No

Llamaron esta madrugada a Karlos y tuvo que irse. Trabajo. Un repentino viaje mudo. Los llamamos así porque son viajes en los que no tiene posibilidad técnica de comunicarse conmigo. Estaba jodido. Me ha dejado una caja pequeña con un colgante en forma de luna en cuarto creciente. Llevaba una nota que decía "regalos y celebración a mi vuelta", así que la luna en cuarto creciente es un no-regalo de mi día de no-cumpleaños. Y es muy adecuado, porque sopesándola en la mano, no paro de acordarme de la sonrisa del Gato de Cheshire. No pasa nada. Podría ser peor. Siempre, siempre puede ser peor. Al menos tengo una tarta en el frigorífico. Tiene arándanos, bizcocho y chocolate blanco. Y lleva mi nombre escrito. Ariel.

Ariel. El espíritu sirviente de Próspero. "Donde liba la abeja, libo yo. Y en el caliz de una prímula me tumbo."

Creo que hay mil cosas peores que tener una tarta en el frigorífico.