He encontrado esto en los archivos de mi antiguo blog. Y como aún estando en un día tan jodido, me he descojonado de risa al releerme, lo voy a transcribir aquí, para leerlo mañana y tener otro motivo para reirme un buen rato.

Es un apunte que hice en mi diario el 15 de enero de 2006.

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Hoy hemos decidido subir al Puerto de Navecerrada a jugar un poco con la nieve. Como amenazaba mucho frío y mi resfriado no estaba del todo superado, Jim me ha hecho poner dos jerseys, un pantalón impermeable y dos pares de calcetines. Luego, Rata ha dicho que lo importante era proteger bien el pecho, así que me ha colocado por encima su anorak de pluma, bien abrochado hasta la barbilla. Entonces, Paco ha dicho que la garganta no podía ir desprotegida, y ha procedido a enrollarme con ocho vueltas su bufanda de lana por debajo de la nariz. Pero Santi les ha dicho a todos que era importante no olvidar mi infección de oídos, y me ha encasquetado su gorro polar hasta los párpados (inferiores). Luego, ya en la puerta, alguien ha reparado en que llevaba las manos descubiertas y me ha calado sendos guantes impermeables de doble forro.

Y así hemos salido a disfrutar del sábado en la montaña. Ellos delante, charlando animadamente con las chaquetas al hombro, y yo detrás, con pinta de acabar de bajarme del transbordador espacial después de seis meses en órbita.

Una vez en Navacerrada, mientras aparcábamos el coche del Rata, he visto que pasaba por nuestro lado el mismísimo Ismael Serrano. Presa de la emoción, he querido bajar corriendo del coche para pedirle un autógrafo pero mis superguantes de doble forro (obviamente no fabricados para desabrochar cinturones de seguridad) junto con la imposibilidad de bajar los brazos, me han llevado a una especie de agonía compulsivo-nerviosa con ciertos toques de "uuugh... ¡babel-bebano! ¡babel-bebano! uuugh..." que ninguno de los presentes ha logrado descifrar a través de mis ocho vueltas de bufanda. Cuando por fín he logrado salir del infierno del cinturón (y eso gracias a que Jim ha asociado mis aspavientos con una urgencia de pis), el Sr. Serrano estaba a más de 100 m. de nosotros. Y aunque he intentado salir corriendo para alcanzarle, no he tardado ni dos segundos en tropezar con las botas militares y caerme, cuan largo soy, de tripa y boca en pleno asfalto nevado.
El daño físico ha sido inexistente (como inexistente hubiera sido si me hubiera caído a un foso de cocodrilos. Vamos...todavía estarían comiendo ropa los pobres animalitos...); del daño psicológico tardaré varios meses en recuperarme. Porque claro... no todos los días pasa uno por la experiencia de que cinco amigos tengan que levantarte del suelo, después de tres minutos largos agitando brazos y piernas en el aire para poder voltearte cuan tortuga, bajo la mirada de las 256.357 personas que ese mismo día descubren cuál es el verdadero significado de "ir a divertirse a la nieve".

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Consuela esto de ver que hace cinco años ya era un payaso en ciernes.

Sigo sin noticias de Peyote. Ni de nadie que no sea mi estómago que me recuerda con un leve grlgrlgrl que estoy en ayunas alcohólicas.
Ha vuelto Eli. Ha traído un paquete de sandwiches y una botella de mojito. Me ha dicho: "¿sin noticias?" y yo he respondido:"sin noticias". Luego ha dicho: "pareces un muerto viviente" y yo he vuelto a decir: "que te jodan". Entonces, ha ido a la cocina a por dos vasos con hielo, se ha sentado a mi lado, me ha ofrecido uno de los vasos y ha dicho "anda, bebe y olvida". Yo he tragado medio mojito y he preguntado "te quieres tirar a Carlos ¿verdad?" Él ha soltado una risa de conejo y ha contestado: "Eso estaría de puta madre, sí."

Bueno... pues por lo menos ahora todos tenemos las cosas un poco más claras.

Me he metido entre pecho y espalda tres mojitos. En ayunas. Le he preguntado a Eli cuánto tiempo llevaba con Jokin y me ha respondido que dos años. Le he preguntado que a cuántos se había tirado en esos dos años y me ha respondido "uf, yo qué se tío... ocho... diez..."

