El holter cardiaco de Karlos no ha dado ninguna novedad (y eso sí que no es ninguna novedad). Mañana le harán un tac y un electroencefalograma y si también dan correcto, el hostión bicicletero habrá pasado a la historia. Sobre todo ahora que el chino mágico ha logrado colocarle la costilla y el pie en su sitio (cosa que yo agradezco para ver si me libro de una vez de los balletazos en los morros). Si le miras bien (a Karlos, no al chino) todavía puedes distinguir una leve sombra azulada en el párpado inferior, pero mola. Le da cierto aire a personaje de Sin City. Claro que tampoco hay que hacerme mucho caso, porque mientras no termine de aterrizar de mi faceta de cervatillos disney, mucho me temo que lo encontraría igual de fascinante, aunque llevara el ojo estampado en patchwork.
El viaje a Patagonia se acerca y según lo hace, yo me voy poniendo nervioso. Es lo que pasa cuando no sales de tu barrio en años. Que te dicen de acercarte al Carrefour de Toledo y te emocionas.
Me siento un poco inútil viendo a Karlos gastar horas organizando excursiones, elaborando listas, recopilando planos, reservando billetes, alquilando coches, llamando a amigos y tramitando consulados, mientras yo me rasco los huevos preguntando qué se come en Chile, pero lo cierto es que tampoco sé muy bien qué puedo hacer, salvo asegurarme de llevar calzoncillos limpios en la mochila.
Porque a Patagonia no se lleva una maleta como a todos los lugares del mundo mundial, no... allí se lleva mochilorra de peregrino compostelano. Y tampoco se llevan mocasines y trajecito de cristianar, como cuando paseas por el Sena. Allí tienes que ir con anorakazo y botacas de montaña. Ayer le escuché tramitar el alquiler de un 4x4. Cojones. Un 4x4. Y cuando me empiezo a emocionar y le pregunto si vamos a llevar guías o algo, sonríe, levanta su sempiterna ceja vasca y responde "Para nada. He estado ocho veces y llevaremos a Margarito."
Me intriga cantidad saber a qué tipo de sitio vas por novena vez, subido en un 4x4, con alguien que se llama Margarito. En serio. Pensarlo me tiene en un sinivivir.
Animales proletarios
Se me acaba de romper la cremallera de la bragueta. Lo mío con los pantalones en el trabajo es un sinvivir. Voy a empezar a traerme monos de esos con botones en el culo, en plan bebé. No puede ser esto de estar enseñando el estampado de los calzoncillos un día sí y otro también. Si yendo tapado tengo pocas opciones de aumento de sueldo, enseñando dibujitos de power rangers ya... ni lo pienso.
El próximo lunes vienen a casa unos tíos de una revista de decoración, para hacer un reportaje fotográfico de algunas habitaciones. He flipado pepinos cuando me lo han dicho esta mañana. Karlos no. Karlos lo ha asumido en plan samurai, como siempre. He tenido que repetirlo tres veces (la última a gritos) para que reaccionara lo más mínimo, y cuando lo ha hecho, no ha sido en plan "halayupivengaya" sino levantando una ceja y diciendo "aham."
Le he dicho que eso de que sacaran tu casa en una revista era flipante y me ha dicho que no, que en realidad era una pollada (literal) porque el fotográfo del reportaje era amigo suyo, el director de la revista un excompañero, y el decorador de interiores que montó su casa, el conocido de un amigo. He aprovechado la coyuntura para decirle que lo de contratar a un decorador de interiores era lo más mariquita que había oído en mucho tiempo, y él, como toda respuesta, me ha plantificado en los morros la bayeta verde de la cocina, justo esa que hay que tirar porque ya apesta a huevo.
Desde que se lesionó el tobillo suele hacer ese tipo de cosas. Creo que es porque todavía no se encuentra en condiciones de perseguirme y opta por cerrarme la boca lo antes posible y de la manera más certera.
Yo sí que estoy emocionado. Creo que es porque tengo más de gilipollas que de samurai (por eso y porque para mí la decoración de interiores consiste básicamente en poner la jabonera a juego con el escobillón del wáter). Voy a azuzar a los gatos para ver si los puedo colar de estrangis en alguna foto y así tengo mascotas famosas de esas que salen en las revistas, como los chuchos cabezones de culo gordo que tiene la reina de Inglaterra.
Azuzaría también a Vargas, pero hace tres días que vive dentro de los muelles del sofá y sólo sale dos veces al día para comer y estirar un poco el rabo, así que va a resultar pelín difícil pescarle. Podría utilizar artes gatunas para hacerle salir, pero Tequila tiene las garras delanteras aplastadas y no pilla cacho con ellas, además de que la oreja chunga se le atasca en el tapizado. Con Tripi no cuento porque tiene sobrepeso y no le cabe la tripa por debajo y Peyote... Peyote no se puede arañar las calvas del culo porque así nunca se le cerrarán las cicatrices del todo.
Bueno, vale, sí. No creo que me lo saquen a ninguno en un reportaje, no.
El próximo lunes vienen a casa unos tíos de una revista de decoración, para hacer un reportaje fotográfico de algunas habitaciones. He flipado pepinos cuando me lo han dicho esta mañana. Karlos no. Karlos lo ha asumido en plan samurai, como siempre. He tenido que repetirlo tres veces (la última a gritos) para que reaccionara lo más mínimo, y cuando lo ha hecho, no ha sido en plan "halayupivengaya" sino levantando una ceja y diciendo "aham."
Le he dicho que eso de que sacaran tu casa en una revista era flipante y me ha dicho que no, que en realidad era una pollada (literal) porque el fotográfo del reportaje era amigo suyo, el director de la revista un excompañero, y el decorador de interiores que montó su casa, el conocido de un amigo. He aprovechado la coyuntura para decirle que lo de contratar a un decorador de interiores era lo más mariquita que había oído en mucho tiempo, y él, como toda respuesta, me ha plantificado en los morros la bayeta verde de la cocina, justo esa que hay que tirar porque ya apesta a huevo.
Desde que se lesionó el tobillo suele hacer ese tipo de cosas. Creo que es porque todavía no se encuentra en condiciones de perseguirme y opta por cerrarme la boca lo antes posible y de la manera más certera.
Yo sí que estoy emocionado. Creo que es porque tengo más de gilipollas que de samurai (por eso y porque para mí la decoración de interiores consiste básicamente en poner la jabonera a juego con el escobillón del wáter). Voy a azuzar a los gatos para ver si los puedo colar de estrangis en alguna foto y así tengo mascotas famosas de esas que salen en las revistas, como los chuchos cabezones de culo gordo que tiene la reina de Inglaterra.
Azuzaría también a Vargas, pero hace tres días que vive dentro de los muelles del sofá y sólo sale dos veces al día para comer y estirar un poco el rabo, así que va a resultar pelín difícil pescarle. Podría utilizar artes gatunas para hacerle salir, pero Tequila tiene las garras delanteras aplastadas y no pilla cacho con ellas, además de que la oreja chunga se le atasca en el tapizado. Con Tripi no cuento porque tiene sobrepeso y no le cabe la tripa por debajo y Peyote... Peyote no se puede arañar las calvas del culo porque así nunca se le cerrarán las cicatrices del todo.
Bueno, vale, sí. No creo que me lo saquen a ninguno en un reportaje, no.
Que me quiero ir a casa...
Ya no tengo wifi en el trabajo. Echo de menos hacer el gilipollas con Karlos por twitter. Él me dice que use el güasap de la blackberry que me donó amablemente, pero hace un par de días que terminé de aprenderme el manejo del móvil que compré hace dos años, y me da pereza empezar otra vez. Encima con aplicaciones de internet por medio. Vamos... probablemente tarde menos tiempo en fabricarme un Enterprise con una servilleta de papel, que en manejar la blackberry.
Dentro de dos meses le quito la L al coche. Alegría, alegría y pan de Madagascar. Por fin subo un eslabón en la cadena alimenticia del asfalto. La verdad es que ya voy notando la experiencia, porque hace un año no tenía ni puta idea de aparcar y ahora... tampoco la tengo, pero me importa menos.
