguirle, de arrancarle de la chepa de los otros dos pobres sufridores. Pasan las semanas, pasan las castraciones y él sigue igual de cabronazo. Jesús tenía razón, nunca debí llamarle Peyote. El nombre hace a la mascota. El próximo gato que tenga tendrá que llamarse Gandhi o Mandela. En esta tribu ya no cabe más maldad. Con este hemos llenado el cupo para los próximos diez años.
Si por lo menos no fuera tan simpático el maldito... si no fuera tan dulce, tan divertido, tan sociable, tan mimable... al menos me quedaría el consuelo de ahogarlo en la bañera sin el más mínimo cargo de conciencia. Pero no. Encima es mi favorito, el muy cabrón. Que no necesita más que mirarme con ese hocico de rata chunga que tiene, para que se me haga el culo pepsicola. Y claro, así va el mundo... Dividido entre cabrones encantadores y gilimemos que nos dejamos encantar.
En realidad, más o menos esa ha sido la constante de mi vida sentimental.
Apunte a vuelapluma
Bueno, a ver...
Me han detectado tres microtumores en la rodilla derecha. La rodilla buena. La que hasta ahora se había librado de toda guerra, a excepción de caminar por dos cuando la izquierda no me funcionaba. Reacciono bien ante las malas noticias médicas. Equilibro las emociones y pienso en positivo. Aunque esta vez no lo he hecho mucho, la verdad. Y por eso me avergüenzo un poco de mí mismo. Si pudiera autocastigarme, lo haría. Sólo que ahora no encuentro nada peor que autoinfringirme, salvo quitarme las gominolas. Así de limitadas son las alegrías de mi realidad actual.
Vuelvo a hacer cajas porque pronto tendré que irme. Más o menos, en cuanto encuentre a dónde. Esta sensación de incertidumbre en todo lo que me rodea me trae recuerdos de la infancia.
Y si entonces sobreviví... ahora también puedo.
Me han detectado tres microtumores en la rodilla derecha. La rodilla buena. La que hasta ahora se había librado de toda guerra, a excepción de caminar por dos cuando la izquierda no me funcionaba. Reacciono bien ante las malas noticias médicas. Equilibro las emociones y pienso en positivo. Aunque esta vez no lo he hecho mucho, la verdad. Y por eso me avergüenzo un poco de mí mismo. Si pudiera autocastigarme, lo haría. Sólo que ahora no encuentro nada peor que autoinfringirme, salvo quitarme las gominolas. Así de limitadas son las alegrías de mi realidad actual.
Vuelvo a hacer cajas porque pronto tendré que irme. Más o menos, en cuanto encuentre a dónde. Esta sensación de incertidumbre en todo lo que me rodea me trae recuerdos de la infancia.
Y si entonces sobreviví... ahora también puedo.
Pues eso
No es que mi diario se haya quedado en stand-by. En realidad es mi vida la que lleva unos cuantos días en stand-by. Las cosas siempre suceden así. A veces parece que calbaguemos los días en un pura sangre con estusiasmo y grititos de cowboy y otras veces parece que simplemente esperamos con cara de paisaje a que alguien nos preste un burro. Y yo llevo unos cuantos días de estos últimos.
He perdido la pista del superhéroe. Al final creo que debió asustarse en algún punto entre el anorak marrón caca y mi destreza para el aparcamiento. Bueno... eso me vuelve a poner encima de mi propósito sentimental para el 2011: Buscarme alguien para formar una pareja tranquila, ñoña y convencional. El quid de la cuestión es que ni me gustan las personas tranquilas, ni las ñoñas, ni las convencionales, así que... como que lo llevo claro. Y si a eso sumo que no abultó na, que no tengo biceps (o si los tengo, pero no sé muy bien dónde), que sufro de exceso de gatos y que no tengo donde caerme muerto... más me vale apuntarme a un club de baile de salón y probar con la gente de setenta que es mucho menos exigente que la de mi quinta y bastante más compasiva.
Es horrible esto de hacer una lista de pros y contras que pudieran interesar a alguien. Tan horrible que lo único que encuentro de "pro" es que conmigo no tendrían suegra.
