Es muy fácil ser leyenda

Hoy no me he llevado el portátil, así que me he pasado el día trabajando. No he jugado a perderme con el twitter. No me he leído todos los periódicos. No me he escapado a las aulas para mirar a la becaria de la minifalda negra. No me he reído como una foca monje, ni he gritado mecagoenmicalavera cuando el servidor se ha colgado. No me he pasado ni cinco minutos de mi hora de comer. No he discutido sobre Sara Carbonero, ni sobre las mamografías de Hope Aguirre. No he sujetado la puertecita de la máquina de repostería martínez para sacar dos vulcanitos por el precio de uno. No he hecho insectos de origami con la nueva remesa de papel para diplomas. No he aparcado en diagonal.

Con tanta carga de gilipollez nepomukiana acumulada, a la salida me ha dado por contarle al vigilante de seguridad  la historia de una niña que se ahorcó en una de las aulas hace veinte años, y como desde entonces algunos monitores se apagan solos, o se escuchan ruidos extraños de llanto por los pasillos cuando el edificio se vacía. El vigilante es un hombre de 100 kilos en canal y 45 añazos, así que lo suyo habría sido que simplemente soltara una risita (más o menos nerviosa) y me mandara a la mierda sin billete de vuelta. Pero como las cosas no suelen salir habitualmente como yo espero que salgan, el pobre hombre se lo ha tragado como un bendito y ha ido difundiendo la noticia por todas las plantas del edificio, hasta que mi niña muerta inventada se ha hecho más famosa en la empresa que la chica de la curva.

Se me ocurre que como escarmiento por haber fallado a la máxima vital de "no creas en nada que no se pueda demostrar" para los próximos santos inocentes, aprovechando que soy de tamaño fraguel, tranquilamente podría ponerme una peluca de coletas y los pantalones de cuadros de ayer, y darle al vigilante algún que otro susto por el pasillo, cuando esté haciendo la ronda de las 18h. Así que, teniendo en cuenta que es un vigilante con permiso de armas, probablemente la próxima ánima que pulule errante y atormentada allende los siglos por los pasillos del edificio, sea la mía.

Luego sacarán mi foto borrosa en el programa de Iker Jiménez y mientras suena una musiquita de miedo tipo tatachín-tachín, su mujer, la de los dientes de conejo, dirá "y aquí, si se fijan bien, podemos distinguir perfectamente una silueta de un chico con pantalones de Krusty..."

La angustia del directo

Mh... bueno, a ver...

Como mi empresa es una de esas formales en las que los nepomuks del mundo no deberían trabajar, todas las páginas web divertidas están capadas a muerte, así que, aprovechando la ausencia de jefatura, esta mañana me he llevado el portátil de Carlos para conectarme en ratos libres y aprender un poquito sobre el twiterespacio.

En esas, y mientras hacía el idiota de la ceca a la meca con los pajaritos azules, ha venido algún dios de esos chungos que castigan a los chicos que se escaquean por el morro y ha hecho que, cuando me agachaba a desenchufar el portátil, con un revelador tracs se me hayan rajado los vaqueros desde el paquete hasta el tobillo, a lo largo de toda la pernera derecha.

Y así me he quedado, a las 17:30h de la tarde, sentadito en mi mesa de trabajo. Enseñando los calzoncillos marvel, una pata canija y un calcetín pokémon, y pegado a la mesa como un chicle, para evitar que nadie lo descubriera y pasara los mejores quince minutos de su vida laboral a costa de mi sufrimiento.

Cuando a las 18:00 se ha empezado a largar todo el mundo, he hecho un leve amago de intentar ir a por el móvil que tenía dentro de la mochila en el perchero, y de paso hacer pis en una carrerita, pero las de la limpieza, al alimón con el vigilante, han abortado mi misión escapista obligándome a volver a mi madriguera, donde he vuelto a esconder mis vergüenzas inferiores, mientras saludaba efusivamente con las superiores, como un presentador de telediario enrollado, de esos que no existen de cintura para abajo.

A las 21.20h, ya con complejo de Muppet, y después de diversos mensajes en twitter de socorro-amilalegión-ayudadmepordios, ha venido a buscarme Carlos con unos pantalones que había logrado encontrar en un vestuario del canal de televisión donde trabaja (porque obviamente, si llega a tener que ir a casa a por ellos, a estas alturas yo todavía estaría allí esperando con los huevos al fresco) que, miratúpordónde, para no desmerecer de mi habitual proverbial buena suerte, han resultado ser naranjas, tamaño XL y con un moderno estampado de cuadros escoceses.

Y así hemos llegado hoy a casa. Yo vestido de Krasty, y él apuntándome con la p**a y jo**da cámara, llorando de risa y pidiéndome que dijera patata.

Es verdad. Yo creo que ya podemos casarnos. Tranquilamente.

Debí suponer que todo sería sencillo

Esta mañana en el ascensor una señora muy vieja le ha dicho a Carlos que hiciera el favor de cerrar la ventana cuando se pusiera a sus guarrerías porque se escuchaba todo por el patio interior. Así se lo ha dicho, "cuando te pongas a tus guarrerías". Y luego me ha mirado fijamente a través de las gafas de concha, para darme a entender que sabía perfectamente quién era el otro guarro.
Yo en esos momentos estaba comiéndome un donut a toda prisa porque no me había dado tiempo a desayunar, y del sofocón que me ha subido por las orejas, se me ha quedado la miga atascada en la glotis. No he sabido reaccionar. He puesto cara de monaguillo pillado masturbándose y he bajado el donut y la vista al suelo. Carlos, sin embargo, le ha dicho a la señora, tranquilamente y sin inmutarse, que sí, que le disculpara. Que ciertamente se le olvidaba cerrar la ventana porque siempre iba con prisas para el sexo, ya que todavía era joven y tenía que aprovechar el tiempo que le quedaba hasta convertirse en un "lamentable anciano de esos  que están todo el día con la oreja pegada a la ventana para ver qué escuchan".

Lo ha dicho pausadamente y sin dejar de sonreir. Y la vieja y yo nos hemos quedado traspuestos, como la mujer de Lot. Tiesos y con la boca abierta. Yo con el donut en alto, y ella con las gafas en la nariz. Luego ha soltado un cordial buenos días y ha salido por la puerta del ascensor tan pichi (aunque luego ha tenido que volver sobre sus pasos para sacarme a mí, porque yo seguía ahí plantificado con mi donut y mi cara de besugo disecado). Cuando hemos salido del portal le he dicho muy apurado, que teníamos que cerrar la ventana y él me ha contestado "Ariel no voy cambiar ninguna costumbre para que una tortuga arrugada y retrógrada no se escandalice". Yo he dicho "Muy bien. Pues entonces te pondré la almohada en la boca" y él ha contestado "Vale. Y yo te pondré otra cosa en la tuya" y lo ha oído el portero, el del quiosco, el que repartía los churros, el taxista del entresuelo, sus dos hijas, la mujer del perro que vive en el segundo, el perro de la mujer que vive en el segundo, y hasta las pulgas del perro de la mujer que vive en el segundo.

Es muy duro esto de estar con Batman, si uno no tiene espíritu de Robin.

Mañana voy a decirle lo del blog

Hoy se supone que teníamos que habernos puesto a practicar con el twitter, pero nos hemos hecho un follón con lo del cambio de hora y hemos terminado comiendo raclette a las cuatro de la tarde, en Navacerrada, así que el día se nos ha terminado haciendo también demasiado corto.

Después de ponernos hasta las trancas de quesazo y vino, hemos dado un paseo por los alrededores del embalse para desentumecer el sistema digestivo, y junto a la orilla, me he encontrado eso que pongo en la foto de la izquierda. Me ha parecido cantidad de significativo y, a pesar de la mugre que llevaba encima (la herradura, no yo) le he dicho a Carlos que me la llevaba para casa, porque podía significar todo un año de buena suerte. Él la ha sopesado un rato, y luego me la ha devuelto diciendo "Guárdala para ti, que yo este año ya voy más que servido de buena suerte." Le he preguntado si lo decía por mí y se ha limitado a sonreir con carita de san antonio, así que me he visto en la obligación de recordarle que como compañero no soy ningún chollo, porque me como los polos en cajas de 32, recojo gatos muertos y tengo amigos que se suicidan montando en bici. Él me ha cogido del cuello y ha dicho "¿te vas a callar, mosquito?"