Hoy le han puesto a Karlos un holter cardíaco, igual que el que me pusieron a mí cuando lo de las arritmias. Sigo sin entender la relación que puede haber entre el ritmo cardíaco y un hostión en bici, pero bueno... si hay que mirárselo, pues se mira. Antes de ponérselo le han hecho otro electrocardiograma, y cuando la enfermera ha recogido el papelito ese que ñíguli-ñíguli sale de la maquinita, Karlos le ha guiñado un ojo y ha dicho "¿qué? ¿cómo doy? ¿pone que estoy lleno de amor?" La chica ha enrojecido desde los zuecos hasta la coronilla y ha soltado una risita, para después no dar pie con bola durante el resto de la consulta. Otra en el bote. No sé cómo coño lo hace. Estoy seguro de que llego a ser yo el que le dice eso, y lo máximo que me llevo es una mirada de lástima y un "andatirapallá".
Si al final resulta que existe la reencarnación, espero que estén bien organizados en el otro mundo y me dejen rellenar el formulario de solicitud "metro noventa/barba cerrada/biceps". No me apetece nada tener que vivir otra vida arrastrando una L perpetua en cuestión de virilidades.
Dentro de dos meses le quito la L al coche. Alegría, alegría y pan de Madagascar. Por fin subo un eslabón en la cadena alimenticia del asfalto. La verdad es que ya voy notando la experiencia, porque hace un año no tenía ni puta idea de aparcar y ahora... tampoco la tengo, pero me importa menos.
Hoy le han puesto a Karlos un holter cardíaco, igual que el que me pusieron a mí cuando lo de las arritmias. Sigo sin entender la relación que puede haber entre el ritmo cardíaco y un hostión en bici, pero bueno... si hay que mirárselo, pues se mira. Antes de ponérselo le han hecho otro electrocardiograma, y cuando la enfermera ha recogido el papelito ese que ñíguli-ñíguli sale de la maquinita, Karlos le ha guiñado un ojo y ha dicho "¿qué? ¿cómo doy? ¿pone que estoy lleno de amor?" La chica ha enrojecido desde los zuecos hasta la coronilla y ha soltado una risita, para después no dar pie con bola durante el resto de la consulta. Otra en el bote. No sé cómo coño lo hace. Estoy seguro de que llego a ser yo el que le dice eso, y lo máximo que me llevo es una mirada de lástima y un "andatirapallá".
Si al final resulta que existe la reencarnación, espero que estén bien organizados en el otro mundo y me dejen rellenar el formulario de solicitud "metro noventa/barba cerrada/biceps". No me apetece nada tener que vivir otra vida arrastrando una L perpetua en cuestión de virilidades.
Nananí nananá nananino...
A ver, a ver, a veeeer...
Fuimos al concierto de George Michael. Yo iba todo el rato diciendo "esto es muy gay..." "esto es demasiado gay..." y todos me iban contestando "te vas a comer tus palabras..." "te las vas a comer..." Pues sí, me las comí, sí. Un puntazo. Una explosión para los sentidos. La puesta en escena espectacular, la orquesta sinfónica acojonante y su voz... joder, su voz... cantando Different Corner se me erizó el vello del cogote y aún a estas alturas lo tengo como un pavo en Navidad.
(N.del A: Esto de poner el título de la canción no es porque me las sepa todas y sea así de guay. Es porque me la ha chivado el vasco. Para mí todas son nananí-nananá-nananino y chuto)
Fuimos con Jokin, con Eli y con dos o tres cabagge patch kids de esos que no sé qué idioma hablan, pero que siempre están sonriendo con aspecto de orgasmo feliz. Ellos sí se sabían las canciones. Cantaban a voz en grito y se levantaban cada dos por tres. Los que estaban sentados detrás se cagaron en nuestros muertos unas veinte veces (ayer aprendí la norma no escrita de que en todo concierto "de sentado", uno no debe levantarse hasta que no se pida el bis). Las tres palabras que más le oí pronunciar a Karlos en toda la noche fueron "fuck" y "sit down". Parecía un adiestrador de perros.
Luego nos fuimos a tomar mojitos a una terraza y pasé unas de mis horas felices. Mis horas felices nunca avisan. Llegan de improviso, me muerden en subidón y luego se van sin más, dejándome con cara de tonto. En mis horas felices es mejor no tenerme cerca, porque me pongo cariñoso, exultante y gilipollas. De hecho... creo que incluso llegué a darle un abrazo a uno de los cabagge patch kids. En esta ocasión me sobrevino a mogollón porque estaba ahí enmedio bebiendo mojitos, con el brazo del vasco encima de los hombros y rodeado de gente, y me acordé de que hace un año no tenía ni dónde caerme muerto, ni nadie que, dado el caso, me recogiera los fémures y el costillar. Así que Jokin dijo algo de la boda y ¡pum! hora feliz. Y luego hablamos de la Navidad de este año y ¡pum! más hora feliz. Y luego el vasco contó algo de Patagonia y ¡pum! hora feliz y abrazo al cabagge patch kid.
Entre mojitos, conciertos y felicidades, para cuando llegamos a casa, yo solito me autosorprendí de no ser capaz de caminar por el pasillo en línea recta. Karlos me lavó la cara, me lavó los dientes, me puso el pijama y me acostó. Todo eso llevándome en volandas. Le faltó sentarme en el orinalito y leerme un cuento. Como una hora más tarde me levanté a beber agua y le encontré viendo una película de Bruce Lee. Le dije "¿qué puedes darme para mitigar un poco el alcohol que llevo dentro?" y me contestó "Me parece a mí que como no te flambee..."
Esta mañana he pasado veinte minutos riéndome con esa gilipollez, así que puede que aún no haya superado del todo mi hora feliz de anoche.
Tengo a Peyote apoyado en el brazo mientras escribo esto. Le ha quedado un trocito de calva con forma de as de picas en el culo, como resultas de su lucha a muerte con la verja navacerradense. Pienso que no le queda nada mal. Le da cierto airecillo macarra que hace juego con su mirada de gato psicopático. Debería aprovechar el hueco para tatuarle algo acorde a su personalidad. Algo como... no sé... el emblema de La Legión.
Fuimos al concierto de George Michael. Yo iba todo el rato diciendo "esto es muy gay..." "esto es demasiado gay..." y todos me iban contestando "te vas a comer tus palabras..." "te las vas a comer..." Pues sí, me las comí, sí. Un puntazo. Una explosión para los sentidos. La puesta en escena espectacular, la orquesta sinfónica acojonante y su voz... joder, su voz... cantando Different Corner se me erizó el vello del cogote y aún a estas alturas lo tengo como un pavo en Navidad.
(N.del A: Esto de poner el título de la canción no es porque me las sepa todas y sea así de guay. Es porque me la ha chivado el vasco. Para mí todas son nananí-nananá-nananino y chuto)
Fuimos con Jokin, con Eli y con dos o tres cabagge patch kids de esos que no sé qué idioma hablan, pero que siempre están sonriendo con aspecto de orgasmo feliz. Ellos sí se sabían las canciones. Cantaban a voz en grito y se levantaban cada dos por tres. Los que estaban sentados detrás se cagaron en nuestros muertos unas veinte veces (ayer aprendí la norma no escrita de que en todo concierto "de sentado", uno no debe levantarse hasta que no se pida el bis). Las tres palabras que más le oí pronunciar a Karlos en toda la noche fueron "fuck" y "sit down". Parecía un adiestrador de perros.
Luego nos fuimos a tomar mojitos a una terraza y pasé unas de mis horas felices. Mis horas felices nunca avisan. Llegan de improviso, me muerden en subidón y luego se van sin más, dejándome con cara de tonto. En mis horas felices es mejor no tenerme cerca, porque me pongo cariñoso, exultante y gilipollas. De hecho... creo que incluso llegué a darle un abrazo a uno de los cabagge patch kids. En esta ocasión me sobrevino a mogollón porque estaba ahí enmedio bebiendo mojitos, con el brazo del vasco encima de los hombros y rodeado de gente, y me acordé de que hace un año no tenía ni dónde caerme muerto, ni nadie que, dado el caso, me recogiera los fémures y el costillar. Así que Jokin dijo algo de la boda y ¡pum! hora feliz. Y luego hablamos de la Navidad de este año y ¡pum! más hora feliz. Y luego el vasco contó algo de Patagonia y ¡pum! hora feliz y abrazo al cabagge patch kid.
