Y a lo mejor hasta me quedo sin volcán

Unos seis meses llevaba yo con dolores en el pie izquierdo. Pero claro. Cuando has pasado por un cáncer de hueso, los dolorcillos menores te parecen un pedo de mosca, así que así andaba. Aguantándome y perreando por no ir al médico, hasta que vino el superman de la Harley y se me acabó el chollo. Dos días ha tardado en llevarme de la oreja al podólogo. Y yo, que sigo haciendo méritos por lo que pueda pasar a final con la supermoto pues bueno... pues hala... pues al podólogo.

Y el podólogo dice que en el pie izquierdo tengo una cosa que se llama neuroma de Morton. Una de esas cosas del pie divertidas que te explican en dos minutos y descifras en dos meses. Y que de subir volcanes nada de nada, hasta que no tengamos radiografía, ecografía y diagnóstico. Porque si no me lo solucionan con una plantilla y con filtraciones de corticoides (y mira que suena chungo lo de las filtraciones en un pie) a lo mejor tienen que operármelo. Ole. Arsa. Venga. Alegría.

La culpa la tienen al alimón mi rodilla chunga y Carlos. La primera por obligarme a caminar malamente durante un buen puñado de meses de mi vida y el segundo por obligarme a ir al podólogo. Porque si me hubiera dejado en paz con mi daño y mi pie, Morton y yo hubiéramos seguido con nuestro neuroma tan pichis, y yo hubiera podido subir a mi volcán tan contento y tan cojo como el resto de los neuromianos mortenses del mundo mundial.

Coñoya...

Pues eso

Mañana es el cumpleaños de Jesús. Hará justo un año que me dió su beso más cariñoso en el camino de las Dehesas de Cercedilla. Un año que ha pasado en un pispás. Hago flashback mental para recordar si era más feliz entonces que ahora y rápidamente puedo responderme que no, así que… la cosa va bene. Es importante ganar gramos de felicidad entre un año y otro. Eso siempre significará que caminas hacia delante.

Esta mañana he aprovechado el mediodía para acercarme a la Vaguada a comprar otro de mis pijamas absurdos. Hacía un día precioso, yo era más feliz que el año pasado, tenía un Carlos con Harley Davidson... se suponía que podía ser una de esas mañanas perfectas en las que parece que nada malo va a sucederte... hasta que ha llegado el autobús, y al subirme, me he encontrado de morros con Bosco al volante.

Dos mil autobuses EMT en Madrid y yo me subo al que ese día, a esa hora, estaba conduciendo Bosco. Así de guay soy.

No he podido separarme del picador de metrobus. Bosco me ha retenido durante los escasos ocho minutos de trayecto hasta la Vaguada parloteando como un loro cabreado y diciéndome cosas desagradables. "¿Que tal el Charly? me han dicho que ya te folla regularmente" "Disfrútalo porque le conozco y no creo que le dure mucho la cosa" "A mí como comprenderás ya me da igual, pero ese enchochamiento de papi que tiene contigo más tarde o más temprano se le va a pasar, te lo advierto para que luego no lo pases mal..." "Nosotros duramos cinco años pero claro, también tienes que ver que él estaba completamente colgado de mí, yo soy más del estilo que le gusta…" "Hombre, quiero decir que soy más de su edad y del tipo de físico que le va, si le conocieras lo sabrías..." "No te lo digo por joderte chaval, que yo ya estoy saliendo con otro y además fui yo quien le dejó, te lo digo por echarte un cable y que te vayas preparando porque lo tuyo con él va a ser cosa de un mes como mucho..."

Cuando he llegado a La Vaguada, lo único que ya me apetecía comprar era un poco de salfumán para mezclármelo en la cocacola.

He llamado a Carlos al estudio. No debo hacerlo porque no se permiten móviles cuando ruedan el programa, y le obligo a interrumpir la grabación, pero aún así lo he hecho. No le he dicho ni una palabra de Bosco. Sólo le he preguntado si yo le gustaba. Podría haberse enfadado conmigo por haberle sacado del estudio con una pregunta tan gilipollas, pero no lo ha hecho. Solo ha soltado una risa desconcertada y ha respondido que ya no podría existir nada en el mundo que le gustara más que yo. Carlos siempre tiene unas respuestas cojonudas para cuando uno lleva el alma un poco agujereada. En eso se parece a Jesús como un huevo a una castaña.

Soy consciente de que no es inteligente dejar que me afecten las palabras de un autobusero resentido. Pero... sin embargo...

En fin, en fin...

En la agencia de mi empresa organizan viajes para empleados con descuento especial, para ir a la beatificación de Juan Pablo II. 584 euros. Incluye viajecito en barco ida y vuelta, beatificación como dios manda (nunca mejor dicho), y amenización del trayecto a base de vídeos y reportajes sobre la vida de Juan Pablo II. Sus apariciones públicas, sus discursos, sus obsesiones sobre la relación preservativo-infierno... en fin, un viaje temático juanpablero impresionante. Mi jefe me ha enviado la fabulosa noticia por correo. Javier dice que lo hace por joder, pero yo creo que no. Yo creo que está convencido de que un poco de iluminación papal conseguiría hacerme cambiar las converse por unos zapatos oficineros como dios manda y las chuminadas de origami por un compromiso laboral serio de trabajador responsable. Será un milagro si un día de estos no me entrega la nómina grapada junto a una estampita de San Críspulo.

Sea como fuere me parece una pasta, la verdad. Si yo pagara 584 euros por ver beatificar un Papa, lo mínimo que pediría sería llevarme un dedito gordo incorrupto de recuerdo. Aunque fuera del pie. Pero irte así... sin nada... sin una mísera camiseta que ponga "estuve beatificando y me acorde de ti" pues... no, la verdad. Para eso me los gasto en marihuana, que me llevará más deprisa al infierno pero al menos me llevará contento.