Últimamente pienso en cambiarme de piso. Y eso también es horrible porque aún no he abierto todas las cajas de la última mudanza. Siento que no cuadro muy bien con Marc, ni con Pedro. Básicamente porque ellos son chicos normales y yo no. A mí me cuesta lo de dormir de día y vivir de noche. Me cuesta lo de las chicas a las cinco de la madrugada vomitando en mi cuarto de baño. Me cuesta lo de los 58 botellines de cerveza cada mañana de viernes en el suelo de la cocina. Me cuesta lo de asimilar a Thomas Hobbes con los Black Eyed Peas de fondo a toda hostia. Me cuesta, en definitiva, meter rutina en una convivencia de tres donde dos no la quieren ni en pintura.
Los días que me esperan me dan mucha pereza. Mucha, mucha, muuuuucha pereza.
He perdido la pista del superhéroe. Al final creo que debió asustarse en algún punto entre el anorak marrón caca y mi destreza para el aparcamiento. Bueno... eso me vuelve a poner encima de mi propósito sentimental para el 2011: Buscarme alguien para formar una pareja tranquila, ñoña y convencional. El quid de la cuestión es que ni me gustan las personas tranquilas, ni las ñoñas, ni las convencionales, así que... como que lo llevo claro. Y si a eso sumo que no abultó na, que no tengo biceps (o si los tengo, pero no sé muy bien dónde), que sufro de exceso de gatos y que no tengo donde caerme muerto... más me vale apuntarme a un club de baile de salón y probar con la gente de setenta que es mucho menos exigente que la de mi quinta y bastante más compasiva.
Es horrible esto de hacer una lista de pros y contras que pudieran interesar a alguien. Tan horrible que lo único que encuentro de "pro" es que conmigo no tendrían suegra.
Últimamente pienso en cambiarme de piso. Y eso también es horrible porque aún no he abierto todas las cajas de la última mudanza. Siento que no cuadro muy bien con Marc, ni con Pedro. Básicamente porque ellos son chicos normales y yo no. A mí me cuesta lo de dormir de día y vivir de noche. Me cuesta lo de las chicas a las cinco de la madrugada vomitando en mi cuarto de baño. Me cuesta lo de los 58 botellines de cerveza cada mañana de viernes en el suelo de la cocina. Me cuesta lo de asimilar a Thomas Hobbes con los Black Eyed Peas de fondo a toda hostia. Me cuesta, en definitiva, meter rutina en una convivencia de tres donde dos no la quieren ni en pintura.
Los días que me esperan me dan mucha pereza. Mucha, mucha, muuuuucha pereza.
Ya tengo regalos de reyes como el resto del mundo mundial
No me he muerto ni nada. Es que he estado jugando con mi pizarra de dibujitos. No he aprendido mucho, pero me lo he pasado muy bien haciendo chuminadas gore. Hoy voy a empezar a dibujar viñetas. Le dije a Jesús "mañana empiezo con la pizarra" y se descojonó. Dice que lo de "pizarra" le trae una imagen mía agarrado al pizarrín y la tiza, con baby de colegio. Vale... tengo que acordarme de que no se llama pizarra, sino tableta gráfica (estos puristas del diseño... tchsk...). Bueno, pues eso. Que hoy empiezo con la pizarra (digo con la tableta). A ver si mañana puedo ya publicar algo.He tenido más regalos de los que molan. La bolsa verde es genial. Me recuerda a la vieja mochila militar que arrastraba yo de internado en internado. Falta que me quepa la botella de agua de litro, las zapatillas converse, el libro de 700 páginas y la psp. Lo sabremos mañana. Miguel dice que hubiera resultado mucho más práctico regalarme una maleta de ruedines, como la que llevan los niños, con algún dibujito de Naruto. Ana le ha dicho que no, porque me cargaría las ruedas en dos días de tropezar con ellas.
Esa es la imagen que tienen mis amigos de mí. Una especie de subnormal con mochila de colegio y pizarrín. Saberlo ayuda mogollón a mi autoestima, sí señor.