Entre mojitos, conciertos y felicidades, para cuando llegamos a casa, yo solito me autosorprendí de no ser capaz de caminar por el pasillo en línea recta. Karlos me lavó la cara, me lavó los dientes, me puso el pijama y me acostó. Todo eso llevándome en volandas. Le faltó sentarme en el orinalito y leerme un cuento. Como una hora más tarde me levanté a beber agua y le encontré viendo una película de Bruce Lee. Le dije "¿qué puedes darme para mitigar un poco el alcohol que llevo dentro?" y me contestó "Me parece a mí que como no te flambee..."
Esta mañana he pasado veinte minutos riéndome con esa gilipollez, así que puede que aún no haya superado del todo mi hora feliz de anoche.
Tengo a Peyote apoyado en el brazo mientras escribo esto. Le ha quedado un trocito de calva con forma de as de picas en el culo, como resultas de su lucha a muerte con la verja navacerradense. Pienso que no le queda nada mal. Le da cierto airecillo macarra que hace juego con su mirada de gato psicopático. Debería aprovechar el hueco para tatuarle algo acorde a su personalidad. Algo como... no sé... el emblema de La Legión.
Es más fácil no tener nada que repartir
Quiere casarse en bienes gananciales y reescriturar la casa (SU casa), en copropiedad. No para compartir la hipoteca a pachas y que yo pueda pagar una mínima parte de la vivienda, no... Ya la tiene prácticamente pagada. A unos seis o siete plazos de que sea completamente suya. Así que en realidad, lo que está haciendo es regalarme por la cara la mitad del inmueble.
Intenté que entrara en razón y viera que no podía aceptar eso. Vine con tres gatos, el tanque azul y 800 euros en una cartilla. Eso era todo lo que tenía y eso es todo lo que debería llevarme, si me fuera. Pero se lo dije y frunció el ceño, como los niños. Se enfurruñó y me hizo preguntas de esas que no puedo contestar sin que me sude un poco el culo. "¿Y por qué tendrías que irte?". "Bueno, no... yo digo en caso hipotético..." "Vale, ¿y por qué tendrías que irte en caso hipotético?" "Hombre, yo digo si tú quisieras que me fuera." "¿Y por qué iba yo a querer que te fueras?" "Pues porque... ehm... no se..." "¿Y si no lo sabes por qué te lo planteas?" "Pues porque es tu dinero y yo...""¿Y si es mi dinero por qué te lo planteas?" "Pues porque... yo... socorro..."
Tuvimos unos días de pulso. No muchos. Aparcó el hígado, pensó con la cabeza y se tranquilizó. Me dijo que sentía su primera reacción, pero que habiéndolo sopesado mucho, era la única forma que veía de llevar esto adelante de acuerdo a sus principios éticos y morales. Me dijo que no cedería. Que no pasaba nada. Que seguiría conmigo. Que el cariño, la convivencia y en definitiva la relación, seguiría adelante. Pero que si no aceptaba sus dos condiciones, era mejor anular la boda. Y me lo dijo con su expresión estoica. Esa que pone cuando ha tomado una decisión que no moverá ni aunque se le vengan encima todas las explosiones cósmicas del universo.
Supe que hablaba en serio. Él no tiene una palabra fija y otra de repuesto, como todo el mundo. Él solo gasta una. La piensa, la sopesa y la da. Y cuando lo hace, puedes estar seguro de que será inamovible. No quise enfrentarme a él. Básicamente porque tampoco era nada que se mereciera. Acepté los bienes gananciales y acepté la copropiedad de su casa. Hace unos días, después de consultar con una asesoría jurídica, le pedí que testara sus propiedades a nombre de su madre y sus hermanos, para que en caso de que falleciera antes que yo, esa parte de la casa volviera a su familia. Volvió a negarse.
Ahora doy vueltas a las cosas. Pienso en que su familia pueda pensar que voy de listo y me acojono vivo. Pero igual de tontos que me vienen los pensamientos, igual de tonto que me quedo yo. Y no sé. No sé qué puedo hacer al respecto, que contente a todo el mundo.
Intenté que entrara en razón y viera que no podía aceptar eso. Vine con tres gatos, el tanque azul y 800 euros en una cartilla. Eso era todo lo que tenía y eso es todo lo que debería llevarme, si me fuera. Pero se lo dije y frunció el ceño, como los niños. Se enfurruñó y me hizo preguntas de esas que no puedo contestar sin que me sude un poco el culo. "¿Y por qué tendrías que irte?". "Bueno, no... yo digo en caso hipotético..." "Vale, ¿y por qué tendrías que irte en caso hipotético?" "Hombre, yo digo si tú quisieras que me fuera." "¿Y por qué iba yo a querer que te fueras?" "Pues porque... ehm... no se..." "¿Y si no lo sabes por qué te lo planteas?" "Pues porque es tu dinero y yo...""¿Y si es mi dinero por qué te lo planteas?" "Pues porque... yo... socorro..."
Tuvimos unos días de pulso. No muchos. Aparcó el hígado, pensó con la cabeza y se tranquilizó. Me dijo que sentía su primera reacción, pero que habiéndolo sopesado mucho, era la única forma que veía de llevar esto adelante de acuerdo a sus principios éticos y morales. Me dijo que no cedería. Que no pasaba nada. Que seguiría conmigo. Que el cariño, la convivencia y en definitiva la relación, seguiría adelante. Pero que si no aceptaba sus dos condiciones, era mejor anular la boda. Y me lo dijo con su expresión estoica. Esa que pone cuando ha tomado una decisión que no moverá ni aunque se le vengan encima todas las explosiones cósmicas del universo.
Supe que hablaba en serio. Él no tiene una palabra fija y otra de repuesto, como todo el mundo. Él solo gasta una. La piensa, la sopesa y la da. Y cuando lo hace, puedes estar seguro de que será inamovible. No quise enfrentarme a él. Básicamente porque tampoco era nada que se mereciera. Acepté los bienes gananciales y acepté la copropiedad de su casa. Hace unos días, después de consultar con una asesoría jurídica, le pedí que testara sus propiedades a nombre de su madre y sus hermanos, para que en caso de que falleciera antes que yo, esa parte de la casa volviera a su familia. Volvió a negarse.
Ahora doy vueltas a las cosas. Pienso en que su familia pueda pensar que voy de listo y me acojono vivo. Pero igual de tontos que me vienen los pensamientos, igual de tonto que me quedo yo. Y no sé. No sé qué puedo hacer al respecto, que contente a todo el mundo.
Va a ser una noche movidita...
El neurólogo quiere hacerle más pruebas a Karlos. Y he debido de poner cara de oveja cuando lo ha dicho, porque se ha dirigido a mí para explicarme que los golpes en la cabeza que provocan una pérdida de sentido, hay que tratarlos bien a fondo para prevenir sustos.
No me apetece que le pase nada. Soy un mierdero egoísta y no me apetece. No tengo palabras para describir lo que supone que te abrace por las mañanas en la cama. Es como si cada minuto que pasase con esa sensación, me valiera una vida entera. Cuando se lo cuento a Miguel, él me explica que eso es simplemente porque no estoy acostumbrado al mimo, y que, me abrazara quien me abrazara, me iba a parecer igual de maravilloso.
Yo asiento con la cabeza mientras pienso: "Ya... Y una mierda de pato".
Se ha quitado la férula del tobillo chungo y camina más o menos bien. Le dijeron quince días, pero se los ha pasado por el forro. Tiene más huevos que el caballo de Espartero. Apuesto a que si fuera yo el del tobillo chungo, me habría hecho poner de nuevo la férula a punta de escopeta. Pero claro... el hermano mayor es el que hace lo que le sale de los huevos, y el pequeño, el que hereda los jerseys con coderas.