Sigo sin Harley. Y cada vez lo tengo más negro, porque Carlos se agarra como un condenado al "si yo lo hago por ti" y me cierra la boca con mimitos y tonterías de esas que le salen tan bien. Miguel dice que la culpa es mía por juntarme siempre con hombres mayores que yo. Que si Carlos tuviera 20 años, me la habría dejado sin pestañear con tal de pegarse el farde y hasta me habría dejado hacer un caballito en el semáforo. Vale. Es posible. Solo que ahí Miguel se olvida por completo del factor "pasta gansa". De hecho, si Carlos hubiera tenido 20 años, mucho me temo que el máximo caballito al que yo hubiera podido aspirar en el semáforo, hubiera sido al de una de las vespinos rojas del telepizza.

Tchsk... perravidaesta...

Empiezo a entender que no quisiera hablarme de la Harley

Carlos no me deja probar la moto. Dice que los cojones del obispo. Que como mucho de paquete y sólo si me estoy quieto, callado y sujeto. Yo le digo que ir de paquete en una Harley es para moñas y Vanes, que si no voy delante es como si no montara en Harley. Él responde que si voy delante es para que él conduzca desde detrás. Yo le digo eso está muy bien cuando tienes ocho años y te lleva papá en la moto a dar una vuelta por la urba, pero que para mi edad queda zángano. Él me dice que la Harley es muy pesada y que no voy a poder manejarla porque soy muy pequeño. Yo le digo que soy más fuerte de lo que parezco. Él me dice que vale, que lo de que no voy a poder manejarla porque soy pequeño lo ha dicho para no ofenderme, porque la cruda realidad es que me ha visto conducir la vespa y si me tengo que dar contra un kiosco de periódicos, prefiere que no sea con su Fat Boy Special. Yo le digo que soy pobre, que estoy solito en el mundo y que esta puede ser mi única posibilidad de tener en las manos una Harley Davidson. Él me dice que no me preocupe, que ya me comprará una miniatura de las de micromachine para que duerma con ella.

Maldito…

Lo más paradójico de todo es que a Carlos no le entusiasma lo de tener una Harley. Dice que para él no es más que una crisis rabiosa con ruedas, porque se la compró cuando supo que su expareja llevaba un año corneándole. Francamente, no se de qué se queja. Que yo recuerde, cuando a mí me dejó la mía, a lo máximo que llegué es a comprarme tres palitos de regaliz rojo en el puesto de las chuches.

Tengo hasta el sábado para buscarme una razón convincente que me permita conducir esa moto, pero por ahora por más que pienso no se me ocurre ninguna. Es la falta de glucosa en el cerebro. Ya sabía yo que lo de dejar los vulcanitos martínez a la larga iba a ser contraproducente...

Harley del 66

Tiene una Harley. Tiene una Harley Davidson Fat Boy Special negra y no me lo había dicho. Llevo dos meses viviendo en esta casa, durmiendo contra su espalda. Dos meses en los que he averiguado que tiene alergia al kiwi, que odia los chalets adosados, que su película favorita es Tiburón, que le partió la nariz a un skin cuando tenía quince años por llamarle maricón, que tiene fobia a las gallinas, que le gusta el atletismo y la bicicleta, que no le convence el esquí, que lo más bonito que ha hecho en su vida ha sido navegar en velero de noche, que su color favorito es el blanco, que le flipan los relojes, que ha quedado subcampeón en competiciones de rallies, que tiene debilidad por los ojos azules y que lo que más desearía en el mundo es ser padre.

Toda esa retahíla de chimpunes me los cuenta ¡¡¡Y SIN EMBARGO NO ME DICE QUE TIENE UNA HARLEY!!! ¿cómo se puede entender eso? ¿cómo? y nisiquiera me lo ha soltado entre redobles de tambores y suspiros de expectación, no... nooooo... se le ha escapado. Así, como quien no quiere la cosa. "Tengo que ir a Vitoria un sábados de estos para traerme la moto". Así lo ha dicho; "La moto". Como el que hablara de una vespino moscardera.

Tengo que conseguir que me deje probarla. Como sea. Aunque tenga que sacarme mis dos ojos azules y llevárselos en una bandeja blanca, rodeados de relojes, subido en un coche de rally y tarareando la música de Tiburón.

Bueno sí... mejor será que busque algo más convincente...

Feliz día de la tierra, coñoya

Bueeeeno, pues...

Anoche me cansé de sentirme culpable y me bajé al pueblo con Samuel. La idea era evadirme un poco del triunvirato "Carlos-Ernest-Oka", en parte por su cansino rollito de jefes boy scoutt y en parte porque llevaban todo el día hablando entre ellos tres en alemán y yo poniendo cara de "vayavaya-puessí-puessí". Digo que la idea inicial era esa. Pero claro... Samuel tiene un defecto insalvable y es que es igual de irresponsable que yo (que lo digan los 900 metros de roca que ayer estuvimos a punto de comernos con los dientes) así que entre una cosa y otra, se nos fue la mano con la cerveza y los chupitos, y pillamos una curda de padre y muy señor mío. Tanta que decidimos (en un arranque de iluminación por parte de nuestro angelote de la guarda) dejar allí el coche y subir hasta la casa andando por la carretera.

Y nos volvimos a perder, claro...

Y volvieron a tener que ir en nuestra búsqueda, claro...

Sólo que esta vez en lugar de encontrarnos desorientados y asustados, nos encontraron abrazados a un árbol, con los zapatos en la mano, y cantando el Ay Carmela. Bueno... cantando yo. Samuel sólo hacía el bumbarrabumbarrabum de acompañamiento.