Lo del Ghosts's Gobblin para la psp (que es esa caja que brilla y no se ve ná) me ha llegado al alma. Sé muy bien que es difícil de encontrar. Le he dicho a Ana que en justa correspondencia, pediría su mano en matrimonio dentro de cinco años, siempre y cuando ninguno de los dos estuviéramos para entonces comprometidos con nadie. Ella me ha respondido que si eso era un premio o una amenaza. No lo entiendo. Yo sería un marido genial. No me gusta el fútbol, tengo tarjeta descuento en videojuegos, sé subsistir una semana con un paquete de macarrones y no meo fuera de la taza del water.
Vale... lo último es mentira. En realidad no existe el hombre que no se mee alguna vez fuera de la taza del water. Las prolongaciones humanas no se han hecho para ser controladas con pulso firme, y menos a las seis de la mañana de un martes.
Ehm... ¿qué más? ah, sí... que lo de Peyote jorobando el montaje de la foto ha sido involuntario. El pobre es incapaz de pasar más de cuatro minutos sin dar por culo. Va en contra de su naturaleza. Y lo más trágico es que ya no quedan huevos que cortarle.
Anoche Marc me llevó a una fiesta de cumpleaños en un bar gay. No tengo palabras. O sí las tengo, pero se me está quemando el paquete de macarrones de hoy así que mejor lo dejo para mañana. O para más tarde. O para medaigualyatengomipizarra. Digo tableta.
Nepomuk y nomedejanverlatele
Estoy nervioso porque vienen los Reyes y me han chivado que van a traerme una tableta gráfica. Uau... una tableta gráfica para dibujar como los mayores. Estoy hecho un machote. Así los comics que antes me costaba dibujar ocho horas, ahora me costarán... mmmh... msbmsbmsb... unos ocho días.
Eso haciendo un cálculo aproximado de lo que tardo yo en aprender a manejar cualquier cosa que se enchufa, el descontrol añadido de "dibujas aquí, pero te sale por allá", las intervenciones de los gatos en su papel de "todos a por el palito que se mueve" y mi 75% de chico bipolar que sube tan deprisa como inmediatamente se hostia.
Da igual. Jesús ya me ha explicado mil veces las bonanzas del diseño digital y me ha dicho que con trazados vectoriales podríamos hacer dibujos animados de mis viñetas. Dibujos animados. Yo, dibujos animados. Quemociónpordios...
Bueno, sí... Será mejor empezar primero por los que se están quietos. Lo sé, lo sé...
Quénerviospordiosquenervios...
Y yo regalando hormigódromos de segundo ojo. Voy a ir a infierno de cabeza. Fijo.
Eso haciendo un cálculo aproximado de lo que tardo yo en aprender a manejar cualquier cosa que se enchufa, el descontrol añadido de "dibujas aquí, pero te sale por allá", las intervenciones de los gatos en su papel de "todos a por el palito que se mueve" y mi 75% de chico bipolar que sube tan deprisa como inmediatamente se hostia.
Da igual. Jesús ya me ha explicado mil veces las bonanzas del diseño digital y me ha dicho que con trazados vectoriales podríamos hacer dibujos animados de mis viñetas. Dibujos animados. Yo, dibujos animados. Quemociónpordios...
Bueno, sí... Será mejor empezar primero por los que se están quietos. Lo sé, lo sé...
Quénerviospordiosquenervios...
Y yo regalando hormigódromos de segundo ojo. Voy a ir a infierno de cabeza. Fijo.
Nepomuk y la falta de fe
Bueno, pues todo vuelve a la normalidad después de la amputación. El gato satánico sigue satánico, el paranoico sigue paranoico, la mala pécora, sigue mala pécora y yo sigo besando las zarpas que me desollan con el amor y la entrega de una matrona italiana. Snifs... qué bonito todo...
Hoy vienen los reyes magos caminito de Belén. Quería haberles hecho regalos a los gatos, pero luego he pensado que eso era demasiado imbécil hasta para mí, así que me he limitado a los seres humanos que me importan de forma directa. Miguel, Ana, Jesús, Mikel y el señor de las chuches del puesto de la esquina.