Mi compañero me pilló con las manos en el espatufilo. Era de preveer. Lo más paradójico del asunto es que yo no iba a cambiarlo, sino a quitarle el post-it. Pero gracias a eso, lo ha visto (miratúpordonde), lo ha leído y se ha dado cuenta de la gilipolllada que lleva haciendo desde hace dos semanas con la regaderita. Primero se ha reído. Luego, cuando ya han empezado a reirse los demás, ha dejado de hacerlo. Yo no sabía cómo pedir más perdones. Lo único que me ha faltado ha sido limpiarle los zapatos con la manga. Me ha dicho que no me preocupara, que no había sido culpa mía, pero no lo ha dicho de verdad. Se lo he visto en los ojos. Sé que le hubiera gustado meterme el espatofilo por el colon y después sacar un lanzagranadas y aniquilarnos a todos de un bombazo.
Los 10.000 chicos de al lado están tocando la guitarra otra vez. No lo hacen nada mal. Casi me apetece sacar una botella de anís y un cuchillo para hacerles los coros.
No me apetece que le pase nada. Soy un mierdero egoísta y no me apetece. No tengo palabras para describir lo que supone que te abrace por las mañanas en la cama. Es como si cada minuto que pasase con esa sensación, me valiera una vida entera. Cuando se lo cuento a Miguel, él me explica que eso es simplemente porque no estoy acostumbrado al mimo, y que, me abrazara quien me abrazara, me iba a parecer igual de maravilloso.
Yo asiento con la cabeza mientras pienso: "Ya... Y una mierda de pato".
Se ha quitado la férula del tobillo chungo y camina más o menos bien. Le dijeron quince días, pero se los ha pasado por el forro. Tiene más huevos que el caballo de Espartero. Apuesto a que si fuera yo el del tobillo chungo, me habría hecho poner de nuevo la férula a punta de escopeta. Pero claro... el hermano mayor es el que hace lo que le sale de los huevos, y el pequeño, el que hereda los jerseys con coderas.
Mi compañero me pilló con las manos en el espatufilo. Era de preveer. Lo más paradójico del asunto es que yo no iba a cambiarlo, sino a quitarle el post-it. Pero gracias a eso, lo ha visto (miratúpordonde), lo ha leído y se ha dado cuenta de la gilipolllada que lleva haciendo desde hace dos semanas con la regaderita. Primero se ha reído. Luego, cuando ya han empezado a reirse los demás, ha dejado de hacerlo. Yo no sabía cómo pedir más perdones. Lo único que me ha faltado ha sido limpiarle los zapatos con la manga. Me ha dicho que no me preocupara, que no había sido culpa mía, pero no lo ha dicho de verdad. Se lo he visto en los ojos. Sé que le hubiera gustado meterme el espatofilo por el colon y después sacar un lanzagranadas y aniquilarnos a todos de un bombazo.
Los 10.000 chicos de al lado están tocando la guitarra otra vez. No lo hacen nada mal. Casi me apetece sacar una botella de anís y un cuchillo para hacerles los coros.
Qué mal escribo por las noches...
Le decía a María que entre accidentes, bodas anticipadas y ajuste de moscosos, tenemos un chocho con las vacaciones de mil demonios. Hemos movido tantas veces los billetes de avión a uno y otro sitio, que ahora mismo somos el terror de los seguros de reserva. Menos mal que aquí al euskaldún le dió en su vida por los viajes de mochila, pasaporte y pateo sobre la marcha, que si encima nos hubiéramos metido en tours de esos preestablecidos... a estas alturas habría unas cuantas agencias que ya nos habrían metido ocho veces en la lista negra.
Finalmente... Patagonia para finales de octubre, China y Vietnam para finales de noviembre y las islas para principios de Diciembre. Y aunque dicho así, suene como que soy el rey del mambo del cosmopolitismo, la cruda realidad es que lo más lejos que he llegado en los últimos diez años de mi vida ha sido a Cuenca (pasando por alto lo de aquellos dos días que me perdí como un gañán en el metro de París por no saber qué coño decía la chica de megafonía). Es lo que tienen las realidades. Que por mucho que Karlos sea Phileas Fogg, servidor nunca pasará de ser Passepartout en su versión Cantinflas. Pero bueno... igual me da. Al menos seré un Cantinflas que verá China.
La chica de audiovisuales me ha dicho que Franco es una variedad de planta que se llama Alegría. No estoy muy seguro de que sea verdad. Yo le veo más aspecto de lechuga que de Alegría. Como mucho, mucho, se queda en buen rollito y gracias. Aún así, sigue echando flores. Franco es un misterio de la naturaleza. He llegado hasta a regarla con Aquarius. Creo que Nathional Geografic debería dedicarle un cachito de documental en alguno de sus espacios sobre plantas inmortales.
Y siguiendo con macetas oficinistas ... no he cambiado el espatafilo del demonio. Ahí sigue el de plástico, con su tierra de mentira bien húmeda y sus alambres bien hidratados. Le he explicado por teléfono a Miguel mi sinvivir y ha estado descojonándose un rato largo (es lo que tiene Miguel. Siempre sabe consolarme con la delicadeza adecuada). Cuando se ha recuperado de la apnea, me ha dicho que la única solución era afrontarlo todo con valentía y decirle a mi compañero la verdad. Creo que tiene razón. Ya he llevado todo esto demasiado lejos. Ha llegado el momento de demostrar que soy un hombre que tiene lo que hay que tener, y al que no le asusta en absoluto enfrentarse cara a cara con los problemas más complicados que puedan surgir en el camino de la rectitud, la honestidad y el compañerismo desinteresado.
Mañana mismo le envío un email anónimo echándole la culpa a otro.
Peyote lleva casi una hora de subidón esquizofrénico. Ha rebotado ya en todas las paredes de la casa y se ha colgado de lámparas, cortinas, toallas, camiseta de chino masajista, paquete de Karlos y muslito derecho de Ariel. Todo eso con las pupilas como paelleras y haciendo ruiditos tipo ñigs-ñeugs-ñuigs como si estuviera en un ataque de epilepsia permanente. Peyote es como Franco. Otro misterio de la naturaleza. Creo que debió de caerse cuando era pequeño en la marmita de las feromonas. Sólo eso explica sus ataques de allavoy, indirectamente proporcionales a la inutilidad de sus cojoncillos atrofiados.
Finalmente... Patagonia para finales de octubre, China y Vietnam para finales de noviembre y las islas para principios de Diciembre. Y aunque dicho así, suene como que soy el rey del mambo del cosmopolitismo, la cruda realidad es que lo más lejos que he llegado en los últimos diez años de mi vida ha sido a Cuenca (pasando por alto lo de aquellos dos días que me perdí como un gañán en el metro de París por no saber qué coño decía la chica de megafonía). Es lo que tienen las realidades. Que por mucho que Karlos sea Phileas Fogg, servidor nunca pasará de ser Passepartout en su versión Cantinflas. Pero bueno... igual me da. Al menos seré un Cantinflas que verá China.
La chica de audiovisuales me ha dicho que Franco es una variedad de planta que se llama Alegría. No estoy muy seguro de que sea verdad. Yo le veo más aspecto de lechuga que de Alegría. Como mucho, mucho, se queda en buen rollito y gracias. Aún así, sigue echando flores. Franco es un misterio de la naturaleza. He llegado hasta a regarla con Aquarius. Creo que Nathional Geografic debería dedicarle un cachito de documental en alguno de sus espacios sobre plantas inmortales.
Y siguiendo con macetas oficinistas ... no he cambiado el espatafilo del demonio. Ahí sigue el de plástico, con su tierra de mentira bien húmeda y sus alambres bien hidratados. Le he explicado por teléfono a Miguel mi sinvivir y ha estado descojonándose un rato largo (es lo que tiene Miguel. Siempre sabe consolarme con la delicadeza adecuada). Cuando se ha recuperado de la apnea, me ha dicho que la única solución era afrontarlo todo con valentía y decirle a mi compañero la verdad. Creo que tiene razón. Ya he llevado todo esto demasiado lejos. Ha llegado el momento de demostrar que soy un hombre que tiene lo que hay que tener, y al que no le asusta en absoluto enfrentarse cara a cara con los problemas más complicados que puedan surgir en el camino de la rectitud, la honestidad y el compañerismo desinteresado.
Mañana mismo le envío un email anónimo echándole la culpa a otro.
