Él

Hace un par de semanas nació un niño que se llama Hernán. Es hijo de una pareja de chicas que se quieren y que querían ser mamás, y está hecho con un espermatozoide de Karlos.

Hernán ha nacido pequeñito, pacífico y superbueno. No da un palo de guerra. Dicen sus madres que duerme todo el día como una piedra y sólo se despierta para comer y sonreir, así que solo con eso ya le intuímos bastante ADN karloszético por todos los costados. Estoy muy orgulloso de Karlos por haber aceptado donar uno de sus espermatozoides para que nuestras dos amigas pudieran ser mamás, así que no quiero que se me escape ni un post más sin decirlo públicamente. Los hombres, en general, somos muy idiotas. Tendemos a dar importancia a lo absurdo, y a quitársela a lo realmente trascendente. Por eso la mayoría limpia el coche como si fuera su propio culo, pero es incapaz de memorizar la medicina que toma su hijo. Karlos no es así. No lo dudó ni un momento. No hizo ninguna pregunta. Sólo aceptó. Las dos mamás lloraron de alegría. Estaban nerviosas. Seguras de que Karlos se negaría. Comeduras de tarro, espesura moral, reflexiones de conciencia... Todo aquello de lo que él siempre ha carecido y siempre carecerá. Porque su mundo es limpio, simple, equilibrado y estable. Por eso cuando cogimos a Hernán en brazos, le pregunté si sentía algo y me dijo "¿Algo como qué?"  "Pues...algo como que es tu hijo..." "¿Mi hijo? No es mi hijo. Es su hijo. No es correrte lo que te convierte en padre, Ari."

No es correrte lo que te convierte en padre. Me encanta. Me encanta él. Sobre todo porque tuvo un padre maravilloso y comprensivo, y no debería tener eso tan claro. Pero lo tiene. Y a eso es lo que yo llamo ser capaz de mirar más allá de tus propios límites.

Mi aplauso por Karlos Z. Independientemente de lo que pueda sentir o no por él... es uno de los mejores tipos que he conocido en mi vida. En serio que sí.