Al de las chuches (a ver si os creiáis que iba de coña) le voy a encasquetar el hormigódromo como me llamo Ariel Nepomuk. Con los demás ya me he esforzado un poco más. Sobre todo con Miguel, que le debo horas, horas y más horas de paciencia copilotar al volante del tanque azul. Le he comprado una diana de dardos electrónica, un juego de pinpong y un videojuego de matar zombies con pistola pumpumpum. Ana dice que tengo mucho hocico porque siempre regalo cosas de las que luego me puedo aprovechar. Yo le digo que eso son infundias y falacias, y que en lo único que me baso a la hora de elegir un regalo es en la psicología del destinatario, la configuración básica de su personalidad, sus necesidades físicas y/o materiales, y aquellas ilusiones que haya dejado patentes en nuestros últimos seis meses de contacto.
A ella le he comprado un Power Ranger.
Hoy vienen los reyes magos caminito de Belén. Quería haberles hecho regalos a los gatos, pero luego he pensado que eso era demasiado imbécil hasta para mí, así que me he limitado a los seres humanos que me importan de forma directa. Miguel, Ana, Jesús, Mikel y el señor de las chuches del puesto de la esquina.
Al de las chuches (a ver si os creiáis que iba de coña) le voy a encasquetar el hormigódromo como me llamo Ariel Nepomuk. Con los demás ya me he esforzado un poco más. Sobre todo con Miguel, que le debo horas, horas y más horas de paciencia copilotar al volante del tanque azul. Le he comprado una diana de dardos electrónica, un juego de pinpong y un videojuego de matar zombies con pistola pumpumpum. Ana dice que tengo mucho hocico porque siempre regalo cosas de las que luego me puedo aprovechar. Yo le digo que eso son infundias y falacias, y que en lo único que me baso a la hora de elegir un regalo es en la psicología del destinatario, la configuración básica de su personalidad, sus necesidades físicas y/o materiales, y aquellas ilusiones que haya dejado patentes en nuestros últimos seis meses de contacto.
A ella le he comprado un Power Ranger.
Pido perdón por cambiar ocho veces cada post
... es que soy así. De natural insatisfecho y tocapelotas.
Peyote ya está en casa. Tiene las pupilas como paelleras, y lleva haciendo ochos entre mis piernas cerca de un cuarto de hora, pero por lo demás... no ha reaccionado para nada como reaccionó Tripi. No parece estar ni traumatizado, ni asustado, ni cabreado, ni pollas en vinagre (con perdón). Yo diría que incluso tiene ganas de juerga porque hace un momento casi me ahorca jugando a trincar los cordones de mi sudadera (es lo que tienen los anticristos, que nisiquiera inflados a ketamina descansan). Me quito un peso de encima. Eso demuestra mi teoría de que, al igual que los seres humanos, cada gato tiene su propia personalidad.
Ahora que le tengo entre los brazos y que vuelvo a jugar con él a "desollemos la mano que te da de comer" me doy cuenta de que le quiero demasiado. Una mierda lo de querer demasiado a alguien. Pase lo que pase, siempre estás vendido.
Ojalá lleváramos un termostato de potencia en el corazón, como los microondas.
Peyote ya está en casa. Tiene las pupilas como paelleras, y lleva haciendo ochos entre mis piernas cerca de un cuarto de hora, pero por lo demás... no ha reaccionado para nada como reaccionó Tripi. No parece estar ni traumatizado, ni asustado, ni cabreado, ni pollas en vinagre (con perdón). Yo diría que incluso tiene ganas de juerga porque hace un momento casi me ahorca jugando a trincar los cordones de mi sudadera (es lo que tienen los anticristos, que nisiquiera inflados a ketamina descansan). Me quito un peso de encima. Eso demuestra mi teoría de que, al igual que los seres humanos, cada gato tiene su propia personalidad.
Ahora que le tengo entre los brazos y que vuelvo a jugar con él a "desollemos la mano que te da de comer" me doy cuenta de que le quiero demasiado. Una mierda lo de querer demasiado a alguien. Pase lo que pase, siempre estás vendido.
Ojalá lleváramos un termostato de potencia en el corazón, como los microondas.
Qué lata doy cuando doy lata
Mi propósito de año nuevo de 2010 fue sacarme el carnet de conducir. Creo que es el primero que cumplo en mi vida, así que debería aprovechar eso de que estoy en racha y hacer unos cuantos para el 2011. Por ejemplo, ser menos perro con el blog cuando me da por ser perro con el blog.