Peyote lleva casi una hora de subidón esquizofrénico. Ha rebotado ya en todas las paredes de la casa y se ha colgado de lámparas, cortinas, toallas, camiseta de chino masajista, paquete de Karlos y muslito derecho de Ariel. Todo eso con las pupilas como paelleras y haciendo ruiditos tipo ñigs-ñeugs-ñuigs como si estuviera en un ataque de epilepsia permanente. Peyote es como Franco. Otro misterio de la naturaleza. Creo que debió de caerse cuando era pequeño en la marmita de las feromonas. Sólo eso explica sus ataques de allavoy, indirectamente proporcionales a la inutilidad de sus cojoncillos atrofiados.
Chinos y espatu.. espato... Chinos y plantas
Al final no voy a Suiza mañana. Karlos ha descubierto la obviedad de que no está en condiciones físicas ni para ir a Tordesillas y ha delegado el viaje. La verdad (dicho aquí, en intimidad y ahora que no mira nadie) es que me alegro. Me preocupaba. Me pasa con él como con los gatos. Me vuelvo matrona holandesa, de esas que te inflan a meriendas y te dan besos de los que espachurran los mofletes.
Ahora viene por las tardes un chino que se pasa una hora colocándole los huesos chungos. Le hace llorar de dolor, le cobra la friolera de 50 euracos por sesión, y le deja (vaya usted a saber gracias a qué técnica milenaria oriental o conquense) como nuevo. En tres sesiones ha recobrado por completo la movilidad del tobillo, las cervicales han dejado de molestarle y la costilla lesionada es cada vez menos dolorosa. Lo dicho. Misterios orientales de ayer y de hoy. Le he preguntado a Karlos de dónde demonios había sacado al chino de los milagros y me ha dicho que era el fisioterapeuta de muchos actores.
Es lo que tienen los famosos. No pueden tener la espalda jodida como todos los oficinistas del mundo mundial. Ellos necesitan fisioterapeutas chinos que hagan magia.
La verdad es que yo también lloraría de dolor si me cobraran 50 euros por hora...
He intentado espiar alguno de los movimientos dactilares del chino para ver si en el próximo hostión idiota que me toque, me puedo autocolocar los huesos yo solo, pero no he tenido demasiado éxito. Ya van dos veces que se acerca a la puerta con cara de apendicitis y me la cierra en las narices. Creo que si pudiera sacarme a collejas de la casa, lo haría si dudar.
Ya tengo conmigo el espatufilos/espatafilo/espatofilo de la floristería. Es bastante menos pomposo que el de plástico (cosa que no debería sorprenderme), así que al riesgo de tener que cambiar la planta sin ser visto, tengo que añadir el pequeño detalle de que va a resultar pelín obvia la mutación de planta superguay a planta uyquemierdecilladespatufilo.
Me temo que pase lo que pase, mañana seré compañero muerto.
Esta noche voy a ver Super 8. Por fin. Alegría, alegría y pan de madagascar...
Ahora viene por las tardes un chino que se pasa una hora colocándole los huesos chungos. Le hace llorar de dolor, le cobra la friolera de 50 euracos por sesión, y le deja (vaya usted a saber gracias a qué técnica milenaria oriental o conquense) como nuevo. En tres sesiones ha recobrado por completo la movilidad del tobillo, las cervicales han dejado de molestarle y la costilla lesionada es cada vez menos dolorosa. Lo dicho. Misterios orientales de ayer y de hoy. Le he preguntado a Karlos de dónde demonios había sacado al chino de los milagros y me ha dicho que era el fisioterapeuta de muchos actores.
Es lo que tienen los famosos. No pueden tener la espalda jodida como todos los oficinistas del mundo mundial. Ellos necesitan fisioterapeutas chinos que hagan magia.
La verdad es que yo también lloraría de dolor si me cobraran 50 euros por hora...
He intentado espiar alguno de los movimientos dactilares del chino para ver si en el próximo hostión idiota que me toque, me puedo autocolocar los huesos yo solo, pero no he tenido demasiado éxito. Ya van dos veces que se acerca a la puerta con cara de apendicitis y me la cierra en las narices. Creo que si pudiera sacarme a collejas de la casa, lo haría si dudar.
Ya tengo conmigo el espatufilos/espatafilo/espatofilo de la floristería. Es bastante menos pomposo que el de plástico (cosa que no debería sorprenderme), así que al riesgo de tener que cambiar la planta sin ser visto, tengo que añadir el pequeño detalle de que va a resultar pelín obvia la mutación de planta superguay a planta uyquemierdecilladespatufilo.
Me temo que pase lo que pase, mañana seré compañero muerto.
Esta noche voy a ver Super 8. Por fin. Alegría, alegría y pan de madagascar...
Insomnio y sinvivir
No he dormido nada. Apenas treinta minutos. Toda la noche pendiente de bocas espumosas y disfunciones en el habla. Como no sabía de dónde cogerle que no le doliera, opté por agarrarle una mano. Él estaba cocido a calmantes, así que creo que tampoco se enteraba de mucho. A eso de las tres, en uno de mis duermevelas, abrió el ojo sano y debió caer en la cuenta de que yo estaba en el mundo, porque me apretó la mano y dijo "gué bien que esdés aguí, Ari..." y con esas se volvió a dormir. Y yo estuve las tres horas siguientes pensando "¿eso es una disfunción en el habla? ¿un exceso de nolotiles? ¿le despierto y le pido que me recite algo? ¿considero normal que no vocalice bien? ¿debo avisar a su madre? ¿debo intentar dormir? ¿mató Oswald realmente a Kennedy?
Así he estado. Hasta que han dado las ocho y ha vuelto a abrir el ojo para decir "no desayunes cocacola que te vigilo ¿eh?" y yo, por fín, a partir de ahí me he empezado a relajar. Un Carlos que me da por saco con los desayunos, es un Carlos normal.
Bueno, y así están las cosas. Está dolorido, pero mejor que ayer. Su madre le ha dado una baja de una semana, pero se la ha pasado por el forro, porque hace una hora ha estado hablando con el estudio para decir que el lunes irá a Suiza, igualmente. Y luego ha añadido: "Ya me llevo a Ariel de asistente, por si me surgen problemas".
Espero que sea una broma o que se refiera exclusivamente a problemas mundanos tipo "zumo con pulpa o sin pulpa", porque no me quiero ni imaginar a un director de fotografía con un sólo ojo operativo, y un asistente con pelánganos que no sabe ni como funciona una agfa clack. Eso puede ser una catástrofe absoluta. El principio del fin de su carrera profesional (y de paso, el de su asistente con pelánganos).
Así he estado. Hasta que han dado las ocho y ha vuelto a abrir el ojo para decir "no desayunes cocacola que te vigilo ¿eh?" y yo, por fín, a partir de ahí me he empezado a relajar. Un Carlos que me da por saco con los desayunos, es un Carlos normal.
Bueno, y así están las cosas. Está dolorido, pero mejor que ayer. Su madre le ha dado una baja de una semana, pero se la ha pasado por el forro, porque hace una hora ha estado hablando con el estudio para decir que el lunes irá a Suiza, igualmente. Y luego ha añadido: "Ya me llevo a Ariel de asistente, por si me surgen problemas".
Espero que sea una broma o que se refiera exclusivamente a problemas mundanos tipo "zumo con pulpa o sin pulpa", porque no me quiero ni imaginar a un director de fotografía con un sólo ojo operativo, y un asistente con pelánganos que no sabe ni como funciona una agfa clack. Eso puede ser una catástrofe absoluta. El principio del fin de su carrera profesional (y de paso, el de su asistente con pelánganos).
Superhéroes que no vuelan
A Carlos le ha faltado el pelo de un calvo para matarse esta mañana con la bicicleta.
Hubiera sido curioso. Tardar tantos años en encontrar a alguien que encajara tan perfectamente conmigo, y perderlo en ocho meses. Hubiera sido como volver de nuevo al yo de antes. Pero más vacío y mucho más roto. Cuando lo pienso, siento que me crujen las tripas y tengo ganas de llorar. Me está costando mucho aguantar hoy el tipo para no parecer un zángano llorica. Los "podría haberse..." me tienen y me tendrán toda la semana el corazón jodido.