Pero bueno... como no hay mal que por bien no venga, el silencio glacial de hoy me está viniendo de coña para la resaca y el no saber alemán también, para así poder pasarme todos los insultos que me estarán dedicando por el forro de la manga.

Creo que voy a dar por finiquitaum mi experiencia en twitter. No termino de pillarle el juego, porque en realidad no es tanto de escribir como pensaba en un principio. De hecho, el 80% de las personas no lo hacen. Sólo se comunican con enlaces y fotos, fotos y enlaces. Demasiados enlaces. Demasiadas fotos. Demasiada gente. Demasiado rápido todo. Demasiadas cosas que leer todas juntas cada vez que abres. Tantas, que cuando pillas algo ingenioso, se le termina yendo la chispa ahí perdido entre otros veinte semejantes. Porque luego resulta que aunque enlaces a cinco o seis, puedes encontrarte que esos cinco o seis te han dejado tuits de otros veinte o treinta, así que al final importa una ñórdiga a quien enlaces porque te encuentras chiribitas con enlaces, fotos y chirigotas de unas 20.000 personas. Y te quedas ahí pensando... "coño ¿y todo esto de dónde ha salido? si yo solo quería saber cómo le iba a mi primo Fernando..."

Se lo he dicho a Belén. Si yo tenía que estar plantando lechugas en una aldea gallega. Si lo sé... lo séeeee...


Fe de erratas: Oka no es Oka. Es Oke. Se me ha ido el subconsciente. Es la resaca

...

Hemos salido esta mañana a triscar, tal y como habíamos previsto. Carlos, dos amigo suyos, su hermano Samuel y yo. Había mucha niebla, y al poco de empezar a trepar, nos hemos ido separando en dos grupos diferenciados. En cabeza iba Carlos, detrás sus amigos Ernest y Oke (los amigos de Carlos son como una colección de Cabbage Patch Kids; hay un alemán, un australiano, un esquimal, un congoleño...), y luego a bastantes metros de distancia cerrábamos yo y su hermano Samuel. En algún momento, hemos perdido a la cabeza del grupo de vista y lo último que he oído ha sido la voz de Carlos salir de la niebla preguntando "¿Samu, llevas a Ariel? ¿cierras tú?" y a Samu desde mi espalda, contestar "¡Sí, cierro yo, sigue!"

Luego, como media hora después, nos hemos perdido. Y no sé. No sé si ha sido por mi culpa... o por culpa de Samuel... o por culpa de los cabbage patch kids... o por culpa de quién. Sólo se que nos hemos desviado un poco porque queríamos asomarnos a la pendiente y que cuando hemos querido volver aquello era como caminar sobre la nada y no veíamos por dónde. Por no ver, no nos veíamos ni a nosotros mismos.

Hemos dado vueltas durante mucho tiempo, y al final hemos encontrado de nuevo los hitos que marcaban la senda. Y yo no me he asustado realmente hasta que al pasar el pico, nos hemos reencontrado con la cabeza de grupo que bajaba en nuestra búsqueda, y he visto la cara de Carlos. Ahí he entendido que algún tipo de peligro sí que habíamos corrido. Primero porque le ha pegado una bronca a su hermano que se ha debido de oir hasta más allá de la costa del Pacífico (haciéndome agradecer la falta de nieve y, por consiguiente, de aludes), y segundo porque tanto él como los dos Cabbage Patch Kids tenían la piel de un evidenciador color gris pánico.

Escribo esto aprovechando el wifi desde la casa de Oke, que nos ha alojado a todos para poder pasar esta noche sin tener que bajar al pueblo, y así reanudar la marcha mañana. Carlos está muy enfadado conmigo. Tanto que habla de suspender el entrenamiento hasta la semana que viene. Me gustaría poder colgarme un rato de su cuello y decirle que siento mucho haberle asustado, pero el instinto me dice que será mejor que por esta noche deje circular el aire entre nosotros. Y no sé que más puedo escribir, salvo que no me gusta nada defraudar a la gente.

Llueve mucho. Desde donde estoy sentado, oigo las contraventanas de madera golpear contra el muro por el viento.

Quizá lo que en realidad no me gusta nada es defraudarle a él.

Llueve muuuucho

Se me ha roto el pantalón de mi pijama de asteroides. He intentado coserlo, pero ya no tiene vuelta de hoja. Es tirarlo o ir por la casa enseñando el culo. Eso me pasa porque soy cantidad de fiel a las cosas que me gustan. Suelo usarlas hasta que se desintegran, y no las relevo hasta que estoy bien seguro de que no podrán ir más allá.

Lo más gracioso del tema es que aplico la misma filosofía a las parejas sentimentales. Así tengo ese currículum amatorio tan cortito, claro...

Llevo ya dos semanas sin comer nada divertido. O puntualizando un poco... llevo ya dos semanas sin comer nada divertido que vendan en las tiendas.

Lo cierto es que ya no tengo nada a mi alcance. Ni gominolas, ni galletas con grasas saturadas, ni chocolates, ni petazetas, ni caramelos ácidos... Solo fruta, cosas integrales, pipas de calabaza y un tipo pesado montando guardia en la puerta de la nevera cada vez que me levanto de la silla. Y lo peor de todo es que es verdad que me siento mejor. No he vuelto a tener ardor de estómago, ni bajones de glucosa, ni llagas en la boca, ni ninguna de las cosas extrañas que me pasaban antes. Pero no se lo digo, claro. Sólo me faltaba que encima se creciera con lo de la dieta sana. De aquí a alimentarme a base de alfalfa le faltaría el pelo de un calvo.