Pobre Jokin. Para que luego encima un enano con pelánganos y escherichia le grite en la cocina.
Hacía mucho tiempo que no estaba yo tan productivo con el blog. Qué razón tenía al decir que cuanto peor estoy, más doy la brasa... Pero bueno, igual da. Estamos en un domingo de casiagosto y nadie lee blogs en agosto, así que... si hay un momento para lloriquear como un mierda, sin duda es este.

Cinco menos diez. Sin noticias de nadie. He estado buscando hasta todo lo lejos que me han llevado los pies. Peyote no está por aquí. Si estuviera, hubiera acudido a mi llamada. Siempre lo hace, incluso cuando no hay comida de por medio. Debería ir haciéndome a la idea de que, sea cual sea el motivo, no voy a volver a ver a mi gato en la puta vida. He puesto algunos carteles por los árboles. No sé para qué coño. Para que lo lean los gnomos.

He vuelto a la casa y he intentado hacerme algo de comida pero todo mi intento se ha limitado a: 1. encender el fuego 2. sacar una sartén 3. apagar el fuego 4. guardar la sartén. Estoy un poco derrotado y eso nunca va parejo al apetito. Es la primera vez desde que le conozco, que no me llama para preguntarme si he comido y me he tomado la pastilla. Supongo que en estos momentos le gustaría meterme el envase entero por la oreja (y digo por la oreja por aquello de ser fino de vez en cuando).

No se que va a pasar ahora con nosotros dos. No se lo que estará pasando por su cabeza y claramente, tampoco le apetece contármelo. Supongo que debería hacer algo bueno por él y quitarme de su vista, pero incluso haciendo la maleta y bajando a Madrid estaré metiéndome en su casa, así que... por ahora, como no me esconda debajo de la cama... o me aguanta unos días, o me aguanta unos días.

Pienso en que puede decirme que me vaya y me rompo por dentro. Bueno... yo quería cambios en mi vida y algo he cambiado.

Exactamente de tres gatos, a dos gatos y una rata.

Yo que se cómo llamar a esto...

Jokin quería ayudar a Carlos a seguir buscando esta mañana (ya dije que es un tipo cantidad de majo) así que él y Eli se quedaron a dormir anoche en la casa. Eli se pasó toda la cena hablando de tríos y de intercambios de pareja. De lo morboso que resultaba, de lo excitante que era para la vida sexual, de que no tenía nada que ver con la fidelidad y bla, bla, bla... Mientras, Jokin se encogía en la silla haciendo tímidos comentarios tipo "hombre... yo es que creo que si dos se quieren, no necesitan algo así..." y Carlos seguía cenando y mirando hablar a Eli con cara de paisaje. Frío y en su sitio. Como siempre.

Imaginarme a Peyote muerto no me va nada bien para la paciencia y el sentido común, así que mientras metía los platos en el lavavajillas, cogí al pobre Jokin en un aparte y le dije que bajara de la higuera y empezara a darse cuenta de que su maravillosa y atractiva pareja quería tirarse a la mía. Él abrió mucho los ojos y dijo "Pero...¿de dónde sacas esa idea?" y yo, para completar mi faceta de nosécallarme, respondí "PORQUE YO TAMBIÉN QUERÍA TIRARME A CARLOS HACE UNOS MESES ASÍ QUE LA ESTRATEGIA ME ES FAMILIAR, NOMESEASIDIOTA JOKINJODERRRRRR..."

Y me oyó toda la casa, claro. Creo que hasta Vargas asomó el hocico por la ventana de su jaula para pensar "uy lo que ha dicho..."

Y Carlos se cabreó. No con Jokin, ni con Eli. Se cabreó conmigo. Y cuanto más le sentía cabrearse conmigo, más me cabreaba yo con él. Por no reaccionar. Por no pararle los pies. Por quedarse ahí, quieto y correcto, dejando que el subnormal ese viniera a mearse en mi propia puerta. Y ya en la intimidad del cuarto, estuve diciendo barbaridades apocalípticas, una tras de otra, hasta que Carlos se decidió a hablar. Una sola frase para matar, como siempre. "Creyendo que cualquier impresentable teñido podía venir a romper esta relación, lo único que has demostrado es que tú mismo no confiabas mucho en ella."