No sabe cómo ha sido. No recuerda mucho. Dice que bajando por un camino de arena le salió un animal al paso que no llegó a ver bien, y que se le metió entre las ruedas. Dice que voló en la curva y que lo siguiente que recuerda es estar tumbado boca arriba, un dolor terrible en la cabeza, y ver las hojas de los árboles enfocándose poco a poco. El casco se le partió en dos. Cree que estuvo inconsciente; no sabe si segundos, minutos u horas. Tiene traumatismo craneoencefálico, una ceja abierta, el ojo completamente morado e hinchado, una costilla fracturada y distensión de ligamentos en el tobillo izquierdo. Me ha llamado desde el hospital. "No te asustes Ari, pero me he roto un poco..." Yo sí que me he roto un poco. Ruta de campo, él solo, sin teléfono móvil, en un día de diario, a las ocho y media de la mañana y haciendo el cabra con velocidad excesiva (a qué hostia iría si no le ha dado tiempo ni a ver qué bicho se le cruzaba). Si se hubiera partido el espinazo en uno de los recodos, no le habrían encontrado ni en tres días.
Le han hecho mil pruebas y le han puesto una férula-escayolafuturista en el tobillo. El encefalograma y la resonancia cerebral han dado normal, pero su madre me ha dicho que debo estar atento a cualquier síntoma o comportamiento anómalo que pueda notarle en las próximas horas, como pérdidas de memoria, disfunción del habla, visión borrosa, parálisis facial o boca espumosa. Carlos le ha preguntado si eso también incluía los momentos de sexo. La enfermera se ha descojonado. Yo no. Yo sólo he tenido deseos de ponerle morado el otro ojo.
He pedido el resto del día libre. Cada cinco minutos, voy al dormitorio y me asomo a mirarle. Él abre el ojo bueno y me dice "Sin espumarajos y todo sereno." Y entonces, sí... me río, claro.
Pienso que hubiera preferido mil veces que me pasara a mí en vez de a él. Y justamente con esos pensamientos tan idiotas, con esos topicazos tan ñoños llenándome la cabeza... es cuando me doy cuenta de que le quiero.
Hubiera sido curioso. Tardar tantos años en encontrar a alguien que encajara tan perfectamente conmigo, y perderlo en ocho meses. Hubiera sido como volver de nuevo al yo de antes. Pero más vacío y mucho más roto. Cuando lo pienso, siento que me crujen las tripas y tengo ganas de llorar. Me está costando mucho aguantar hoy el tipo para no parecer un zángano llorica. Los "podría haberse..." me tienen y me tendrán toda la semana el corazón jodido.
No sabe cómo ha sido. No recuerda mucho. Dice que bajando por un camino de arena le salió un animal al paso que no llegó a ver bien, y que se le metió entre las ruedas. Dice que voló en la curva y que lo siguiente que recuerda es estar tumbado boca arriba, un dolor terrible en la cabeza, y ver las hojas de los árboles enfocándose poco a poco. El casco se le partió en dos. Cree que estuvo inconsciente; no sabe si segundos, minutos u horas. Tiene traumatismo craneoencefálico, una ceja abierta, el ojo completamente morado e hinchado, una costilla fracturada y distensión de ligamentos en el tobillo izquierdo. Me ha llamado desde el hospital. "No te asustes Ari, pero me he roto un poco..." Yo sí que me he roto un poco. Ruta de campo, él solo, sin teléfono móvil, en un día de diario, a las ocho y media de la mañana y haciendo el cabra con velocidad excesiva (a qué hostia iría si no le ha dado tiempo ni a ver qué bicho se le cruzaba). Si se hubiera partido el espinazo en uno de los recodos, no le habrían encontrado ni en tres días.
Le han hecho mil pruebas y le han puesto una férula-escayolafuturista en el tobillo. El encefalograma y la resonancia cerebral han dado normal, pero su madre me ha dicho que debo estar atento a cualquier síntoma o comportamiento anómalo que pueda notarle en las próximas horas, como pérdidas de memoria, disfunción del habla, visión borrosa, parálisis facial o boca espumosa. Carlos le ha preguntado si eso también incluía los momentos de sexo. La enfermera se ha descojonado. Yo no. Yo sólo he tenido deseos de ponerle morado el otro ojo.
He pedido el resto del día libre. Cada cinco minutos, voy al dormitorio y me asomo a mirarle. Él abre el ojo bueno y me dice "Sin espumarajos y todo sereno." Y entonces, sí... me río, claro.
Pienso que hubiera preferido mil veces que me pasara a mí en vez de a él. Y justamente con esos pensamientos tan idiotas, con esos topicazos tan ñoños llenándome la cabeza... es cuando me doy cuenta de que le quiero.
Estilos y legumbres
Hoy han venido al trabajo 20 modelos de Tommy Hilfiger a hacer una sesión de fotos y he coincidido con todos comiendo en el autoservicio de personal. Los modelos de Hilfiger son altos, guapos y de moreno dorado. Y además comen cosas modositas, como ensaladas verdes y yogures desnatados con bífidus, sojas, avenas y todo eso que anuncia Jesús Vázquez en la televisión.
Yo soy bajito, con pelánganos, de moreno "gitanovendebragas", llevo camisetas estúpidas y cojo judías pintas para poder hacer barquitos de pan en el caldito del chorizo, así que sólo podría trabajar para Hilfiger si necesitaran a alguien para sostener el botijo.
Hoy he descubierto que es muy chungo pasar con una bandeja de judías pintas sorteando modelos de Hilfiger. Estoy seguro de que la capa de invisibilidad de Harry Potter se inventó para ocasiones como esa.
Jokin nos ha enviado una tarjeta de felicitación. En el interior pone "Empezáis un nuevo camino juntos. Muchas felicidades." Se me han llenado los ojos de lágrimas al leerla. Carlos se ha descojonado un poquito a mi costa. No entiende que me emocione con ese tipo de cosas. Normal. Tiene seis hermanos. Seguramente pasó toda su infancia soñando con un cuarto de baño vacío. Lo que yo llevo a la espalda es distinto. Para mí saber que todo lo que haga a partir de ahora no lo haré solo, es como fumarme un peta en lo alto del Kilimanjaro. Voy de de subidón a subidón y tiro porque me toca.
Me ha llamado Ana Belén para explicarme por qué no puede venir al juzgado el día de la boda. Le he dicho que no necesitaba excusarse porque me daba igual, pero no ha debido notarse que era verdad, porque aún así me ha metido un rollo tremendo sobre su padre, la finca de su padre y no sé qué casa de no se qué pueblo. Luego me ha explicado con muchos pucheros que el otro día se llevó un susto tremendo porque fue a tomarse una copa con las amigas y se metió por error en un bar gay. Me ha dicho que el sitio se llamaba "La mariquita" y que estaba por la zona de Chueca. Le he preguntado si eso no les había dado alguna pista, y ella se ha quedado un ratito callada y luego ha dicho "¿por qué? ¿qué quieres decir?"
Estoy seguro de que Ana Belén tampoco hace nunca barquitos de pan en las judías pintas, así que puede que al fin y al cabo, no sea tan terrible esto de ser humano, defectuoso y mortal.
Yo soy bajito, con pelánganos, de moreno "gitanovendebragas", llevo camisetas estúpidas y cojo judías pintas para poder hacer barquitos de pan en el caldito del chorizo, así que sólo podría trabajar para Hilfiger si necesitaran a alguien para sostener el botijo.
Hoy he descubierto que es muy chungo pasar con una bandeja de judías pintas sorteando modelos de Hilfiger. Estoy seguro de que la capa de invisibilidad de Harry Potter se inventó para ocasiones como esa.
Jokin nos ha enviado una tarjeta de felicitación. En el interior pone "Empezáis un nuevo camino juntos. Muchas felicidades." Se me han llenado los ojos de lágrimas al leerla. Carlos se ha descojonado un poquito a mi costa. No entiende que me emocione con ese tipo de cosas. Normal. Tiene seis hermanos. Seguramente pasó toda su infancia soñando con un cuarto de baño vacío. Lo que yo llevo a la espalda es distinto. Para mí saber que todo lo que haga a partir de ahora no lo haré solo, es como fumarme un peta en lo alto del Kilimanjaro. Voy de de subidón a subidón y tiro porque me toca.
