Me voy a Patagonia (repito) igual que si viviera en un tebeo de Mortadelo y Filemón.
Dejo a mis gatos y mi ratón, cosa que me da mucha pena, y a mis compañeros de trabajo, cosa que me la come por tiempos. Porque en esta vida todo, absolutamente todo, está bajo las leyes de compensación del universo.
Mi compañero de viaje está trabajando, cosa normal y habitual en el ritmo de nuestra vida. Seguramente, cuando llegue la hora del fin del mundo, le llamarán diez minutos antes para explicarle que tiene que volver al estudio porque una de las grabaciones del holocausto nuclear no se ha iluminado bien. Bueno. Ok. Es su trabajo. Lo bueno de ser maquetador gráfico es que, por regla general, a mí el mundo me suele necesitar poco, y por la misma regla de tres, puedo programar mis viajes y estar seis horas antes en mi casa, tomándome una cervecita y escribiendo idioteces para nadie. Ley de vida.
He pasado unos días muy malos. Días en los que no me encontraba a mí mismo y sufría como un cabrón por cosas por las que no había que sufrir. Mi compañero de viaje me ha aguantado con estoicismo de samurai (para variar). Así que ahora doy fe de que tengo un buen apoyo para seguir sufriendo a lo gilipollas durante las etapas chungas que puedan esperarme en el futuro. Me siento afortunado. En este asunto de los viajes vitales, es muy importante el tipo de persona que te toque al lado en el avión. Ten un buen compañero y saldrás de todo. Ten uno malo y lo único que conseguirás mientras caes, es que te pisen la cabeza para que llegues antes al suelo. De nuevo, ley de vida.
Sigo sin saber dónde voy y quién es Margarito, pero a cambio sé que voy a ver ballenas, pingüinos, volcanes y glaciares. También sé que necesito volver a dibujar y terminar las plantillas que empiezo. Ambas cosas espero hacerlas a la vuelta. Los otoños me sientan muy bien. Siempre lo han hecho. Yo nací para vivir en otoño. Soy de julio y odio los veranos.
Así de raro me hicieron.
Nepoinutilidades
Hoy ha venido el Director General de visita y mi jefe me ha pedido que estuviera al lado de las puertas automáticas pisando la alfombra para mantenerlas abiertas mientras pasara.
No ha sido para vengarse de lo de la boda gay, ni para tomarse revancha por lo del origami. Tampoco porque hubiera decidido ascenderme en mi escalafón laboral. No. Ha sido simplemente porque yo estaba en el peor momento, en el peor lugar y cuando se ha sorteado el pito-pito-colorito, me ha tocado a mí. De hecho he podido notar su cara de pánico al darse cuenta, cuando los cochazos estaban ya parando en la puerta, de que el pie que pisaba la alfombra era el mío y como tal, llevaba puesto una zapatilla absurda.
Uno puede pensar que lo de pisar una alfombra para que el director general cruce la puerta automática sin pararse, como el resto de los humanos mortales del mundo mundial, es una tarea de lo más idiota, pero no... en realidad es algo complicadísimo que casi requiere un máster en coordinación de pisado de alfombras. De hecho, entre el 98% de posibilidades que tenía de hacerlo bien, y el 2% de cagarla, me he comido sin remedio la segunda opción, porque me he asustado un pelín al ver a los guardaespaldas (cosa que no debería, considerando que convivo con un vasco gigante) y he retrocedido un paso fatídico que ha hecho que la puerta automática se le cerrara al director en las puñeteras narices, hasta tal punto que si no llega a ser chato, se me deja ahí un cachito de cartílago. Y lo peor es que, inmerso como estaba en mis pensamientos trascendentales "dondellevaranlaspistolas", no he caído en la cuenta de la que había montado, hasta que he visto a los guardaespaldas empezar a dar saltitos alfombriles, para que las narices gerenciales pudieran estar a salvo al otro lado de la puerta.
Es terrible esto de que te adjudiquen misiones idiotas y no seas capaz de cumplirlas. No me viene nada bien para la autoestima. He llamado a Karlos para contarle mis penas, y me ha dicho que todo el mundo cometía errores en el trabajo, y que eso era como aquella vez (literal) que él "se equivocó al leer la medida foot-lambert de un exposímetro y tuvo que estar ajustando manualmente el diafragma durante toda la toma en directo para poder filmar en el mismo valor constante de iluminación."
No sé qué parte de "no he podido pisar una puerta" no ha entendido. En serio. No lo sé.
No ha sido para vengarse de lo de la boda gay, ni para tomarse revancha por lo del origami. Tampoco porque hubiera decidido ascenderme en mi escalafón laboral. No. Ha sido simplemente porque yo estaba en el peor momento, en el peor lugar y cuando se ha sorteado el pito-pito-colorito, me ha tocado a mí. De hecho he podido notar su cara de pánico al darse cuenta, cuando los cochazos estaban ya parando en la puerta, de que el pie que pisaba la alfombra era el mío y como tal, llevaba puesto una zapatilla absurda.
