Domingo de insurrección

Jon me trajo anteayer un peluche de brécol diciendo que le recordaba a mí y me traumatizó seriamente, así que he ido a la peluquería. Descubrí una nueva que han abierto cerca de aquí, grande, barata y con peluqueros que no te cuentan su vida, así que fuí bastante feliz, pero luego me volvieron a dejar con pinta de idiota y ya la felicidad se me pasó enseguidita. No sé por qué los peluqueros se resisten siempre a cortarme las greñas al dos. No sé por qué piensan que es mejor dejarme esta pinta de buñuelito votante del PP. Bueno. Bien. Que no cunda el pánico. Hasta mañana no trabajo, así que tengo tiempo de sobra de meter la cabeza debajo del grifo y  evolucionar de brécol a repollo. Que no se diga que las verduras no tenemos dignidad.

Me he pasado TODO el fin de semana intentando arreglar el portátil de un chico de la colonia. Y cuando digo TODO, es TODO. Y lo que es peor. Sin conseguirlo. Odio reparar ordenadores. Me implico, sufro, me frustro, me desespero... No sirvo. Quería ayudarle porque el chaval tiene 15 años, vive con su madre viuda (que parece tener medio siglo aprox.), se le ha ido la novia a Suiza a estudiar todo el verano y me daba pena que no pudiera comunicar con ella. Y a él claro. Cuando vino a ver si Jon podía ayudarle, traía una cara de santa compaña que no podía con ella, el pobre. Pero por más que lo he intentado, he desembocado en un posible problema de hardware, y eso molestando full time a dos pobres (y amables) informáticas de mi TL en twitter. Pero se acabaron mis posibilidades. Kaput. No doy más de sí. Solo me queda darle el pésame al pobre chico por su equipo frito y poner mis barbas a remojar.

Ya le hemos dicho a Pedro lo de la adopción. Ha sido totalmente como un sketch de serie cómica. Después de pasarme CINCO DÍAS sufriendo como un perro e imaginando mil y una formas posibles de comunicárselo, y tres mil de contestar debidamente a sus preguntas, llega Jon, se sienta con él en el sofá de la tele y le dice:

-Pedro, te vamos a adoptar. Ahora llevarás nuestros apellidos como nuestro hijo ¿ok?
-¿Y mis padres?
-Ya no los verás más.
-¿Y lo saben ellos?
- Claro ¿te parece bien?
-Sí.
-Vale pues ¿bien todo, entonces?
-Sí, muy bien. Si pones el canal 24 ahora echan dibujos...

Y ya. Eso ha sido todo. Cágate lorito. Ni una pregunta, ni un ay, ni una duda, ni una lágrima. Nada. Tan pichis los dos, viendo dibujos mientras yo volvía a colocar mi mandíbula inferior en su lugar original.

Este mundo puede ser muy desconcertante para los repollos dramáticos.