No sé si fue por el uso del pretérito imperfecto, o por llamar a Eli impresentable teñido, pero me hizó touché, como siempre. Así que me callé, cogí una colcha y fuí a tumbarme a la hamaca del jardín. Y allí he amanecido. Sin gato, sin sexo, sin compañero... sin dignidad...

Este post perfectamente podría llamarse de Todo a Nada en veinte segundos.

Me ha despertado Tequila maullándome en la oreja. Carlos y Jokin ya se habían ido. Eli ha venido al jardín a decirme "oye, no os habréis peleado por mi culpa ¿no?", y yo le he mirado y he dicho "Que te jodan". Ha puesto carita de sorpresa y acto seguido, ha mascullado una excusa que no he oído bien y se ha ido. No se ni a dónde, ni a qué. Igualmente, me la pela.

Puedo contar con los dedos de una mano las veces que le he dicho a alguien a la cara "que te jodan". Carlos tiene razón. Estoy perdiendo el norte.
No le han encontrado. Una señora de una casa cercana me ha dicho que los perros de pastoreo mataron a su gato el año pasado.

Me lo podía haber dicho antes, la muy ***a.

Otra noche sin pegar ojo. Solo que esta vez nisiquiera será por algo divertido.

Carlos está jodido por no haber cerrado las mosquiteras. Yo estoy jodido por haberle dicho que no cerrara las mosquiteras. Será mejor que empiece a fingir fe y positivismo. No puede ser que le tenga sufriendo por mi culpa un día sí y otro también.

Vaya mierda de día.

Ya no se qué más hacer

He hecho veinte modelos diferentes de cartel. Cartel con foto... cartel sin foto... foto sin cartel... Los buscadores de gatos no han vuelto, así que supongo que no han tenido suerte. Carlos me ha dicho que pusiera bien claro en el anuncio que ofrecemos pasta por recuperar a Peyote. "Se ofrece recompensa"... Mola la frase. Suena como si todo esto fuera una película de Sergio Leone y Peyote fuera Billy the Kid. He intentado buscar una foto en la que saliera guapo, pero en todas tiene cara de cabroncete. No le culpo. Yo en todas las mías, tengo cara de imbécil. A cada uno, su cruz.

Le he hecho recorrer a Vargas el laberinto unas doce veces. Siempre acaba encontrando el trozo de fuet, así que ahora me queda la duda de si es muy inteligente o muy zampabollos.

Carlos me matará si se entera de que le pongo fuet a la rata, pero es que sólo tengo queso de burgos y no le debe gustar mucho porque no le hace mover el culo ni a la de tres.

Me voy a volver loco si no vuelven pronto.

Voy a buscar en google si las ratas comen fuet.

Siempre llega el momento de lo importante

Esta mañana hemos hecho una excursión a Cabezo de Mijares. Y aunque ha sido una sucesión de paisajes maravillosos, no he podido disfrutar de ninguno, porque hace ya dos noches que Peyote no aparece por casa.

Nunca se había ausentado más allá de un par de horas. Ayer estuve todo el día en estado de semimosqueo. Hoy he pasado a las primeras fases del pánico más puro.

Carlos me advirtió sobre la posibilidad de cerrar las mosquiteras para que los gatos no salieran, pero yo no quise. Por el mismo motivo por el que jamás les he puesto correítas, ni mantitas, ni cascabelitos parias. Porque los gatos son gatos y mi derecho a robarles su status de felino y convertirles en perros falderos, es justo y limitado. Puedo evitar que se caigan desde un séptimo piso, pero no que salgan al bosque a explorar cuando estoy en una casa baja aislada con jardín. Ni puedo, ni debería.

Hasta ahora había salido bien. Ellos salían, disfrutaban y volvían, felices y despeluchaos, para comer y dormir. Pero cada uno tiene su personalidad, y si Tripi y Tequila son tranquilos, y se mueven en radios limitados, Peyote está hecho de la pasta de los intrépidos. Yo asumía un 75% de posibilidades de que me diera algún susto. Y aquí estoy ahora. Cagándome en ese maldito 25%.