Uno puede pensar que lo de pisar una alfombra para que el director general cruce la puerta automática sin pararse, como el resto de los humanos mortales del mundo mundial, es una tarea de lo más idiota, pero no... en realidad es algo complicadísimo que casi requiere un máster en coordinación de pisado de alfombras. De hecho, entre el 98% de posibilidades que tenía de hacerlo bien, y el 2% de cagarla, me he comido sin remedio la segunda opción, porque me he asustado un pelín al ver a los guardaespaldas (cosa que no debería, considerando que convivo con un vasco gigante) y he retrocedido un paso fatídico que ha hecho que la puerta automática se le cerrara al director en las puñeteras narices, hasta tal punto que si no llega a ser chato, se me deja ahí un cachito de cartílago. Y lo peor es que, inmerso como estaba en mis pensamientos trascendentales "dondellevaranlaspistolas", no he caído en la cuenta de la que había montado, hasta que he visto a los guardaespaldas empezar a dar saltitos alfombriles, para que las narices gerenciales pudieran estar a salvo al otro lado de la puerta.
Es terrible esto de que te adjudiquen misiones idiotas y no seas capaz de cumplirlas. No me viene nada bien para la autoestima. He llamado a Karlos para contarle mis penas, y me ha dicho que todo el mundo cometía errores en el trabajo, y que eso era como aquella vez (literal) que él "se equivocó al leer la medida foot-lambert de un exposímetro y tuvo que estar ajustando manualmente el diafragma durante toda la toma en directo para poder filmar en el mismo valor constante de iluminación."
No sé qué parte de "no he podido pisar una puerta" no ha entendido. En serio. No lo sé.
Me voy a alimentar tortugas
Tengo 40 minutos para escribir este post. Qué bonito esto de escribir contra reloj. Mañana lo leeré, descubriré que es una mierda, lo cambiaré 20 veces y alguno de los que están suscritos dirá "pordiosquelomaten...."
Flipando porque a Vargas le mola la comida para tortugas. Jamás lo hubiera pensado. Se me sube a la palma para zampar los restos de los dedos. Karlos dice que no puede ser bueno. Yo estoy con que mucho no se equivoca. He acercado la nariz a la caja y aquello apesta a culo de bruja. Pero bueno... me ha servido para que salga del somier, así que por lo menos es un culo de bruja útil.
Ahora le veo asomando el hocico por los barrotes de la jaula y me da lastimica. Claramente y pese a las buenas intenciones, no estoy hecho para tener animales pequeños. A mi incapacidad para tenerlos encerrados, se suma mi destreza para pisarlos y reventarles los hígados sin pisparme, y esa puede ser una combinación letal. A partir de ahora me tengo que dedicar a criar cosas que pueda dejar sueltas por ahí y que sean bien visibles, como gatos... perros... conejos... manatíes...
Una amiga de Karlos me ha llamado esta mañana para decirme que nos estaban organizando una despedida de solteros. Al principio me ha parecido cantidad de divertido por aquello de que somos unisex y podemos celebrarlo todos juntos al alimón, pero luego se ha puesto a contarme como en la última despedida, habían vestido a los novios con trajes de hada disney y unas antenitas de minipollas y ha empezado a sudarme hasta el culo. Se lo he dicho a Karlos por guasap y me ha contestado diciendo que a fecha de hoy, no existe ninguna criatura en el mundo que le pueda poner a él un disfraz de hada, sin que peligre seriamente su integridad física, pero eso no me supone ningún consuelo. Karlos mide 1'90 y se defiende de puta madre, pero a mí se me inmoviliza en tres movimientos con una goma elástica y un clip.
Mucho me temo que voy a ser otro de esos solteros que no se despidan nunca.
Hala. Me voy a Atocha. Viva San Francisco.
Flipando porque a Vargas le mola la comida para tortugas. Jamás lo hubiera pensado. Se me sube a la palma para zampar los restos de los dedos. Karlos dice que no puede ser bueno. Yo estoy con que mucho no se equivoca. He acercado la nariz a la caja y aquello apesta a culo de bruja. Pero bueno... me ha servido para que salga del somier, así que por lo menos es un culo de bruja útil.
Ahora le veo asomando el hocico por los barrotes de la jaula y me da lastimica. Claramente y pese a las buenas intenciones, no estoy hecho para tener animales pequeños. A mi incapacidad para tenerlos encerrados, se suma mi destreza para pisarlos y reventarles los hígados sin pisparme, y esa puede ser una combinación letal. A partir de ahora me tengo que dedicar a criar cosas que pueda dejar sueltas por ahí y que sean bien visibles, como gatos... perros... conejos... manatíes...
Una amiga de Karlos me ha llamado esta mañana para decirme que nos estaban organizando una despedida de solteros. Al principio me ha parecido cantidad de divertido por aquello de que somos unisex y podemos celebrarlo todos juntos al alimón, pero luego se ha puesto a contarme como en la última despedida, habían vestido a los novios con trajes de hada disney y unas antenitas de minipollas y ha empezado a sudarme hasta el culo. Se lo he dicho a Karlos por guasap y me ha contestado diciendo que a fecha de hoy, no existe ninguna criatura en el mundo que le pueda poner a él un disfraz de hada, sin que peligre seriamente su integridad física, pero eso no me supone ningún consuelo. Karlos mide 1'90 y se defiende de puta madre, pero a mí se me inmoviliza en tres movimientos con una goma elástica y un clip.