Mosquito. Qué majete.

He colgado mi herradura mugrosa en la pared. Cuando tenga una casa guay en el campo con veintemil perros, la colgaré de la puerta y me acordaré siempre del día en que la encontré.

Sí... quizá también tenía que haberle comentado lo de los veintemil perros...

Últimamente hablo demasiado

Me he comprado dos cajas de polos burmar flax en el Hipercor. Ahora mismo voy por el quinto polo. Tiene un color azul raro chungo y un sabor indefinido. Luego me comeré uno de los morados y después uno de los verdes fosforitos. Mi lengua es una paleta de infinita variedad cromática. Carlos no quiere comer polos porque dice que tiene tendencia a engordar y prefiere cuidarse (de ahí lo de la natación y las carreritas), así que los 32 polos que restan son todos para el zampabollos rubio de la casa. ¡Alegría, alegría y pan de madagascar! Me ha dicho que vigile mis oídos porque el primer síntoma de un coma diabético es un zumbidito constante en la trompa de eustaquio. Creo que lo ha dicho de coña, pero aún así... yo vigilo.

Hemos ido a montar en bicicleta esta mañana. Carlos, Miguel, Ana, Borja y yo. Borja es uno de los del grupo ciclista de Miguel. Es repipi, sobrao, prepotente y un poquito estúpido, así que no nos cae bien a nadie, pero oye "bicicleta" y se lanza en plancha, así que... es difícil programar una salida en bici, sin que Borja esté siempre por enmedio jactándose de ser el mejor pedaleador del mundo mundial.

Cuando nos hemos puesto a rodar, Ana y yo nos hemos quedado atrás y Carlos, Borja y Miguel han salido disparados para echar una carrera. Carlos enseguida les ha sacado mucha ventaja y Borja ha hecho los primeros 5 km. sudando sangre para poder mantenerle el ritmo. En un momento dado, ha tenido que parar y tumbarse unos minutos porque se mareaba. Carlos le ha dado suero glucosado y le ha dicho "Oye, te vas a poner malo, mejor nos olvidamos de la carrera. Tú ve a tu ritmo, no hace falta que sigas el mío". No lo ha dicho con ninguna mala intención, pero para Borja eso ha sido como si le metieran una guindilla por el culo. Se ha levantado como impulsado por un resorte y ha dicho que no, que estaba perfectamente, que sólo había sido una bajada de azúcar porque había desayunado poco y que él podía ganar cualquier carrera perfectamente porque llevaba una bicicleta superguays de acero pimpoflum, de las que no pesaban nada y blablabla...
Hemos seguido otros cinco kilómetros más. Desde atrás, Ana y yo hemos visto a Carlos aminorar la marcha y darse la vuelta varias veces para preguntarle a Borja si se encontraba bien, y a Borja sacar pechito y responder "¡estoy perfectamente! ¡no te pares, sigue, sigue, que me cortas el ritmo, joder, y ya estaba a punto de ganarte!".
Intentar ganar a Carlos en todo lo que suponga pedalear o correr, es complicado porque lleva mucho entrenamiento encima y tiene mucha potencia muscular (que me lo digan a mí...), pero como ya he dicho, Borja es un estúpido y no se le puede pedir a un estúpido que actúe con coherencia, así que... ha seguido cuesta arriba echando el bofe, colorado como un camarón y respirando como si ya no le quedaran pulmones, mientras los que íbamos detrás, echábamos apuestas sobre cómo, cuándo y hacia qué lado exactamente iba a desmayarse.

Cuando ya llevábamos unos 15 km. hemos parado un momento porque Ana quería beber, y entonces Carlos se nos ha acercado y en un aparte me ha dicho "Oye, en un par de kilómetros voy a fingir que me da un tirón. Tú sígueme el rollo y disimula. Así dejo pasar a tu amigo para que gane, que estoy preocupado de que le pueda dar una lipotimia o algo." Ana ha alucinado mucho. Me ha dicho "Jo, qué majo, que poco competitivo ¿no?" Yo he dicho "es porque tiene la polla grande" y Miguel, que estaba bebiendo, ha hecho sifón y casi se ahoga con el gatorade.
Sin embargo, yo no lo decía en broma, porque es una teoría en la que creo a pies juntillas. Hay tres tipos de tíos. Los competitivos que siempre necesitan quedar por encima de los demás (polla pequeña), los que disfrutan ganando pero no se matan por conseguirlo (polla mediana) y los que pasan absolutamente de ganar o no ganar porque les da igual (polla grande). Si hubiera estudiado psicología, habría hecho mi tesis sobre eso. Lo habría llamado "teoría de la relación entre gónadas y psicolucha". Bueno, sí...es mentira. El título me lo acabo de inventar. Pero hubiera sido algo parecido. El caso es que Ana ha soltado risilla de conejo y ha dicho "bueno, pues entonces mejor para Carlos ¿no?" y Miguel ha añadido "No. Mejor para Ariel". Y yo también me he puesto de color rojo burmar flax.

Últimamente me pongo rojo muchas veces. Creo que también hubiera podido hacer mi tesis sobre eso.

Postdata: Que nadie busque el acero pimpoflum en las tiendas de bicicletas, porque también me lo he inventado.

Ni todo azúcar, ni todo sal

Hay un gatito muerto justo en la incorporación a la M30 que cojo todos los días para volver a casa. Es un gato gris, atigrado y está tirado junto a la mediana de la carretera. Lleva allí cerca de dos semanas. Cada vez que tomo la curva y le veo, se me rompe el corazón. He llamado a recogida de animales muertos y a servicio de carreteras, pero no me han hecho ni puto caso. Le dije a Carlos que uno de estos días pararía el coche en el arcén y yo mismo lo quitaría de allí. Él me dijo "Si vas a hacer eso, voy contigo. Ponemos los triángulos y te pones el chaleco reflectante. Si para la guardia civil, ya nos inventaremos algo." Aunque me pareció todo un detalle por su parte lo de apoyar mi ida de olla (que por supuesto pienso llevar a cabo) le dije que no podía ser tan bueno conmigo. Que yo tenía un millón de ideas idiotas a lo largo del año, y que lo peor que podía hacer era alimentármelas por miedo a decepcionarme. Que no se cortara, y que cuando tuviera que ser cabrón lo fuera, sin simulacros y sin ñoñerías. Él respondió "Voy a ir contigo y punto." Ok. Pues vale.

Hace dos días me dijo "Te he comprado un peluche, para que te ayude a pasar un poco la pena de lo del gato ese de la M30". Yo en ese momento dije "Qué detalle, muchas gracias..." pero en realidad pensé "joder, Dios mío... los cervatillos... que me salen los cervatillos..."

Este es el peluche que me ha comprado (pongo el enlace a la web porque las fotos que le he hecho con el móvil no se distinguen lo suficiente).

Lo he visto esta mañana y todavía me estoy descojonando.

Hoy he descubierto que Carlos también puede ser un cabronazo. Alabado sea Jehová.

Qué bonito todo...

Estoy agotado. Llevo encima sueño atrasado de cinco días. Ahora mismo escribo esto mientras me voy deslizando en la silla, y mi cabeza se inclina hacia el teclado. Si empiezan a aparecer símbolos extraños en el post, los habré puesto con la frente porque me habré quedado sobado encima del portátil.

Lo más idiota del asunto es que mi falta de sueño no es enfermedad, ni mala conciencia, ni preocupación. Sólo sexo cochino. Y no tengo nada en contra del sexo cochino (yupi-yupi-yey) pero me está resultando dificilillo esto de sobrevivir durmiéndome todos los días a las cuatro y despertándome a las siete. La señora Virtudes ya no me dice que hago buena cara. Ahora me dice "Hazte un chequeo, hijo, porque tienes muchas ojeras y así empezó mi cuñada Vanessa, la que se murió de leucemia" (la señora Virtudes nunca hace honor a su nombre).

