Deseos

Me releo y me veo trágico y llorica. No me gusto un pelo. Para perdonarme dentro de dos años, cuando vuelva a leerme, me diré que Karlos está en un sitio peligroso, que tuvo una marcha algo traumática en la madrugada de mi cumpleaños, y que las únicas noticias con cuentagotas que me llegan de él a través de Jokin no son ni positivas, ni constructivas, ni sosegantes. La verdad es que ahora mismo me bastaría una de sus llamadas pggggari-pggggmeoyespgggg para refrescarme la quemazón mental que llevo, pero sumo que eso no sucederá y que solamente me queda esperar a la llamada que me anuncie su vuelta.

Ojalá llegue pronto. Yo también me canso de mí mismo.

Estos días no duermo mucho. Por no andar atusando la almohada como un alma en pena, salgo al jardín y me tumbo en la hamaca a dejar que me piquen los mosquitos. Creo que necesito sexo. Me lo dicen la luna llena y mi testosterona que siento bullir como el puchero de una bruja. No sé cómo se combina una tristeza latente con un pico de testosterona. Supongo que odiando mucho al mundo, o algo así.

Estarían muy bien unos cuantos besos de mentón áspero en el cuello y las orejas. Y unos brazos sujetándome por la espalda. Y los dedos aflojándome el nudo del pantalón de deporte, mientras su mano izquierda ladea mi cabeza hacia atrás para meterme la lengua en la boca.

Y que me calle y deje este post de una puta vez.