Hoy castran a Peyote. Yo quería esperar a que cumpliera ocho o nueve meses, pero por lo visto él no, porque lleva cinco días intentando montar a todo lo que se cruza en su camino sin distinción de sexo, raza y morfología, y sin respeto ninguno a la voluntad ajena. O dicho sin tanta palabrería cursi... cinco días en plan machopollas kamikaze siteparas-telameto. Y no es que yo esté en contra del sexo libre (dios me ídem), pero teniendo una gata sin castrar a bordo, como que es mejor meter tijera que terminar el 2011 pastoreando rebaños de gatos. Que si ya me cuesta controlar a tres, no quiero ni pensar lo que sería hacerlo con dieciocho. Como que ya directamente les quitaría el whiskas y dejaría que me fueran devorando los deditos de los pies en turnos de a dos.
Tengo el corazón estrujado. Espero que todo salga bien y que me lo devuelvan igual de devastador que era antes. A pesar de todas las veces me quejo, en el fondo me mola todo eso de tener un gato tipo villano Marvel. Así mantengo mis alertas de supervivencia en forma.
Mh... bueno, vamos a los recordatorios de días pasados.
Nochebuena. Comí demasiado. Bebí demasiado. Hablé demasiado. Me regalaron unas converse de piel blancas y las estrené metiéndome en el barro hasta el corvejón. No sé aparcar. La gente hace cola detrás de mí y me insulta.
Navidad. Comí demasiado. Bebí demasiado. Enfermé. Sigo sin saber aparcar. Siguen insultándome.
Nochevieja... y esto requiere más detalle. También bebí demasiado para hacer una performance de Nicolas Cage en Living Las Vegas, pero no me salió de todo bien, porque sigo teniendo hígado (más o menos). Hubo una fiesta en casa con mucha gente bebiendo, bailando, riendo, comiendo, gritando... Como el exceso de caras desconocidas me acojona, me escondí en la terraza de antenas con un trozo de turrón de almendra y una botella de freixenet. Me acordé de Ulises y su buhardilla mágica y le eché un poco de menos. Luego eché de menos a unos cuantos más y me puse tonto, hasta que subieron veintemil chicas borrachas de la fiesta de abajo y me despejaron la tontería en un pispás. En realidad no eran veintemil, sino ocho. Pero con las risas, los gritos y las voces de pito, era como si cada una se multiplicara en mi cabeza por treinta. La más sensual de todas, se me sentó enfrente con despatarre de contorsionista cirquense y me obsequió una visión panorámica de sus bragas moradas. Mis orejas debieron de ponerse moradas al alimón porque la chica me guiñó un ojo y dijo "si me cantas algo me las quito".
El por qué la pobre mujer llegó a la conclusión de que yo podía cantar es para mí un absoluto misterio. A lo mejor porque de llevar el gorro condón se me había quedado el mismo pelo de mamarracho que a Justin Bieber. Da igual... sea como fuere, en aquel momento la fiesta, las ocho chicas que gritaban como veintemil, las bragas moradas y el mundo en general, me importaban un cojón de mono, así que mascullé un bueno-ahoravengo, agarré mi freixenet y bajé a encerrarme en mi cuarto con los gatos. Por el camino me interceptó Marc y me dijo "¡Hey, NO! ¡tú no puedes irte porque Pedro ha traído a unos gays!". Él no estaba borracho (recordemos que bebe como un marinero irlandés), pero aquella me pareció la frase más idiota que me habían dicho durante los últimos diez años y parte de los anteriores, así que sonreí, dije "ahvale-ahoravengo" y me encerré a cal y canto en la habitación (es lo que tienen mis ahora-vengo. Hay que acompañarlos siempre de un subliminal pero-nomeesperes).
No me enteré de las campanadas. Cuando José Mota todavía se estaba abrochando la pajarita, yo ya estaba dormido como un tronco, abrazado a dos gatos y un anticristo copulador. A las cuatro y pico me despertó un petardo y aproveché para terminar de ponerme tonto y llorar un poco por todo lo bueno y lo malo que me había pasado durante los últimos 365 días.
Mh... ¿y qué más? ah, sí... que sigo sin saber aparcar.
Y... que me siguen insultando.