Lo peor del caso es que a mi compañero de cama ni se le nota. Y doy fe de que duerme exactamente las mismas horas que yo. Sólo que él se levanta canturreando, como si de verdad fuera el primer día del resto de su vida, y se  pone a exprimir naranjas para hacer zumito, cuando yo nisiquiera he logrado despegar los ojos para encontrarme la churra en el wc. ¡Y luego se va a nadar! ¡a nadar! ¡a las siete y media de la mañana! y cuando vuelve por la noche me pregunta todo sonriente que si voy al canal con él a echar unas carreras. Unas carreras. Yo. A las ocho de la tarde de un jueves, con tres horas de sueño a la espalda, y la amenaza de otras tres por delante para aguantar la jornada de mañana.

Creo que emplearé el sexo cochino de esta noche para buscarle el cajetín de las pilas. Fijo que por algún sitio tiene que tenerlo.

Necesito pintura de camuflaje para blogs

Todo el día angustiado porque a Carlos le de por meter Nepomuk en el google y descubra este blog. Todo el día angustiado porque pueda leer que le llamé mariquita temática y que le baboseé todo lo que pude en las pistas del canal. Siempre me pasa lo mismo. Primero salto de cabeza a los tiburones y luego me angustio por si me muerden. Con lo fácil que sería estarme quietecito en la playa como todo el mundo...

Acabamos de venir del Bricor, donde hemos intentado encontrar alguna solución para el peyotescapismo de la terraza. A priori la idea era rodear todo con verja verde para que no pueda saltar a las terrazas colindantes, pero Carlos aboga más por cubrir toda la pared con cañizo, tipo jardín, para quitarle todo apoyo posible en el salto. Me sigo sintiendo cantidad de culpable. Él tenía una terraza acogedora, fresca y perfecta y ahora, por mi culpa, tiene que convertirla en un corral para gallinas. Más le vale a Peyote no encontrar la forma de burlar el cañizo, porque como aún así vuelva a escaparse, juro que le meto verja electrificada y no la quito hasta que se le ponga el rabo afro.

Esta mañana he tenido la discusión más idiota del mundo con un compañero, en el café. Nada más y nada menos que sobre Sara Carbonero. Guerra en Libia, fugas radioactivas en Japón, corrupciones políticas en España y hala... yo discuto sobre Sara Carbonero. Creo que esa es la prueba más evidente de que soy absolutamente feliz. Todo ha empezado porque alguien ha dicho que estaba buenísima y a mí me ha dado por preguntar que desde cuándo una chica flaca y fea, podía estar buenísima sólo por el hecho de tener unos ojos bonitos. Y me han saltado todos como panteras, claro... "tú qué sabrás..." "ya quisieras tú, niñato..." "habría que ver a tu novia..."

Me da igual. Tengo razón. Es reseca como un palo, tiene un ojo en cada oreja y rasgos de india arapahoe. Que debajo del maquillaje y de las tetas de mentira no lo quieran ver, pues vale... pero de ahí a decir que está buena... joder... ¿es que no han visto nunca un desfile de Victoria's Secret? ¿no han visto esas caderas? ¿esas cinturas? ¿esas piernas? ¿esas...(nepobabeo)? ¿no saben distinguir lo que es "estar buenísima" de ser una flaca mona y salir con el portero del Real Madrid?

Y lo más importante de todo... ¿qué coño hago yo escribiendo sobre Sara Carbonero cuando debería estar escondiendo este blog?

Pero sigo sin entender twitter

Tumbado en la cama con Carlos, delante de su macbook, mientras intenta explicarme cómo funciona exactament el twitter. Acaba de ducharse y lleva un pantalón de pijama blanco y un albornoz. Veo gotas de agua transparentarse bajando por su nuca, así que creo que no estoy prestando demasiada atención a lo que me cuenta. Me habla suave y tranquilo. Siempre habla suave y tranquilo. También para decirte que se está cayendo el mundo, estoy seguro. Todo en él tiene un poso de tranquilidad. Creo que es el status de hermano mayor en familia numerosa. De alguna forma se ha quedado impreso en él, igual que se queda la cicatriz de una caída, o el rencor de una pelea. Carlos es el hermano mayor y lo será siempre. Conmigo también. Lo veo por cómo me mira a los ojos para explicarme las cosas. Por cómo asume mis errores como parte de los suyos. Por cómo me coge en la cama, cuando dormimos, casi sujetándome. Lo veo incluso por cómo hace el amor. Guiando, dominando y tomando las iniciativas. Creo que Carlos lleva toda su vida marcando el camino. Y que por una vez, sin que sirva de precedente, molaría mucho lo de dejarme llevar.

Me enseña su cuenta de twitter. Es un batiburrillo de idiomas. "No la uso casi nunca. Estas cosas nunca son reales. Todos estos no son amigos, sólo gente del trabajo. Estos de Japón... estos de Islandia... estos de Malasia... estos de Bilbao..." Yo miro la ensalada de letras, arrobas y minifotos y sigo sin enterarme de nada. "Si tú empiezas a usar twitter, cerraré esta y me haré una cuenta nueva. ¿Qué opinas? ¿Te apetece probar a escribir chorradas para mí y unos cuantos desconocidos?"

Yo me callo. Es un buen momento para contarle que llevo años escribiendo chorradas para unos cuantos desconocidos, pero me fallan los huevos del último momento. Yo nunca seré el hermano mayor. En mi vida, de lo único que  estoy seguro es de que no estoy seguro, así que me callo y me encojo de hombros. "¿Me puedo llamar Nepomuk?" Sonríe "Te puedes llamar como quieras". Me deja un beso en el cuello. "Nepomuk te va perfecto."

Nepomuk me va perfecto.

No tengo ganas de escribir pero sí de contar cosas

Hoy he conocido a uno de los seis hermanos de Carlos. Él es el mayor, y todos los demás van escalonados, como los Von Trapp, pero sin monja y sin canciones. Le he preguntado si sus padres eran muy religiosos y me ha respondido que no. Que sólo eran muy inconscientes. Me alegro. Siempre que me cuelgo de alguien se me olvida indagar antes dos detalles importantes para sobrevivir a una relación: política y religión. Ni podría querer a un fascista, ni podría querer a un beato. Me da igual que vengan pintados de oro o que sean boy scoutts del año. Los primeros son rabiosos y los segundos, borregos. Eso es lo que he aprendido en la Facultad de Filosofía. Que no hay nada más estimulante que una persona con preguntas. El mundo está hecho para que nos lo cuestionemos, no para que nos lo traguemos como idiotas, tal cual nos lo pongan en los morros.

Bueno, pues... el hermano número cinco de Carlos tiene mi edad y mis mismos pelos, pero en moreno, así que juntos somos como una foto y su negativo. Se ha sorprendido mucho al verme y ha dicho "Anda, yo creía que eras viejo como mi hermano..." Carlos no ha tardado ni dos segundos en responder desde el pasillo "Te va a caer una hostia, Samu." Me ha hecho gracia verle entrar al trapo como un miura con lo de la edad. No entiendo el mal rollito que le entra a todo el mundo cuando cruza los 35. Si yo tuviera su cuerpo, su cara y su mentón, estaría a todas horas autometiéndome mano. Es imposible que a mi edad estuviera más bueno de lo que está ahora. Científicamente imposible. Matemáticamente imposible. Nepomukianamente imposible.

Samu ha sido un cabronazo y me ha machacado al Call of Duty. En un momento dado le he dicho que me dejara ganar al menos una batalla, para no ponerme del todo en ridículo delante de su hermano. Ha soltado una risita de conejo y se ha autoinmolado poniéndose a tiro delante de mi francotirador. Cuando Carlos se ha asomado ha dicho "¿Le has ganado una por fin? ¿en serio? ¡joder, no me lo puedo creer!" y Samu ha dicho "Ya... ni yo tampoco..."

Justamente estas son la idioteces que a los 20 importan mogollón y a los 35 te la pelan. Asi que... la generación de los Carlos del mundo nos sigue ganando por goleada. Con mentón o sin él.

28 croquetas y un Häagen-Dazs más tarde

Iba a hacer un comic pero al final sólo he logrado sacar una viñeta. Tchsk... la maldición djin. No tenía que haberlo dicho.  Aún así tengo ganas de resucitar mis comics de flickr. Me autoprometo no pasar de esta semana.

