Hoy a las cinco conoceré a Simón. Y estoy tan nervioso como
si fuera a conocer al Papa. Bueno... no es un buen ejemplo. En realidad a mí
conocer al Papa me sudaría la po**a. Pero vamos... que conocer a Simón no me
suda nada, más que lo que me tiene que sudar. O sea, todo el conjunto de
glándulas sudoríparas al alimón y en plan masacre nerviosa.
No debería estar tan atacado, porque sólo tiene cuatro años
y probablemente tanto yo como el mundo le importemos poco menos que una mierda, pero no puedo evitar
comerme la cabeza con las típicas idioteces que me vienen a la mente cuando
estoy nervioso. Por ejemplo...¿y si me odia? o si no llegamos a tanto porque yo
no sea tan importante como para eso... ¿y si le caigo mal? ¿qué hago si estoy
allí intentando ser su amigo mientras él se tapa con la camiseta y me dice por
señas que me pire? ¿sonrío en plan cura pesado y absurdo y me lo gano a base de
plastilinas?
Sí. Le llevo plastilinas. Es lo mejor que se me ha ocurrido
enmedio de mi ataque de pánico inútil. Porque pensé en lo que más me gustaba a
mí cuando tenía cuatro años y después de las ceras (que él tiene allí a
millones) me vino a la mente los elefantes de plastilina que yo hacía de todos
los tamaños y colores antes de desesperarme porque siempre se me caía la
trompa. No recuerdo haber logrado jamás ni un solo elefante de plastilina al
que no se le cayera la trompa. Espero acordarme de eso y hacer un tomate, que
no lleva trompa ni rabo ni nada que se caiga. Porque que no se descojone de mí
es mi segunda preocupación después de que no me odie, aunque no haya contribuído mucho a evitarla
poniéndome esta mierda de camiseta absurda de Los Picapiedra en la que Dino parece más una salchicha de frankfurt que un dinosaurio, sobre todo teniendo esa tan bonita de supermario que además está nuevecita y entera y no tiene agujeros en el sobaco como esta, que seguro que alguno tiene, aunque lleve dos horas sin atreverme a levantar el brazo para comprobarlo y... y... y creo que lo
de ponerme a escribir ahora un post no ha sido precisamente la mejor de mis
ideas...
Karlos no está nervioso. Pero no me sirve de precedente
porque Karlos no está nervioso nunca (el muy cabrón) y, ya lo he dicho otras veces, el fin del
mundo le pillará sorbiendo horchata y diciendo "no pasa nada, no corras, que esto es una
tormentilla de verano..."
No sé por qué demonios me he tenido que poner esta camiseta. En serio.