Mañana por la mañana subimos de nuevo a las cabañas de la sierra, para empezar a entrenarnos en senderismo, con vistas a la subida al volcán. Y aunque él lo dice así "vamos a entrenarnos", en realidad lo que quiere decir es que va a entrenarme a mí, porque él puede trepar 20 km a la pata coja con una mochila llena de piedras, y yo tengo la fuerza motora y el empuje de un mono chichico.

Le he preguntado si no podría atarme una cuerda a la cintura e ir tirando de mí, como en los dibujos animados, pero no ha llegado a contestarme porque la risa le ha dejado sin respiración durante varios minutos.

No veo a qué viene tanto aspaviento. A mí me parece una idea cojonuda.

Volcanes y realidades

El mes que viene vamos a ir a Sicilia a ver el Etna y a comprobar cuánto queda en pie de mi casa de Cefalú. No sé si estoy nervioso o asustado. Quizá las dos cosas. Por ahora prefiero no pensarlo. Me concentraré en el volcán. El volcán. Voy a subir a un volcán. Qué fuerte... Espero no caerme dentro, al fin y al cabo, se trata de mí y a mí siempre me pasan ese tipo de cosas. Aparco en vertical, se me escuernan los gatos, me erupcionan los volcanes... vaya, lo habitual.

Ayer vimos la última película de Harry Potter en blueray. Recuerdo que en el cine la tuve que ver solo porque andaba en plan perro abandonado y no me quedaba otra. También recuerdo que me deprimí mucho por no poder compartir la experiencia con nadie. Así que cuando se sentó anoche a mi lado en el sofá pensé "jo, qué bien, qué bonito... tenerle aquí conmigo viendo esta película..."

Me duró poco la cursilería. No sé, quizá quince o veinte minutos. Lo justo hasta descubrir que no se puede ver la séptima película de Harry Potter con alguien que no haya visto las otras seis anteriores y que encima se pase la saga Rowling por el forro de los nibelungos. Por muy majo que sea, por mucho que le quieras, y por muy sexy que tenga el ombligo.

"¿Pero Harry Potter no era un niño? "¿y el Fiennes por qué no tiene nariz?" "¿y qué están buscando exactamente?" "¿un horroqué? ¿eso no es rollito cristiano?" "¿una pelota con alas? no me jodas... ¿para que sirve? ¿para el tenis volador?" "¿una espada mágica? ¿como la del rey arturo?" "¿y lo de los hermanos a qué ha venido?" "¡coño, un bambi fantasma!" "¿pero para qué quiere el Fiennes la varita?" "¿por que no se pone nariz si es mago?" "Hostia, mira ese de la barba... ¡está incorrupto como Santa Teresa!"

Lástima de petrificus totalus. Lástima de cruciatus. Lástima de abraquedabra. Nunca. NUNCA hay una maldición cuando verdaderamente la necesitas.

No me debe una. Me debe cinco.

Bueno... decía que su madre es doctora y pasa consulta en un hospital de Madrid. Y que fui la semana pasada, para que me ayudara con lo del asma. Esperaba una madre al uso. O como debería ser el prototipo de madre con siete hijos. No sé... redondita... afable... con medallita de la vírgen del Carmen y dolida con su hijo gay... pero no me encontré nada de eso. Me encontré a una mujer jodidamente segura, a la que le bastó una miradita por encima de las gafas para lanzarme un mensaje inequívoco "como saques los pies del tiesto, te los corto, chaval".

Me auscultó, me recetó un broncodilatador, me trató con cordialidad y educación y me preguntó "¿cuándo me invitáis a comer en vuestra casa?" Pregunta a traición. Carlos dijo "mamaaaa..." y yo dije "no, no... o sea... cuando quieras...". Ella dió una palmada en la mesa y le dijo a Carlos "¿ves? Ariel me invita, no como tú..." y Carlos le contestó "Ariel te invita porque todavía no te conoce y no sabe que eres una jodida portera que sólo quiere ir a certificar que uso condones."

Y Ariel se encendió como un gusiluz y se le pusieron los huevos por corbata. Plim-plam. Por ese orden. Mientras ella se encogía de hombros y me preguntaba "¿pero qué hay de malo en usar condones? ¿verdad? ¿a que es lo más natural del mundo, si te pueden salvar la vida?" y yo, hundido cada vez más en el asiento, respondía "pues... sssssí... sí, claro..."

Acabamos de terminar de recoger la cocina. Hemos tenido una casa con paella tres gatos, cinco hermanos, una madre y un padrastro. Y sí, es cierto. En cuanto ha podido ha ido a certificar que no usábamos condones. Y a quejarse de ello delante de los cinco hermanos, los tres gatos y el padrastro, con la naturalidad de quien se queja del asfaltado de la autopista. Y Carlos con mucha parsimonia  le ha dicho a su hermano pequeño "dile a mamá que se meta en tus polvos y deje en paz los nuestros, anda" y el hermano pequeño ha dicho "oye mamá, que te metas en mis polvos y dejes en paz los del Carlos y el Ariel" y yo he vuelto de nuevo al modo gusiluz. Plim-plam. Y la señora doctora ha sacado del bolso toda una ristra de preservativos morados y me los ha puesto en las manos diciendo "toma, cógelos, creo que son de moras o algo así. Díselo tú, que a ti te hará caso". Y ahí me he quedado yo. Como un campeón de puticlub. Con la cervecita en una mano y los condones de sabores en la otra. Hasta que Carlos ha soltado una de sus risas mestástocandoloshuevos y ha dicho "mamá estás a un tris de que te eche antes del postre" y ella ha vuelto a encogerse de hombros y a mirarme A MÍ, para decir "¿y ahora por qué se pone así? ¡si son de los que se chupan!"