Vuelve la peyoteangustia. De nuevo se escapa por todas las ventanas y se sube a todos los alfeízares. Ahora son siete pisos hasta el asfalto. Carlos está angustiado porque pueda caerse y habla de rediseñar la terraza y de poner mosquiteras en las ventanas. Me siento cantidad de culpable de que tenga que cambiar su casa por culpa de mis gatos. Le he dicho que más tarde o más temprano, tiene que dejar de soltar hormonas y volverse un bicho tranquilo como todos los castrados del mundo mundial (Peyote, no Carlos), y él me ha respondido que si se cae y se hace daño, se sentirá cantidad de culpable por no haber cambiado la casa para mis gatos. Qué cosas. Por una chorrada o por otra, los dos nos sentimos cantidad de culpables, cuando en realidad el único culpable es el psicokiller esquizofrénico este, que no hay forma de que mantenga el culo quieto en un solo sitio más de dos nanosegundos.

Carlos y el psicokiller se llevan de coña.  Siempre busca su regazo para dormir y le va siguiendo por toda la casa, frotándose entre sus piernas y soltando ronroneos zalameros entre destrucción y destrucción.

O sea... más o menos como yo, pero en gato.

Aprovechando que nadie lee blogs los sábados...

Me acaba de llamar desde el trabajo para decirme que si logro esperarle despierto, podríamos ver una peli desde la cama, antes de dormir. Alguien le ha interrumpido y ha tapado el auricular. Le he oído decir "espera un momento coño, estoy hablando con mi chico". Lo he oído. Amortiguado, pero lo he oído. Por supuesto que esperaré despierto. En un momento de tontería, me dijo que lo que más le gustaba en el mundo eran las croquetas. Y yo, a estas horas, cuando pasan las doce de la medianoche, me he puesto a hacer masa para croquetas. No se me ocurría otro modo de agradecérselo. De agradecerle... yo que sé. Todo. Todo lo que han sido estos últimos días.

Soy consciente de que tenía todas las papeletas para no terminar bien. Me quedé sin familia. Hice la calle. Enfermé de cáncer. Pasé por todos los baches que podía pasar. Y sin embargo, por idiota que pueda parecer, ahora me siento y puedo decir que la vida me ha tratado bien. Eso es lo que yo quería explicarle a Teo cuando se dejaba morir. Que la vida siempre merece la pena. Pase lo que pase. Porque de repente, entre hostia y hostia... de pronto brilla. Brilla tanto, que se come todas las oscuridades en un chimpún. Y ya ni recuerdas por qué llorabas o por qué estabas dispuesto a rendirte.

Está bien. Me lo creo. Ya me lo creo.

Mañana haré un comic de todo esto

Carlos pasó unos cuantos años viviendo en países asiáticos y dice que mi chino no suena a chino. Y cuando le pregunto que a qué suena, suelta una risilla y responde "a nada que yo conozca". Vale. Eso quiere decir que vuelvo a los tacos españoles, cuya pronunciación consigo de forma impecable y sin despeinarme.

Esta mañana me ha venido con una analítica de sangre y me ha dicho "Toma. Me he hecho unas pruebas. Es para que veas que doy negativo en VIH y que no tengo ninguna ETS". Me he puesto un poco colorado. Siempre está haciendo cosas de esas que me hacen poner cara de recluta en puticlub. Desde que le conozco se ha revelado como un auténtico experto en abesugamiento nepomukiano. Así que nada. Ahí me he quedado con mi cara de memo, mirando el papelito, hasta que me ha dado por preguntar "¿y para qué quiero yo esto?" Entonces ha puesto su sonrisilla perversa y ha dicho "Para que dejemos de usar preservativos. Esa es la mejor ventaja de una relación estable ¿no?" Me ha dado un besito, me ha hecho un cuchi-cuchi de mejilla y hala. Se ha pirado tan pichi, dejándome ahí, en compañía de sus recuentos leucocitarios. He saltado como una pulga y le he alcanzado en el pasillo, pero sólo he logrado decir "Entonces yo..." porque enseguida ha levantado la mano, como si fuera Moisés abriendo mares y ha dicho "No, no. Tú no tienes que hacer nada, tranquilo. Confío en ti."

Hace tres semanas estaba yo espiando su cogote en las pistas del canal, como un monaguillo salido y ahora confía en mí y tenemos una relación estable con ventajas de folleteo cochino y sin control. En serio que de aquí a que se me aparezca algún cervatillo disney, falta el pelo de un calvo.

No sé si asimilar lo de la relación estable. ¿Así? ¿tan fácil? ¿sin peleas? ¿sin lágrimas? ¿sin mogollones? ¿sin big bang? ¿sin nada que me estalle en las narices? ¿no va a decirme que todo esto era una apuesta y que vaya haciendo las maletas? ¿no va a comerse mi corazón troceado en papillote?

¿Me lo empiezo a creer ya?

Contricción

Mi jefe lleva toda la semana como enfadado conmigo y la verdad, es que no sé por qué. Son tantos los motivos que le doy que podría tranquilamente no dirigirme la palabra desde hoy hasta semana santa. Puede ser por las converse viejas… por escaparme a mediodía a comprar gominolas… por mis 250 animalitos de papiroflexia… por reirme demasiado alto…  por decir tacos mientras me río demasiado alto… por las cinco cosas juntas… Sea como fuere, no está el percal como para andarme con tonterías. Esta es una empresa grande y con solera, pero eso mismo debían decir los de Dhul y mira. Ahora la pobre gente está en un tris de que los paguen con natillas.

Para congraciarme, voy a empezar por lo de no decir tacos. Y como me conozco, y sé que mis propósitos de buena conducta suelen durar lo que un estornudo, me he pasado un ratito aprendiendo con el google a decir tacos en chino, para de esa forma seguir siendo un bocachancla, pero con aspecto de chico formal. Así, a partir de ahora en lugar de coño diré mau y en lugar de una polla como una olla diré una chibá como una gont (o algo así). Eso, además de camuflarme, me dará apariencia de hombre de mundo con conocimiento de lenguas orientales (o apariencia de hombre de mundo con problemas de labio leporino, porque nadie se imagina lo difícil que es esto de pronunciar el chino).

La señora Virtudes me ha dicho que hacía muy buena cara últimamente y que tenía una especie de brillo especial. Me hubiera gustado decirle que es porque ahora follo con regularidad, pero en mi nueva etapa de empleado educado y fino no caben esas brutalidades (además de que a ningún chino se le ha ocurrido aún la traducción, que ya lo he comprobado), asi que le he dicho que era porque ahora tomaba más yogur. Javier se ha descojonado pensando que lo decía con segundas, pero no... no soy tan rápido para las maldades. En realidad he dicho yogur como podía haber dicho pepinillo austríaco en salmuera.

Vale... lo del pepinillo austríaco en salmuera tampoco iba con segundas.

Como cuesta esto de ser fino, mau...

No sirvo para ser yo

Hoy Carlos ha salido un poco antes del trabajo, y ha venido a buscarme a la facultad. Traía un paquete con comida japonesa que había encargado en el Nagoya, para que cenáramos esta noche. Se ha acordado de que era mi restaurante favorito. Qué majete. Me ha dicho "ahora estoy en el momento no-veo-tus-defectos así que tienes que aprovecharte de mí todo lo que puedas..."

Cuando hemos ido a recoger mi coche al parking, lo hemos encontrado con las luces encendidas y sin batería. El vigilante me ha dicho "¿no le ha saltado una alarma al cerrarlo con las luces puestas?" y yo, con cara de paisaje, he respondido "ah... ¿pitaba por eso?" Que hostia tengo. De verdad. Así…con la mano abierta y en la boca, por ceporro. Hemos tenido que recorrer medio campus en busca de un alma caritativa que me dejara pinchar mi coche al suyo. Y hemos tardado casi una hora, cosa lógica y normal, porque nadie lleva encima un cable de batería, como el que lleva un paraguas. Al final uno de los profesores se ha prestado a ello, y me ha puesto el cable en la mano diciendo "toma, enchúfalo que voy arrancando…" Me he quedado ahí pasmao mirando las pinzas, hasta que Carlos ha cogido el cable y ha dicho "Si no te importa, mejor lo hago yo, que me molan estas cosas. Como ya he tenido tres coches..."
Me quita el marrón y encima me miente para no hacerme sentir como el inútil que soy. Debo reconocer que, esté o no esté yo en mi momento no-veo-tus-defectos, cada cosa que hace es como para darle de besos desde aquí hasta Móstoles.