Esta tarde Carlos y Jokin saldrán a peinar 4 km. en círculo alrededor de la casa para ver si le encuentran. Carlos me abraza y me dice que no me preocupe, que le encontrarán porque no puede estar muy lejos. Pero reconozco su mirada cuando me lo dice y sé que está pensando, igual que yo, en la carretera comarcal sin iluminación que hay cruzando el embalse. Sé que piensa, igual que yo, en todos los conejos atropellados que nos hemos encontrado por los alrededores un día sí y otro también. Y sé que sus palabras de ánimo son sólo para sujetarme. Como siempre.

Me ha pedido que me quede en casa haciendo carteles para repartirlos por el pueblo. No quiere que vaya con ellos a buscar. Dice que soy el que mejor se apaña con el macbook, pero eso es otra mentira obvia. Sé que lo que no quiere es que tenga que enfrentarme a la posible imagen de mi gato aplastado en una cuneta.

Cuando haya pasado todo, sea cual sea el desenlace, tendré que encontrar la forma de agradecerle su ayuda, porque la verdad es que no sé qué coño hubiera hecho si hubiera tenido que enfrentarme a esto yo solo. Por estúpido que parezca, estos animales son mi familia. No sirvo para sustituirlos por otro, como quien cambia un periquito. Las cicatrices que me deja cada uno que se va, son profundas y jodidas. No quiero pasar por eso. Soy egoísta y le necesito. Necesito que vuelva. Me da igual que sea para arañar sofás y tirar cosas de la estantería. Es mi gato pequeño y le quiero igual. Le necesito igual.

Sexo sin drogas y sin rock and roll

Ya he terminado el laberinto. Estoy buscando un minotauro en condiciones pero como estoy en casa ajena, no dispongo de ninguno de mis juguetitos parias. Podría solucionarlo con uno de esos menús de macdonalds que llevan hamburguesa y muñequito satánico, pero no puedo decírselo a Carlos. Después de haber tenido comiendo de su mano a un modelo de vaqueros que ha estado viviendo tres años en Argentina y dos en Singapur, no puedo llegar yo con mis bermudas cargo de cuadritos y decirle que quiero un japimil. Temo que empiece a hacer comparaciones odiosas y termine el pobre llorando en un rincón.

Llevo unas cuantas... muchas... demasiadas noches sin dormir más de cinco horas seguidas. Y aunque es por sexo y guarrería, no tengo mejor cara, ni me brilla más el pelo, ni ninguna de todas esas cosas que aseguran en las revistas para chicas. Yo estoy adelgazando, tengo ojeras y me duermo hasta haciendo pis. No sé a qué viene esta furia testosterónica que nos invade. He revisado los prospectos de todos los medicamentos para la tensión que le mandaron a él y todos los de la escherichia que me mandaron a mí, pero no he encontrado nada. Una señora me ha dicho hoy en la panadería que el pueblo estaba rodeado de roca de granito radioactivo, pero he llamado a Miguel para preguntarle si la radioactividad subía la líbido y todavía se está riendo, así que... mejor será que me tome todo como una cuestión del momento y dedique mis energías a dormir la siesta, metido en un pijama de esos de conejito, como el que llevaba el niño de Donde Viven los Monstruos.

Tripi siente auténtico terror por Vargas. Cada vez que le saco de la jaula, corre a esconderse debajo del aparador. Pesa 200 kilos en canal, tiene todo el aspecto de un lince (con sobrepeso) y se asusta de una mierda de rata. Tchsk... esperemos que al menos la rata tarde en darse cuenta.

Me voy a ver la peli de Karate Kid en el plus. Definitivamente, la radioactividad no me hace menos hortera.

Cuántas cosas para contar y qué poco tiempo...

Me enamoro un poco de este pueblo. Me gusta su color, su luz y hasta su olor. No se si tiene que ver la felicidad idiota que sube y baja desde mi cerebro 24h. al día teniendo al superhéroe cerca (ojo a los cervatillos cantores que en algún momento aparecerán por el blog), pero es verdad que podría quedarme a vivir aquí para siempre. En esta misma casa, con este mismo jardín y sentado en esta misma hamaca. Ya vendría alguien a descongelarme con un soplete, cuando llegara noviembre.

Ayer tuvimos visita y hoy hemos tenido catástrofe. O semicatástrofe. O... posible presemicatástrofe. Vinieron Jokin y Eli. Jokin es compañero de instituto de Carlos y amigo de toda la vida. Eli es su pareja. Jokin es amable, simpático, encantador y bondadoso. Eli es... un capullo que quiere tirarse a mi compañero. Y no es un capullo cualquiera, no... Es un capullo unas tresmil veces más guapo, más atractivo y más listo que yo. Así que luchar contra Eli para que no te quite a un tio es como... no se... como encomendarse al diablo cuando estás cayendo desde un décimo piso.