Me ha llamado Ana Belén para explicarme por qué no puede venir al juzgado el día de la boda. Le he dicho que no necesitaba excusarse porque me daba igual, pero no ha debido notarse que era verdad, porque aún así me ha metido un rollo tremendo sobre su padre, la finca de su padre y no sé qué casa de no se qué pueblo. Luego me ha explicado con muchos pucheros que el otro día se llevó un susto tremendo porque fue a tomarse una copa con las amigas y se metió por error en un bar gay. Me ha dicho que el sitio se llamaba "La mariquita" y que estaba por la zona de Chueca. Le he preguntado si eso no les había dado alguna pista, y ella se ha quedado un ratito callada y luego ha dicho "¿por qué? ¿qué quieres decir?"
Estoy seguro de que Ana Belén tampoco hace nunca barquitos de pan en las judías pintas, así que puede que al fin y al cabo, no sea tan terrible esto de ser humano, defectuoso y mortal.
No se yo cuando voy a terminar la dichosa plantilla...
No veo una mierda cuando escribo de noche en el portátil. Es como hundir los dedos en el barro chipichipichip. No sé por qué los teclados del mundo mundial no son todos blancos, como los de apple.
Me voy a Suiza con Carlos. No debía. No pensaba hacerlo. Pero me he metido un hostión del quince esta tarde, cuando venía hacia casa y podría decirse que he visto la luz (y las estrellas). Según me estaba levantando y colocándome la nariz en su sitio, he pensado "Pues ahora me voy a Suiza" y con esas, pues me voy. Y no se qué coño voy a hacer allí, si él va por asuntos de trabajo y lo que menos necesita es un nepomuk con pelánganos dando por culo por las esquinas (dicho sea en el sentido menos absoluto de la palabra), pero aún así... me voy. Ya improvisaré algo para no estorbar demasiado. Comeré chocolate... fundiré queso... buscaré otro trozo de acera suiza en el que poder hostiarme...
Tenemos fecha de boda. No se la hemos dicho a nadie. De hecho, más que unos papeles matrimoniales, parece que tuviéramos entre las manos los planos de la estrella de la Muerte. Tanto salón de bodorrio y tanta amenaza de lista de invitados, nos han convertido en unos novios cabrones y furtivos. Al final, ese día en el juzgado sólo estaremos Miguel, Ana, Jokin, él y yo. Nadie más. Ninguna celebración. Sólo una comida familiar para comunicarlo al día siguiente de habernos casado y una fiesta en un garito madrileño, una semana después, para los amigos y compañeros.
Su madre se va a pillar un rebote de mil pares de demonios. Y como no es una madre de esas habituales de lagrimitas y de "comohaspodidohacermeesto", seguramente opte por contratar a un par de rumanos ilegales para que nos rompan la cara por tres sitios y nos obliguen a recelebrar la boda vestidos con smoking y chorreras, en el Palacio del Negralejo. Se lo digo a Carlos y él dice que no me preocupe. Que para entonces ya estaremos en China. Yo le digo que algún día tendremos que volver y él me dice que no pasa nada. Que para cuando volvamos ya le explicará a todo el mundo que en realidad fue culpa mía.
Lo peor es que nisiquiera estoy seguro de que lo diga realmente en broma.
Se me está poniendo el codo morado. Si encadenara las hostias estúpidas que me he dado durante los últimos cinco años, también llegaría sin ningún problema a China.
Tengo que cambiar el espatufilos-espatufilo-espatafilo de plástico antes del viernes. Si veo a mi compañero regarlo otra vez, me terminará dando un colapso circulatorio nervioso.
Me voy a Suiza con Carlos. No debía. No pensaba hacerlo. Pero me he metido un hostión del quince esta tarde, cuando venía hacia casa y podría decirse que he visto la luz (y las estrellas). Según me estaba levantando y colocándome la nariz en su sitio, he pensado "Pues ahora me voy a Suiza" y con esas, pues me voy. Y no se qué coño voy a hacer allí, si él va por asuntos de trabajo y lo que menos necesita es un nepomuk con pelánganos dando por culo por las esquinas (dicho sea en el sentido menos absoluto de la palabra), pero aún así... me voy. Ya improvisaré algo para no estorbar demasiado. Comeré chocolate... fundiré queso... buscaré otro trozo de acera suiza en el que poder hostiarme...
Tenemos fecha de boda. No se la hemos dicho a nadie. De hecho, más que unos papeles matrimoniales, parece que tuviéramos entre las manos los planos de la estrella de la Muerte. Tanto salón de bodorrio y tanta amenaza de lista de invitados, nos han convertido en unos novios cabrones y furtivos. Al final, ese día en el juzgado sólo estaremos Miguel, Ana, Jokin, él y yo. Nadie más. Ninguna celebración. Sólo una comida familiar para comunicarlo al día siguiente de habernos casado y una fiesta en un garito madrileño, una semana después, para los amigos y compañeros.
Su madre se va a pillar un rebote de mil pares de demonios. Y como no es una madre de esas habituales de lagrimitas y de "comohaspodidohacermeesto", seguramente opte por contratar a un par de rumanos ilegales para que nos rompan la cara por tres sitios y nos obliguen a recelebrar la boda vestidos con smoking y chorreras, en el Palacio del Negralejo. Se lo digo a Carlos y él dice que no me preocupe. Que para entonces ya estaremos en China. Yo le digo que algún día tendremos que volver y él me dice que no pasa nada. Que para cuando volvamos ya le explicará a todo el mundo que en realidad fue culpa mía.
Lo peor es que nisiquiera estoy seguro de que lo diga realmente en broma.
Se me está poniendo el codo morado. Si encadenara las hostias estúpidas que me he dado durante los últimos cinco años, también llegaría sin ningún problema a China.
Tengo que cambiar el espatufilos-espatufilo-espatafilo de plástico antes del viernes. Si veo a mi compañero regarlo otra vez, me terminará dando un colapso circulatorio nervioso.
Espera plantilla espera...
Hoy me he hecho una foto de familia. La primera foto de familia que me hago en mi vida (obviamente). Era un regalo para la madre de Carlos que en Noviembre cumple 60 años y ha sido una especie de foto a mogollón, en la que la mitad íbamos de blanco y la otra mitad de negro. A mí, desgraciadamente, me había tocado el blanco, así que he estado dos horas esta mañana probándome todo tipo de camisas y pantalones sin ningún tipo de éxito. El blanco no me sienta bien, tengo la piel oscura. Siempre termino pareciendo una mosca de comunión. Al final me he puesto unos vaqueros blancos ochenteros y una camiseta. Para no dejarme solo, Carlos ha hecho lo propio, pero en negro. Íbamos por la calle como dos teclas de piano. Parecía que de un momento a otro nos íbamos a poner a cantar el Say, say, say. Cuando hemos llegado al estudio, ha resultado que todos llevaban ropa elegante. Pantalones de raya, camisas de vestir... hasta unos tirantes con pajarita, he visto. Yo me he cortado un poco. Carlos no. En cuanto su cuñada ha intentado cambiarnos de ropa, ha dicho "Que no, que no, que este conjunto está estudiado. Somos gays, sabemos qué es lo que se lleva."
Es mentira. Se lo ha inventado. No tenemos ni puta idea de lo que se lleva o se deja de llevar y además nos importa un pimiento albaceteño. Pero como me convenía, le he seguido la gilipollez improvisada y he puesto cara de que sí. De que eso de llevar vaqueros cutres ochenteros era la hostia en las pasarelas del mundo mundial.
Ha sido muy difícil mantener a 16 personas quietas y calladas. Tan difícil que no lo hemos conseguido. Cuando uno no salía con los ojos cerrados, al otro se le escapa la risa o el de más allá salía rascándose algo comprometedor. Un desastre. El fotógrafo no podía mandarnos a tomar por culo porque era compañero de Carlos y los compañeros no hacen eso, pero se le veía claramente en el rictus de la boca que el pensamiento le estaba comiendo el hígado. Al final, después de hacer unas 358 fotos (más o menos), Samuel ha dicho "venga, ahora como despedida chorra, contamos hasta tres y damos un salto al estilo High School Music" Y eso hemos hecho los 16. Un, dos, tres... ¡yépalaaaaaaa! Ha faltado muy poco para que nos cargáramos de cuajo el entarimado.
