Sed

Tengo sed perpetua. Creo que es porque me estoy pasando con la cerveza. Jim me explicó una vez lo que sucede en nuestro organismo con el alcohol y la sed, y me pareció una gran paradoja de lo absurdo. Cuánto más deseas beber, más bebes y cuanto más bebes, más deseas beber.

Hoy me peleo con todo el mundo. Desde ayer llevo así. Peleándome con unos y otros, y sintiendo que tengo razón con todos. Es lo que sentimos cuando deseamos pelea. Que el mundo se equivoca y tú no. Luego, al día siguiente, cuando recobras la estabilidad, ya piensas que podías haberlo hecho mejor. A mí todavía no me ha llegado ese momento. Quizá mañana ya dedique las tres primeras horas al mea culpa.

Simón se ha ido a un campamento tres días, y Karlos está de guardia, así que no es con ninguno de los dos con quien me llevo peleando desde ayer. Mejor. Pelear con Karlos no es nada fácil. Es un gran estratega. Suele dejar que se te agote la cuerda, mientras te mira tranquilo, y sólo actúa cuando tú ya no tienes ganas de seguir gritando. Y encima tiene esos ojos mitad hielo, mitad locura que te clavan allí donde te miren. No...pelearse con Karlos no es nada fácil.

Echo de menos a Simón. Me vendría de coña dibujar unos cuantos trigres de colores.