Anoche, mientras se dedicaba a ningunearme, sobar y tontear descaradamente con Carlos, yo me limitaba a pasar de la sorpresa a la estupefacción. Estuve todo el rato en mi rincón, bebiendo cerveza tras cerveza para alegría de mi escherichia, y poniéndole a Jokin expresiones tipo "nopuedocreerlo... nopuedeserquenoloveas... estonopuedeestarpasando..." Carlos permaneció correcto y en su sitio, como siempre. Ni más allá, ni más acá. Sólo que yo no quería que estuviese correcto. Yo quería que cogiera al chico de una oreja y lo metiera en el contenedor de vidrio de aquí enfrente.

Como sólo hablaba Eli y Jokin seguía en la higuera más absoluta, abrí el portátil y me dediqué a twitear con la blackberry de Carlos. No sé qué dije. Algo como que estaba celoso o algo así. Carlos reaccionó y me hizo un par de demostraciones beso y sobo en vivo y en directo. Eli captó la indirecta y dió un paso atrás. Yo pensé "joder, menos mal que se acabó esta mierda."

Sólo que en realidad no se había acabado.

Hoy ha venido otra vez. Cargado con dos bolsas de compra y diciendo que iba a cocinar para Carlos con el fin de agradecerle la hospitalidad de ayer (tócate los huevos). Y yo pregunto "¿Y Jokin?" y él responde "Trabajando". Y él pregunta "tú también te vas a trabajar ahora ¿no?" y yo pienso "seráshijodeputacabróndemierda..." pero sólo digo "ehm... pues... no se..." y ahí se ha metido. Con su culo perfecto y sus andares perfectos, a cocinar en mi cocina perfecta, para mi pareja perfecta, en mi casa perfecta de mi vida perfecta.

No sé qué más he hecho. Montar el show a Carlos base de twits (tengo que dejar de twitear YA), mientras estaba en pleno rodaje. Y él ha calmado las cosas, como siempre. Y se ha enfadado un poco con la situación. Y supongo que otro poco con Eli y otro mucho conmigo. Pero no ha demostrado ninguna de las tres cosas y me ha sujetado otra vez. Una más.

Es muy chungo esto de tener la pareja perfecta, cuando eres el tipo más imperfecto del planeta. Y si no, que se lo pregunten a los Elis del mundo mundial.

Estoy construyendo un laberinto para Vargas. Construir cosas idiotas cuando estoy nervioso forma parte de mi imperfecta personalidad.

Montañas y ratones

Anoche me pasé con el Vega Sicilia y me puse un poco tontín. En plan "de guiero dío... de guiero bucho deverdá... eres doda bi vida..." Carlos no me lo tuvo mucho en cuenta. Este tipo de situaciones son las que diferencian a un ligue pasajero de una relación estable. El ligue se descojona y te echa uno rapidito por si vomitas, y la pareja estable te esconde lo que queda de botella y te acuesta con un par de aspirinas. 

Bueno, hoy escribo desde la sierra. Concretamente desde Navacerrada, donde Carlos ha alquilado una casa para pasar lo que queda de agosto madrileño. Sacarme de los 40º de Malasaña era mi tercer regalo de cumpleaños. El cuarto ha sido un ratón blanco que se llama Vargas, y que en estos momentos se pasea por mi teclado como Pedro por su casa. Samu lo rescató de un laboratorio de biología (miedo me da preguntar cómo) junto con otros cuatro que han ido palmando por el camino (la vida de un ratón blanco puede ser muy dura). Lo cierto es que meterlo en una casa con tres gatos no es precisamente el colmo del rescate, pero bueno... por ahora intento tenerlo el máximo tiempo posible en las manos y en la ropa, para que coja mi olor y las tres bestias pardas lo asimilen como miembro del clan no masticable. Por fortuna, andan cantidad de distraídos revolcándose entre las pulgas del jardín, así que el asunto del ratón parece mantenerse en segundo plano. Pero como de Peyote me sigo fiando lo justo, he comprado para Vargas una especie de jaula-fortaleza acorazada, a la que solo le falta el ojo de Sauron en lo alto para ser infranqueable. Si aún así, pillo a alguno de los tres acercando la zarpa a Villavargas, seguiré tranquilamente los tres pasos básicos de la convivencia en armonía: amputación, disecación y elaboración de llavero para el coche.

