La angustia vital del ajete

Ya me he lavado la cabeza  y al final no parezco un repollo. Soy más bien tirando a un ajete del revés.

Jon ha vuelto de Ginebra y ha arreglado el portátil del chaval de la novia ausente. Ese mismo que estuve todo el puto fin de semana intentando solucionar ¿te acuerdas? pues ese. Ha llegado, ha comido algo, lo ha cogido, pim-pam-pum, y hacia las 3 de la tarde, ya estaba arreglado e instalando actualizaciones. ¿Y cómo lo ha hecho? aaaaaaaaah... NI PUTA IDEA. Me lo ha intentado contar desde la ducha y no he entendido ni puñeta. No sé qué coño de particiones y sistemas de arranque. Me gustan los ingenieros. Los ingenieros molan. Creo que sirven para que los humanistas podamos seguir vivos y pensantes. Como una especie de ecosistema de fraggles y curris. Le he dicho a Jon "no sé cómo he podido vivir sin ti tantos años" y ha contestado "ni yo sin ti."

Un día nos van a salir unicornios de las orejas. Menos mal que para compensar tanto cuchi-cuchi de vez en cuando me mete en el cubo de los legos y yo le cambio el balón de rugby de su bolsa por una pelota de los Lunnis. Obviamente también se nos hace necesario el mantener equilibrado nuestro ecosistema de pareja amorosita, con un sano toque de hijoputismo.

Como Jon no estaba, he llevado yo a los dos niños al colegio esta mañana. He intentado hablar con Pedro sobre el asunto de la adopción (a pesar de saber que no debo meneallo) pero no he tenido ni el más mínimo éxito. Es complicado hablar con él por las mañanas. Suele estar huraño y taciturno, y contestar con monosílabos. Luego, cuando sale del colegio y ya avanza la tarde, parece otro. Está contento, habla, se comunica, sonríe. Es un proceso curioso. Como si se le desperezara el corazón cuanto más alto estuviera el sol (o la alineación de los planetas, vaya usted a saber). El caso es que luego he encontrado otra de sus notas en mi cajón, que literalmente decía: "Hola Ariel, estoy contento por quedarme en casa, no me importa llamarme distinto, pero prefiero quedarme en casa con vosotros y así estoy mejor y tengo amigos, y los perros. Pedro." Me ha parecido muy significativo que me dedicara a mí solo la nota. Supongo que ha debido pillarme la preocupación al vuelo. Debo resultar muy evidente con mi cara de lemur angustiado, al lado de la Jon, siempre inexpresiva e impasible. Talmente, debo parecer una gallina desplumada dando vueltas en mitad de una orquesta de cámara.

Estoy hasta las pelotas de exámenes. Me quedan dos. Justo el número de semanas antes de irnos de vacaciones. Y hace frío. En serio. En estos momentos tengo los deditos de los pies pidiendo socorro entre las gominchis de las chanclas.