Y siguiendo con gatos... después de 258.342 cálculos sobre
plano para evitar que Peyote se me escape del jardín de la casa nueva, barajo
la posibilidad de tirar la toalla y hacerle una puertecilla abatible en la de
entrada, para que entre y salga cuando le salga de los huevos. Karlos no es
partidario. Dice que no está acostumbrado a la vida libre, y que será fácil que
alguien se lo quede, que pierda una oreja en una riña o que, poniéndonos en lo
peor, lo termine pillando un coche. Sé que tiene parte de razón, pero tampoco
se me ocurre como mantenerle dentro, una vez desechada la opción de clavetearle
el rabo a la tarima. Para lo del pastor eléctrico no tengo huevos, y para tenerle
encerrado en casa mientras los demás circulan a lo chupilerendi, tampoco. Tal y
como yo lo veo, no es que tenga precisamente muchas opciones más, así que... puede que finalmente, volvamos a lo del martillo, los clavos, el rabo y la tarima.
No sé por qué no pude limitarme a los canarios y los peces
de colores. Mi vida hubiera sido mucho más tranquila.