Ayer, mientras estábamos sentados en el banco del jardín viendo ponerse el sol tras el embalse (antes del incidente del Vega Sicilia y cuando todavía pronunciaba las eses en su sitio) me entró la vena mística y le dije a Carlos que yo sería feliz viviendo con él en un sitio como este el resto de mi vida. Él me dijo "Sí, aquí en invierno se tiene que estar muy bien. Limpiarte la primera meadita de la mañana con un picahielos tiene que ser todo un aliciente."

Esa es otra de las misiones de una pareja estable. Desalunizarte de una colleja en el momento que sea menester.

Pollos Nintendo

Mi doctora de la seguridad social es una señora muy sindicalista que mola todo. Cada vez que le tengo que pedir una baja (cosa que últimamente me pasa un día sí y otro también) se preocupa cantidad de mis derechos como trabajador "estate atento a que te devuelvan los días de vacaciones que has estado de baja ¿eh? no les regales ni uno..." "no les tienes que decir el motivo de la baja, ni dar explicaciones de nada, a la empresa no le importa una mierda tu vida privada, con que te la firme yo, esto va a misa..." "acuérdate de darme todos los medicamentos que te receten los del seguro para hacerte yo las recetas ¿eh? ¡no te gastes ni un duro de más!..." "tienes derecho a quince días de baja, así que ya te doy cita para la semana que viene y para la otra. Ni se te ocurra cogerla antes de tiempo, que las empresas grandes no van a mirar por tu bienestar nunca..."

Por todo esto y por mucho más, mi doctora de la seguridad social me parece la joya de la corona, en comparación con el percal del cuadro médico que soportan los madrileños de allende la comunidad. Sin embargo, Carlos dice que no es porque ella sea enrollada, sino porque tengo cara de pollo Calimero y despierto la penica ajena. He buscado pollo Calimero en el google y he encontrado esto, así que... nada... que ya me vengaré más adelante, cuando haya gastado mi finde de spa.

Entre ayer y hoy llevo unas diez horas acumuladas de juego en 3D. Es aún más alucinante de lo que me había imaginado, así que cada vez que Link se lanza al lago de los Zora o encuentra alguna gema nueva, se me escapan un montón de saltitos parias y uyuyúis. Les he dicho a los de mi alrededor que estén atentos y que me quiten la máquina de las manos en cuanto tenga la primera convulsión o el primer hilillo de baba espumosa. No vaya a ser que por un quítame-allá-esa-epilepsia, se me vaya a quedar el rictus Calimero para siempre y tenga que ir por la vida como un Marichalar con flicflocs.

Bueno pues...

... prueba superada.

Vaya día maravilloso que pasamos ayer. Primero llegar. Luego empastillarme. Después enfermera que dice "ahora tenéis que esperar seis horas para que haga efecto la medicación y te hagamos la prueba". Y hala. Seis horas ahí tumbado, en una de esas camas de urgencias con biombo, mirando al techo. Tic tac tic tac... Y se cumplen las seis horas y viene la doctora para decirme que hay que esperar una horita más. Pues hala. Otra horita. Tic tac tic tac... y mis tripas haciendo grlgrlgrlgrl... Y Carlos sentado en el sillón y preguntándome si me importaba que pusiera el tour en la televisión de la sala, para ver cómo iba la carrera. Y yo diciendo que no, claro. Que si tenía que pasarse también ahí encerrado las ocho horas, pues que al menos lo hiciera interesado en algo. Y hala. Dos horitas viendo ciclistas. Y cuando por fin me vienen a buscar para la prueba me dejan en una esquina y dicen "es que el anestesista está en una operación de urgencia, tienes que esperar un poquito más a que salga". Y hala. Ooooootra hora más. Ahí, en mi camita de ruedas aparcada en una esquina, como un pobre abuelito abandonado de gasolinera.