Que sí. Que ya me lo decía el instinto que era mucho, mucho mejor haberme quedado con el asma y punto pelota.

O... érase una vez un hombre que me recordaba a una canción


Volver a jugar

Estábamos terminando de comer. Entonces yo he dicho que sentía mucho como me había comportado ayer y él ha agitado la mano con gesto de "da igual". Yo he dicho "no, en serio. Me siento culpable, así que en justa prenda, dejaré en lo que quede de día, que me toques las pelotas todo lo que quieras. No protestaré". Él se ha quedado un rato mirándome y luego ha dicho "¿Todo lo que quiera?" y yo he respondido tajante "Todo lo que quieras, de verdad. "

Entonces, muy serio y muy despacio, ha cogido el spray de nata, me lo ha puesto delante de la nariz y ha apretado el dispensador. Así... directamente. Pelo, ojos, orejas, boca, camiseta, agujeros de la nariz... Postre de Ariel con nata en dos nanosegundos.

Primero me he quedado pasmado durante un buen rato. Goteando nata por la barbilla y sin saber reaccionar. Luego, mientras él aguantaba la risa masticando fresas, he ido tranquilamente al lavabo, me he quitado la nata de los ojos, me he acercado a la nevera, he cogido el otro spray, he vuelto al salón, le he apartado el cuello de la camiseta por la espalda y fssssssh... Postre de Carlos relleno de nata en dos nanosegundos.

Entonces ha estallado la guerra. Nata en las narices. Nata en las paredes. Nata en los gatos. Nata en los cuadros. Nata en el sofá. Nata en los pantalones. Nata en los calcetines. Nata en todas partes.

Es indescriptible la que hemos armado en el salón. No me reía tanto desde la navidad de 2007. No... en realidad... puede que jamás me haya reído tanto.

A eso de las seis ha llamado su hermano por teléfono. Él ha dicho "aquí estamos, haciendo tonterías con un spray de nata". Su hermano ha contestado "eh, eh, tio... no me cuentes tus guarrerías, coño..."

Y hemos vuelto a descojonarnos. Otra vez.

La verdad es que ahora vivir mola mucho más que antes.

Un poco de aquí, otro poco de allá...

Tengo que irme al Leroy Merlin así que dispongo de dos nanosegundos para escribir este post. A ver si puedo dar novedades en plan telegrama. No es propio de mí dejar pasar días tan llenos de cosas sin escribir ni una palabra sobre ellos.

Ya terminé el curso de Illustrator CS5 (alabado sea Jehová). Nos dieron a todos un diplomita paria de esos con chorrerita alrededor. Uno de los chicos dijo que iba a enmarcarlo y a colgarlo de la pared de su salón y yo solté una de mis risas de comadreja esquizofrénica. El chico me miró con auténtico y absoluto odio, y entonces me di cuenta (tarde) de que no lo estaba diciendo en broma. Me hubiera gustado pedirle disculpas, pero cuando suelo intentarlo la cago aún más, así que dejé que se fuera pensando que yo era un capullo diplomado en Illustrator. Qué le vamos a hacer. Lo cierto es que eso de enseñarle al mundo que has estudiado algo colgando diplomitas en la pared, siempre me ha parecido de lo más penoso que puede hacer una persona. Me da igual que sea un master en biogenética o un título de capador de caracoles. Es igual de patético en ambos casos. Triste ego aquel que tiene que apuntalarse con chuminadas de ese tipo.

Ya hemos puesto la mitad de la red antigatos en la terraza. Cuando sólo habíamos montado una tercera parte, Peyote ha intentado saltar, ha rebotado en la red y se ha estampado contra el suelo. Carlos lo ha cogido en brazos y le ha hecho un curitasana. Yo no. Yo me he alegrado y casi he estado a punto de bajar de la escalera para darle una patadita en el culo de postre. Me tiene harto. Harto de que sea tan malo y tan cabronazo, a pesar de la vidorra fácil y cómoda que le he facilitado. Cuando estábamos terminando de montar el último trozo de la primera mitad (ojo al dato) ha vuelto a saltar por otro lado, ha vuelto a rebotar y ha vuelto a estamparse. La verdad es que no solo es un cabronazo; es un cabronazo inasequible al desaliento. A veces pienso que el veterinario se equivocó y que en lugar de cortarle los huevos, le hizo un trasplante.

Ayer Carlos y yo tuvimos nuestro primer mosqueo. Fue culpa mía (aunque como digno dueño de Peyote, en ningún momento lo reconocí) pero aún así, yo seguía mosqueado por la noche cuando a él ya se le había pasado después de los primeros diez minutos y estaba dispuesto a claudicar. Me doy cuenta de que Carlos es mucho mejor persona que yo. Espero que el hecho de convivir con él me sirva para aprender y para mejorar un poco todos los 345.689 defectos que arrastro.

Me largo. Luego sigo. Falta dejar testimonio de mi enriquecedora experiencia con Carlos's Mom.

Asmas, jerarquías y botellas

Estoy rizando el rizo de mi artística oficinera de papel. Lo próximo será el halcón milenario. Y también lo colgaré del techo para que mi jefe cuando pase ponga cara de rottwailler de  al otro lado de la verja. Lástima que no tenga el modo de hacerlo con luces y con sonidito absurdo tipo chiu-chiu-chiu. Se iba a cagar la perra (y el rottwailler).