Carlos se ha quedado con los negativos de las 359 fotos para trabajar en ellas y sacar la más decente para la ampliación. Dice que tiene claro que la única que va a valer algo va a ser la del salto y que su madre estará condenada a tener colgados de la pared a sus 16 hijos+políticos+nietos, haciendo el gilipollas para toda la eternidad.
Bueno, podía ser peor. Podíamos haber tenido que hacer el gilipollas en tirantes y pajarita.
Mi compañero lleva toda la semana regando la planta de plástico. Y el post-it sigue ahí. Pegadito en la maceta y sin que nadie se haya percatado de que dice algo importante. No sé bien qué hacer ahora. Si decirle la verdad y que todo el departamento se descojone a su costa o cambiar la planta destrangis y que aquí no haya pasado nada. Las dos opciones me tienen en un sinvivir. No vuelvo a cuidarle nada a nadie. Nunca. Jamás. Never.
Es mentira. Se lo ha inventado. No tenemos ni puta idea de lo que se lleva o se deja de llevar y además nos importa un pimiento albaceteño. Pero como me convenía, le he seguido la gilipollez improvisada y he puesto cara de que sí. De que eso de llevar vaqueros cutres ochenteros era la hostia en las pasarelas del mundo mundial.
Ha sido muy difícil mantener a 16 personas quietas y calladas. Tan difícil que no lo hemos conseguido. Cuando uno no salía con los ojos cerrados, al otro se le escapa la risa o el de más allá salía rascándose algo comprometedor. Un desastre. El fotógrafo no podía mandarnos a tomar por culo porque era compañero de Carlos y los compañeros no hacen eso, pero se le veía claramente en el rictus de la boca que el pensamiento le estaba comiendo el hígado. Al final, después de hacer unas 358 fotos (más o menos), Samuel ha dicho "venga, ahora como despedida chorra, contamos hasta tres y damos un salto al estilo High School Music" Y eso hemos hecho los 16. Un, dos, tres... ¡yépalaaaaaaa! Ha faltado muy poco para que nos cargáramos de cuajo el entarimado.
Carlos se ha quedado con los negativos de las 359 fotos para trabajar en ellas y sacar la más decente para la ampliación. Dice que tiene claro que la única que va a valer algo va a ser la del salto y que su madre estará condenada a tener colgados de la pared a sus 16 hijos+políticos+nietos, haciendo el gilipollas para toda la eternidad.
Bueno, podía ser peor. Podíamos haber tenido que hacer el gilipollas en tirantes y pajarita.
Mi compañero lleva toda la semana regando la planta de plástico. Y el post-it sigue ahí. Pegadito en la maceta y sin que nadie se haya percatado de que dice algo importante. No sé bien qué hacer ahora. Si decirle la verdad y que todo el departamento se descojone a su costa o cambiar la planta destrangis y que aquí no haya pasado nada. Las dos opciones me tienen en un sinvivir. No vuelvo a cuidarle nada a nadie. Nunca. Jamás. Never.
Adiós plantilla, adiós...
Hemos vuelto a casa. Y tenemos vecinos nuevos. Concretamente, unos 10.000 estudiantes de primero de universidad. O puede que sólo sean 3, considerando que la casa que ocupan es de dos habitaciones, pero desde luego, abultan como 10.000. Ayer tocaban baladas a la guitarra a la una de la madrugada. Carlos pasó a pedirles amablemente que dejaran la canción protesta para cuando saliera el sol, y se tiró allí cerca de 25 minutos. Cuando por fin volvió dijo que le habían invitado a una cerveza. Esta noche, cuando vuelva el guitarreo pasaré yo. A ver si con eso de que estoy más cerca de su quinta, les saco unos berberechos o algo. Si no voy a poder dormir, al menos que sea con la tripa llena.
También tenemos el agua caliente estropeada hasta nuevo aviso comunitario. A Carlos le da igual. Él hace flexiones sobre los pulgares y desayuna cócteles con gasolina. Pero a mí me cuesta un poco eso de ducharme a las 7 con agua fría. O empiezo a lavarme a trozos en el lavabo, como los niños, o la hipotermia mañanera terminará por cristalizarme los minihuevos (y digo mini, porque con cada chorrito de agua fría me los voy notando más pequeños).
Como tercera desgracia, diré que he matado al espatofilo de mi compañero de trabajo. Espatofilo.. espatifilus... bueno, algo parecido. Una de esas plantas que brillan y levantan flores hasta el infinito y más allá. Me lo dejó para que lo cuidara en su ausencia. Tardó dos años en tenerlo frondoso y pinturero y yo he tardado dos semanas en cargármelo. Tampoco es una novedad. Le avisé que a mí se me moría hasta el perejil de la cocina y no me hizo caso. La culpa es de Franco, mi planta chunga. Mientras Franco florezca, seguirán pensando que se me dan de muerte las plantas, cuando la cruda realidad es que Franco es inmortal y mis manitas (que se han de comer los cerdos) no tienen nada que ver en el asunto de sus floraciones.
He ido a comprar otro espatufilo-espatofilo-espatufilus y la de la floristería me ha dicho que no volverán a tener hasta dentro de dos semanas. Mi compañero vuelve el lunes. Para evitarle el shock, le he colocado en la maceta un espatufilus de esos de plástico, que encontré el sábado en el Bricor, con un post-it en el que le explico que ha sido un accidente y que cuando venga la remesa de plantas a la floristería, le compraré una de verdad de la buena. No sé qué más puedo hacer. Llevo fatal esto de matar cosas vivas que no me pertenecen.
Voy a cambiar la plantilla del blog. Le he pedido a Carlos que me pase alguna foto y no para de enviarme fotos cochinas. Le digo que es imposible que con el coñazo que me da con la camarita a todas horas, no tenga una sola foto mía en la que no esté enseñando algo. Él me mira malévolamente, se encoge de hombros y suelta una risita.
Cría cuervos y te sacarán fotos cochinas.
También tenemos el agua caliente estropeada hasta nuevo aviso comunitario. A Carlos le da igual. Él hace flexiones sobre los pulgares y desayuna cócteles con gasolina. Pero a mí me cuesta un poco eso de ducharme a las 7 con agua fría. O empiezo a lavarme a trozos en el lavabo, como los niños, o la hipotermia mañanera terminará por cristalizarme los minihuevos (y digo mini, porque con cada chorrito de agua fría me los voy notando más pequeños).
Como tercera desgracia, diré que he matado al espatofilo de mi compañero de trabajo. Espatofilo.. espatifilus... bueno, algo parecido. Una de esas plantas que brillan y levantan flores hasta el infinito y más allá. Me lo dejó para que lo cuidara en su ausencia. Tardó dos años en tenerlo frondoso y pinturero y yo he tardado dos semanas en cargármelo. Tampoco es una novedad. Le avisé que a mí se me moría hasta el perejil de la cocina y no me hizo caso. La culpa es de Franco, mi planta chunga. Mientras Franco florezca, seguirán pensando que se me dan de muerte las plantas, cuando la cruda realidad es que Franco es inmortal y mis manitas (que se han de comer los cerdos) no tienen nada que ver en el asunto de sus floraciones.
He ido a comprar otro espatufilo-espatofilo-espatufilus y la de la floristería me ha dicho que no volverán a tener hasta dentro de dos semanas. Mi compañero vuelve el lunes. Para evitarle el shock, le he colocado en la maceta un espatufilus de esos de plástico, que encontré el sábado en el Bricor, con un post-it en el que le explico que ha sido un accidente y que cuando venga la remesa de plantas a la floristería, le compraré una de verdad de la buena. No sé qué más puedo hacer. Llevo fatal esto de matar cosas vivas que no me pertenecen.
Voy a cambiar la plantilla del blog. Le he pedido a Carlos que me pase alguna foto y no para de enviarme fotos cochinas. Le digo que es imposible que con el coñazo que me da con la camarita a todas horas, no tenga una sola foto mía en la que no esté enseñando algo. Él me mira malévolamente, se encoge de hombros y suelta una risita.
Cría cuervos y te sacarán fotos cochinas.
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