Me entraron por fin sobre las siete y media. Yo había ingresado a las ocho de la mañana. Once horas y media de grlgrlgrl, aburrimiento y dolor de lumbares de tanto estar panza arriba (que cuando me incorporé tuve que hacerlo en plan Nosferatu del agarrotamiento que llevaba en la espalda). Cuando salí, ya eran las diez y pico de la noche. La enfermera me dijo "te puedo dar habitación para que pases la noche más tranquilo, o te damos algo de comer para ver como lo asimilas y te firmo el alta". Yo agarré la manga de Carlos con gesto de "por tus muertos, sácame de aquí..." Él me entendió a la primera. Miró a la enfermera y dijo "preferimos irnos, aunque sea tarde".

Y tanto que lo preferíamos.

Pero, en fin. Nada de eso importa porque hoy me siento muuuuuuuuuuuucho mejor y, por primera vez en dos meses, he desayunado con hambre. Si me queda algún cacho de escherichia, desde luego esta mañana se ha tenido que poner las botas, porque me he saltado la precaución a la torera, y he desayunado como un rajá. Pero no como un rajá de Cuenca, no... como un rajá de los de verdad. En la cama, y con zumo, cava, bollos calientes, fruta fresca, quesos variados, té de menta, huevos revueltos, dátiles, ramos de margaritas, tarjetas de felizcumpleaños, gatos dando por culo... Ah ¡y he tenido regalos! ¡muchos regalos! regalos de los de verdad. De los que molan y tienes que abrir y decir coñoquebonitoporquetehasmolestado.

Carlos ha terminado de ser cantidad de bueno conmigo (digo terminado, porque ya empezó aguantando el coñazo de ayer en el hospital) y me ha regalado un fin de semana de tratamiento spa en un balneario (los escherichianos es que arrastramos todos un aspecto un poco tenso) y... y... y.... ¡¡¡¡la nintendo 3DS!!! Y lo se, lo se, lo se... Sé que regalarme la ÚNICA maquinita costosa que yo más deseaba en el mundo mundial ha sido por leer mi post del otro día y cerrarme un poquito la boca. Lo se, lo seeeeeeeeeeeeeee... pero me la pela. No tengo orgullo y tengo una 3DS. Estoy dispuesto a vender mis principios y hasta a mi madre si es necesario, a cambio de eso.  Yipi-yipi-yeyyyyyyyy. Le he dicho que podíamos mezclar los dos regalos y jugar a la 3DS mientras hacía el circuito hidrotermal. Él me ha dicho que con lo que cuesta el juguete, si se me cae al agua, probablemente no volviéramos a salir de allí con vida, ni el juguete ni yo.

Vale. Pues jugaré en seco. También me la pela. Tengo el nuevo Zelda 3D. Más yipi-yipi-yeeeeeeeeeeyyyy...

Alegría, alegría y pan de Madagascar...

Bueno, pues me tienen que hospitalizar mañana, para mirarme las tripas y matar, si es menester, a mi amiga la escherichia, antes de que se coma mis últimos kilos de grasa y me mate ella a mí. Eso supondrá pasar la mitad de mi cumpleaños en el hospital. Bueno. La verdad es que ya me voy acostumbrando a que me pasen cosas así. Podría ser peor. Podría ser lepra. Siempre es mejor pasar el cumpleaños sin tarta que sin dedos de los pies.

Hoy le han hecho la prueba de esfuerzo a Carlos. Esa en la que te pegan un montón de electrodos al pecho y te ponen a correr en una cinta. Le ha preguntado al cardiólogo "¿cuánto tengo que estar corriendo?" y el médico ha respondido "todo lo que aguantes hasta tu máximo esfuerzo". 40 minutos. 40 minutos ha estado corriendo el muy cabrón y encima hasta la quinta velocidad. No puedo evitar unos cuantos gramos de envidia cada vez que le veo hacer una de sus demostraciones a lo "increible Hulk". Si hubiese sido yo el de la cinta, hubieran tenido que pararla a los cuatro minutos, para hacerme una reanimación cardíaca. He decidido que cuando pase todo este lío de la escherichia de las pelotas, voy a dedicar cuerpo y alma a ponerme un poco en forma. Y no pararé hasta que, por lo menos, deje de contarme las costillas en la cama.