Una vez recuperado el control del coche, se me ha vuelto a olvidar lo de "1. mirar por el retrovisor 2. cambiar de carril 3. sobrevivir", y un autobús de los verdes casi nos pasa por encima en la incorporación a moncloa. Del susto que me he llevado, me he vuelto un poco más rubio.

Cuando por fin hemos vuelto al barrio, se me ha olvidado poner el freno de mano al aparcar y al cerrar la puerta del coche, éste ha empezado a deslizarse hacia atrás como en una película de cine mudo. Me ha faltado el pelo de un calvo para que se me estampara contra una furgoneta. He tenido que subir en marcha a la pata coja para pisar el freno, al más puro estilo Mr. Bean.

Moraleja: hoy no he podido ser más penoso delante del hombre al quiero impresionar. Vamos... ni aunque me hubiera esforzado haciendo una licenciatura de subnormal. Ahora mismo, creo que lo único que me queda es estornudar con el wasabi y clavarme un palillo por la nariz hasta el cerebro. Con algo así, ya tendríamos el día completo.

Para mí que el momento no-veo-tus-defectos de Carlos ha tenido de esfumarse hoy a la fuerza, en algún lugar entre El Paraninfo y Malasaña.

Diarios de ñoñomuk

Dice Miguel que no me enamore hasta que no haya pasado la "fase carnal" y tenga el horizonte un poco más claro. Entiendo el consejo. Por mucho que me deslice, en realidad lo hago cuesta abajo y a toda hostia. Siempre hay un porcentaje cabroncete de que tropiece y me esmorre de bruces, pero bueno... igual da. Ya puedo morderle y huele muy bien. Los irresponsables no necesitamos mucho más para cruzar en pédalo el Canal de la Mancha.

Por la noche me despierto de madrugada en su cama sin saber bien qué hacer. Soy el amante en cama ajena. ¿Qué hace exactamente el amante en caja ajena? ¿se marcha como un cabrón insensible o se queda como un pegajoso ñoñochico-ventosa? No lo sé, no tengo experiencia. No está en mi naturaleza lo de ser okupa de camas. Por ahora, dejo que pasen las horas y los tictictic de su despertador y antes de que comience el día, me escapo sigilosamente hasta mi dormitorio y me acuesto en mi cama. Entonces él se levanta, entra en mi cuarto, se mete en mi cama, me pasa el brazo por encima, dice "hola otra vez" y se vuelve a quedar dormido hasta que al fondo del pasillo suena su despertador. Y yo me río como un conejo contra la almohada, claro. Tampoco está en mi naturaleza lo de tener amantes mentalmente más equilibrados que yo.

La verdad es que ahora mismo damos un poquito de coma diabético. Un día de estos abriré la ventana y aparecerán los pajaritos y los cervatillos de Blancanieves a traernos el desayuno.

Y Peyote los desmembrará y me los dejará alineaditos y desolladitos sobre la almohada.

Lalala...

Enmedio de mi resaca postamorosa creo que debería pensar eso de que me falta mala hostia. Conozco a unas cuantas personas que habiendo pasado por mi vida no estarían de acuerdo con eso, pero aún así... ¿me falta? ¿para qué? ¿a quién tengo que pegar? ¿de verdad no estoy preparado para valerme por mí mismo? ¿y que es eso de la "pintilla desvalida"? ¿es por los pelos? ¿por los ojos? ¿por los gatos? ¿por las tres cosas juntas?

No importa. Enmedio de mi resaca postamorosa... no importa. Miguel dice que voy demasiado deprisa. Lo cierto es que no "voy". En realidad, me deslizo. Y sorteo minas como un campeón. Sssssiummmm... sssssiummmm...

Hoy no he dado pie con bola en el trabajo. Lo único que hecho con rapidez y efectividad, ha sido vaciar la máquina de Repostería Martínez y mirar la hora cada cinco minutos. Javier me ha preguntado por qué estaba tan disperso. Yo he respondido "¿Disperso? Yo no estoy disperso. Es esta mierda de ratón que no va..." y él ha dicho "Ya. Es que lo que estás arrastrando por la alfombrilla es el móvil."

ssssiummm... ssssiummm... bumba.

Porque siempre hay algo que sale bien

Pasa un par de años trabajando fuera de España y gracias a eso ahorra algún dinero. Vuelve a Madrid porque su padre enferma. Decide quedarse, así que invierte los ahorros en comprar su casa. "Costó dos duros, nadie la quería, porque estaba destrozada. Uno de mis hermanos tiene una empresa de reformas. La tiramos abajo y la rehicimos". Hipoteca parte de ella. No mucha. Lo suficiente para poder asumirla con un solo sueldo. Entonces todavía es pareja de Bosco. Seis años de relación. No está mal. Bosco tiene una aventurilla con un tercero y todo se va a al carajo. "Bueno, una aventurilla que duró casi un año. Ahí descubres hasta que punto has podido hacer el gilipollas con alguien." Se termina la relación y se queda solo. Entonces descubre que su casa es muy grande. "Se me cae encima. Mi padre muerto, mi relación al carajo, el trabajo nuevo, yo que se... estaba triste a todas horas. Pensé que alguien con quien hablar todos los días, me ayudaría. Pero claro... yo no soy de salir ni tengo muchos amigos." Y se le ocurre alquilar la habitación de sobra. "La había apalabrado ya con un contacto del trabajo, pero se me olvidó quitar el anuncio. Y entonces me apareces tú. Con tanto gato y esa pintilla desvalida. Yo que sé. Me ganaste. Quería cuidar de ti. Me parecía que el mundo estaba lleno de cabrones y que no estabas muy preparado para ello. Luego resultó que yo mismo me sentía uno de esos cabrones. No quería aprovecharme de ti. Bosco decía que o eras un crío y te asustaba, o eras un listo y me sangrabas. Yo me inclinaba más bien por lo primero. No me pareces astuto. Listo sí. Pero no astuto. Creo que te falta mala hostia. Es complicado sobrevivir en el mundo de hoy en día sin mala hostia. Lo aprenderás."

"Bueno. Hasta ahí vale. Ahora dime para qué hemos venido aquí." "¿Para qué? buf... pues... supongo que... para que me digas que eres demasiado joven para mí, que te gusta la gente de tu edad y que no se me ocurra volver a tocarte."

Sonrío. "No me has tocado."

Se ríe. "Ya…"

Pggg-pggg

Primer... yo que sé...

Mientras sigo ahí sentado, en el suelo de la ducha, le oigo reirse al otro lado de la puerta. Me voy calmando. Poco a poco, también me río yo. La escena que acabo de montar se la puedo vender tranquilamente a Woody Allen sin despeinarme. Me quito los restos de tinte genital, me envuelvo en dos toallas y salgo. Él sigue tirado en la cama, descojonándose, literalmente. Ha tenido el detalle de ponerse los calzoncillos, pero se sujeta el estómago y tiene lágrimas en los ojos. Me río de verle reir. También me tranquilizo. Siempre me tranquiliza ver a la gente reir. Creo firmemente en la risa como arma de pacificación masiva.
Le tiro una toalla a la cabeza. "¡Eh! vale ya, no seas cabrón." Se va calmando. "Ay joder... lo siento... es que... " Se seca las lágrimas y palmea en la cama. "Ven aquí..." Me siento a su lado y me abrazo las piernas. Nos miramos y luego rompemos en cinco minutos más de carcajadas. Yo también empiezo a llorar de risa. "Explícamelo por favor... dime cómo se consigue una minga verde..." "Comprando calzoncillos en el kiabi. Destiñen cuando se mojan. ¡Y no es verde, coño! es azul." Empieza a tranquilizarse, aunque sigue colorado como una remolacha y con la respiración entrecortada. "Tienes la polla de colores ¿qué más da verde o azul?" "Verde es el color de lo rancio y lo podrido. Azul es el color de lo fresquito y lo guay. Es a-zul." Vuelve a reirse. Yo también. "Tira esos calzoncillos, anda. Te daré uno de los míos." "No. Me pondré los de dibujos. Tú me sacas dos tallas. Si me pongo los tuyos pareceré a Homer Simpson." Otra vez se descojona. Cae de espaldas y vuelve a sujetarse el estómago. "Oye, si te vas a estar partiendo el pecho cada vez que hablo... " Se incorpora y me pasa el brazo por los hombros. Pgggg-pgggg... "No, no... joder, perdona... es que hacía mucho que no me reía así..."