Hoy castran a Peyote. Yo quería esperar a que cumpliera ocho o nueve meses, pero por lo visto él no, porque lleva cinco días intentando montar a todo lo que se cruza en su camino sin distinción de sexo, raza y morfología, y sin respeto ninguno a la voluntad ajena. O dicho sin tanta palabrería cursi... cinco días en plan machopollas kamikaze siteparas-telameto. Y no es que yo esté en contra del sexo libre (dios me ídem), pero teniendo una gata sin castrar a bordo, como que es mejor meter tijera que terminar el 2011 pastoreando rebaños de gatos. Que si ya me cuesta controlar a tres, no quiero ni pensar lo que sería hacerlo con dieciocho. Como que ya directamente les quitaría el whiskas y dejaría que me fueran devorando los deditos de los pies en turnos de a dos.
Tengo el corazón estrujado. Espero que todo salga bien y que me lo devuelvan igual de devastador que era antes. A pesar de todas las veces me quejo, en el fondo me mola todo eso de tener un gato tipo villano Marvel. Así mantengo mis alertas de supervivencia en forma.
Mh... bueno, vamos a los recordatorios de días pasados.
Nochebuena. Comí demasiado. Bebí demasiado. Hablé demasiado. Me regalaron unas converse de piel blancas y las estrené metiéndome en el barro hasta el corvejón. No sé aparcar. La gente hace cola detrás de mí y me insulta.
Navidad. Comí demasiado. Bebí demasiado. Enfermé. Sigo sin saber aparcar. Siguen insultándome.
Nochevieja... y esto requiere más detalle. También bebí demasiado para hacer una performance de Nicolas Cage en Living Las Vegas, pero no me salió de todo bien, porque sigo teniendo hígado (más o menos). Hubo una fiesta en casa con mucha gente bebiendo, bailando, riendo, comiendo, gritando... Como el exceso de caras desconocidas me acojona, me escondí en la terraza de antenas con un trozo de turrón de almendra y una botella de freixenet. Me acordé de Ulises y su buhardilla mágica y le eché un poco de menos. Luego eché de menos a unos cuantos más y me puse tonto, hasta que subieron veintemil chicas borrachas de la fiesta de abajo y me despejaron la tontería en un pispás. En realidad no eran veintemil, sino ocho. Pero con las risas, los gritos y las voces de pito, era como si cada una se multiplicara en mi cabeza por treinta. La más sensual de todas, se me sentó enfrente con despatarre de contorsionista cirquense y me obsequió una visión panorámica de sus bragas moradas. Mis orejas debieron de ponerse moradas al alimón porque la chica me guiñó un ojo y dijo "si me cantas algo me las quito".
El por qué la pobre mujer llegó a la conclusión de que yo podía cantar es para mí un absoluto misterio. A lo mejor porque de llevar el gorro condón se me había quedado el mismo pelo de mamarracho que a Justin Bieber. Da igual... sea como fuere, en aquel momento la fiesta, las ocho chicas que gritaban como veintemil, las bragas moradas y el mundo en general, me importaban un cojón de mono, así que mascullé un bueno-ahoravengo, agarré mi freixenet y bajé a encerrarme en mi cuarto con los gatos. Por el camino me interceptó Marc y me dijo "¡Hey, NO! ¡tú no puedes irte porque Pedro ha traído a unos gays!". Él no estaba borracho (recordemos que bebe como un marinero irlandés), pero aquella me pareció la frase más idiota que me habían dicho durante los últimos diez años y parte de los anteriores, así que sonreí, dije "ahvale-ahoravengo" y me encerré a cal y canto en la habitación (es lo que tienen mis ahora-vengo. Hay que acompañarlos siempre de un subliminal pero-nomeesperes).
No me enteré de las campanadas. Cuando José Mota todavía se estaba abrochando la pajarita, yo ya estaba dormido como un tronco, abrazado a dos gatos y un anticristo copulador. A las cuatro y pico me despertó un petardo y aproveché para terminar de ponerme tonto y llorar un poco por todo lo bueno y lo malo que me había pasado durante los últimos 365 días.
Mh... ¿y qué más? ah, sí... que sigo sin saber aparcar.
Y... que me siguen insultando.
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