Los resultados de la prueba de esfuerzo le han salido cojonudos (aunque eso ya lo estaba sospechando yo sin necesidad de monitor, viendo que en el minuto 36 nisiquiera había empezado a sudar) así que lo de su hipertensión sigue siendo un misterio. La semana que viene le pondrán un holter y será la última posibilidad de averiguar algo al respecto (yo sigo pensando en la opción superhéroe). Iban a ponerle el holter mañana, pero no se ha dejado porque quería estar en el hospital conmigo (qué majete). Ha sido cantidad de divertido verle decir "mañana no puedo porque hospitalizan a mi... a mi... mi... este... mi..." y quedarse ahí, bloqueado y señalándome, mientras cardiólogo, enfermera y Ariel esperábamos para ver qué demonios elegía como terminación de frase.

Tequila ha empezado a hacerse pis por las esquinas sin venir a cuento. Temo que esté enferma o que sean algunas paranoias hormonales de las suyas. Una se mea, el otro me asfixia... qué estupendo. Sólo falta que un día de estos, Tripi me escupa.

Y...se está mejor en casa que en ningún sitio

Dentro de poco será mi cumpleaños. Se dice, se rumorea, se comenta... que quieren regalarme una tablet. Digo, rumoreo, comento... que no me hace tanta ilusión como pudieran ellos suponer. Es el espíritu de niño de la calle que me acompañará siempre. Me cuesta gastar el dinero en chorradas que no necesito para nada. Bueno, ni yo ni nadie, porque... ¿para qué coño quieren una tablet el 85% de las personas que se la compran? Me parece un capricho tontorrón para ese tipo de adulto que aún no han sabido superar mentalmente los quince años. Es un poco indecente que tal y como anda la economía ahora mismo, sigamos deseando sumar maquinitas inútiles que no aportan nada, solo porque a Steve Jobs se le pasa por los huevos ponérnoslas en las narices, como la zanahoria del burro. Se pueden ver pelis... y en el dvd. Se pueden leer libros... y en la librería. Te puedes conectar a internet... y en el portátil. Puedes jugar a videojuegos... y con la consola. Ah, pero el tablet es más pequeño y pesa menos. Vale. Ese es su valor. Que no pesa. 500 euracos de livianidad.

Joder, qué gilipollas somos, de verdad... un día estallaremos de pura gilipollez. Cada vez que veo a algún panoli pavonearse sacando la tablet o el iphone enmedio del café siento terribles deseos de levantarme y decirle "eh... pst... lo siento, pero aún sigues siendo idiota".

Me quitaron a Tararino. Al final se lo llevó una señora de Motilla de Palancar. Estoy triste, pero no del todo. Por un lado, echaré de menos nuestro buen rollo, pero por otro, me alegro de que haya podido cambiar una casa con jardín por un piso madrileño con tres gatos psicóticos. Además Peyote va en picado. Ahora le ha dado por demostrarme su cariño tumbándose a dormir en mi cara en mitad de la madrugada. Ese ha sido mi despertar de las últimas tres noches. Asfixiarme bajo un enorme culo de gato blanquinegro. Y lo peor es que lo hace ronroneando. Así como en plan "cuánto te quiero, qué agustito estoy aquí tapándote los orificios respiratorios para que mueras de apnea..."

Estoy contento de estar de nuevo en Madrid, incluso a pesar de que me echado una novia llamada escherichia coli que me tiene el estómago destrozado desde hace... msbmsbmbs... no sé... cien o doscientas digestiones. Ana Belén me llama cada día para hacerme el apunte de que es im-po-si-ble que pillara la bacteria en su (por otra parte carísimo) banquete de bodas. Yo le digo que estoy de acuerdo. Que probablemente estaba agazapada en el dobladillo del traje de mamarracho que me obligó a llevar durante todo aquel aciago día.

A Ana Belén no le gusta un pelo que haga chistes sobre su boda o sobre mi traje de padrino. Sé que como siga tocándole las pelotas, terminará por vaciarme las cuencas oculares con uno de sus (también carísimos) zapatos de raso de Manolo Blahnik, pero me da igual, porque tengo escherichia coli y de todos es sabido, que un escherichiano sin chistes es como un jardín sin flores, un perro sin cubo de basura, o un abuelito sin televisión con cascos.

Estoy leyendo un libro de 750 páginas sobre rodajes de Hollywood. Me tengo que poner de lado en la cama porque si me tumbo, no tengo fuerzas para sostenerlo en los brazos. La verdad es que últimamente me doy un poco de asco.