Le miro. Qué bien huele. Y que sensación más acojonante tenerle tan cerca. Por un segundo me olvido de que ese instante es de verdad, y le paso el dedo por el mentón. No parece sorprenderse y si lo hace, lo disimula con perfección ninja. "Bueno, ¿Y lo del perro y la salchicha? ¿a qué venía?" Vuelvo a reirme. "Oye, déjame en paz. Soy un pobre chico y sufro. Tenme lástima y deja de cachondearte." Me levanto a buscar mis calzoncillos marvel. Ya me da igual llevarlos puestos. Ya me da igual todo. La tensión se me ha quedado por ahí. En algún momento. En algún gesto. "Has venido a hacer tomas fotográficas ¿no? pues hala... haz tomas y déjame a mí con mi polla verde. Digo azul." Mientras rebusco en la bolsa, le oigo a mi espalda. "No he venido aquí a hacer tomas fotográficas." Me giro y le miro. "¿Ah no? ¿y a que has venido?"

No me responde. Solo sonríe y me mira. Venga. Dí algo. Dime lo que quiero oir. Dilo, joder, y todo lo que me ha pasado habrá merecido la pena.

Se levanta y se pone los vaqueros. "Es una larga historia, así que... primero, voy a por provisiones."

Le veo salir por la puerta. Me quedó ahí. Agachado sobre la bolsa. Otra vez con cara de besugo.

Primera noche

Llegamos chorreando agua. Una señora muy redonda extiende los brazos tras el mostrador "¡Carlos! ¡cuánto tiempo!" Se abrazan "Qué tal está señora..." "Bien, bien, como siempre, que alegría verte de nuevo." Cae en la cuenta de que estoy detrás. Me señala "¡No me digas que este es Samu! ¡Dios bendito, lo que ha crecido!" Carlos también cae en la cuenta de que estoy detrás. Se ríe "No, no, es Ariel. Un amigo." "Ah, vale, vale... encantada Ariel hijo ¿eh? esperad que voy a daros las llaves, vete rellenándome la ficha". Deja una hoja en el mostrador y desaparece por la puerta del chiscón. El flequillo me gotea en la nariz y llevo los vaqueros pegados a las piernas. Tapeteo con el pie en la moqueta mientras Carlos escribe algo sobre el mostrador. No sé si estoy nervioso o congelado. Tiro de su manga. "Oye...¿quién es Samu?" Se vuelve. "Mi hermano mediano. Solía venir conmigo." "Ahm..." Me da la espalda y sigue escribiendo. Vuelvo a tirarle de la manga. Se gira. "¿Sí?" "¿Cuántos hermanos tienes?" Mira un instante hacia arriba, como si los estuviera contando. "Seis." "Ahm..." Otra vez me da la espalda. Vuelvo a tirarle de la manga. Se gira y se ríe. "¿Ahora qué?" "¿Y... los seis se parecen a mí?" "No. Tú no te pareces a nadie."

Reaparece la señora redonda con un llavero de madera enorme, tipo tirolés. "Te la doy de dos camas ¿no?" "No, no. Dame la de una, por favor." "Vale, espera..." Desaparece otra vez. Yo tapeteo más fuerte. De movimiento nervioso pasa a convertirse casi en zapateado flamenco. Me mira. Ojos de cocacola, que decía Fito. "La de matrimonio es la más grande y tiene una vista cojonuda para fotos." Valemuybienperfecto. Si yo no he preguntado nada... Tapatapatap... tapatapatap... "¿Tienes frío?" Paro la pierna en seco. "No. Estoy bien." Vuelve la señora. "Toma ¿le digo a la niña que os acompañe?" "No, no se preocupe, ya me sé el camino. ¿Me puede traer luego a la cabaña dos irlandeses?" Se gira "¿te gusta el irlandés?" Me pilla desprevenido. Vuelvo a tapetear. "¿El... irlandés...?" tapatapatap...tapatapatap... La señora se inclina y me mira "El café irlandés. Los hacemos muy ricos aquí ¿eh?" Despierto del minicoma cerebral. "¡Ah, sí, sí...sí, claro... me encanta el irlandés, sí..." tapatapatap... tapatapatap...

Entramos en la cabaña. Tira la bolsa en el suelo y se quita la chaqueta. Habla por el móvil con algún compañero de trabajo "He venido a las cabañas, voy a hacer unas tomas mañana para lo de los museos. Localízame a Marcelo que venga el lunes... sí..." Miro a mi alrededor. Sé que es un sitio cantidad de chulo, pero tardaré unas cuantas horas en deslobotomizarme para poder apreciarlo. Él se va quitando prendas de ropa mientras sujeta el móvil entre el hombro y la barbilla. Yo me quedo ahí, con cara de besugo. Con la vista fija en el dibujo de su espalda. En un instante fugaz, me mira "Ariel, ponte ropa seca o te resfriarás..." Me veo reflejado en el espejo que tengo enfrente. Parezco un pollo para caldo. Miro mis vaqueros chorreantes y caigo en una regla de tres básica: vaqueros mojados + calzoncillos que destiñen = dúchate YA. Con toda la rapidez de la que soy capaz, me quito la chaqueta, abro la bolsa, cojo ropa seca y me encierro en el baño "oyequemevoyaducharenunsegundoeh?".

Bajo el chorro de agua caliente, pienso. No sé. No sé qué va a pasar conmigo. En lo más profundo de mi ensimismamiento, se abre la puerta y entra él en absoluta pelota picada. Vacía una bolsa en el lavabo "Ariel, me voy a afeitar." Vuelvo a lobotomizarme. No quiero mirarle, pero le miro. Me quedaba la vana esperanza de que tuviera uno de esos micropenes que luchan a muerte contra la Ley de Newton, pero no... una mierda, micropene. Entonces de pronto recuerdo algo que me dijo alguien. "Sabe que te gusta y está reafirmando el ego a costa de hacerte babear". Me invade una ira repentina. Abro la mampara "¡EH! ¿TE IMPORTA NO USAR EL BAÑO HASTA QUE YO HAYA TERMINADO?" Me mira con ojos de estupor. "¿Como?" "¡QUE ME ESTOY DUCHANDO! YA TE HAS REÍDO UN RATO CON LO ENSEÑAR LA SALCHICHA AL PERRO. HALA, ¡LARGO!" Me mira y suelta una carcajada "¿La qué? pero... ¿qué estás diciendo?" Entonces vuelve a poner la misma mirada de estupor, me señala la entrepierna y dice "Oye... tienes la polla verde..." Me miro. Le miro. "¡NO ES VERDE, GILIPOLLAS! ¡ES AZUL!"
Salgo de la ducha, le empujo hacia la puerta con todas mis fuerzas. Él sigue sonriendo. "Venga, Ariel... cálmate..." Cierro a su espalda y echo el pestillo. Me apoyo en la pared de la ducha y resbalo hasta quedarme sentado bajo el agua.

Mierda, mierda, mierda...

En fin...

Pues nada. Aquí estoy. Listo para empezar mi excursión de jóvenes castores con mi hermano mayor postizo al que nunca morderé nada. Y me he puesto los calzoncillos desteñidores y los calcetines con tomates. Me la pela. Total... para que me lleve a ver pajaritos y setas, y me explique la apasionante reproducción del pinus quadrifolia, me da igual llevar los huevos morados, que pintados de verde, así que... a la mierda con todo. Encima lloverá todo el fin de semana. Y yo le digo "¿lo cambiamos al viernes que viene que hará sol?" y me responde "No, mejor no, que quiero hacer unas tomas para el trabajo y con luz de lluvia saldrán mejor..." Quiere hacer unas tomas para el trabajo. Qué bien. Yo que pensaba que iba a sufrir un aburridísimo fin de semana de sexo y desenfreno y resulta que me esperan unas maravillosas tomas fotográficas entre barro y amputación de dedos por congelación. Vamos que... con un poco de suerte hasta me pide que le sujete el foco bajo la lluvia, por que, a ver ¿qué más puede desear un chico? ¿un poquito de malaria? ¿una puñaladita en el bazo? ¿una invasión de ladillas?