Sigo asmático y de capa caída. Me han metido en un curso de Illustrator CS5 seis horas al día y resultaría algo genial, si no fuera porque mi jefe en toda su sabiduría, pretende que lo deje para que le pueda maquetar un índice antes del viernes. Un índice. Quiere que abandone un curso de 30 horas para que le haga una mierda de índice. Me hubiera gustado poder levantarle el dedo corazón y preguntarle si lo quería tecleado con ese dedo o con algún otro de los diecinueve restantes, pero como tengo por costumbre comer todos los días y soy de natural cobarde, he tenido que limitarme a poner cara de mosca atropellada por el tren y decirle que no me parecía una decisión justa. No sé si finalmente me dejarán terminar las clases como al resto. Hoy he aprendido a hacer una botella en 3D y no me ha dado tiempo a ponerle la etiqueta que había diseñado para ella. Si a mi jefe le sigue apeteciendo darme por saco (y en cuanto vea mi caza imperial, le apetecerá) probablemente mi botella se quede para siempre en el limbo de las botellas desitequetadas del mundo mundial. Qué mierda. Tenía que haberme dedicado a otro oficio menos triste y mejor pagado. Como por ejemplo, vaciador de cacaperros o chica de telecupón.

Ya no sé qué inventarme para poder respirar como las personas normales. Carlos quiere que vaya a ver a su madre, que es doctora del Gregorio Marañon. Yo le he dicho que entre que su madre me vea las tetillas y ahogarme, por ahora prefiero lo segundo, pero que si en algún momento por la mañana me nota más bermellón de lo normal, no dude en llamar al hospital para pedirle cita.

Ojalá me supiera algún truco de magia para cambiar estas semanas tan llenas de lunes.

Y ya

Todo el día en el hospital por un ataque de asma. Me cuesta respirar y por lo tanto, me cuesta también vivir. Ahora levantarme del sillón es un mundo, y escribir esto también. Carlos se ha peleado mucho con los médicos porque nos han tenido dos horas y media esperando en la silla de un pasillo. Ha dicho que era "intolerable". Me ha gustado esa palabra. Intolerable. No es nada fácil sacar las palabras adecuadas cuando estás muy cabreado con alguien. Yo suelo tartamudear. Carlos no ha tartamudeado, sólo ha pedido a gritos la oficina de atención al paciente. Creo que sigue siendo su status de hermano mayor.

Me han hecho pruebas de alergia a docemil cosas. Cosas asquerosas como la caspa de perro, absurdas como la flor de olivo y deliciosas como la avellana. También al pelo de gato. Mientras me hacían esa, le he dicho la enfermera que iba  a dar igual lo que saliera, porque no iba a abandonar a mi comunidad de gatos destroy. Carlos ha dicho "no pasa nada, me los quedaré yo y a ti te apaño un macetero en la terraza para que estés amplio". Yo me he reído y me ha vuelto a dar el asma, así que la enfermera le ha echado fuera mientras terminaban con las docemil gotas de alergénicos. Carlos no se ha molestado. Sólo ha dicho "espero que no me tengas alergia a mí" y me ha dado un beso en la mascarilla. La enfermera se ha puesto un poco colorada. Un tipo de metro noventa con barba cerrada que grita cagoenlahostia no queda muy coherente dando besitos. Tenía que haberme dado un palmetazo en la espalda. Seguro que con eso la chica se hubiera quedado tranquila. Pero Carlos también hace siempre lo que le sale de los huevos. Sigue formando parte del status de hermano mayor.

No han sacado a qué tengo alergia. Yo tengo la teoría de que es la falta de ositos de goma.

Pero es una teoría que por ahora no cuela.

Do buedo gon la brimavera

Estoy agotado. Me da igual que sea la polución, la alergia o el polvo sahariano. El caso es que no puedo con mi alma. Me arrastro de un silla a otra y cuando dan las ocho de la tarde me quedo dormido en el sillón como un abuelo. Lo único que quiero es dormir, dormir y dormir. En una de estas, me quedaré sobado en plena sesión de sexo y Carlos arrastrará un trauma psicológico durante todo el resto de su vida eréctil.

Bueno… vamos al relato de las tonterías acontecidas. Anoche intenté hacer una mani en la cocina para protestar por el golpe de estado a mis gominas y reivindicar el libre albedrío de mi páncreas, pero fracasé estrepitosamente. Carlos resultó ser un experto negociador de hordas libertarias. De hecho, le bastó una miradita de perrillo "élnoloharía" y un par de frasecitas tipo "lo hago porque no quiero perderte" para vencer todas mis resistencias, como el más diestro de los MacGyver del terrorismo comechuches. Para muestra un botón; no sólo le he agradecido la masacare de todo mi surtido de guarrerías, sino que encima he desempolvado la dieta de hígado sano que me puso el nutricionista hace cuatro meses y le he prometido seguirla a rajatabla hasta Navidades (que llegará el señor Suchard y hará conmigo lo que quiera).

Ha clavado la dieta con imanes fluorescentes en la nevera como el que pone el cuadro de macarrones del niño y me ha dicho que, como muestra de solidaridad, él también la seguirá hasta Navidad. Yo le he dicho que si quería ponerse a "plan tanga" para el verano, no necesitaba utilizarme de excusa, y ha respondido: "Alimentarse como tú es más bien ponerse a plan foca del adriático". Me he descojonado con la frasecita. A ver si luego me acuerdo de ponerla en el turuliti ese.

Hemos comprado por internet una red para gatos de 8 metros con varillas de montaje. Vamos a ponerla en forma de cúpula rodeando toda la terraza para evitar que mi bestezuela con estampado de vaca se escape por los costados. Ahora en lugar de una terraza-gallinero, el pobre Carlos tendrá una terraza-jaula de pterodáctilos. Maldito gato esquizofrénico… Hubiera sido mejor que me regalaran un escarabajo pelotero. Al menos ahora podría limitarme a tirarle por el wc.

