OTOÑO

Gracias a Paola he leído a Arponauta, y me he quedado enganchado y fascinado en su blog minimalista. La situación me ha recordado mucho a otras épocas de la blogosfera, en la que podías recorrerte laberintos de pasillos virtuales e intercomunicarte con unos y con otros, en una especie de nudo feliz de enlaces. En algún momento inexacto, todo aquello se perdió. Se perdió el espíritu juguetón y de repente, el cibermundo en general empezó a tener muchísima prisa. Y así fueron lloviendo los fotologs, los tumblr, el twitter, el instagram, los muros de facebook, los pinterest, los yelps, los foursquare... y al final, todo aquello a lo que dedicábamos 20, 30 ó 40 minutos diarios, terminamos por apañarlo en 1, de una forma veloz, esquemática, automática y chunga. Ganamos agilidad y perdimos personalidad. Es lo de siempre. "Vincere scis, Hannibal, victoria uti nescis."

Ya estoy en casa. ¡Alegría, alegría y Pan de Madagascar! Y me he encontrado en un Madrid lluvioso y con rascayú. Más alegría-alegría y más Pan de Madagascar. Ahora mismo estoy con pijama largo y calcetines de abuelete. Mis primeros calcetines peluditos de la temporada. Mira... amo el otoño. Amo la lluvia, los cielos grises, el frío que atonta pero no mata y los árboles naranjas. Y los níscalos. Y las chirimoyas. Y las castañas. Y los caquis. Por mí se podía quedar para siempre así. Melancólico e inspirador. Los pedorros ciclotímicos necesitamos otoños. Esa sí que es una verdad desnuda.

Ha vuelto The Walking Dead, así que estoy como niño con zombies nuevos. Sobre todo porque ha vuelto muuuuy bien. En el episodio de ayer, una niña aprendía a clavarle un cuchillo a su padre en el parietal antes de que pasara de papá moribundo y cariñosón, a zombie asqueroso y cometripas. Le he dicho a Karlos que como profunda demostración de mi amor por él, SIEMPRE estaré dispuesto a clavarle un cuchillo en el parietal, antes de que se convierta en zombie vasco cometripas. No me ha dicho "gracias cariño, yo también te apuñalaré a ti" ni nada. Sólo me ha mirado como con ganas de meterme uno de mis calcetines peluditos en la boca y tirarme a un contenedor. Pues bueno. Pues vale. Arrieritos somos. Como venga el apocalipsis y se me enzombie, ya puede morirse de una peste bubónica corrientita o de un tifus mal curado, porque como dependa de mí...

No sé cómo demonios he podido empezar este post hablando de comunicaciones emocionales y haberlo terminado apuñalando zombies. Claramente, con otoño o sin otoño, cada día que pasa estoy peor de lo mío.