Procuro ser justo y darme cuenta de que él no tiene culpa de nada. Que sigue siendo un buen tío, amable, simpático y cariñoso. Que la culpa es mía, por levantar castillos ahí donde tenía que haberme estado quietecito, pero... tampoco me resulta útil lo de autocrucificarme. Soy su hermano pequeño. Vale. Pues procuraré estar a la altura. Miraré todo lo que me enseñe con gran atención y pondré cara de aprendiz de Calleja en el Himalaya. Luego la gente me pregunta que de dónde saco los temas humorísticos para el blog. Joder... pero si toda mi vida en sí es una puñetera película de los hermanos Marx...

Voy a llevarme el portátil y la pizarra. A lo mejor entre tomas, setas y ranas, saco un rato por las noches para dibujar alguna viñeta del momento. Al fin y al cabo, en el pasado siempre me sirvió lo de reirme de mí mismo para espantar a los malos espíritus.

Espero que por lo menos no me haga dormir en la misma cama. Sobre todo porque me consta que el pinus quadrifolia no se aprecia con la misma intensidad después de una erección de dieciocho horas.

Excursión campestre 1 - Polvo 0

Le he pedido a Miguel que viniera mañana conmigo a comprar calzoncillos sexys de los que llevan los futbolistas y los tios que quieren ligarse a alguien. Él me ha dicho que era una tontería que me preocupara precisamente por la prenda de ropa que menos tiempo me iba a durar puesta y yo he querido contestarle que eso todavía estaba por ver, pero se me ha hinchado la glotis al pensar en su frase, y sólo he logrado sacar una especie de ruidillo ahogado tipo glslslslsls...

Al final he ido yo solo a mediodía. No he comprado calzoncillos sexys, pero he comprado unos boxer decorados con viñetas de superhéroes marvel que, por supuesto, nadie a quien yo quisiera seducir debería ver bajo ningún concepto. Por eso odio ir conmigo de compras. Cuanto más intento huir de mí, más me termino encontrando.

Cuando estaba vaciando la bolsa en la mesa de la cocina, ha entrado Carlos y me ha pillado de marrón con la nocilla en la mano derecha y los calzoncillos marvel en la izquierda. Los ha señalado y ha dicho "Anda... ¿y eso? ¿los has comprado hoy?" Con las orejas como dos lombardas, le he respondido que no, que en realidad eran unos viejos que tenía desde hace siglos para dormir y él, con media sonrisilla ha dicho "Pues... tienen la etiqueta puesta."

En esos momentos me he dado cuenta de que tocaba morirse o hacerse el ofendido, así que he optado por lo segundo, y le he dicho que sí, que vale, me dejara en paz con mis bolsas y mis compras y que si acaso me metía yo a mirar sus calzoncillos. No se ha enfadado ni nada. Sólo se ha reído y me ha abrazado por la espalda (pgggg-pgggg) diciendo "no te mosqueeeees..." y luego, antes de soltarme, ha añadido "me recuerdas mucho a mi hermano pequeño" y ha salido por la puerta tan pichi.

A su hermano pequeño. Le recuerdo a su hermano pequeño.

¿Quién necesita una ducha fría cuando puede disponer de un práctico, cómodo y revelador hermano pequeño?

Ojalá los marvel fueran viejos de verdad. Así podría estrangularle esta noche con ellos.

Mira que molaría todo no ser yo

Vale, esta va a ser breve...

Me ha dicho que si quiero ir a pasar el fin de semana a un sitio de cabañas en la sierra.

Y me lo ha dicho así... como si nada... como si se hubiera pasado la vida metiendo chicos con pelánganos que no saben aparcar en cabañas de la sierra un finde sí, y otro también.

Casi me ahogo en el nesquick de la emoción. Pero me ha durado también doce minutos, como lo de los ciclistas de ayer, porque enseguida lo he transformado en pánico inútil, al darme cuenta de los detalles idiotas del asunto, como por ejemplo que necesito calzoncillos nuevos que no pongan los huevos azules y calcetines sin tomates.

Y un peine. También necesito un peine. O... unas tijeras de podar, según lo que estoy viendo ahora mismo reflejado en el espejo.

Y también un vidente para que me diga si son cabañas de dos camas o de una.

No sé. A lo mejor da igual todo, porque no llego vivo al viernes.

Desde luego, no a este paso.

Ten amigos para esto...

Hoy he acompañado a Miguel a una reunión de su grupo de ciclismo. No parecía la mejor idea del mundo teniendo en cuenta que todo lo que sé de una bicicleta es que los pedales dan vueltas, pero él me ha dicho que se lo debía, porque durante las últimas dos semanas había estado dándole la murga con mis ralladas sexuales carlosporaquí-carlosporallá sin que él hubiera flaqueado en paciencia ni amistad, ni un solo momento.

Me he sentido cantidad de ofendido por el comentario y le he dicho muy dignamente, que no se preocupara porque no sólo iba a tragarme su reunión de ciclistas, sino que no iba a volver a hablarle de Carlos jamásenlavidapornadadelmundo. Luego me he colgado la mochila, y he entrado en la sala con paso firme, como si lo de usar la marca de bicis chimpún para subir a la montaña pimpán fuera para mí lo más importante del mundo mundial.

Mi determinación ha durado exactamente doce minutos, treinta segundos. Luego, aprovechando que uno de los locos de la bici estaba contando con detalle su lucha a muerte con el barro de Boadilla del Monte, me he escondido detrás de la mochila y le he preguntado bajito a Miguel si él creía que yo tenía alguna posibilidad de morderle algo a Carlos. Él ha puesto la misma expresión de cara que usa para mis aparcamientos. Labio inferior descolgado... suspiro... ojos en blanco... Luego me ha quitado la mochila de los brazos y ha dicho "bueno, nosotros nos vamos ya, que llevamos prisa" y me ha sacado de allí agarrándome de la camiseta, como el que saca a un niño de un puticlub.

De vuelta al barrio, he tardado 35 minutos de maniobras en aparcar el coche y como todo el mundo me ha insultado mucho, le he dado un poco de pena y ha decidido perdonarme y contestar a mi pregunta, diciéndome que Carlos y Bosco habían tenido una relación larga de convivencia, así que si quería saber si tenía posibilidades con Carlos, lo único que tenía que hacer era compararme con Bosco y ver qué puntos físicos teníamos ambos en común.

He utilizado la pizarra para hacer una lista de los puntos físicos comunes que tenemos Bosco y yo.




Y luego he pensado que hubiera sido mucho mejor utilizarla para dibujar un Miguel con cuernos.

... 2 ...1 ...

"¿Qué es esto que hay en la nevera?" "Léelo. Te he dejado un sobre..." "Ya. Pues no pienso cogerte ningún dinero por adelantado, esto es una chiquillada, Ariel."  Me pongo al frente. Ahora soy yo quien señala al pecho. "¡Eh! ahora no vayas de guay ¿eh? tú y tu amigo os habéis dedicado a hacer conjeturas sobre mí y a pensar que yo era amable contigo porque quería sacarte gratis el alquiler ¿no? ¡pues de puta madre! te lo creas o no, yo me he dejado los huevos toda mi vida para salir adelante y no necesito que vengáis ni tú, ni ese imbécil a hacerme juicios gratuitos desde vuestra vida repija de niños bien." Lo suelto de carrerilla. Según lo ensayado. Todo bien. Mira mi dedo. Me mira a mí. Sonríe. "¿Repija?" Yo también me río. "Sí, repija. ¿Qué pasa?" Me agarra la muñeca. Otra vez la descarga. Pgggg-pgggg. "Sólo te digo una cosa. Si yo te cogiera ese dinero, que no pienso hacerlo, sería sólo por asegurarme de que te quedaras seis meses más, porque desde que estáis aquí los cuatro, mi vida y mi casa me gustan mucho más de lo que me gustaban antes. Y no tengo nada más que decir. Vuelve a coger el dinero o déjalo ahí. Me da igual."