Bueno, la cruda realidad es que digo estas cosas para hacerme el duro. La verdad es que es mi gato favorito. Pone una cara tan seria cuando aniquila… tan mono él… tan satánico…

Muertos y jodiendas

Ayer una compañera de mi trabajo, seriamente traumatizada por la muerte de su padre hace ya dos años y medio, fue a grabar al programa "Más allá de la vida" de telecinco para intentar comunicarse con el espíritu de su padre muerto a través de una medium. Previamente, tuvo que ir a un par de entrevistas, en las que fue sometida a todo tipo test psicológicos sobre la relación con su padre, y dónde tuvo charlas diversas con "topos" que el programa obviamente infiltró, haciéndose pasar por participantes y público asistente, para extraerla información de primera mano, que luego la falsa "medium" pudiera utilizar en el show. De qué murió su padre... qué tipo de objetos guardaba de él... cómo había sido su forma de ser...etc. Para cuando la infeliz de mi compañera fue al programa, la dirección de este ya tenía todo un dossier completo de lo que podían decirle para que cayera absolutamente en la trampa como una pardilla.

Y cayó, claro. Esta mañana ha venido toda ensimismada, contando cómo la medium (o sirvengüenza que llamaría yo) le había adivinado todo tipo de cosas sobre su padre y cómo le había dicho que la quería muchísimo y que la esperaba en el cielo junto con su abuela, para volver a reunirse con ella cuando le llegara la hora. Para terminar, llorando hasta el hipo, me ha dicho "me he vuelto creyente, Ariel. Mi padre me espera en el cielo..."

He pensado que tenía que decírselo. Que era importante que fuera consciente de lo que no quería ver. Que se habían reído de ella. Que la habían utilizado y que todo el equipo del programa no eran más que una panda de sirvengüenzas que se aprovechan de la tristeza y la ignorancia de las personas para cumplir sus putos datos de audiencia mínima con los que poder sacar ingresos publicitarios. Pero viéndola arrasada en lágrimas no he tenido valor. Y todo lo que he podido preguntar ha sido "¿te han pagado algo?" para que ella, mirándome con ojos sorprendidos, respondiera "¿pagarme? ¿cómo se te ocurre? no, claro que no..."

O sea, que ni eso. Hijos de mil perras. Por una vez desearía que de verdad existiera la chuminada del cielo y del dios todopoderoso, sólo para que pudieran pudrirse todos en el más absoluto de los infiernos.

Hala. Desfogado quedo. Cambio de tercio.

Carlos ha empezado a leer este blog desde el principio. Dice que se saltará todos los post en los que aparezca su nombre. Ana dice que no hará eso ni de coña porque la curiosidad es inherente al ser humano. Yo estoy seguro de que sí lo hará. Empiezo a conocerle, y si dice que lo hace, lo hará. Tiene la corteza craneal especialmente dura y el sentido de la honestidad arraigado hasta lo absurdo. Creo que es el temperamento vasco. Los italogermanomadrileños por el contrario, estamos siempre dispuestos a cagarla con una elegancia que ya quisieran muchos y sin que se nos despeine ni una ceja.

El caso es que al descubrir que pasé por enfermedades muy chungas durante el primer año de este blog, ha decidido que necesito una vida más sana, y me ha dicho la frase que todo Ariel Nepomuk teme desde el momento en que llega al mundo: "Se acabaron las chuches y los bollos en esta casa." Aunque en un principio me lo he tomado como una cuchufletamenaza de esas que dicen los padres para que te comas todas las espinacas, finalmente ha resultado que lo decía en serio. Esta mañana he tenido un cruel amanecer en el que mis 45 vulcanitos de fresa han desaparecido del cajón de la cocina por arte de birlibirloque, en compañía de todos mis paquetes de chaskys facundo, mis galletas oreo, mis paquetes familiares de gominolas con forma de animalitos, y mis 12 barritas de chocolate blanco milkybar. A cambio, me ha dejado sobre el servicio del desayuno un plátano.

No tengo vulcanitos, gominolas, chaskys ni milkybares. Pero tengo un puto plátano.

Ya sabía yo que más tarde o más temprano, este blog acabaría dándome un disgusto.

De lo que va por dentro

Toda la noche de ayer tirados en el sofá, hasta las orejas de zampar nachos y burritos, jugando al Crysis 2 y haciendo el tonto en twitter. Nos pasábamos el macbook el uno al otro. Uno jugaba… el otro escribía… uno escribía… el otro jugaba. Ahora tú… ahora yo… ahora te pincho… ahora te contesto… Y con la resaquilla de las dos coronitas y en medio del ciberfollón que nos hicimos, me preguntó "¿y ese blog que escribes... lo puedo leer yo?"

Le dije que no. Así, directamente. No. Y aunque pensaba que se mosquearía y me cerraría el macbook en los dedos, se limitó a bajar los ojos y decir "ok, lo entiendo, no pasa nada." Y sintiéndome como un cerdo desagradecido, tuve la maravillosa idea de intentar explicarme. No como se explica la gente normal, no. Explicándome como me explico yo cuando quiero ser claro. Enlazando barbaridades y dando palos de ciego sin llegar a ningún sitio. "No es que no quiera que lo leas… pero es que… te llamé marica temática… y hablo mucho de un tío del que estaba enamorado, pero… no es que yo… o sea… he contado chorradas de tu polla y… creo que me metí con Bosco y… en los primeros posts hablo de cuando yo hacía chapas por callao... cuando era pequeño... y de mi padre que se metía caballo... y me abrió la cabeza, pero... todo esto… o sea...yo te lo iba a contar, pero...no sé si hay... algo... más..."