Mucho me temo que voy a ser otro de esos solteros que no se despidan nunca.
Hala. Me voy a Atocha. Viva San Francisco.
It's a me, Mario!
Enganchado al guasap. Le tengo que decir al vasco que deje de enseñarme chimpunes porque esto no puede ser. Así se acaba el mundo y uno no termina de hacer nada útil, coño. No completo la plantilla, no completo las viñetas, no completo los libros... Mañana vuelvo a mi móvil cutre sin churiburris y me dejo de tonterías, hombrepordios...
Vengo del gamefest. Me lo he pasado muuuuy bien. Tan bien, que he terminado con una contractura en el hombro derecho por probar consolas varias con exceso de entusiasmo. En un momento dado estaba tan pasado de rosca, que incluso me he atrevido a un bailecito solista en el Just Dance 2, para regocijo de aquellos asistentes que esperaban irse de la feria sin echarse unas risas.
Para rematar el freakitour, hemos ido a comer a un Taco Bell, y uno de los cabage patch kids me ha dado un relajante muscular para elefantes, que he digerido con un trago de cerveza y un burrito de pollo picante, así que es más que probable que termine este post viendo pokemons voladores azules con la nariz encima del tabulador (la nariz encima del tabulador yo, no los pokemons). Bueno. Todo sea por la causa. Si empiezan a salir eñes por todas partes, habrá llegado la hora de no seguir escribiendo.
Hemos comprado seis camisetas Nintendo para la boda, que molan todo. La de Karlos roja con la M de Mario, la mía verde con la L de Luigi y las de los testigos, con setas de vida extra. Es con diferencia la gamberrada más absurda que se me podía haber ocurrido, así que estoy como niño con camisetas nuevas. De hecho... la simbología de los dibujos me parece de lo más representativa (me faltaría si acaso una de koopa troopa para el juez, si este consintiera en prestarse a la mamarrachada, cosa que dudo y que no pienso comprobar). Todos han aceptado, excepto Ana Belén (miratúpordónde al final viene) que dice, literalmente, que ya ha comprado un vestido de firma que le ha costado una pasta y que no piensa taparlo con una camiseta piojosa porque al novio-2 se le ponga en la punta del nardo hacer el gilipollas hasta el mismísimo día de su boda.
Ana Belén me adora. Voy a ver si de aquí a Noviembre le mando al novio-1 a que se lo vuelva a pedir, aprovechando que es alto, vasco y convincente, y que su nardo tiene un pelín más de peso específico que el mío.
No sé cómo coño sacar al ratón de dentro del sofá. Me tiene un poco harto. Voy a empezar a ponerle queso con pimentón picante, a ver si en una de esas que viene a beber, le atranco la puerta de la jaula con una silla de los clicks.
Vengo del gamefest. Me lo he pasado muuuuy bien. Tan bien, que he terminado con una contractura en el hombro derecho por probar consolas varias con exceso de entusiasmo. En un momento dado estaba tan pasado de rosca, que incluso me he atrevido a un bailecito solista en el Just Dance 2, para regocijo de aquellos asistentes que esperaban irse de la feria sin echarse unas risas.
Para rematar el freakitour, hemos ido a comer a un Taco Bell, y uno de los cabage patch kids me ha dado un relajante muscular para elefantes, que he digerido con un trago de cerveza y un burrito de pollo picante, así que es más que probable que termine este post viendo pokemons voladores azules con la nariz encima del tabulador (la nariz encima del tabulador yo, no los pokemons). Bueno. Todo sea por la causa. Si empiezan a salir eñes por todas partes, habrá llegado la hora de no seguir escribiendo.
Hemos comprado seis camisetas Nintendo para la boda, que molan todo. La de Karlos roja con la M de Mario, la mía verde con la L de Luigi y las de los testigos, con setas de vida extra. Es con diferencia la gamberrada más absurda que se me podía haber ocurrido, así que estoy como niño con camisetas nuevas. De hecho... la simbología de los dibujos me parece de lo más representativa (me faltaría si acaso una de koopa troopa para el juez, si este consintiera en prestarse a la mamarrachada, cosa que dudo y que no pienso comprobar). Todos han aceptado, excepto Ana Belén (miratúpordónde al final viene) que dice, literalmente, que ya ha comprado un vestido de firma que le ha costado una pasta y que no piensa taparlo con una camiseta piojosa porque al novio-2 se le ponga en la punta del nardo hacer el gilipollas hasta el mismísimo día de su boda.
Ana Belén me adora. Voy a ver si de aquí a Noviembre le mando al novio-1 a que se lo vuelva a pedir, aprovechando que es alto, vasco y convincente, y que su nardo tiene un pelín más de peso específico que el mío.
No sé cómo coño sacar al ratón de dentro del sofá. Me tiene un poco harto. Voy a empezar a ponerle queso con pimentón picante, a ver si en una de esas que viene a beber, le atranco la puerta de la jaula con una silla de los clicks.
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