Se gira y me da la espalda mientras carga la cafetera. Una frase acertada y toda mi ira a hacer puñetas. Desde que estáis aquí los cuatro. Los cuatro. Eso ha estado bien. Miro la nuca rizada. El nacimiento el pelo. El cuello moreno. Me acerco y respiro. Ese olor, joder... Se me gira de repente. Doy un respingo. Tengo su nariz a diez centímetros de la mía. Sonríe. Dientes blancos. Mentón sombreado de la primera barba de la mañana. Qué ganas de morderlo... "¿Qué?" "Nada". Me coge la cara con las manos. Pgggg-pgggg. El temblor en las rodillas. De pronto deja de sonreir y frunce el ceño. "Oye... Ariel... tienes fiebre..." Mi expresión de cara debe ser un poema. "Eh... ¿qué?". Me toca la frente. "Que tienes friebre. ¿Te encuentras bien?"

Escribo esto desde la cama, porque no he podido ir al trabajo. Me he levantado a recoger mi nota, el portátil y el ibuprofeno. Es verdad, ha resultado que tenía fiebre. Supongo que fruto de alguno de estos virus que pillo de vez en cuando. Eso sí... en mi vida me habían resultado tan jodidamente inoportunos.

No logro descansar. Sólo doy vueltas, y vueltas, y vueltas en la cama. Y pienso. Y miro el reloj.

Joder...

...3... bumba

Bueno... no era muy complicado que pasara lo que ha pasado. Veía la cara de Bosco cada vez que aparecía por la casa. Se notaba claramente que yo no le caía simpático. Cada uno nos creamos nuestros propios fantasmas en la cabeza, nuestra propia percepción de las cosas. Y luego resulta difícil que nadie venga a decirnos que no es la correcta. A mí me pasa, a Miguel le pasa... ¿por qué no iba a pasarle a Bosco?

No se barruntaba que fuera hoy, ni que fuera en ese momento. Sólo tomábamos café, y hablábamos. Y él estaba detrás, recogiendo restos de su vida en esa casa, como siempre. Que todavía quiero entender por qué no los recogió cuando estaba la abuela. ¿Petición expresa del dueño? ¿un respeto que por mí no importaba tener? Igual da. Ha estado hinchándose de pensamientos como un globo todos estos días y hoy ha estallado.  Sin venir a cuento. No sé qué he dicho que no debía de haber dicho. No lo recuerdo entre todas las ideas que tengo revueltas ahora mismo en la cabeza. Igual da. Sólo tengo clara y diáfana la frase que ha soltado señalando el pecho de Carlos "tú y yo sabíamos lo que iba a pasar con el chaperito barato que te metías en casa. Tú y yo sabemos que vivirá de gorra a tu costa y te sacará hasta el último céntimo que tengas para luego dejarte tirado como el pobre gilipollas que eres". Y ahí me he quedado yo. Sin réplica. Sólo mirándole el dedo con la boca abierta. Como el pobre gilipollas que soy yo.

No ha durado mucho nada. Carlos ha enfurecido. Como no le había visto yo todavía. Tampoco podía hacer otra cosa, claro, conmigo delante, mirando ese dedo acusador con cara de besugo y el café enfriándose entre mis manos. Y se lo ha llevado fuera, cogido de la camiseta "te vas... te vas... gilipollas... bocazas... subnormal... tú no vuelves a pisar mi casa... nunca... lo que te quede aquí te lo tiro por la puta ventana..."

Ahora yo estoy aquí, encerrado en mi habitación, escribiendo esto. Sigo con cara de besugo. Cada diez o quince minutos, Carlos da pequeños toquecitos en la puerta. "Ariel... sal y hablamos anda... no le des vueltas a la cabeza por favor..." Yo no respondo, ni me levanto, ni abro la puerta. Me quedo aquí, escribiendo esto para lobotizarme. No me duele lo que haya podido pensar Bosco. Al fín y al cabo yo sé mejor que nadie que los celos crean monstruos.  Pero sí hay algo a lo que no puedo evitar dar vueltas. Algo que todavía no logro que se me apague de los oídos.

Ese jodidamente evidenciador "tú y yo sabíamos..."

6... 5... 4...

Viernes de perros en Madrid. Voy y vengo como un señorón, dentro de mi tanque azul entre lluvias y nieves, y termino mi jornada laboral bastante menos cansado y mucho más calentito que cuando tiraba de Metro. Hoy le he dicho a Miguel que ya le había cogido el tranquillo el coche porque ahora podía bajar la calefacción sin invadir el carril de la izquierda. Él ha puesto cara de conejo y ha soltado una risita, así que creo que ha debido de pensar que se lo estaba diciendo en broma, el pobre.

Carlos me llevó anteanoche a ver Cisne Negro (brutal, perversa, maravillosa, magnífica, intensa), y esta noche le llevo yo a ver Rango. Creo que nuestros respectivos subconscientes se inclinan a meternos al alimón en sitios oscuros proclives al sobe furtivo. De hecho, anteayer me perdí cuatro minutos de película porque mi cerebro se quedó en stand by cuando puso la mano en el reposabrazos y dejó su dedo meñique sobre el mío. No puede ser que yo me pierda cuatro minutos de Aronofsky por un dedo meñique. Es lo más idiota que me ha pasado desde que tenía 13 años y me metí algodón en el paquete para llamar la atención de Isabelita Palau. Debería plantearme seriamente y de una vez por todas, hasta dónde exactamente quiero llegar con esto.

Lo cierto es que ya lo habría meditado, si no fuera porque la visión del caminito de vello púbico que le sube desde la cinturilla del pijama hasta el ombligo, me vuelve a desconectar el cerebro una mañana sí y otra también. Obviamente, tiene que ser consciente de eso, claro. Primero por las señales inequívocas que me lanza yendo sin camiseta en una cocina de febrero con dos escasos grados de temperatura ambiente, y segundo por esa singular expresión de cara que se me pone cada vez que entro en cortocircuito sexual, como de pastor de cabras descifrando un logaritmo neperiano.

La verdad es que pienso en todo esto y no puedo evitar reirme un poco de mí mismo (para variar). Los rituales de apareamiento entre hombres siempre son así. Con una chica vas despacito, dulce y todo lo emotivamente que puedes. Con un tío lanzas mensajes carnales durante una semana, y cuando llega el viernes, le arrancas los pantalones con los dientes y te lo comes en cinco nanosegundos, con dos de sobra para repetir postre. Creo que es la suma de ambas testosteronas. Más tarde o más temprano, siempre nos terminan devolviendo a la era del cromagnon.

Aunque siempre que entre ya no sepa salir

Tonteamos. Miguel me lo dice. "Estáis tonteando tú y el Carlos ¿eh?". Yo sacudo la cabeza. "Buah, qué dices, que va…" pero sí, es cierto. Tonteamos. Me doy cuenta. Risas sin ton ni son. Peleas en broma para buscar contacto. La compra de la semana, siempre a medias. Nunca he hecho la compra con mis compañeros de piso; al fin y al cabo la casa compartida siempre es una república. Cada uno lo suyo y punto. Pero esta vez no es así. Vamos juntos al hipermercado. Decidimos a medias. Y buscamos tocarnos furtivamente, como dos idiotas. Agarrar una muñeca "¿qué hora es ya?", apoyar la barbilla en el hombro "esa marca no, pilla la otra", coger durante un segundo la cintura "déjame pasar y voy guardando" También hablamos. Mucho. Contando cosas que no creímos que termináramos por contar. Y nos sonreímos sin tener ningún motivo concreto. Uno carga la cafetera, el otro busca en el frigorífico, se nos enredan las miradas y sonreímos. Un segundo fugaz. Y siempre detrás el mismo pensamiento "¿pero por qué coño he sonreído? ¿y por qué demonios me ha devuelto la sonrisa?"

Escuché hablar a su ex desde el salón la última vez que vino. "Estás zumbao, Carlos. Meter tres gatos en casa. Hay que tener huevos…"  "Siempre quise tener mascotas sin la responsabilidad de cuidarlas."  "Claro... Y mis cojones son de plata, chaval."

Yo tampoco me lo creí. Ni el de los autobuses. Ni él mismo se lo pudo creer mientras lo decía.

Miguel se ríe. "Mala idea lo de meterte en los pantalones de tu casero ¿eh?..." Yo abro mucho los ojos, y me hago de cruces. "¿Pero qué dices? ¿yo? ¿yo meterme en los pantalones de ese? pero… qué dices…"

Y mientras lo estoy diciendo, siento que el vello de la nuca se me eriza.