Y así, según iba hablando la iba cagando maaaas y maaaas… y él iba abriendo los ojos maaaas y maaaas… de tal forma que al final ya era cuestión de caer presa de un pánico inútil y salir corriendo, o golpearme la cabeza contra el mando de la play hasta el coma cerebral, así que opté por lo primero, solté un buenomevoyadormir y salí de allí como alma que lleva el diablo. Y no me metí en su cama, como estos días atrás. Por primera vez en semanas, ignoré la casa de 2 y me encerré en mi cuarto de 1+1. Me metí en la que era mi cama y allí me quedé. Aplastado contra la almohada y pensando en mi genialidad de haber logrado destrozar en quince segundos, lo que me había costado conseguir quince años.

No sé cuánto tiempo estuve solo ahí metido. A lo mejor fueron minutos y dentro de mi desesperación me parecieron horas. Solo sé que cuando ya estaba pensando en dónde iría cuando me echara al día siguiente, entró y se acostó a mi lado pasándome el brazo por encima. Que yo dije "Es que la gente que pasa por mi vida siempre se va" y que él respondió "Bueno. Pues yo no me voy a ir".

Así que si estás leyendo esto ahora mismo, Carlos... solo espero que puedas rascar toda la corteza que envuelve este blog, y llegar al centro, para encontrarte conmigo. Allí donde sigo igual que estaba hace veinte años. Solo, diminuto, y soñando con ver volcanes que seguramente, no llegaré a ver en mi puta vida.

Bueno, bueno, bueno...

Ha sido un fin de semana completito en el que he hecho de todo menos escribir. Así de perro soy. Pero no importa. Para eso estoy aquí ahora. Para hacerme un follón y dejarlo todo cronológicamente liado.

El viernes traje todos mis libros a casa. Ocho cajas. Carlos cambió su salón para que cupiéramos, los libros y yo (los gatos ya no hacía falta porque esos se meten aunque no quepan). Levantó graaaandes estanterías a lo alto y ancho de las paredes y me ayudó a desempolvar y colocar. También cambió unos muebles por otros y reestructuró el armario de su habitación para que pudiera llevar allí mi ropa. En total nos costó unos cuantos viajes de ida y vuelta al IKEA, unos cuantos dedos pillados, algún quitadeenmedio y bastantes risas (yo siempre me río cuando tengo que montar muebles porque suelo tener la destreza de un babuino ciego. Es la consecuencia directa de mi irresponsabilidad) Creo que era Sabina el que decía en una canción que 2 no es igual que 1+1. Carlos decidió este fin de semana cambiar su casa de 1+1 por una casa de 2.

Yo todavía me encuentro mirando todo con expresión de niño asomado a la pastelería. No estoy acostumbrado a semejante demostración de fe ciega en mí. Ojalá me salieran alguna vez las palabras adecuadas para agradecérselo. Por ahora sigo sin salir de mis celébres gorjeos de felicidad bobalicona tipo "uh... eh... que... que bonito todo... glglglgl..."

El sábado acompañé a uno de su veintemil hermanos a un punto limpio a tirar los muebles que se desechaban en el cambio ponga-un-ariel-en-su-vida. Hice todo el camino de ida acojonadito porque pensaba que más tarde o más temprano me diría algo así como "vais a matar a mi madre de un disgusto", pero no pasó nada de eso. Por el contrario fue cantidad de amable y simpático conmigo. Mientras esperábamos al organizador de trastos, dijo "qué de puta madre ver a mi hermano ahora tan contento con lo chungo que lo ha pasado los dos últimos años". Me estuve fijando bien, por si en ese momento salían los cervatillos y los conejitos disney por detrás de algún contenedor pero no... No salió nada. Todavía puede caberme un poco más de felicidad absurda.

Esta mañana Carlos ha corrido la media marathón (están locos estos romanos). Le pedí que me despertara para ir a animarle (y de paso ridiculizarle un poco, al pobre) a golpe de silbido, pero debí decirlo con expresión malévola, porque ha pasado de mí ampliamente y me ha dejado durmiendo como un ceporro. Para cuando me he despertado, él ya había corrido, se había duchado y estaba preparando unos huevos revueltos (con un par de ídems). Creí que pasaría el resto del día arrastrando las rótulas doloridas por las esquinas pero nah. Tampoco. Sigue tan pichi y tiene ganas de cine. Tengo que rebuscar a fondo en la casa a ver si un día de estos encuentro por algún lado el batmóvil.

No puedo seguir. He quedado a las diez con las invasiones alienígenas. Yupi-yupi-yey.

Gracias a Ana Pepito Grillo por la fe de erratas.

Sueño...

Estoy hambriento, incluso a pesar de que llevo en el estómago 300 albóndigas suecas. El salón es un follón de planos y de tornillos porque intentamos montar un mueble sueco antes de que el reloj nos harte o el vecino de abajo nos fusile. Albóndigas suecas, muebles suecos... Demasiado nórdico para la madrugada de un viernes. Hemos venido cantando a voz en grito I Don´t Want To Miss A Thing, de los Aerosmith mientras las cajas temblequeaban en la parte trasera de mi tanque-furgoneta. Luego las hemos arrastrado por todo Malasaña. Que mierda de brazos tengo. Si fuera Indiana Jones en el templo maldito ya me habrían comido los cocodrilos ocho veces.

Entre todo lo que hemos sacado del mueble a desechar, han salido fotos, cartas, regalos y trozos de cariños pasados cortados a mogollón. Le pregunto si le duele mirar hacia atrás y me contesta que de todo lo que ya no volverá en la vida, siempre hay que hacer una enorme hoguera. Yo le digo "pero ahora estás bien ¿no?" y se ríe "Ahora estoy donde siempre había querido estar. Debería encontrar la forma de agradecértelo."

Eso también podría tranquilamente haber sido una canción de los Aerosmith.